Caso 119: fetichismo de zapatos

Fetichismo de zapatos. Se trata aquí de una persona que fue caracterizada por Kurella en su “Naturgeschichte des Verbrechers” (“Historia natural del delicuente”), p. 213, como estafador que simula una interesante enfermedad nerviosa para vivir del engaño. El autor, sin embargo, llegó a otra conclusión.

O., nacido en 1865, fue estudiante de teología, acabó en los tribunales por fraude y mendicidad, procede de familia con fuertes taras, afectado de fetichismo de zapatos, desde aproximadamente los 21 años de edad presenta episodios en los que se ve acometido por un impulso irresistible de desaparecer para dedicarse a soñar y a beber, aun a riesgo de perder los bienes y perspectivas más preciadas de su vida. Incluso siendo soldado cayó en falta por desaparición, ofreció una verdadera deambulatio propia de un degenerado y constituía un enigma para sus superiores, puesto que presentaba también intervalos de comportamiento modélico.

Finalmente fue sometido a exploración por médicos militares que emitieron informe en el sentido de que O. padecía “demencia periódica” de índole congénita. El “criminal nato” fue por ello expulsado del servicio militar por inútil. Se fue hundiendo cada vez más a partir de aquello, se convirtió en vagabundo, andaba de acá para allá cometiendo fraudes, estuvo también repetidas veces en diversos manicomios.

La exploración del autor dio como resultado un alto grado de asimetría en la constitución del cráneo, mayor longitud del pie derecho que la del izquierdo, etc.

Según O., su fetichismo de zapato se remonta a su octavo año de vida. Por aquel entonces, solía arrojar objetos al suelo en la escuela para acercarse a los pies de la maestra. Explica de manera verosímil que episódicamente era la imagen de un zapato femenino lo que le obligaba a huir al presentársele de forma tremendamente poderosa, creándole malestar.

Afirma que es fundamentalmente este aciago impulso el que le empujaba al vagabundeo. En cuanto a sus acciones delictivas, se considera responsable a sí mismo.

El autor constató positivamente la presencia de fetichismo de zapatos poniendo a prueba a O. de una manera ingeniosa. Kurella consideró sin más que este fetichismo de zapatos era fingido y, siguiendo el modelo de quienes recientemente se han venido mostrando críticos con los avances en el ámbito de las perversiones de la vida sexual, consideró que el supuesto fenómeno se había construido probablemente a partir de la lectura de la “Psychopathia sexualis”.

El autor se tomó la molestia de comprobar que O. no había leído nunca este libro. Las ulteriores consideraciones acerca de los motivos que llevaron a Kurella a emitir un diagnóstico erróneo se pueden consultar en el original.

El proceso seguido por el autor se corresponde con las experiencias de la ciencia y se basa en taras congénitas, malformación craneal y otros signos degenerativos, perversio sexualis con manifestaciones periódicas de un estado de excepción psíquico, durante el cual el impulso perverso se torna temporalmente irresistible y adopta la forma de ideas y acciones compulsivas.

Pero tampoco en los restantes intervalos puede responsabilizarse a O. de sus acciones delictivas, dado que presenta, como manifestación concomitante de su constitución psicopática degenerativa, trastornos nerviosos y otras anomalías psíquicas en forma de defectos morales, etc.

O. sufre un trastorno psíquico degenerativo de índole hereditaria y ha de ser considerado como un peligro para la sociedad (Alzheimer, Arch. f. Psychiat. XXIVII, 2).

[Psychopathia sexualis, caso 119: fetichismo de zapatos]