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	<title>PSYCHOPATHIA SEXUALIS &#187; prostitutas</title>
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	<description>RICHARD VON KRAFFT-EBING</description>
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		<title>Caso 117: fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Dec 2010 10:43:11 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido. Señor X: “Siendo un muchacho de 16 años, tenía erecciones al ver zapatos y botas de señora elegantes, sobre todo si eran de tacón alto francés. Durante una estancia en un balnerario, una dama se percató de que su coqueto calzado me excitaba. Me hizo acompañarla a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido.</p>
<p>Señor X: “Siendo un muchacho de 16 años, tenía erecciones al ver zapatos y botas de señora elegantes, sobre todo si eran de tacón alto francés. Durante una estancia en un balnerario, una dama se percató de que su coqueto calzado me excitaba. Me hizo acompañarla a su habitación, donde me obsequió con exquisito vino y pastas. Después me dijo que yo haría un hermoso paje y me vistió de extraña manera. Me dio unas medias altas de seda, zapatos de raso de tacón alto, me puso un cinturón apretadísimo en la cintura y cubrió mi torso con una camisa con puntillas. Aquello, naturalmente, me excitó hasta la locura; sobre todo la sensación de llevar tacones (era la primera vez que me los ponía) me sigue resultando inolvidable a día de hoy. A continuación se tendió en el diván en una pose lasciva y, atrayéndome hacia sí, me masturbó. Esta mujer tendrá mi caso sobre su conciencia. Las escenas se repitieron. Me encargó un traje ajustado de punto y, a la tercera vez, me permitió el coito, que consumé con indecible placer. Yo me hallaba fuera de control, por lo que a menudo me ocurría el pasar media noche en brazos de esta Mesalina. Me bastaba con tocar sus coquetos tacones para que se presentara nuevamente la erección. Y ella se excitaba igualmente con mi traje. Como me tuve que marchar, empecé a practicar el onanismo imaginándome para ello vestidos y zapatos provocadores o, como soy buen dibujante, pintando las más increíbles “escenas de paje”. Al irme a la universidad, me hice inmediatamente con un vestuario compuesto por las prendas más excitantes: llegué a poseer cien pares de zapatos y botas de los modelos más disparatadamente fantasiosos. Cuando estoy solo, me disfrazo y me masturbo delante del espejo. Como eso no me bastaba, inicié algunas relaciones. Frecuentaba casas públicas y sentía la mayor de las libidos posibles cuando me hallaba con dos muchachas al mismo tiempo, yo con mi traje, quarum una supra me sedens penem in vaginam introducit, altera autem digito anum meum indagabat. Hasta aquel entonces era completamente heterosexual; en la calle coqueteaba única y exclusivamente con mujeres, aunque llevaba  siempre llamativos zapatos y botas de tacón. En cambio, se los ocultaba a los hombres, que a menudo se fijaban en mis pies. Pero una buena noche, teniendo yo 24 años, me dijo una puella publica: ‘Si te viera mi jefe, que viene el lunes, se volvía loco’. Me explicó que el jefe, de 40 años, era un extremo apasionado de los zapatos y su mayor afán consistía en amar a un hermoso joven de esbeltos miembros ataviado con cierto traje. Ella se tenía que vestir de palafrenero, atarse un membrum virile a la cintura, etc. Aquel relato me excitó hasta lo indecible porque mi suprema pasión es la coquetería. De pronto me pareció magnífico el conquistar también a los hombres con mi figura y con mi pie, e hice que le entregara una fotografía a aquel desconocido. Él quedó entusiasmado y me ofreció a través de la muchacha elevadas sumas si estaba dispuesto a complacerle. Yo conocía la pederastia por obras de índole erótica, pero no me había interesado lo más mínimo por los hombres. Todo aquello cambió en una noche. Rechacé, naturalmente, todo dinero y solo exigí de él un traje y unos zapatos nuevos, los cuales mandó hacer de la forma más fantástica posible. Le esperé apud puellam con este traje, el cuerpo completamente depilado y desnudo, cubierto solamente con una chaquetilla de seda con ricos bordados, una hermosa peluca, una faja de seda que ocultaba los genitales pero dejaba al descubierto mi trasero, piernas desnudas y depiladas, medias cortas de seda y los más deliciosos zapatos que uno pueda imaginar. Él llegó y se volvió loco. Nudus a tergo me amplexus est atque penem in anum meum introducere tentavit. Me entregué desprovisto de toda voluntad y en consonancia con mi naturaleza pasiva a los ardientes abrazos de aquel recio hombre. Sentí un deseo irresistible de soportar la immissionem penis, pero se produjo una ejaculatio praecox; él se desplomó sobre mí balbuceando las palabras más amorosas que haya oído. Interdum puella pene meo in os recepto me satiavit. Desde aquella noche, desde que vi la impresión que podía causar en un hombre, ando vacilante a un lado y a otro. Membrum meum possident feminae quibuscum coitum suma voluptate efficio anum autem viris tribuo. Toda mi felicidad consiste en hallarme completamente desvalido en brazos de un hombre fornido que está entusiasmado con mi vestido, mis zapatos, mis generosas formas. Y lo más hermoso se produce cuando, estando yo mismo vestido con ese traje, coitum cum femina efficiens dum membrum viri in ano habeo. Empecé a partir de entonces a coquetear también con los hombres. Me pongo una chaqueta ajustada de terciopelo, una camisa fina y corta, pantalones que me queden muy ajustados de nalgas y muslos, pero anchos por abajo para que el pie, calzado en unas preciosas botas tenga un aspecto fantástico. Cuando salgo así a la calle, no se ven los tacones, pero si estoy sentado en un restaurante, en el teatro o en el tren y veo a un hombre que parece interesarse por mí, empiezo a coquetear enseñando poquito a poco la elegante hechura de mis botas. No se puede usted hacer una idea de cuántos son los que se ven incapaces de apartar la mirada de puro entusiasmo”.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 117: fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-117-fetichismo-de-zapatos-heterosexual-sentimiento-sexual-contrario-adquirido/">caso 117: fetichismo de zapatos heterosexual, sentimiento sexual contrario adquirido</a>] </p>
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		<title>Caso 116: fetichismo de zapatos</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Dec 2010 12:04:52 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Fetichismo de zapatos. Señor de P., descendiente de un largo linaje de nobles, 32 años, casado, acudió a mi consulta en 1890 por la “antinaturalidad” de su vita sexualis. Asegura proceder de una familia perfectamente sana, aunque ha sido nervioso desde niño y padeció corea menor con 11 años. Desde hace diez sufre frecuentemente de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fetichismo de zapatos. Señor de P., descendiente de un largo linaje de nobles, 32 años, casado, acudió a mi consulta en 1890 por la “antinaturalidad” de su vita sexualis. Asegura proceder de una familia perfectamente sana, aunque ha sido nervioso desde niño y padeció corea menor con 11 años. Desde hace diez sufre frecuentemente de insomnio, así como de diversas afecciones de índole neurasténica.</p>
<p>Afirma no haber sido consciente de la diferencia entre sexos hasta los 15 años de edad y no haber experimentado hasta entonces excitación sexual. Con 17 años le sedujo una institutriz francesa, pero sin permitirle el coito, por lo que solo fue posible una intensa excitación sensual mutua (masturbación recíproca). En medio de tal situación, su mirada recayó en los elegantísimos botines de esta persona. Produjeron en él una fuerte impresión. Sus relaciones con esta licenciosa persona duraron cuatro meses. Durante estos contactos, sus botines se convirtieron en fetiche para este desdichado. Empezó a interesarse por los zapatos de señora y perdía literalmente la cabeza por echar el ojo a señoras hermosamente calzadas. El fetiche de calzado adquirió en su conciencia un enorme poder. Sicuti calceolus mulieris gallicae penem tetigit, statim summa cum voluptate sperma eiaculavit. Tras alejarse de su seductora, comenzó a acudir a puellis, de las que demandó la misma manipulación. Por lo general le bastaba con ello para obtener satisfacción. Solo raramente y de manera subsidiaria recurría al coito. Cada vez se sentía menos inclinado hacia él. Su vita sexualis consistía en poluciones oníricas, en las que únicamente los zapatos de señora desempeñaban un papel, así como en la satisfacción mediante calceolos feminarum, appositos ad mentulam, pero esto tenía que hacerlo la puella. En las relaciones con el otro sexo, únicamente le excitaba sensualmente el zapato y además este tenía que ser elegante, de hechura francesa y de un negro brillante, como el original.</p>
<p>Con el tiempo se fueron convirtiendo en condiciones accesorias las siguientes: zapato de una prostituta, siendo esta verdaderamente elegante, chic, con enaguas almidonadas y, a ser posible, con medias negras.</p>
<p>No había nada, por lo demás, que le interesara en la mujer. El pie desnudo le es perfectamente indiferente. Tampoco espiritualmente presenta la mujer el más mínimo atractivo para él. Nunca ha tenido deseos masoquistas en el sentido de desear que le pisaran. En el transcurso de los años su fetichismo ha llegado a adquirir tal poder que si ve por la calle a una dama con determinado aspecto y ciertos zapatos, experimenta una excitación tal que se tiene que masturbar. Una leve presión sobre el pene basta para que este hombre, que ha alcanzado un elevado grado de neurastenia, llegue a la eyaculación. También los zapatos de los escaparates, y últimamente incluso los simples anuncios de zapatos, bastan para excitarle poderosamente. Tiene una libido intensa y se alivia mediante la masturbación cuando no se ofrecen situaciones relacionadas con los zapatos. El paciente supo ver pronto lo comprometido y peligroso de su situación y, aunque se encontraba bien físicamente si dejamos de lado sus trastornos neurasténicos, tenía una gran pesadumbre moral. Buscó ayuda en los médicos más diversos. Los sanatorios con curas de agua fría y los intentos de hipnosis no sirvieron de nada. Los médicos más renombrados le aconsejaron que se casara y le aseguraron que en cuanto una muchacha le amara en serio se vería liberado del influjo de su fetiche. El paciente no tenía ninguna esperanza en su futuro, pero siguió el consejo de los médicos. Sus esperanzas, despertadas por la autoridad de los médicos, se vieron cruelmente decepcionadas, aunque llevó al altar a una dama dotada de grandes cualidades físicas y espirituales. La noche de bodas fue espantosa, se sentía como un criminal y dejó a su mujer intacta. Al día siguiente vio a una prostituta con ese cierto chic. Fue lo suficientemente débil como para mantener relaciones con ella a su manera. A continuación compró un par de botines de señora muy elegantes, los escondió en el lecho conyugal y consiguió así al cabo de unos días cumplir con el débito conyugal a base de tocarlos durante el abrazo marital. Eyaculaba de manera tardía porque tenía que forzarse para realizar el coito y pasadas unas cuantas semanas fracasó su estratagema al fallarle su fantasía. P. se sentía tremendamente desdichado y hubiera preferido poner fin a su vida. No podía satisfacer a su mujer, que se hallaba dotada de apetito sensual y se había excitado mucho con las relaciones mantenidas hasta ese momento, y la veía padecer un gran sufrimiento físico y moral. Él no podía ni quería revelar su secreto. Sintió repugnancia ante las relaciones conyugales, tenía miedo de su mujer, de las noches y de quedarse a solas con ella. No volvió a lograr una erección.</p>
<p>Lo intentó de nuevo con prostitutas, se satisfacía tocándoles los zapatos, después la puella tenía que calceolo mentulam tangere; él eyaculaba o, si esto no ocurría, intentaba el coito con la mujer venal, pero sin éxito, pues en ese caso se presentaba inmediatamente la eyaculación. El paciente llega a mi consulta completamente desesperado. Lamenta profundamente haber seguido, en contra de su íntima convicción, el infortunado consejo de los médicos, con el que solo ha logrado hacer desgraciada a una buena mujer e infligirle un daño físico y moral. Se pregunta si será capaz de responder ante Dios por seguir adelante con un matrimonio así. Aun cuando se sincerara con su mujer y esta lo hiciera todo por él, no habría adelantado nada, pues necesita que esté presente un cierto aroma de mujer mundana.</p>
<p>No hay nada de destacable en la apariencia de este desdichado si dejamos de lado su dolor de espíritu. Los genitales son perfectamente normales. La próstata tiene un tamaño un poco grande. Se lamenta de hallarse hasta tal punto bajo el dominio de sus fantasías de botas que se ruboriza de la cabeza a los pies en cuanto oye hablar de botas. Toda su fantasía gira alrededor de estas. Cuando se encuentra en sus tierras, le ocurre a menudo tener que recorrer de pronto las diez millas que le separan de la ciudad para dar satisfacción a su fetichismo en los escaparates o también con puellis.</p>
<p>Este hombre, digno de compasión, no llegó a decidirse a iniciar un tratamiento porque su confianza en la clase médica estaba prácticamente destruida. Un intento de comprobar si sería posible una hipnosis —y, con ella, la eliminación de la asociación fetichista— fracasó debido a la excitación espiritual del desdichado, que se hallaba completamente poseído por la idea de que había hecho infeliz a su mujer.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 116: fetichismo de zapatos" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-116-fetichismo-de-zapatos/">caso 116: fetichismo de zapatos</a>] </p>
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		<title>Caso 90: masoquismo y sadismo</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jun 2010 08:10:57 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Señor X., 28 años. “Ya siendo un niño de 6 ó 7 años tenía pensamientos de contenido sexual-perverso: me imaginaba que tenía una casa en la que mantenía cautivas a chicas jóvenes y guapas cuyas posaderas desnudas azotaba a diario. Poco después encontré a unos cuantos chicos y chicas con mis mismos gustos. Solíamos jugar a soldados y ladrones. A los ladrones a los que atrapábamos los subíamos a la azotea y allí les azotábamos las posaderas desnudas, tras lo cual a veces también se las acariciábamos. Soy perfectamente consciente de que en aquel entonces sólo sentía placer cuando azotaba a chicas. Al hacerme mayor (10-12 años), apareció en mí, sin que nada diera pie a ello, el deseo opuesto: me imaginaba que una chica me azotaba en el trasero desnudo. Muchas veces me quedaba parado ante los carteles de casas de fieras en los que aparecía una robusta domadora que lanzaba su látigo contra un león. Me imaginaba entonces que yo era el león y que la domadora me azotaba; me pasaba las horas muertas plantado frente a los anuncios de un grupo de indios donde se representaba a una india medio desnuda, y me imaginaba que yo era un esclavo y tenía que realizar para mi ama los servicios más repugnantes. Si me negaba a ello, recibía el más cruel de los maltratos posibles, lo que en mi caso significaba siempre recibir azotes en el trasero desnudo. En aquella época leía sobre todo historias de torturas y me detenía especialmente en aquellos pasajes en que se golpeaba a la gente. Hasta entonces nunca había sido golpeado de verdad, algo que me hubiera disgustado enormemente. Cuando cumplí los 15 años, un amigo me hizo caer en el onanismo, vicio al que me di a partir de entonces con bastante frecuencia, sobre todo en conexión con mis ideas sexuales perversas. El impulso de llevar a la práctica estas ideas mías iba siendo cada vez más poderoso, y con 16 años le pedí a una muchacha del servicio por la que sentía una cierta simpatía y con la que mantenía una relación de amor platónico, que me azotara con una caña. Lo que le dije fue que era mal estudiante, que mis padres no me castigaban nunca y que no me vendría mal un castigo suyo. Aunque se lo rogué de rodillas, se negó a mis pretensiones; pero me propuso, en cambio, acostarse conmigo, a lo que yo me negué por repugnancia. Aunque no conseguí que me azotara, sí que consintió en todas mis otras ideas: me ordenó ad podicem lambere, se puso terrones de azúcar entre las nalgas y me hizo comerlos, etc. Después jugaba siempre con mis órganos sexuales, y se los metía en la boca hasta que se producía la eyaculación. Al cabo de un año, poco más o menos, despidieron a la muchacha. Mi deseo, mientras tanto, iba en aumento hasta que llegó al punto en que ya no lo podía soportar, así que me fui a un prostíbulo, donde hice que una prostituta me trabajara el trasero desnudo con una vara. Hice que me tumbara sobre sus muslos descubiertos y me reprochara mi maldad. A todo esto, yo insistía en que no lo haría más, que por favor me perdonara por esa vez. Otra vez hice que me sujetara la cabeza entre los muslos mientras me azotaba el trasero desnudo como se hace con los niños pequeños. Una vez hice que me ataran a un banco y me azotaran 25 veces con una caña. Como me dolía demasiado y pedí que pararan al llegar al golpe 14, a la siguiente vez le dije antes a la prostituta que no le daría ni cinco como no me plantara los 25 cañazos. El dolor que sentía y el alto precio que tenía que pagar me determinaron a renunciar en el futuro a castigos semejantes y empecé a partir de entonces a azotarme yo mismo en las nalgas desnudas con correas, varas, bastones e incluso alguna vez con ortigas. Me tumbaba para ello en un banco o me arrodillaba y me imaginaba que me azotaba mi ama por alguna falta que hubiera cometido. No contento con ello, solía introducirme en el ano jabón, pimienta, pimentón y también objetos angulosos. Alguna vez mi deseo se hizo tan imperioso que llegué a clavarme agujas en las nalgas llegando hasta 3 cm de profundidad. Así continué hasta el año pasado, cuando trabé conocimiento en extrañas circunstancias con una muchacha que también tiene una sexualidad perversa. Sucedió que fui a visitar a una familia conocida mía, pero no estaban y solo encontré en casa a la institutriz y los niños. Me quedé, y mientras hablaba con la muchacha los niños empezaron a portarse mal. Ella se llevó entonces a dos de los niños a la habitación de al lado y los azotó allí con una vara, tras lo cual regresó enormemente excitada. Le brillaban los ojos, tenía el rostro completamente enrojecido y le temblaba la voz. Esta acción también me había excitado mucho a mí. Empecé a llevar la conversación hacia castigos y palizas. Poco a poco nos fuimos acercando, hasta que al cabo de algunas semanas nos empezamos a entender. Ella dejó su puesto y nos fuimos a vivir juntos a un piso en el que satisfacíamos juntos nuestros vicios. Pero como esta mujer me desagrada en todo lo demás, voy teniendo cada vez más momentos en los que recapacito y siento repugnancia de mí mismo y de lo que he hecho, y pienso a diario en cómo escapar de la perdición. Debo recalcar, asimismo, que he tratado de librarme de este vicio por diversos medios sin que ninguno de ellos me sirviera de nada. Y así contemplo mi futuro con apatía, puesto que mi fuerza moral es insuficiente para sustraerme a tal vicio”.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 90" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-90-masoquismo-y-sadismo/">caso 90</a>] </p>
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		<title>Caso 87: masoquismo femenino</title>
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		<pubDate>Mon, 24 May 2010 10:57:45 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Uno de los médicos del Hospital General de W. entró en contacto con una puella que, al parecer, había tomado como objetivo a los médicos del hospital. Durante el encuentro con este señor, ella estaba entusiasmada de tener ante sí a un médico y le pidió que procediera como si le estuviera haciendo un reconocimiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los médicos del Hospital General de W. entró en contacto con una puella que, al parecer, había tomado como objetivo a los médicos del hospital. Durante el encuentro con este señor, ella estaba entusiasmada de tener ante sí a un médico y le pidió que procediera como si le estuviera haciendo un reconocimiento ginecológico. Ella se resistiría, pero él no tenía que hacer caso, sino mandarle que se estuviera quieta y no dar su brazo a torcer. X. accedió a sus deseos y todo ocurrió como había pedido la puella. Ella se resistió —con lo que iba entrando en un estado de excitación sexual cada vez más intenso—, ofreció la mayor resistencia posible y, cuando el médico se iba a retirar, le pidió que no lo dejara. Estaba claro que el único fin de aquella situación era provocarle el mayor grado posible de orgasmo, lo que también se consiguió. Cuando el médico rechazó consumar el coito, ella se enfadó, ofreció venir de nuevo y se negó a aceptar dinero. X. me expresó su convencimiento de que el orgasmo no fue provocado por el tastus genitalem sino por la violencia, con la que se pretendía que el efecto de un equivalente del coito se sumase al de la violación. Se trataba aquí sin duda de una manifestación que se ha de encuadrar en el terreno del masoquismo femenino.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 87" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-87-masoquismo-femenino/">caso 87</a>] </p>
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		<title>Caso 83: masoquismo, fetichismo, coprolagnia</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Apr 2010 07:41:59 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[B., 31 años, funcionario, procede de familia con antecedentes neuropáticos, desde niño era nervioso, endeble, padecía temores nocturnos. Con 16 años tuvo la primera polución. Con 17 años se enamoró de una francesa de 28 no muy agraciada. Tenían especial interés para él sus zapatos. En cuanto tenía ocasión de hacerlo sin que nadie se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B., 31 años, funcionario, procede de familia con antecedentes neuropáticos, desde niño era nervioso, endeble, padecía temores nocturnos. Con 16 años tuvo la primera polución. Con 17 años se enamoró de una francesa de 28 no muy agraciada. Tenían especial interés para él sus zapatos. En cuanto tenía ocasión de hacerlo sin que nadie se diera cuenta, los cubría de besos y se estremecía de placer con ello. No llegaba a la eyaculación durante estas escenas con zapatos. B. asegura que por aquel entonces aún no tenía ni idea de la diferencia de sexos. Su admiración por los zapatos resultaba un enigma para él mismo. A partir de los 22 años practicaba el coito aproximadamente una vez al mes. B., aunque era libidinoso, se sentía siempre totalmente insatisfecho espiritualmente al hacerlo. Un día encontró a una hetera que le causó una extraña impresión por su orgullosa actitud, sus fascinantes ojos, su ser desafiante. Era como si tuviera que arrojarse al suelo ante esta soberbia criatura, besarle los pies y seguirla como un perro o esclavo. Especialmente le impresionó el “majestuoso” pie con su zapato de charol. La idea de servir como esclavo a una mujer así le hizo estremecerse de placer. Esa noche no pudo domir pensando en ello, y mientras yacía boca abajo besando en su fantasía los pies de esta mujer, tuvo una eyaculación. Como B. era tímido por naturaleza, no confiaba demasiado en su potencia y además sentía repulsión hacia las meretrices, se sirvió en adelante de su descubrimiento de la masturbación psíquica para satisfacerse y renunció por completo a tener verdaderas relaciones con las mujeres. Durante esta satisfacción solitaria pensaba en el magnífico pie de la soberbia mujer, a cuyo recuerdo óptico se asoció con el tiempo la fantasía olfativa de un pie o zapato de dama. En sus éxtasis eróticos nocturnos cubría el imaginario pie de mujer con innumerables besos. En sueños eróticos seguía a autoritarias mujeres. Llovía. La dómina se levantaba mucho el vestido, él “veía el dulce pie, sentía casi su forma elástica, blanda y, sin embargo, firme y cálida, veía un trozo de pantorrilla cubierto por una media de seda roja”; llegaba entonces por lo general a la polución. Era todo un placer para B. salir a dar vueltas por la calle mientras llovía para ver así sus sueños hechos realidad; si lo conseguía, la persona en cuestión se convertía en objeto de sus sueños y fetiche de sus actos de masturbación psíquica. Para potenciar la ilusión de estos últimos, se le ocurrió ponerse en la nariz su propio calcetín impregnado de la secreción de sus pies. Con este auxilio, su fantasía casi adquiría realidad en la culminación del éxtasis: estaba embriagado por el olor del imaginario pie de dama, que con intenso deseo besaba, chupaba y mordía hasta que por fin se producía la eyaculación. Pero concurrían también en el sueño o en el éxtasis libidinoso imágenes genuinamente masoquistas, por ejemplo, “la soberbia mujer, apenas cubierta y con un látigo en la mano, estaba en pie ante él, mientras que él, como esclavo, se arrodillaba en tierra ante ella. Ella empezaba a asestarle latigazos, le plantaba el pie en el cuello, en la cara, en la boca, hasta que accedía a secretum inter digitos nudos pedis ejus bene olens exsugere”. Para completar la ilusión utilizaba propria secreta pedum llevándoselas a la nariz. Durante este éxtasis experimentaba un delicioso aroma, mientras que fuera del paroxismo encontraba sudorem proprium non bene olentem. Durante largo tiempo, estos fetichismos se vieron desplazados por fetichismo de podex, para lo que B. recurría en ayuda de su ilusión a unas bragas y stercus proprium naribus appositum. A esto le siguió una época en que su fetiche era cunnus feminae y en que practicaba cunnilingus ideal. Se ayudaba para ello con trozos de la zona axilar de un corpiño de punto de señora, medias, zapatos de la misma proveniencia. Tras 6 años, al aumentar la neurastenia y paralizarse la fantasía (?), B. perdió la capacidad para este tipo de onanismo ejecutado psíquicamente y se convirtió en masturbador normal. Así siguió durante varios años. El progreso de su neurastenia precisó un tratatamiento en un balneario. Durante su convalecencia, B. conoció a una joven que respondía a sus sentimientos masoquistas, consumó finalmente el coito con auxilio de situaciones masoquistas y se sintió satisfecho. Pero a partir de entonces se reavivaron sus viejas fascinaciones fetichistas y deseos masoquistas y en la satisfacción de estas apetencias B. halló, con diferencia, más placer que en el coito, al que se había prestado únicamente honoris causa y como episodio de las mencionadas abominaciones. El fin de esta cínica existencia sexual fue&#8230; el matrimonio, por el que se decidió B. tras abandonarle su amante. B., que ya es padre de familia, asegura que procede con su esposa como con aquella y que tanto él como ella están satisfechos (!) con esta forma de relaciones conyugales (Zentralblatt für Krankheiten der Harn &#8211; und Sexualorgane, VI, 7).</p>
<p>Se han de incluir aquí también varios casos de Cantarano I. c. (mictio, en otro caso incluso defaecatio puellae ad linguam viri ante actum), degustación de dulce con olor a heces para ser potente; así como el siguiente caso, que me fue comunicado por un médico:</p>
<p>Un príncipe ruso completamente decrépito hacía que su amante se le sentara encima dándole la espalda y defecara sobre su pecho, siendo esta la única manera en que todavía se excitaban los restos de su libido.</p>
<p>Otro mantiene a una amante de forma insólitamente espléndida con la obligación de comer únicamente mazapán. Ut libidinosus fiat et eiaculare possit excrementa feminae ore excipit. — Un médico brasileño me contó varios casos de defaecatio feminae in os viri de los que había tenido conocimiento.</p>
<p>Casos de este tipo se dan por todas partes y no son precisamente escasos. Todas las secreciones posibles, saliva, mocos, incluso el cerumen se utilizan a este propósito, se ingieren con ansia, se dan oscula ad nates e incluso ad anum. (El Dr. Moll op. cit. p. 135 informa de esto mismo a propósito de personas de sexualidad contraria). El perverso deseo de realizar activamente el cunnilingus, que está muy extendido, podría también tener a menudo su origen en tales impulsos.</p>
<p>Se ha de incluir aquí probablemente el horrendo caso de Cantarano (“La Psichiatria”, año. V, p. 207), en el que el coito va precedido de morsus et succio de los dedos de los pies de la puella, que debían llevar sin lavar el mayor tiempo posible, también un caso análogo del que yo mismo daba cuenta en la 8.ª edición de este libro (caso 68).</p>
<p>Stefanowski (Archives de l’Anthropologie criminelle, 1892, vol. VII) conoce a un anciano comerciante ruso qui valde delectatus fuit bibendo ea quae puellae lupanarii jusso suo in vas spuerunt.</p>
<p>Neri, Archiv. delle psicopatie sessuali, p. 108: trabajador de 27 años, con importantes taras, con tic en la cara, fobias (sobre todo, agorafobia) y aquejado de alcoholismo. Summa ei fit voluptas, si meretrices in os eius faeces et urinas deponunt. Vinum supra corpus scortorum effusum defluenz ore ad meretricis cunnum adposito excipit. Valde delectatur, si sanguinem menstrualem ex vagina effluentem sugere potest. Fetichista de guantes de señora y botines, osculatur calceos sororis, pedes cuius sudore madent. Libido eius tum demum maxime satiatur, si a puellis insultatur, immo vero verberatur, ut sanguis exeat. Dum verberatur, genibus nixus veniam et clementiam puellae expetit, deinde masturbare incipit.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 83" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-83-masoquismo-fetichismo-coprolagnia/">caso 83</a>] </p>
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		<title>Caso 82: masoquismo, coprolagnia y fetichismo de botas</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Apr 2010 07:44:19 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Masoquismo, coprolagnia y fetichismo de botas (proceso en el tribunal de distrito de Z.). X., 30 años, se apasiona por los pies pequeños y delicados de las damas. Un día visita a dos puellae publ. en un domicilio privado para divertirse. Comenta que le gusta el olor de los zapatos recién cepillados, tras lo cual [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Masoquismo, coprolagnia y fetichismo de botas (proceso en el tribunal de distrito de Z.).</p>
<p>X., 30 años, se apasiona por los pies pequeños y delicados de las damas. Un día visita a dos puellae publ. en un domicilio privado para divertirse. Comenta que le gusta el olor de los zapatos recién cepillados, tras lo cual una de las muchachas se pone un par, que él huele. A continuación él le pide a ella que le escupa en la cara y que se escupa también en los zapatos, tras lo cual él chupa la saliva. Después de esto le pide a ella que se saque los mocos de la nariz y se los meta a él en la boca. También hizo que le embetunaran los órganos sexuales, se desnudó, hizo que le atasen el cordón de un zapato en el pene y que le llevaran así a cuatro patas por la habitación, durante lo cual las muchachas tenían que frotarle con un manojo de ramas hasta hacerle sangre; quería que le “domaran”. Las mujeres tenían además que lanzarle todos los insultos posibles. Mientras él estaba así tirado en el suelo, tenían que subirse encima de él, darle patadas y atormentarle de todas las formas imaginables. Por último les pidió que hicieran sus necesidades en su boca, a lo que ellas se negaron. Durante estos actos se produjo effusio seminis. Cuando le preguntaron cómo es que hacía esas cosas, explicó que llevaba un año sin tocar a una mujer y ahora le apetecía de nuevo divertirse un poco. Dijo que el gusto por los pies bonitos lo tenía desde la escuela y que las anomalías en las relaciones sexuales le venían de la lectura de libros franceses.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 82" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-82-masoquismo-coprolagnia-y-fetichismo-de-botas/">caso 82</a>] </p>
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		<title>Caso 77: fetichismo de pies y zapatos</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Mar 2010 11:52:27 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Clérigo, 50 años. Se presenta de vez en cuando en prostíbulos con la excusa de alquilar una habitación en la casa, entabla conversación con una puella, lanza miradas lascivas a sus zapatos, le quita uno, osculatur et mordet caligam libidine captus; ad genitalia denique caligam premit, eiaculat semem semineque eiaculato axillas pectusque terit, vuelve en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Clérigo, 50 años. Se presenta de vez en cuando en prostíbulos con la excusa de alquilar una habitación en la casa, entabla conversación con una puella, lanza miradas lascivas a sus zapatos, le quita uno, osculatur et mordet caligam libidine captus; ad genitalia denique caligam premit, eiaculat semem semineque eiaculato axillas pectusque terit, vuelve en sí de un éxtasis carnal, le ruega a la dueña del zapato que le deje quedárselo unos días y se lo devuelve después, dando las gracias amablemente, una vez transcurrido el tiempo convenido. (Cantarano, “La Psichiatria”, V, p. 205) .</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 77" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-77-fetichismo-de-pies-y-zapatos/">caso 77</a>] </p>
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		<title>Caso 76: fetichismo de pies y zapatos</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 10:28:32 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[(Dr. Pascal, Igiene dell’amore.) X., comerciante, de cuando en cuando, sobre todo cuando hacía mal tiempo, le acometía el siguiente deseo: se ponía al habla con una prostituta cualquiera y le pedía que le acompañara a una zapatería, donde le compraba el par de botines de charol más hermoso que hubiera, con la condición de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(Dr. Pascal, Igiene dell’amore.) X., comerciante, de cuando en cuando, sobre todo cuando hacía mal tiempo, le acometía el siguiente deseo: se ponía al habla con una prostituta cualquiera y le pedía que le acompañara a una zapatería, donde le compraba el par de botines de charol más hermoso que hubiera, con la condición de que se los calzara inmediatamente. Tras esto, la mencionada tenía que pisar cuantos excrementos y charcos encontrara por la calle para ensuciar las botas lo más posible. Una vez hecho esto, X. llevaba a esa persona a un hotel. Apenas entraban a la habitación, se arrojaba a sus pies y experimentaba un placer extraordinario restregando los labios por ellos. Una vez limpias las botas por tal procedimiento, entregaba un dinero y seguía su camino.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 76" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-76-fetichismo-de-pies-y-zapatos/">caso 76</a>] </p>
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		<title>Caso 67: masoquismo ideal</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 08:33:45 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Señor Z., 22 años, soltero, le trajo a mí su tutor por indicación médica, pues era extremadamente nervioso y, al parecer, sexualmente no normal. La madre y la madre de la madre padecieron enfermedades mentales. El padre le engendró en una época en que padecía bastante de los nervios. Al parecer, el paciente había sido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Señor Z., 22 años, soltero, le trajo a mí su tutor por indicación médica, pues era extremadamente nervioso y, al parecer, sexualmente no normal. La madre y la madre de la madre padecieron enfermedades mentales. El padre le engendró en una época en que padecía bastante de los nervios.</p>
<p>Al parecer, el paciente había sido un niño muy vivaz y con mucho talento. Ya con 7 años se constató que se masturbaba. A partir de los 9 años se volvió despistado, olvidadizo, no iba bien en los estudios, necesitaba siempre ayuda con las clases y protección, le costó trabajo acabar el bachillerato y durante su año como voluntario destacó por indolente y olvidadizo, así como por cometer diversas barrabasadas.</p>
<p>El motivo de la consulta fue un episodio en la calle durante el cual Z. abordó a una joven dama y pretendió, con vehemencia y gran alteración, que mantuviera una conversación con él.</p>
<p>La explicación que dio el paciente a este comportamiento fue que deseaba excitarse hablando con una muchacha decente para ser potente después en el coito con una prostituta (!).</p>
<p>El padre de Z. le describe como una persona de naturaleza bondadosa, decente pero abúlica, insulsa, descontenta de sí misma, a menudo desesperada por el poco éxito que ha tenido hasta ahora en la vida, además de ser indolente e interesarse solamente por la música, para la que está dotado de un gran talento.</p>
<p>La apariencia del paciente da indicios de personalidad neuropatológica degenerativa por su cráneo plagiocefálico, sus orejas grandes y abiertas, la deficiente inervación del nervio facial bucal derecho, así como la expresión neuropática de sus ojos.</p>
<p>Z. es alto, de constitución fuerte, con un aspecto perfectamente masculino. Pelvis masculina, testículos bien desarrollados, el pene destaca por su tamaño. Mons veneris con abundante vello, el testículo derecho más alto que el izquierdo, el reflejo del cremáster es débil en ambos lados. Intelectualmente el paciente se sitúa por debajo de la media. Él mismo es consciente de su deficiencia, se lamenta de su indolencia y pide que le hagan tener más fuerza de voluntad. Su comportamiento torpe y apocado, su mirada esquiva y su postura laxa son indicios de masturbación. El paciente reconoce haberse dado a ella desde los 7 años hasta hace un año y medio, masturbándose durante años 8—12 veces diarias. Hasta hace unos años, cuando se volvió neurasténico (presión en la cabeza, incapacidad intelectual, irritación espinal, etc.), dice haber sentido siempre un gran placer con ella. A partir de entonces, este se perdió y con ello la masturbación ha perdido su interés. Se ha ido volviendo cada vez más tímido, laxo, falto de energía, miedoso, nada le interesa, despacha sus asuntos sólo por obligación, se siente extenuado. Nunca ha pensado en el coito, desde su punto de vista como onanista no entiende cómo otros pueden encontrar placer en el coito.</p>
<p>La búsqueda de inclinaciones sexuales contrarias arrojó un resultado negativo.</p>
<p>Dice no haberse sentido nunca atraído por personas de su mismo sexo. Cree más bien haber tenido de vez en cuando una leve inclinación hacia las mujeres. Afirma haber llegado por sí mismo al onanismo. Con 13 años percibió por primera vez eyaculación de esperma como resultado de manipulaciones masturbatorias.</p>
<p>Fue necesario convencer a Z. con largas conversaciones para que se decidiera a desvelar por completo su vita sexualis. Como muestran las siguientes manifestaciones, se le podría clasificar como un caso de masoquismo ideal con sadismo rudimentario. El paciente recuerda perfectamente que ya con 6 años y sin motivo alguno aparecieron en él “fantasías violentas”. Se imaginaba que la criada le abría de piernas y le mostraba a otro sus genitales (del paciente), que intentaba arrojarle al agua fría o caliente para provocarle dolor. Estas “fantasías violentas” iban acompañadas de un sentimiento de placer y daban lugar a manipulaciones masturbatorias. El paciente las evocaba más tarde también voluntariamente para incitarse a la masturbación. Asimismo, desempeñaron un papel en sus sueños a partir de entonces. No obstante, nunca dieron lugar a poluciones, al parecer porque el paciente se masturbaba desmedidamente durante el día.</p>
<p>Con el tiempo, a estas fantasías violentas de índole masoquista se les unieron otras de tipo sádico. Al principio eran imágenes de muchachos que se masturbaban mutuamente de manera violenta, que se cortaban los genitales. Era frecuente que asumiera el papel de uno de esos muchachos, tanto el activo como el pasivo.</p>
<p>Más tarde empezaron a acudir a él imágenes de muchachas y mujeres exhibiéndose unas frente a otras: se imaginaba situaciones como, por ejemplo, que la criada arrancaba las femora a otra muchacha o que le desgarraba el pubus, también otras en las que chicos arremetían con violencia contra muchachas, les asestaban cuchilladas, les daban pellizcos en los genitales.</p>
<p>También estas imágenes le excitaban sexualmente, aunque nunca experimentó el impulso de proceder de ese modo activamente o de convertirse en objeto pasivo de ellas. Le bastaba con servirse de ellas para la automasturbación. Desde hace un año y medio tales imágenes e impulsos se han ido volviendo menos frecuentes con la disminución de la fantasía y libido sexuales, pero su contenido se ha mantenido constante. Las fantasías violentas de tipo masoquista predominan frente a las de tipo sádico. Últimamente, cuando ve a una dama se le antoja que tiene las mismas ideas sexuales que él. Con esto es con lo que explica hasta cierto punto su timidez en las relaciones sociales. Como el paciente ha oído que se librará de sus fantasías sexuales, que le van resultando molestas, cuando se acostumbre a una satisfacción sexual normal, ha intentado dos veces en el último año y medio practicar el coito, aunque tan solo sentía aversión ante él y no se prometía ningún éxito. El intento acabó también en ambas ocasiones en rotundo fracaso. La segunda vez experimentó tal aversión que arrojó a la joven de su lado y salió huyendo.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 67" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-67-masoquismo-ideal/">caso 67</a>] </p>
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		<title>Caso 66: masoquismo simbólico</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Dec 2009 09:26:34 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[X., 38 años, ingeniero, casado, padre de 3 hijos, aunque está felizmente casado, no es capaz de resistirse al impulso de acudir de vez en cuando a una prostituta instruida por él y representar la siguiente comedia masoquista como preliminar de un coito. En cuanto se halla en presencia de la puella, esta tiene que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>X., 38 años, ingeniero, casado, padre de 3 hijos, aunque está felizmente casado, no es capaz de resistirse al impulso de acudir de vez en cuando a una prostituta instruida por él y representar la siguiente comedia masoquista como preliminar de un coito. En cuanto se halla en presencia de la puella, esta tiene que agarrarle por las orejas, arrastrarle por la habitación a base de tirones de oreja y regañarle: “¿Qué haces aquí? ¿No sabes que tienes que estar en el colegio? ¿Por qué no vas al colegio?”. Al mismo tiempo le abofetea y le golpea, hasta que él se pone de rodillas y pide perdón. A continuación ella le da una canastita con pan y fruta como se hace con los niños cuando se los manda al colegio, le levanta por las orejas y le vuelve a ordenar que vaya al colegio. X. vuelve a hacerse el rebelde hasta que, bajo el estímulo de los tirones de oreja, golpes y regañinas de la puella, llega al orgasmo. En ese momento grita: “Ya voy, ya voy” y consuma el coito. Es probable, aunque no está demostrado, que esta comedia masoquista tenga que ver con el hecho de que las primeras manifestaciones de excitación sexual se dieran en su época de escolar con motivo de estos castigos y que la libido se haya vinculado a ellos por asociación. Por lo demás se desconoce la vita sexualis de X. (Dr. Carrara, en Archivio di Psichiatria XIX. 4.).</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 66" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-66-masoquismo-simbolico/">caso 66</a>] </p>
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