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	<title>PSYCHOPATHIA SEXUALIS &#187; zapatos</title>
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	<description>RICHARD VON KRAFFT-EBING</description>
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		<title>Caso 119: fetichismo de zapatos</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Jan 2011 09:43:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fetichismo de zapatos. Se trata aquí de una persona que fue caracterizada por Kurella en su “Naturgeschichte des Verbrechers” (“Historia natural del delicuente”), p. 213, como estafador que simula una interesante enfermedad nerviosa para vivir del engaño. El autor, sin embargo, llegó a otra conclusión. O., nacido en 1865, fue estudiante de teología, acabó en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fetichismo de zapatos. Se trata aquí de una persona que fue caracterizada por Kurella en su “Naturgeschichte des Verbrechers” (“Historia natural del delicuente”), p. 213, como estafador que simula una interesante enfermedad nerviosa para vivir del engaño. El autor, sin embargo, llegó a otra conclusión.</p>
<p>O., nacido en 1865, fue estudiante de teología, acabó en los tribunales por fraude y mendicidad, procede de familia con fuertes taras, afectado de fetichismo de zapatos, desde aproximadamente los 21 años de edad presenta episodios en los que se ve acometido por un impulso irresistible de desaparecer para dedicarse a soñar y a beber, aun a riesgo de perder los bienes y perspectivas más preciadas de su vida. Incluso siendo soldado cayó en falta por desaparición, ofreció una verdadera deambulatio propia de un degenerado y constituía un enigma para sus superiores, puesto que presentaba también intervalos de comportamiento modélico.</p>
<p>Finalmente fue sometido a exploración por médicos militares que emitieron informe en el sentido de que O. padecía “demencia periódica” de índole congénita. El “criminal nato” fue por ello expulsado del servicio militar por inútil. Se fue hundiendo cada vez más a partir de aquello, se convirtió en vagabundo, andaba de acá para allá cometiendo fraudes, estuvo también repetidas veces en diversos manicomios.</p>
<p>La exploración del autor dio como resultado un alto grado de asimetría en la constitución del cráneo, mayor longitud del pie derecho que la del izquierdo, etc.</p>
<p>Según O., su fetichismo de zapato se remonta a su octavo año de vida. Por aquel entonces, solía arrojar objetos al suelo en la escuela para acercarse a los pies de la maestra. Explica de manera verosímil que episódicamente era la imagen de un zapato femenino lo que le obligaba a huir al presentársele de forma tremendamente poderosa, creándole malestar.</p>
<p>Afirma que es fundamentalmente este aciago impulso el que le empujaba al vagabundeo. En cuanto a sus acciones delictivas, se considera responsable a sí mismo.</p>
<p>El autor constató positivamente la presencia de fetichismo de zapatos poniendo a prueba a O. de una manera ingeniosa. Kurella consideró sin más que este fetichismo de zapatos era fingido y, siguiendo el modelo de quienes recientemente se han venido mostrando críticos con los avances en el ámbito de las perversiones de la vida sexual, consideró que el supuesto fenómeno se había construido probablemente a partir de la lectura de la “Psychopathia sexualis”.</p>
<p>El autor se tomó la molestia de comprobar que O. no había leído nunca este libro. Las ulteriores consideraciones acerca de los motivos que llevaron a Kurella a emitir un diagnóstico erróneo se pueden consultar en el original.</p>
<p>El proceso seguido por el autor se corresponde con las experiencias de la ciencia y se basa en taras congénitas, malformación craneal y otros signos degenerativos, perversio sexualis con manifestaciones periódicas de un estado de excepción psíquico, durante el cual el impulso perverso se torna temporalmente irresistible y adopta la forma de ideas y acciones compulsivas.</p>
<p>Pero tampoco en los restantes intervalos puede responsabilizarse a O. de sus acciones delictivas, dado que presenta, como manifestación concomitante de su constitución psicopática degenerativa, trastornos nerviosos y otras anomalías psíquicas en forma de defectos morales, etc.</p>
<p>O. sufre un trastorno psíquico degenerativo de índole hereditaria y ha de ser considerado como un peligro para la sociedad (Alzheimer, Arch. f. Psychiat. XXIVII, 2).</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 119: fetichismo de zapatos" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-119-fetichismo-de-zapatos/">caso 119: fetichismo de zapatos</a>] </p>
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		<title>Caso 118: fetichismo de zapatos</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Dec 2010 09:09:18 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[X., 24 años, de familia con taras (hermano de la madre y abuelo dementes, hermana epiléptica, otra hermana padece migrañas, padres de temperamento irritable), durante la época de la dentición tuvo algunos ataques convulsivos, con siete años fue inducido al onanismo por una criada. X. Encontró placer por primera vez en tales manipulaciones cum illa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>X., 24 años, de familia con taras (hermano de la madre y abuelo dementes, hermana epiléptica, otra hermana padece migrañas, padres de temperamento irritable), durante la época de la dentición tuvo algunos ataques convulsivos, con siete años fue inducido al onanismo por una criada. X. Encontró placer por primera vez en tales manipulaciones cum illa puella fortuito pede calceolo tecto penem tetigit. De está forma quedó establecida en el muchacho la correspondiente asociación, en virtud de la cual a partir de aquel momento bastaba con la mera visión de un zapato de mujer o incluso con la mera representación de este en su fantasía para producir excitación sexual y erección. Se masturbaba desde entonces mirando zapatos de señora o imaginándoselos. En la escuela le excitaban enormemente los zapatos de la maestra, sobre todo cuando quedaban parcialmente cubiertos por ropas largas de mujer. Un buen día no pudo contenerse y se agarró a los zapatos de la maestra, lo que le produjo una gran excitación sexual. A pesar de los azotes, no pudo evitar realizar esta acción repetidas veces. Al final se vio claramente que tenía que entrar aquí en juego algún motivo de índole morbosa y le pusieron con un maestro. Se deleitaba a partir de entonces recordando la escena de zapatos con la maestra. Experimentaba así erección, orgasmo y, a partir de los 14 años de edad, eyaculación. Se masturbaba además pensando en zapatos de señora. Un buen día se le ocurrió la idea de aumentar su placer sirviéndose de uno de estos zapatos para sus propósitos masturbatorios. A partir de entonces se llevaba zapatos a casa a escondidas y los empleaba a tal efecto.</p>
<p>Por lo demás no había nada en la mujer que pudiera excitarle sexualmente; la idea del coito le llenaba de repugnancia. Tampoco los hombres le interesaban lo más mínimo.</p>
<p>Con 18 años abrió una tienda y comerciaba, entre otras mercancías, con zapatos de señora. Se excitaba sexualmente cuando tenía que ayudar a las clientas a probarse los zapatos o cuando tenía ocasión de manipular los que ellas calzaban. Un día sufrió un ataque epiléptico mientras lo hacía y, poco después, un segundo mientras se masturbaba de la manera que le era habitual. Fue entonces cuando por fin se dio cuenta del carácter nocivo para la salud de sus prácticas sexuales. Empezó a combatir su onanismo, dejó de vender zapatos y procuró librarse de la asociación morbosa entre los zapatos de señora y la función sexual. Pero a partir de entonces empezaron a aparecer numerosas poluciones en el transcurso de sueños eróticos que giraban alrededor de zapatos de señora, y los ataques epilépticos persistieron. Aun hallándose desprovisto del más mínimo sentimiento hacia el sexo femenino, decidió casarse por ver en ello la única cura posible.</p>
<p>Se casó con una hermosa joven. A pesar de una intensa erección cuando pensaba en los zapatos de su esposa, era completamente impotente durante los intentos de cohabitación, pues la aversión hacia el coito y, en general, hacia las relaciones íntimas superaba con creces el influjo de las fantasías de zapatos con las que se excitaba sexualmente. El paciente acudió a causa de su impotencia al Dr. Hammond, quien trató su epilepsia con bromo y le aconsejó que colgara un zapato sobre el lecho conyugal y se fijara en él durante el coito, además de imaginarse que su mujer era un zapato. El paciente quedó libre de sus ataques epilépticos y comenzó a ser potente, de modo que podía practicar el coito cada ocho días aproximadamente. Además, la excitación sensual que le producían los zapatos de señora fue cediendo progresivamente (Hammond, Sexuelle Impotenz, traducción al alemán de Salinger, 1889, p. 23).</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 118: fetichismo de zapatos" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-118-fetichismo-de-zapatos/">caso 118: fetichismo de zapatos</a>] </p>
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		<title>Caso 117: fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Dec 2010 10:43:11 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido. Señor X: “Siendo un muchacho de 16 años, tenía erecciones al ver zapatos y botas de señora elegantes, sobre todo si eran de tacón alto francés. Durante una estancia en un balnerario, una dama se percató de que su coqueto calzado me excitaba. Me hizo acompañarla a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido.</p>
<p>Señor X: “Siendo un muchacho de 16 años, tenía erecciones al ver zapatos y botas de señora elegantes, sobre todo si eran de tacón alto francés. Durante una estancia en un balnerario, una dama se percató de que su coqueto calzado me excitaba. Me hizo acompañarla a su habitación, donde me obsequió con exquisito vino y pastas. Después me dijo que yo haría un hermoso paje y me vistió de extraña manera. Me dio unas medias altas de seda, zapatos de raso de tacón alto, me puso un cinturón apretadísimo en la cintura y cubrió mi torso con una camisa con puntillas. Aquello, naturalmente, me excitó hasta la locura; sobre todo la sensación de llevar tacones (era la primera vez que me los ponía) me sigue resultando inolvidable a día de hoy. A continuación se tendió en el diván en una pose lasciva y, atrayéndome hacia sí, me masturbó. Esta mujer tendrá mi caso sobre su conciencia. Las escenas se repitieron. Me encargó un traje ajustado de punto y, a la tercera vez, me permitió el coito, que consumé con indecible placer. Yo me hallaba fuera de control, por lo que a menudo me ocurría el pasar media noche en brazos de esta Mesalina. Me bastaba con tocar sus coquetos tacones para que se presentara nuevamente la erección. Y ella se excitaba igualmente con mi traje. Como me tuve que marchar, empecé a practicar el onanismo imaginándome para ello vestidos y zapatos provocadores o, como soy buen dibujante, pintando las más increíbles “escenas de paje”. Al irme a la universidad, me hice inmediatamente con un vestuario compuesto por las prendas más excitantes: llegué a poseer cien pares de zapatos y botas de los modelos más disparatadamente fantasiosos. Cuando estoy solo, me disfrazo y me masturbo delante del espejo. Como eso no me bastaba, inicié algunas relaciones. Frecuentaba casas públicas y sentía la mayor de las libidos posibles cuando me hallaba con dos muchachas al mismo tiempo, yo con mi traje, quarum una supra me sedens penem in vaginam introducit, altera autem digito anum meum indagabat. Hasta aquel entonces era completamente heterosexual; en la calle coqueteaba única y exclusivamente con mujeres, aunque llevaba  siempre llamativos zapatos y botas de tacón. En cambio, se los ocultaba a los hombres, que a menudo se fijaban en mis pies. Pero una buena noche, teniendo yo 24 años, me dijo una puella publica: ‘Si te viera mi jefe, que viene el lunes, se volvía loco’. Me explicó que el jefe, de 40 años, era un extremo apasionado de los zapatos y su mayor afán consistía en amar a un hermoso joven de esbeltos miembros ataviado con cierto traje. Ella se tenía que vestir de palafrenero, atarse un membrum virile a la cintura, etc. Aquel relato me excitó hasta lo indecible porque mi suprema pasión es la coquetería. De pronto me pareció magnífico el conquistar también a los hombres con mi figura y con mi pie, e hice que le entregara una fotografía a aquel desconocido. Él quedó entusiasmado y me ofreció a través de la muchacha elevadas sumas si estaba dispuesto a complacerle. Yo conocía la pederastia por obras de índole erótica, pero no me había interesado lo más mínimo por los hombres. Todo aquello cambió en una noche. Rechacé, naturalmente, todo dinero y solo exigí de él un traje y unos zapatos nuevos, los cuales mandó hacer de la forma más fantástica posible. Le esperé apud puellam con este traje, el cuerpo completamente depilado y desnudo, cubierto solamente con una chaquetilla de seda con ricos bordados, una hermosa peluca, una faja de seda que ocultaba los genitales pero dejaba al descubierto mi trasero, piernas desnudas y depiladas, medias cortas de seda y los más deliciosos zapatos que uno pueda imaginar. Él llegó y se volvió loco. Nudus a tergo me amplexus est atque penem in anum meum introducere tentavit. Me entregué desprovisto de toda voluntad y en consonancia con mi naturaleza pasiva a los ardientes abrazos de aquel recio hombre. Sentí un deseo irresistible de soportar la immissionem penis, pero se produjo una ejaculatio praecox; él se desplomó sobre mí balbuceando las palabras más amorosas que haya oído. Interdum puella pene meo in os recepto me satiavit. Desde aquella noche, desde que vi la impresión que podía causar en un hombre, ando vacilante a un lado y a otro. Membrum meum possident feminae quibuscum coitum suma voluptate efficio anum autem viris tribuo. Toda mi felicidad consiste en hallarme completamente desvalido en brazos de un hombre fornido que está entusiasmado con mi vestido, mis zapatos, mis generosas formas. Y lo más hermoso se produce cuando, estando yo mismo vestido con ese traje, coitum cum femina efficiens dum membrum viri in ano habeo. Empecé a partir de entonces a coquetear también con los hombres. Me pongo una chaqueta ajustada de terciopelo, una camisa fina y corta, pantalones que me queden muy ajustados de nalgas y muslos, pero anchos por abajo para que el pie, calzado en unas preciosas botas tenga un aspecto fantástico. Cuando salgo así a la calle, no se ven los tacones, pero si estoy sentado en un restaurante, en el teatro o en el tren y veo a un hombre que parece interesarse por mí, empiezo a coquetear enseñando poquito a poco la elegante hechura de mis botas. No se puede usted hacer una idea de cuántos son los que se ven incapaces de apartar la mirada de puro entusiasmo”.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 117: fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-117-fetichismo-de-zapatos-heterosexual-sentimiento-sexual-contrario-adquirido/">caso 117: fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido</a>] </p>
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		<title>Caso 116: fetichismo de zapatos</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Dec 2010 12:04:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fetichismo de zapatos. Señor de P., descendiente de un largo linaje de nobles, 32 años, casado, acudió a mi consulta en 1890 por la “antinaturalidad” de su vita sexualis. Asegura proceder de una familia perfectamente sana, aunque ha sido nervioso desde niño y padeció corea menor con 11 años. Desde hace diez sufre frecuentemente de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fetichismo de zapatos. Señor de P., descendiente de un largo linaje de nobles, 32 años, casado, acudió a mi consulta en 1890 por la “antinaturalidad” de su vita sexualis. Asegura proceder de una familia perfectamente sana, aunque ha sido nervioso desde niño y padeció corea menor con 11 años. Desde hace diez sufre frecuentemente de insomnio, así como de diversas afecciones de índole neurasténica.</p>
<p>Afirma no haber sido consciente de la diferencia entre sexos hasta los 15 años de edad y no haber experimentado hasta entonces excitación sexual. Con 17 años le sedujo una institutriz francesa, pero sin permitirle el coito, por lo que solo fue posible una intensa excitación sensual mutua (masturbación recíproca). En medio de tal situación, su mirada recayó en los elegantísimos botines de esta persona. Produjeron en él una fuerte impresión. Sus relaciones con esta licenciosa persona duraron cuatro meses. Durante estos contactos, sus botines se convirtieron en fetiche para este desdichado. Empezó a interesarse por los zapatos de señora y perdía literalmente la cabeza por echar el ojo a señoras hermosamente calzadas. El fetiche de calzado adquirió en su conciencia un enorme poder. Sicuti calceolus mulieris gallicae penem tetigit, statim summa cum voluptate sperma eiaculavit. Tras alejarse de su seductora, comenzó a acudir a puellis, de las que demandó la misma manipulación. Por lo general le bastaba con ello para obtener satisfacción. Solo raramente y de manera subsidiaria recurría al coito. Cada vez se sentía menos inclinado hacia él. Su vita sexualis consistía en poluciones oníricas, en las que únicamente los zapatos de señora desempeñaban un papel, así como en la satisfacción mediante calceolos feminarum, appositos ad mentulam, pero esto tenía que hacerlo la puella. En las relaciones con el otro sexo, únicamente le excitaba sensualmente el zapato y además este tenía que ser elegante, de hechura francesa y de un negro brillante, como el original.</p>
<p>Con el tiempo se fueron convirtiendo en condiciones accesorias las siguientes: zapato de una prostituta, siendo esta verdaderamente elegante, chic, con enaguas almidonadas y, a ser posible, con medias negras.</p>
<p>No había nada, por lo demás, que le interesara en la mujer. El pie desnudo le es perfectamente indiferente. Tampoco espiritualmente presenta la mujer el más mínimo atractivo para él. Nunca ha tenido deseos masoquistas en el sentido de desear que le pisaran. En el transcurso de los años su fetichismo ha llegado a adquirir tal poder que si ve por la calle a una dama con determinado aspecto y ciertos zapatos, experimenta una excitación tal que se tiene que masturbar. Una leve presión sobre el pene basta para que este hombre, que ha alcanzado un elevado grado de neurastenia, llegue a la eyaculación. También los zapatos de los escaparates, y últimamente incluso los simples anuncios de zapatos, bastan para excitarle poderosamente. Tiene una libido intensa y se alivia mediante la masturbación cuando no se ofrecen situaciones relacionadas con los zapatos. El paciente supo ver pronto lo comprometido y peligroso de su situación y, aunque se encontraba bien físicamente si dejamos de lado sus trastornos neurasténicos, tenía una gran pesadumbre moral. Buscó ayuda en los médicos más diversos. Los sanatorios con curas de agua fría y los intentos de hipnosis no sirvieron de nada. Los médicos más renombrados le aconsejaron que se casara y le aseguraron que en cuanto una muchacha le amara en serio se vería liberado del influjo de su fetiche. El paciente no tenía ninguna esperanza en su futuro, pero siguió el consejo de los médicos. Sus esperanzas, despertadas por la autoridad de los médicos, se vieron cruelmente decepcionadas, aunque llevó al altar a una dama dotada de grandes cualidades físicas y espirituales. La noche de bodas fue espantosa, se sentía como un criminal y dejó a su mujer intacta. Al día siguiente vio a una prostituta con ese cierto chic. Fue lo suficientemente débil como para mantener relaciones con ella a su manera. A continuación compró un par de botines de señora muy elegantes, los escondió en el lecho conyugal y consiguió así al cabo de unos días cumplir con el débito conyugal a base de tocarlos durante el abrazo marital. Eyaculaba de manera tardía porque tenía que forzarse para realizar el coito y pasadas unas cuantas semanas fracasó su estratagema al fallarle su fantasía. P. se sentía tremendamente desdichado y hubiera preferido poner fin a su vida. No podía satisfacer a su mujer, que se hallaba dotada de apetito sensual y se había excitado mucho con las relaciones mantenidas hasta ese momento, y la veía padecer un gran sufrimiento físico y moral. Él no podía ni quería revelar su secreto. Sintió repugnancia ante las relaciones conyugales, tenía miedo de su mujer, de las noches y de quedarse a solas con ella. No volvió a lograr una erección.</p>
<p>Lo intentó de nuevo con prostitutas, se satisfacía tocándoles los zapatos, después la puella tenía que calceolo mentulam tangere; él eyaculaba o, si esto no ocurría, intentaba el coito con la mujer venal, pero sin éxito, pues en ese caso se presentaba inmediatamente la eyaculación. El paciente llega a mi consulta completamente desesperado. Lamenta profundamente haber seguido, en contra de su íntima convicción, el infortunado consejo de los médicos, con el que solo ha logrado hacer desgraciada a una buena mujer e infligirle un daño físico y moral. Se pregunta si será capaz de responder ante Dios por seguir adelante con un matrimonio así. Aun cuando se sincerara con su mujer y esta lo hiciera todo por él, no habría adelantado nada, pues necesita que esté presente un cierto aroma de mujer mundana.</p>
<p>No hay nada de destacable en la apariencia de este desdichado si dejamos de lado su dolor de espíritu. Los genitales son perfectamente normales. La próstata tiene un tamaño un poco grande. Se lamenta de hallarse hasta tal punto bajo el dominio de sus fantasías de botas que se ruboriza de la cabeza a los pies en cuanto oye hablar de botas. Toda su fantasía gira alrededor de estas. Cuando se encuentra en sus tierras, le ocurre a menudo tener que recorrer de pronto las diez millas que le separan de la ciudad para dar satisfacción a su fetichismo en los escaparates o también con puellis.</p>
<p>Este hombre, digno de compasión, no llegó a decidirse a iniciar un tratamiento porque su confianza en la clase médica estaba prácticamente destruida. Un intento de comprobar si sería posible una hipnosis —y, con ella, la eliminación de la asociación fetichista— fracasó debido a la excitación espiritual del desdichado, que se hallaba completamente poseído por la idea de que había hecho infeliz a su mujer.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 116: fetichismo de zapatos" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-116-fetichismo-de-zapatos/">caso 116: fetichismo de zapatos</a>] </p>
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		<title>Caso 94: fetichismo de pies, sentimiento sexual contrario adquirido</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 08:11:21 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Fetichismo de pies. Sentimiento sexual contrario adquirido. Señor X., funcionario, 29 años, desciende de madre neuropática y padre diabético. Buena disposición espiritual, de temperamento nervioso, no ha padecido enfermedades nerviosas, no presenta signos de degeneración. El paciente recuerda perfectamente que, ya con seis años, al ver a mujeres con los pies desnudos experimentaba excitación sexual [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fetichismo de pies. Sentimiento sexual contrario adquirido. Señor X., funcionario, 29 años, desciende de madre neuropática y padre diabético.</p>
<p>Buena disposición espiritual, de temperamento nervioso, no ha padecido enfermedades nerviosas, no presenta signos de degeneración. El paciente recuerda perfectamente que, ya con seis años, al ver a mujeres con los pies desnudos experimentaba excitación sexual y sentía dentro de sí el impulso de salir corriendo detrás de ellas o de mirarlas mientras trabajaban.</p>
<p>Con 14 años se coló una noche en la habitación de su hermana mientras esta dormía, le cogió el pie y se lo besó. Ya con 8 años llegó espontáneamente a la masturbación. Mientras la practicaba, se presentaban en su fantasía pies de mujer desnudos.</p>
<p>Con 16 años solía llevarse a la cama zapatos y medias de las criadas, se excitaba sensualmente manipulándolos y se masturbaba.</p>
<p>Con 18 años inició el libidinoso X. el contacto sexual con personas del otro sexo. Era plenamente potente, quedaba satisfecho con el coito y su fetiche no desempeñaba papel alguno en estos contactos sexuales. No sentía la más mínima inclinación sexual por personas masculinas, tampoco le interesaban en modo alguno los pies de los hombres.</p>
<p>A partir de los 24 años de edad se produjo una modificación en sus sentimientos y estado sexuales.</p>
<p>El paciente se volvió neurasténico y empezó a sentir inclinación sexual por el hombre. El factor que dio pie a la aparición de la neurosis y del sentimiento sexual contrario fue claramente una masturbación excesiva, a la que se veía empujado en parte por una libido nimia que no siempre se dejaba satisfacer mediante el coito, y en parte por la visión casual o intencionada de pies femeninos.</p>
<p>De manera concomitante con el aumento de la neurastenia (en un primer momento, de tipo sexual) se produjo un rápido retroceso de su libido, potencia y satisfacción respecto a los individuos femeninos. Al mismo tiempo se desarrolló una inclinación por el propio sexo y también su fetichismo se trasladó a este.</p>
<p>A partir de los 25 años ya solo practicó el coito cum muliere raramente y sin verdadera satisfacción, y tampoco le interesaba prácticamente el pie de la mujer. Su impulso de mantener relaciones sexuales con hombres se iba volviendo cada vez más poderoso. Al trasladarse con 25 años a una gran ciudad, encontró la oportunidad deseada y se dio con verdadera pasión al amor entre hombres. Viros masturbare, penem eorum in os recipere et pedes sociorum osculari solebat.</p>
<p>Eyaculaba con tales prácticas al tiempo que experimentaba el máximo placer. Poco a poco, le fue bastando con la visión de un hombre simpático, sobre todo si llevaba los pies descalzos.</p>
<p>Sus poluciones nocturnas, asimismo, tenían únicamente las relaciones entre hombres como objeto y además estas eran de tipo fetichista (pies).</p>
<p>No le interesaba el calzado. Solo el pie descalzo le excitaba. A menudo sentía el impulso de seguir a hombres por la calle con la esperanza de encontrar ocasión de quitarles el zapato. Un sucedáneo consistía en andar él mismo descalzo. Temporalmente se apoderó de él, bajo estremecimientos libidinosos, una verdadera necesidad de bajar a la calle descalzo. Si acaso intentaba resistirse, le acometían terror, palpitaciones y temblores. Una y otra vez se vio obligado, ignorando el peligro y las indeseables consecuencias, a entregarse a este impulso por las noches durante horas.</p>
<p>Mientras lo hacía, llevaba los zapatos en la mano, experimentaba una enorme excitación sexual y obtenía satisfacción en la eyaculación espontánea o provocada. Envidiaba a los jornaleros y otra gente que podía andar descalza sin llamar la atención.</p>
<p>Su momento más feliz lo tuvo durante una estancia en un balneario de método Kneipp, donde tanto él como los otros caballeros podían andar descalzos como parte del tratamiento.</p>
<p>A raíz de un desagradable episodio de chantaje al que se vio expuesto X. por sus relaciones con hombres, volvió a sus cabales, buscó la forma de escapar a una tortuosa existencia sexual y dio con un médico que le remitió a mí.</p>
<p>El paciente hizo cuanto pudo por abstenerse de la masturbación y de las relaciones con hombres, siguió un tratamiento contra la neurastenia en un balneario, recuperó un cierto interés por el genus femininum, para lo cual sirvió de puente su fetichismo de pies, consumó el coito en una ocasión con cierto placer con una belleza pueblerina descalza que resultaba conforme a sus gustos; posteriormente, unas cuantas veces más con puellis sin obtener satisfacción; volvió a orientarse hacia personas de su propio sexo; recayó por completo, sintiendo una irresistible atracción por vagabundos y braceros descalzos, a los que obsequiaba con tal de que le dejaran besarles los pies. Un intento de encaminar a este desdichado en una dirección natural mediante un tratamiento sugestivo fracasó ante la imposibilidad de ir más allá de un ligero embotamiento carente de todo valor terapéutico.</p>
<p>Epicrisis: originariamente fetichismo de pies. Sentimiento sexual contrario adquirido con transferencia del círculo de ideas fetichistas a la homosexualidad.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 94: fetichismo de pies, sentimiento sexual contrario adquirido" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-94-fetichismo-de-pies-sentimiento-sexual-contrario-adquirido/">caso 94: fetichismo de pies, sentimiento sexual contrario adquirido</a>] </p>
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		<title>Caso 83: masoquismo, fetichismo, coprolagnia</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Apr 2010 07:41:59 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[B., 31 años, funcionario, procede de familia con antecedentes neuropáticos, desde niño era nervioso, endeble, padecía temores nocturnos. Con 16 años tuvo la primera polución. Con 17 años se enamoró de una francesa de 28 no muy agraciada. Tenían especial interés para él sus zapatos. En cuanto tenía ocasión de hacerlo sin que nadie se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B., 31 años, funcionario, procede de familia con antecedentes neuropáticos, desde niño era nervioso, endeble, padecía temores nocturnos. Con 16 años tuvo la primera polución. Con 17 años se enamoró de una francesa de 28 no muy agraciada. Tenían especial interés para él sus zapatos. En cuanto tenía ocasión de hacerlo sin que nadie se diera cuenta, los cubría de besos y se estremecía de placer con ello. No llegaba a la eyaculación durante estas escenas con zapatos. B. asegura que por aquel entonces aún no tenía ni idea de la diferencia de sexos. Su admiración por los zapatos resultaba un enigma para él mismo. A partir de los 22 años practicaba el coito aproximadamente una vez al mes. B., aunque era libidinoso, se sentía siempre totalmente insatisfecho espiritualmente al hacerlo. Un día encontró a una hetera que le causó una extraña impresión por su orgullosa actitud, sus fascinantes ojos, su ser desafiante. Era como si tuviera que arrojarse al suelo ante esta soberbia criatura, besarle los pies y seguirla como un perro o esclavo. Especialmente le impresionó el “majestuoso” pie con su zapato de charol. La idea de servir como esclavo a una mujer así le hizo estremecerse de placer. Esa noche no pudo domir pensando en ello, y mientras yacía boca abajo besando en su fantasía los pies de esta mujer, tuvo una eyaculación. Como B. era tímido por naturaleza, no confiaba demasiado en su potencia y además sentía repulsión hacia las meretrices, se sirvió en adelante de su descubrimiento de la masturbación psíquica para satisfacerse y renunció por completo a tener verdaderas relaciones con las mujeres. Durante esta satisfacción solitaria pensaba en el magnífico pie de la soberbia mujer, a cuyo recuerdo óptico se asoció con el tiempo la fantasía olfativa de un pie o zapato de dama. En sus éxtasis eróticos nocturnos cubría el imaginario pie de mujer con innumerables besos. En sueños eróticos seguía a autoritarias mujeres. Llovía. La dómina se levantaba mucho el vestido, él “veía el dulce pie, sentía casi su forma elástica, blanda y, sin embargo, firme y cálida, veía un trozo de pantorrilla cubierto por una media de seda roja”; llegaba entonces por lo general a la polución. Era todo un placer para B. salir a dar vueltas por la calle mientras llovía para ver así sus sueños hechos realidad; si lo conseguía, la persona en cuestión se convertía en objeto de sus sueños y fetiche de sus actos de masturbación psíquica. Para potenciar la ilusión de estos últimos, se le ocurrió ponerse en la nariz su propio calcetín impregnado de la secreción de sus pies. Con este auxilio, su fantasía casi adquiría realidad en la culminación del éxtasis: estaba embriagado por el olor del imaginario pie de dama, que con intenso deseo besaba, chupaba y mordía hasta que por fin se producía la eyaculación. Pero concurrían también en el sueño o en el éxtasis libidinoso imágenes genuinamente masoquistas, por ejemplo, “la soberbia mujer, apenas cubierta y con un látigo en la mano, estaba en pie ante él, mientras que él, como esclavo, se arrodillaba en tierra ante ella. Ella empezaba a asestarle latigazos, le plantaba el pie en el cuello, en la cara, en la boca, hasta que accedía a secretum inter digitos nudos pedis ejus bene olens exsugere”. Para completar la ilusión utilizaba propria secreta pedum llevándoselas a la nariz. Durante este éxtasis experimentaba un delicioso aroma, mientras que fuera del paroxismo encontraba sudorem proprium non bene olentem. Durante largo tiempo, estos fetichismos se vieron desplazados por fetichismo de podex, para lo que B. recurría en ayuda de su ilusión a unas bragas y stercus proprium naribus appositum. A esto le siguió una época en que su fetiche era cunnus feminae y en que practicaba cunnilingus ideal. Se ayudaba para ello con trozos de la zona axilar de un corpiño de punto de señora, medias, zapatos de la misma proveniencia. Tras 6 años, al aumentar la neurastenia y paralizarse la fantasía (?), B. perdió la capacidad para este tipo de onanismo ejecutado psíquicamente y se convirtió en masturbador normal. Así siguió durante varios años. El progreso de su neurastenia precisó un tratatamiento en un balneario. Durante su convalecencia, B. conoció a una joven que respondía a sus sentimientos masoquistas, consumó finalmente el coito con auxilio de situaciones masoquistas y se sintió satisfecho. Pero a partir de entonces se reavivaron sus viejas fascinaciones fetichistas y deseos masoquistas y en la satisfacción de estas apetencias B. halló, con diferencia, más placer que en el coito, al que se había prestado únicamente honoris causa y como episodio de las mencionadas abominaciones. El fin de esta cínica existencia sexual fue&#8230; el matrimonio, por el que se decidió B. tras abandonarle su amante. B., que ya es padre de familia, asegura que procede con su esposa como con aquella y que tanto él como ella están satisfechos (!) con esta forma de relaciones conyugales (Zentralblatt für Krankheiten der Harn &#8211; und Sexualorgane, VI, 7).</p>
<p>Se han de incluir aquí también varios casos de Cantarano I. c. (mictio, en otro caso incluso defaecatio puellae ad linguam viri ante actum), degustación de dulce con olor a heces para ser potente; así como el siguiente caso, que me fue comunicado por un médico:</p>
<p>Un príncipe ruso completamente decrépito hacía que su amante se le sentara encima dándole la espalda y defecara sobre su pecho, siendo esta la única manera en que todavía se excitaban los restos de su libido.</p>
<p>Otro mantiene a una amante de forma insólitamente espléndida con la obligación de comer únicamente mazapán. Ut libidinosus fiat et eiaculare possit excrementa feminae ore excipit. — Un médico brasileño me contó varios casos de defaecatio feminae in os viri de los que había tenido conocimiento.</p>
<p>Casos de este tipo se dan por todas partes y no son precisamente escasos. Todas las secreciones posibles, saliva, mocos, incluso el cerumen se utilizan a este propósito, se ingieren con ansia, se dan oscula ad nates e incluso ad anum. (El Dr. Moll op. cit. p. 135 informa de esto mismo a propósito de personas de sexualidad contraria). El perverso deseo de realizar activamente el cunnilingus, que está muy extendido, podría también tener a menudo su origen en tales impulsos.</p>
<p>Se ha de incluir aquí probablemente el horrendo caso de Cantarano (“La Psichiatria”, año. V, p. 207), en el que el coito va precedido de morsus et succio de los dedos de los pies de la puella, que debían llevar sin lavar el mayor tiempo posible, también un caso análogo del que yo mismo daba cuenta en la 8.ª edición de este libro (caso 68).</p>
<p>Stefanowski (Archives de l’Anthropologie criminelle, 1892, vol. VII) conoce a un anciano comerciante ruso qui valde delectatus fuit bibendo ea quae puellae lupanarii jusso suo in vas spuerunt.</p>
<p>Neri, Archiv. delle psicopatie sessuali, p. 108: trabajador de 27 años, con importantes taras, con tic en la cara, fobias (sobre todo, agorafobia) y aquejado de alcoholismo. Summa ei fit voluptas, si meretrices in os eius faeces et urinas deponunt. Vinum supra corpus scortorum effusum defluenz ore ad meretricis cunnum adposito excipit. Valde delectatur, si sanguinem menstrualem ex vagina effluentem sugere potest. Fetichista de guantes de señora y botines, osculatur calceos sororis, pedes cuius sudore madent. Libido eius tum demum maxime satiatur, si a puellis insultatur, immo vero verberatur, ut sanguis exeat. Dum verberatur, genibus nixus veniam et clementiam puellae expetit, deinde masturbare incipit.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 83" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-83-masoquismo-fetichismo-coprolagnia/">caso 83</a>] </p>
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		<title>Caso 80: masoquismo, coprolagnia</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Apr 2010 08:13:30 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Masoquismo. Coprolagnia. Z., 52 años, de clase social elevada, padre tísico, familia supuestamente sin tara, desde siempre nervioso, hijo único, asegura haber sentido una extraña excitación ya desde los 7 años al ser espectador por casualidad de cómo las criadas de la casa se quitaban zapatos y medias para limpiar las habitaciones. En una ocasión le pidió a una de las muchachas que antes de ponerse a fregar le enseñara las suelas de los zapatos y hasta los dedos de los pies. Cuando empezó a ir a la escuela y a leer libros, se veía atraído por lecturas en las que se describían crueldades refinadas, torturas, sobre todo cuando se ejecutaban por orden de mujeres. Devoraba novelas sobre esclavitud, servidumbre, etc. y experimentaba tal excitación sexual con estas lecturas que empezó a masturbarse. Pero sobre todo le excitaba la idea de ser esclavo de alguna joven y hermosa dama de su entorno, tras un largo paseo con ella poder pedes lambere, praecipue plantus et spatia inter digitos. Se imaginaba a la dama en cuestión muy cruel, se representaba en su fantasía cómo esta se regodeaba en las torturas y flagelaciones que le imponía. Se masturbaba deleitándose en estas fantasías. Con 15 años se le ocurrió hacer que un caniche le lamiera los pies mientras se entregaba a estas fantasías. Un día observó cómo una hermosa criada de la casa dejaba que ese caniche le lamiera los dedos de los pies mientras leía. Esta visión produjo en Z. erección y eyaculación. Convenció entonces a la muchacha de que se dejara lamer los pies por el caniche a menudo en su presencia. Finalmente ocupó él el puesto del caniche, eyaculando cada vez que lo hacía. Entre los 15 y los 18 años estuvo interno, por lo que carecía de ocasión para tales prácticas. Se limitaba a excitarse cada par de semanas con la lectura de atrocidades cometidas por mujeres, imaginándose que a una de estas mujeres crueles tenía que digitos pedum sugere, con lo que lograba la eyaculación, acompañada de un intenso placer. Los genitales femeninos nunca presentaron el más mínimo interés para él, como tampoco se sentía atraído sexualmente por los hombres. Ya de adulto acudía a puellas y practicaba el coito con ellas, después de haberles practicado succio pedum. También hacía esto inter actum y hacía que la puella le contase con qué martirios le atormentaría hasta la muerte si no le dejaba los dedos de los pies bien limpios a base de lametazos. Z. asegura haber alcanzado su objetivo infinitas veces y que esta succio resultaba muy agradable para las personas implicadas. Los pies de damas educadas, oprimidos y deformados por zapatos estrechos, que llevaran varios días sin lavar, tenían para él un especial atractivo, pero solo le gustaba “la fina película natural que se forma con damas limpias y educadas”, también el desteñido de las medias. Los pies sudados, en cambio, solo le excitaban en su fantasía, pero en la realidad le repugnaban. También las “atroces torturas” existían para él solamente en la fantasía, como medio para excitarse; en la realidad le horrorizaban y nunca intentó ponerlas en práctica. Aun así desempeñaban un papel destacado en su fantasía y nunca dejaba de instruir a las mujeres con las que simpatizaba y con las que mantenía una relación masoquista sobre cómo debían escribirle cartas amenazadoras (que él les encargaba e inspiraba). Presentaré aquí el contenido de una de esas cartas, procedente de una colección que Z. puso a mi disposición, pues en ella se encierra la totalidad del pensamiento y sentimiento de este masoquista: “Lambitor sudoris pedum meorum!” “Me imagino con placer el momento en que me lamerá usted los dedos de los pies, sobre todo después de un largo paseo&#8230; próximamente recibirá un retrato de mi pie. Me embriagará como néctar el que usted lama el sudor de mis pies. Y si no quiere, le obligaré, le azotaré como al más bajo de mis esclavos. Tendrás que ver cómo alius favoritus sudorem pedum mihi lambit, mientras que tú gimoteas como un perro bajo los latigazos de los sirvientes. Te declararé libre como un pájaro; me producirá una cruel alegría verte sufrir, exhalando tu alma en medio de los más espantosos tormentos, lamiéndome los pies en plena agonía&#8230; Me desafía usted a ser cruel —bien, le aplastaré como a un gusano&#8230; Me pide una de mis medias. La llevaré más tiempo del que suelo, pero exijo que la bese, la lama y que ponga en remojo la parte del pie y se beba luego el agua. Si no hace todo lo que exige mi deseo, le castigaré con la fusta. Exijo obediencia incondicional. De lo contrario le haré azotar con látigos, le haré andar por una era con el suelo lleno de pinchos de hierro, o haré que le den de bastonazos y después le arrojaré a la jaula de los leones y me deleitaré contemplando cómo saborean su carne las fieras”.</p>
<p>A pesar de esta palabrería ridícula, encargada por él mismo, Z. tiene en gran estima esta carta como medio para el objetivo de satisfacer una sexualidad perversa. Según asegura, su abominación sexual, que considera una anomalía congénita, no le parece antinatural, aunque no le queda más remedio que admitir que despierta la repugnancia de las personas normales. Por lo demás es una persona honesta y de delicados sentimientos, pero sus reparos estéticos (por otra parte, pequeños) se ven superados con creces por el placer que obtiene al satisfacer sus perversos deseos.</p>
<p>Z. me dio acceso a su correspondencia con el representante literario del masoquismo: Sacher-Masoch.</p>
<p>Una de estas cartas, fechada en el año 1888, tiene como emblema la imagen de una mujer de generosas formas, con expresión masculina, medio cubierta con una piel y con una fusta en la mano, como si se estuviera preparando para azotar. Sacher-Masoch afirma que “la pasión de interpretar el papel de esclavo” está muy extendida, sobre todo entre alemanes y rusos. En la carta se cuenta la historia de un distinguido ruso a quien le gustaba que varias mujeres hermosas le ataran y azotaran. Un día encontró su ideal (sádico) personificado de tal manera en una hermosa joven francesa que se llevó a esta consigo a su país.</p>
<p>Según Sacher-Masoch, había una dama danesa que no le concedía a ningún hombre sus favores si antes no se dejaba tratar como su esclavo durante algún tiempo. Amantes coagere solebat, ut ei pedes et podicem lambeant. Hacía encadenar y azotar a sus amantes hasta que la obedecían lambendo pedes. Una vez dejó al esclavo atado a los postes de su cama con dosel y le hizo ser testigo de cómo le concedía a otro su más precioso favor. Después de que este los dejara, el esclavo amarrado fue azotado por las sirvientas hasta que accedió a lambere podicem dominae.</p>
<p>Si estas informaciones fueran verdaderas, lo que tampoco se puede creer sin más viniendo de un poeta del masoquismo, constituirían valiosos testimonios de sadismus feminarum. En cualquier caso, son ejemplos psicológicamente interesantes de la idiosincrasia de los pensamientos y sentimientos masoquistas (observación propia, Zentralblatt für die Krankheiten der Harn- und Sexualorgane IV. 7).</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 80" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-80-masoquismo-coprolagnia/">caso 80</a>] </p>
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		<title>Caso 79: fetichismo de pies y zapatos</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 09:38:27 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[S. es acusado de robo callejero en Nueva York. Entre sus ascendientes, numerosos casos de demencia, también el hermano del padre y la hermana del padre son psíquicamente anormales. Con 7 años dos fuertes conmociones cerebrales. Con 13 años caída desde un balcón. A la edad de 14 años, S. sufrió fuertes dolores de cabeza [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>S. es acusado de robo callejero en Nueva York. Entre sus ascendientes, numerosos casos de demencia, también el hermano del padre y la hermana del padre son psíquicamente anormales. Con 7 años dos fuertes conmociones cerebrales. Con 13 años caída desde un balcón. A la edad de 14 años, S. sufrió fuertes dolores de cabeza en forma de ataques. Durante estos ataques o inmediatamente después de ellos sentía el extraño impulso de sustraer los zapatos (normalmente uno solo) de los miembros femeninos de la familia y esconderlos en cualquier rincón. Cuando le pedían explicaciones, lo negaba o decía no acordarse. El deseo de zapatos resultaba irresistible y se volvía a presentar cada 3-4 meses. Una vez intentó quitarle del pie un zapato a una criada, otra vez le robó un zapato a su hermana de su habitación. En primavera les quitaron a dos damas los zapatos de los pies en plena calle. En agosto S. salió temprano de su casa para acudir a su trabajo de impresor de libros. Momentos después le quitó un zapato a una joven en la calle, huyó, llegó corriendo a la imprenta y fue detenido allí por asalto callejero. Afirmó no saber gran cosa de los hechos: al ver los zapatos le vino como un relámpago la idea de que los necesitaba, sin saber para qué. Actuó de manera irreflexiva. Le encontraron el zapato en la chaqueta, como se había denunciado. Con las prisas estaba tan excitado psíquicamente que temía sufrir un ataque de locura. Una vez en libertad, le robó a su mujer nuevamente los zapatos mientras esta dormía. Su carácter moral, su forma de vida eran intachables. Era un trabajador inteligente, tan solo tareas irregulares que se sucedieran rápidamente le producían confusión y le impedían trabajar. Fue absuelto. (Nichols, Americ. J. J. 1859; Beck, Medical jurisprud. 1860 vol. I, p. 732).</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 79" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-79-fetichismo-de-pies-y-zapatos/">caso 79</a>] </p>
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		<title>Caso 77: fetichismo de pies y zapatos</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Mar 2010 11:52:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Clérigo, 50 años. Se presenta de vez en cuando en prostíbulos con la excusa de alquilar una habitación en la casa, entabla conversación con una puella, lanza miradas lascivas a sus zapatos, le quita uno, osculatur et mordet caligam libidine captus; ad genitalia denique caligam premit, eiaculat semem semineque eiaculato axillas pectusque terit, vuelve en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Clérigo, 50 años. Se presenta de vez en cuando en prostíbulos con la excusa de alquilar una habitación en la casa, entabla conversación con una puella, lanza miradas lascivas a sus zapatos, le quita uno, osculatur et mordet caligam libidine captus; ad genitalia denique caligam premit, eiaculat semem semineque eiaculato axillas pectusque terit, vuelve en sí de un éxtasis carnal, le ruega a la dueña del zapato que le deje quedárselo unos días y se lo devuelve después, dando las gracias amablemente, una vez transcurrido el tiempo convenido. (Cantarano, “La Psichiatria”, V, p. 205) .</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 77" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-77-fetichismo-de-pies-y-zapatos/">caso 77</a>] </p>
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		<title>Caso 75: fetichismo de pies y zapatos</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 08:37:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[X., 34 años, casado, de padres neuropáticos, de niño sufrió severas convulsiones, sorprendente precocidad intelectual (¡sabía leer ya con 3 años!), pero con un desarrollo desequilibrado, nervioso desde la infancia, con 7 años empieza a sentir la necesidad de manejar zapatos de mujer o los clavos de estos. La visión o, más aún, el tacto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>X., 34 años, casado, de padres neuropáticos, de niño sufrió severas convulsiones, sorprendente precocidad intelectual (¡sabía leer ya con 3 años!), pero con un desarrollo desequilibrado, nervioso desde la infancia, con 7 años empieza a sentir la necesidad de manejar zapatos de mujer o los clavos de estos. La visión o, más aún, el tacto de los clavos, el contarlos, le proporcionaba un indescriptible placer.</p>
<p>Por las noches se imaginaba que sus primas iban a tomarse las medidas para los zapatos y que él fabricaba las herraduras para estos o cortaba el material.</p>
<p>Con el tiempo empezaron a acometerle las escenas de zapatos también durante el día, y sin que él lo buscara le provocaban erección y eyaculación. A menudo tomaba zapatos de mujeres de la casa y con tocarlos con el pene ya tenía una eyaculación. Durante un tiempo, en su época de estudiante, consiguió dominar estas ideas y deseos. Luego vino una etapa en que se dedicaba a escuchar los pasos de las mujeres por la calle, con lo que se estremecía de placer, igual que cuando veía poner clavos en las suelas de los zapatos de señora o contemplaba los zapatos en los escaparates.</p>
<p>Se casó y durante los primeros meses de matrimonio estuvo libre de estos impulsos. Poco a poco se fue volviendo histeropático y neurasténico.</p>
<p>En ese estadio bastaba para que le entraran ataques de histeria con que el zapatero le hablara de clavos en zapatos de señora o de clavar las suelas de los zapatos de señora. Mayor aún era la reacción cuando veía a una bella dama que llevaba zapatos con muchos clavos. Para llegar a la eyaculación le bastaba con recortar suelas de zapatos de señora en un cartón y clavetearlas. También compraba zapatos de señora y pedía que les pusieran clavos en la tienda. Arañaba el suelo con ellos en casa y tocaba finalmente con ellos la punta de su pene. Pero también se presentaban espontáneamente situaciones libidinosas con zapatos en las que se satisfacía mediante la masturbación.</p>
<p>X. es por lo demás inteligente, aplicado en su oficio, pero lucha en vano contra sus deseos perversos. Presenta fimosis; pene corto, de paredes convexas, sin ser plenamente capaz de erección. Un día el paciente se puso a masturbarse ante una zapatería al ver una suela de zapato de señora claveteada y fue condenado por ello (Blanche, Archives de Neurologie, 1882, Nr. 22).</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 75" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-75-fetichismo-de-pies-y-zapatos/">caso 75</a>] </p>
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