Tag: ropa de mujer

Caso 110: fetichismo de ropa de mujer

Z., 36 años, erudito, hasta el presente se ha interesado única y exclusivamente por el envoltorio de la mujer, pero nunca por la mujer en sí y a día de hoy no ha mantenido nunca relaciones sexuales con una de ellas. Junto a la elegancia y la distinción en general de la presencia de una dama, constituyen su fetiche específicamente la lencería y las camisas de batista con encajes, corsés de seda, enaguas de seda con finos bordados y medias de seda. Le resultaba todo un placer ver o, mejor aún, tocar tales prendas de vestir femeninas en tiendas de confección. Su ideal era una dama en traje de baño, con medias de seda, corsé, y por encima de estos un salto de cama con cola.

Estudió los vestidos de las “coureuses des rues”, pero los encontró no ya faltos de gusto, sino perfectamente repulsivos. Mayor placer le proporcionaban los escaparates, pero la frecuencia con que se renovaban los géneros expuestos era demasiado escasa. Halló cierta satisfacción en la posesión y estudio de revistas de moda, así como en la adquisición de ciertas prendas-fetiche de especial hermosura. Toda su felicidad habría consistido en tener acceso al arreglo de las damas en el tocador o a los probadores de las tiendas de moda, o el poder ser “femme de chambre” de una elegante mujer de mundo y ayudarla a vestirse. No se constatan rasgos masoquistas o de sentimiento homosexual en este singular fetichista. Su aspecto es perfectamente masculino (Garnier, La folie à Paris, 1890).

[Psychopathis sexualis, caso 110: fetichismo de ropa de mujer]

Caso 109: fetichismo de ropa de mujer

J., hombre joven, carnicero de oficio, fue detenido un buen día. Bajo el abrigo llevaba un corsé, un corpiño, una camiseta, una chaquetilla, un cuello, un suéter y una camisa de señora. Además llevaba puestas una medias finas con ligas.

Desde que tenía 11 años le acosaba el deseo de ponerse una camisa de su hermana mayor. En cuanto podía hacerlo sin que nadie se diera cuenta, se procuraba este placer y desde la pubertad llegaba a la eyaculación al ponerse estas camisas. Cuando empezó a vivir por su cuenta, comenzó a comprar camisas y otras prendas de señora. Se le encontró todo un vestuario femenino. Vestirse con tales prendas era alfa y omega de sus sentimientos e impulsos sexuales. Llegó a arruinarse por culpa de su fetichismo. En el hospital le suplicaba al médico que le dejara ponerse ropa de mujer. No se da en J. sentimiento sexual contrario (Garnier, Les fétischistes, p. 62).

[Psychopathia sexualis, caso 109: fetichismo de ropa de mujer]

Caso 108: fetichismo de ropa femenina

K., 45 años, zapatero, al parecer sin taras hereditarias, de carácter raro, poco dotado espiritualmente, apariencia masculina, sin signos degenerativos, por lo demás de comportamiento intachable, fue descubierto el 12 de julio de 1876 por la noche mientras intentaba recoger de un escondite ropa de mujer robada. Se le encontraron alrededor de 300 prendas de señora, entre ellas blusas y diversas prendas para las piernas, gorros de dormir, ligas y hasta una muñeca femenina. En el momento de la detención llevaba puesta incluso una camisa de señora. Llevaba ya 13 años satisfaciendo su impulso de robar ropa de mujer. Cuando se le condenó por primera vez por ello, se volvió cuidadoso y desde entonces robaba de manera refinada y exitosa. Cuando se le presentaba tal impulso, sentía temor y la cabeza se le ponía muy pesada. No era entonces capaz resistirse por nada del mundo. Le resultaba totalmente indiferente a quién le quitara estos objetos.

Las prendas robadas se las ponía por la noche en la cama representándose al mismo tiempo a mujeres hermosas y experimentando sentimientos libidinosos y efusión de semen.

Este era al parecer el motivo de sus robos. En cualquier caso, nunca había vendido ninguno de los objetos robados, sino que, antes bien, los ocultaba en diversos lugares.

Afirmó haber mantenido relaciones sexuales normales con mujeres en época anterior. Negó haber incurrido en onanismo, pederastia y otros actos sexuales. Afirma haberse prometido a la edad de 25 años, pero el compromiso se rompió sin que mediara culpa por su parte. No era capaz de asumir el carácter morboso de su estado ni lo injusto de sus actos (Passow, Vierteljahrsschr. f. ger. Mediz. N. F. XXVIII, p. 61; Krauss, Psychologie des Verbrechens, 1884, p. 190).

[Psychopathia sexualis, caso 108: fetichismo de ropa femenina]

Caso 97: fetichismo de mujeres cojas

X., 28 años, procedente de familia con importantes taras. Es neurasténico, se queja de falta de confianza en sí mismo y frecuente malhumor con impulsos suicidas, a los que muchas veces le resulta difícil resistirse. Con la más mínima tribulación cae en un desconcierto y desesperación totales. El paciente es ingeniero en una fábrica de la Polonia rusa, de constitución fuerte, sin signos de degeneración. Se queja de una extraña “manía” que a menudo le hace dudar de si es una persona psíquicamente sana. Desde los 17 años tan solo se excita sexualmente con la contemplación de mujeres con algún defecto físico, sobre todo, de mujeres que cojean y tienen los pies torcidos. El paciente no es en modo alguno consciente de la conexión asociativa originaria entre su libido y tales defectos femeninos.

Desde la pubertad se encuentra bajo el efecto de este fetichismo, del que él mismo se avergüenza. La mujer normal no tiene para él atractivo alguno, tan solo la que está torcida, cojea, tiene defectos en los pies. Si una mujer tiene un achaque de este tipo, induce en él una poderosa excitación sensual, siendo indiferente el que tal mujer pueda ser hermosa o fea.

En sus sueños con polución únicamente se le presentan tales figuras femeninas cojeantes. De vez en cuando no puede evitar el impulso de imitar a una de estas cojas. En tal situación experimenta un violento orgasmo y una eyaculación acompañada de intensa libidinosidad. El paciente asegura ser muy libidinoso y sufrir mucho a causa de la insatisfacción de sus impulsos. No obstante, consuma el coito con 22 años y únicamente unas cinco veces desde entonces. Al hacerlo, aun siendo potente, no obtuvo la más mínima satisfacción. Si algún día tuviera la suerte de practicar el coito con una mujer coja, no le cabe duda de que la cosa sería diferente. En cualquier caso, solo podría plantearse casarse con una coja.

Desde los veinte años de edad, el paciente presenta también fetichismo de ropa. A menudo le basta con vestirse medias y zapatos de mujer, bragas. De vez en cuando se compra tales prendas, se las pone en secreto, se excita con ello libidinosamente y tiene una eyaculación. Las prendas que ya ha llevado una mujer carecen para él del más mínimo atractivo. Le gustaría llevar ropa de mujer durante las ocasiones de excitación sensual, pero de momento no se ha atrevido por miedo a ser descubierto.

Su vita sexualis se limita a las prácticas mencionadas. El paciente afirma con plena seguridad y total convencimiento que nunca se ha dado a la masturbación. Últimamente, con el aumento de sus problemas de neurastenia, se encuentra bastante aquejado de poluciones.

[Psychopathia sexualis, caso 97: fetichismo de mujeres cojas]