Z., 36 años, erudito, hasta el presente se ha interesado única y exclusivamente por el envoltorio de la mujer, pero nunca por la mujer en sí y a día de hoy no ha mantenido nunca relaciones sexuales con una de ellas. Junto a la elegancia y la distinción en general de la presencia de una dama, constituyen su fetiche específicamente la lencería y las camisas de batista con encajes, corsés de seda, enaguas de seda con finos bordados y medias de seda. Le resultaba todo un placer ver o, mejor aún, tocar tales prendas de vestir femeninas en tiendas de confección. Su ideal era una dama en traje de baño, con medias de seda, corsé, y por encima de estos un salto de cama con cola.
Estudió los vestidos de las “coureuses des rues”, pero los encontró no ya faltos de gusto, sino perfectamente repulsivos. Mayor placer le proporcionaban los escaparates, pero la frecuencia con que se renovaban los géneros expuestos era demasiado escasa. Halló cierta satisfacción en la posesión y estudio de revistas de moda, así como en la adquisición de ciertas prendas-fetiche de especial hermosura. Toda su felicidad habría consistido en tener acceso al arreglo de las damas en el tocador o a los probadores de las tiendas de moda, o el poder ser “femme de chambre” de una elegante mujer de mundo y ayudarla a vestirse. No se constatan rasgos masoquistas o de sentimiento homosexual en este singular fetichista. Su aspecto es perfectamente masculino (Garnier, La folie à Paris, 1890).
[Psychopathis sexualis, caso 110: fetichismo de ropa de mujer]