Caso 177: hermafroditismo psicosexual

Señor v. X., 25 años, terrateniente, desciende de padre neuropático e irascible. Parece ser que este es normal en lo sexual. La madre padecía de los nervios (igual que dos de las hermanas de la madre). La madre de la madre era nerviosa, el padre de la madre fue un vividor, muy licencioso in venere. El paciente ha salido a la madre, es hijo único. Es enfermizo desde su nacimiento, ha sufrido mucho de migrañas, era nervioso, pasó diversas enfermedades infantiles, empezó a darse al onanismo con 15 años sin que mediara incitación.

Hasta los 17 años afirma no haber sentido inclinación alguna ni por el sexo femenino ni por el masculino; a partir de entonces se despertó la inclinación por los hombres. Se enamoró de un compañero de clase. Este correspondió su amor. Ambos se abrazaban, se besaban y se masturbaban mutuamente. Ocasionalmente, coitus inter femora viri. Le repugna el sexo anal.

Sus sueños lascivos giraban exclusivamente en torno a los hombres. En el teatro y el circo solo le interesaban ellos. Su inclinación se dirigía hacia los veinteañeros. Le resultaba simpática una constitución hermosa, bien plantada.

Si esto se cumplía, le resultaba perfectamente indiferente la posición social del hombre en cuestión. En sus encuentros sexuales se sentía siempre en un papel masculino.

A partir de los 18 años, el paciente se convirtió en objeto de inquietud para su respetada familia, dado que inició una relación con un camarero, con lo que empezó a llamar la atención, a ponerse en ridículo y a dejar que se aprovecharan de él. Le llevaron de vuelta a casa. Él andaba con criados y mozos de cuadra. Hubo un escándalo. Se le envió de viaje. En Londres sufrió un chantaje. Logró huir a su país.

No escarmentó ni siquiera con esta amarga experiencia y volvió a demostrar fatales inclinaciones hacia personas de sexo masculino. Se me envió al paciente con vistas a la curación de su fatal inclinación. (Diciembre de 1888). El paciente es un joven alto, bien plantado, robusto y bien alimentado, de constitución perfectamente masculina, genitales grandes y bien desarrollados. Los movimientos, la voz y la presencia son masculinos. No tiene pasiones decididamente masculinas. Fuma poco y solo le gustan los cigarrillos, bebe muy poco, le gustan los dulces, la música, las bellas artes, la elegancia, las flores, prefiere moverse en círculos de damas, lleva bigote, pero se afeita el resto de la cara. Su vestido no tiene nada de afectado. Es un ser afeminado, pálido, un destacado juerguista y holgazán, al que resulta difícil sacar de la cama antes del mediodía. Asegura no haber percibido nunca su inclinación por el propio sexo como morbosa. La considera innata y desea, tras haber aprendido a base de malas experiencias, superar su perversión, pero tiene poca confianza en sus propias fuerzas. Ya lo ha intentado, pero cae inmediatamente en la masturbación, que percibe como perjudicial, pues le provoca trastornos neurasténicos (aunque leves). No se dan defectos morales. La inteligencia se sitúa algo por debajo de la media. Ha recibido una esmerada educación y posee maneras aristocráticas. El exquisito ojo neuropático revela su constitución nerviosa. El paciente no es un perfecto uranista sin arreglo. Posee sentimientos heterosexuales, pero sus reacciones sensuales hacia el bello sexo únicamente salen a la luz de manera débil y esporádica. Con 19 años, los amigos le convencieron para ir por primera vez a un lupanar. No experimentó horror feminae, tuvo erecciones suficientes, consumó el coito con cierto placer, aunque sin el intenso sentimiento libidinoso que experimentaba con el abrazo masculino.

Desde aquel entonces el paciente asegura haber practicado el coito en otras seis ocasiones, dos de ellas sua sponte. Asegura ser capaz de consumarlo en cualquier momento, aunque solo lo hace “faute de mieux”, de manera semejante a como la masturbación le sirve de sucedáneo de las relaciones entre hombres cuando le asalta el impulso sexual. Ha llegado incluso a pensar en la posibilidad de buscarse una dama simpática con la que casarse. Naturalmente, vería las relaciones conyugales y la abstinencia definitiva de los hombres como una dura obligación.

Dado que se hallaban presentes rudimentos de sentimiento heterosexual y que el caso no se podía considerar perdido, me pareció apropiado un intento terapéutico. Las indicaciones eran lo suficientemente claras, pero no se podía confiar en la fuerza de voluntad del paciente, falto de energía y sin conciencia alguna de su fatal situación. Parecía conveniente buscar en la hipnosis un apoyo al influjo moral del médico. La realización de esta esperanza se presentaba dudosa ante la afirmación del paciente de que los repetidos intentos de hipnosis del famoso Hansen habían sido en vano.

Así y todo, debía repetirse el intento en consideración a los importantes intereses sociales del paciente. Para gran sorpresa mía, el método de Bernheim produjo inmediatamente un profundo sopor con posibilidad de sugestión poshipnótica.

En la segunda sesión se logra el sonambulismo con una simple mirada. El paciente es sugestionable en cualquier dirección, se le pueden provocar contracturas con solo rozar la piel. Se le despierta contando hasta tres. Fuera de la hipnosis, el paciente presenta amnesia para todo lo sucedido durante esta. Esta se practica a partir de ahora cada dos o tres días para impartir sugestiones hipnóticas. Simultáneamente, tratamiento moral e hidroterapia.

Las sugestiones impartidas durante la hipnosis son las siguientes:

1. Aborrezco el onanismo, pues provoca enfermedad y desdicha;

2. ya no siento inclinación por los hombres, pues el amor por los hombres va contra la religión, contra la naturaleza y contra la ley;

3. siento inclinación por la mujer, pues la mujer es amable y deseable y está hecha para el hombre.

En cada sesión el paciente recita los mandamientos sugestivos. A partir de la cuarta sesión empieza a notarse que el paciente les hace la corte a las damas en círculos en los que es introducido. Poco después, durante la actuación de una famosa cantante, el paciente se inflama y arde por ella. A los pocos días pregunta incluso por la dirección de un lupanar.

Aun así, el paciente sigue buscando con predilección la compañía de jóvenes caballeros, pero la más estrecha de las vigilancias es incapaz de descubrir nada sospechoso.

17 de febrero. El paciente pide permiso para practicar el coito y queda bastante satisfecho de su debut con una dama semimundana.

16 de marzo. Hasta aquí, hipnosis unas dos veces por semana. El paciente cae siempre en un profundo sonambulismo con solo mirarle, recita sus sugestiones cuando se le pide, es accesible a cualquier de tipo de sugestión poshipnótica, no tiene la más mínima idea en estado de vigilia de las influencias recibidas durante la hipnosis. Mientras está despierto, asegura en todo momento hallarse completamente libre de onanismo y de sentimientos sexuales hacia los hombres. Durante la hipnosis da las mismas respuestas de manera estereotípica, por ejemplo, haberse masturbado por última vez el tantos del tantos; además, se encuentra sometido a la voluntad del médico demasiado profundamente como para poder mentir, por lo que sus afirmaciones merecen toda credibilidad, sobre todo teniendo en cuenta que ofrece un aspecto radiante, que está libre de todos los males neurasténicos, que su trato con caballeros es intachable y que se está convirtiendo en una persona abierta, libre y masculina.

Considerando además que practica el coito de vez en cuando por propia iniciativa y que las poluciones ocasionales ya solo son causadas por sueños lascivos relativos a personas femeninas, no cabe ya duda alguna respecto de la positiva transformación de su vita sexualis y puede suponerse que las sugestiones hipnóticas se han convertido en directivas autosugestivas fijas de todo su sentir, imaginar y desear. Es posible que el paciente siga siendo una natura frigida, pero habla a menudo de casarse y de su propósito de declararse en cuanto conozca a una dama que le resulte simpática. Se da el alta al paciente. (Observación propia. Internationales Zentralblatt für die Physiologie und Pathologie der Harn- und Sexualorgane, vol. I).

En julio de 1889 recibí una carta del padre, que me informaba sobre el completo bienestar de su hijo y su comportamiento intachable.

El 24 de mayo de 1890 coincidí por casualidad con mi antiguo paciente durante un viaje. Su aspecto fresco y radiante presagiaba buenas noticias. Me comunicó que, si bien seguía encontrando simpáticos a ciertos hombres, ya no sentía impulsos en el sentido del amor entre hombres. Practicaba el coito de vez en cuando con mujeres de forma plenamente satisfactoria y pensaba seriamente en casarse.

Hipnoticé al paciente a modo de prueba tal como lo solía hacer y le pregunté por las órdenes que le había dado en su momento. En un estado de profundo sonambulismo, con el mismo tono de antes, el paciente declamó las sugestiones que había recibido en diciembre de 1888: en cualquier caso, un magnífico ejemplo de la potencial durabilidad y poder de la sugestión poshipnótica.