Hombre joven, fuerte, 26 años. No encuentra en el bello sexo atractivo sensual alguno que sea comparable con una elegante bota en el pie de una hermosa dama, sobre todo si es de cuero negro y está provista de tacones altos. Le basta con la bota sin la dueña. Le produce el máximo placer mirarla, tocarla, besarla. El pie de una dama desnudo o simplemente con una media le deja perfectamente frío. Desde la niñez siente debilidad por las botas de señora elegantes.
X. es potente; durante el acto sexual, la persona tiene que estar vestida elegantemente y, sobre todo, llevar botas elegantes. En la cumbre del abandono sexual se unen pensamientos crueles a la admiración de las botas. No puede evitar pensar con placer en la agonía del animal del que ha salido el cuero para las botas. A veces no le queda más remedio que llevarle a su Friné gallinas y otros animales vivos para que esta los pise con sus elegantes botas, a fin de intensificar el placer. A esto lo llama “sacrificio a los pies de Venus”. Otra veces, la mujer tiene que pisotearle a él con sus botas, cuanto más, mejor.
Hasta hace un año, dado que no encontraba atractivo alguno en la mujer, se conformaba con acariciar botas de señora que fueran de su gusto, con lo que llegaba a la eyaculación y la plena satisfaccion (Lombroso, Arch. di psichiatria IX, fascic. III).
[Psychopathia sexualis, caso 74]
Comunicado por Mantegazza en sus “Estudios antropológicos”, 1886, p. 110. X., americano, de buena familia, buena constitución física y moral; desde la época del despertar de su pubertad, solo lograba excitarse sexualmente con el zapato de una mujer. El cuerpo de esta o también, sobre todo, su pie desnudo o cubierto con una media, no le causaban impresión alguna, pero el pie enfundado en un zapato o hasta el zapato por sí solo le producían una erección e incluso una eyaculación. Le bastaba con la mera visión, en caso de que hubiera botas elegantes a su disposición, es decir, de cuero negro, de las que se abrochan a un lado y con tacones lo más altos posible. Su impulso genital se excita poderosamente cuando toca, besa o se calza unas botas de estas. Para incrementar su placer, traspasa las suelas con clavos, de modo que las puntas se le claven en la carne al andar. Experimenta así dolores espantosos, pero al mismo tiempo verdadero placer. Su máximo gozo consiste en arrodillarse a los pies de una dama, hermosos y elegantemente calzados, y recibir patadas de ellos. Si quien lleva los zapatos es una mujer fea, esto no surte efecto y su fantasía se enfría. Si el paciente solo tiene los zapatos a su disposición, su fantasía les añade una bella mujer y logra así la eyaculación. Sus sueños nocturnos giran alrededor de los botines de mujeres hermosas. La visión de los zapatos de señora en los escaparates le parece inmoral, mientras que hablar sobre la naturaleza de la mujer le parece inofensivo y de poco gusto. X. ha intentado el coito en diversas ocasiones, pero sin éxito. Nunca llegó a la eyaculación.
[Psychopathia sexualis, caso 73]
Z., 28 años, funcionario, procedente de madre neuropática. No es posible averiguar las circunstancias de salud y familiares del padre, prematuramente muerto. Z. era desde la infancia nervioso, impresionable, llegó enseguida sin necesidad de incitación a la masturbación, a partir de la pubertad se volvió neurasténico, abandonó por un tiempo el onanismo, tuvo innumerables poluciones, se recuperó algo en un sanatorio con curas de agua fría, sentía una intensa libido hacia las mujeres, pero hasta ahora no ha llegado al coito, en parte por falta de confianza en su potencia, en parte por miedo a contagios, lo cual le afecta mucho, sobre todo porque, faute de mieux, ha recaído en su vicio secreto.
Z. se revela como fetichista y masoquista al mismo tiempo cuando discutimos su vita sexualis con detenimiento y presenta interesantes relaciones entre ambas anomalías de la vita sexualis.
Asegura haber sentido debilidad por los zapatos de mujer desde los 9 años de edad.
Atribuye este fetichismo a haber visto en aquel entonces a una dama subiendo a un caballo mientras un criado le sujetaba el estribo. Esta visión le excitó poderosamente, se ha reproducido siempre en su fantasía y cada vez ha ido acompañada de sentimientos libidinosos. Las sentimientos de sus poluciones giraban después alrededor de mujeres con zapatos. Le encantaban los zapatos de cordón con tacones altos. A esto se le unió enseguida la fantasía libidinosa de dejar que una mujer le pisara con sus tacones y besar arrodillado el zapato de esta. De la mujer solo le interesa el zapato. Las fantasías olfativas no desempeñan aquí papel alguno. El zapato por sí solo no le basta. Tiene que estar puesto. Cuando Z. ve a una dama con semejante calzado se excita tanto que se tiene que masturbar. Cree que sólo sería potente con una mujer que estuviera calzada así.
Faute de mieux se ha dibujado un zapato de ese tipo y se complace en contemplar el dibujo mientras se masturba.
[Psychopathia sexualis, caso 71]
X., marido modelo, de estricta moral, padre de varios hijos, tiene momentos o más bien ataques, en que acude al burdel, escoge 2-3 de las muchachas más grandes y se encierra con ellas. Corporis superiorem partem nudavit humi iacens manus supra ventrem ponens oculos claudit et puellas trans pectus suum nudatum et collum et os vadere iubet et poscit, ut transgredientes summa vi calcibus carnem premerent. A veces pide que venga una prostituta más pesada todavía o que practiquen algunos trucos que hacen el procedimiento más cruel todavía. Tras 2—3 horas tiene bastante, paga a las muchachas con vino y dinero, se frota los cardenales, se viste, paga la cuenta y vuelve a sus negocios para, al cabo de una semana más o menos, volver en busca de este singular placer.
A veces hace que se le suba en el pecho una de estas muchachas mientras que las otras la hacen girar hasta que la piel de él queda ensangrentada por la rotación de los tacones.
A menudo, una de las chicas tiene que ponérsele encima de tal forma que un zapato queda sobre los ojos con el tacón sobre un globo ocular, mientras que el otro zapato se poya en su cuello. En esta posición aguanta la presión de una persona de unas 150 libras de peso durante 4—5 minutos. El autor [Cox, A.B.] habla de docenas de casos análogos de los que ha tenido noticia. Hammond supone con razón que este hombre se ha vuelto impotente en su relación con las mujeres y que en este insólito procedimiento busca y encuentra un equivalente del coito, y que mientras se le pisotea hasta llegar a la sangre experimenta sensaciones sexuales placenteras acompañadas de eyaculación.
[Psychopathia sexualis, caso 59]
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