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Caso 98: fetichismo de cojera

Z., rentista, de familia con tara, afirma haber sentido ya de niño una particular compasión por las personas con parálisis y cojera. Durante un tiempo resultaba para él un placer sin tintes sexuales andar por la cocina con dos escobas como muletas o andar cojeando por calles desiertas. Progresivamente se le fue sumando a esto la idea de conocer a una hermosa joven como “cojito” y recibir la compasión de esta. La compasión de los hombres le hubiera resultado repulsiva. Z., que se educó en privado en una distinguida casa, asegura no haber sabido nada del sexo ni de las relaciones sexuales hasta los 20 años. Su sentimiento, en el que al principio no veía nada sospechoso, consistía en fantasías en las que compadecía a una muchacha tullida o en las que era él quien estaba cojo y recibía la compasión de una joven hermosa y sana. A estas fantasías se fueron uniendo de forma cada vez más evidente sentimientos eróticos; y, con 20 años, Z. incurrió en un acto masturbatorio al que siguieron otros muchos. Se fue desarrollando una progresiva neurastenia sexual y la debilidad excitable alcanzó tales proporciones que le bastaba la visión de una muchacha cojeando por la calle para eyacular. Ni que decir tiene que los actos masturbatorios y las poluciones en sueños iban también acompañados de tales fantasías. Al mismo Z. le llamaba la atención que le resultara indiferente la personalidad de la persona que cojeaba y que su interés se limitara al pie que cojeante. Z. no ha llegado nunca a intentar el coito con una mujer portadora de su fetiche. No se encuentra en disposición espiritual de hacerlo y alberga, asimismo, dudas sobre su potencia. Sus sucias fantasías giran en torno a la masturbación junto al pie de una mujer coja. A veces se anima con la idea de lograr el amor de una mujer casta y coja y que esta, conmovida porque él ame lo que en ella es un defecto, le libere de su fetichismo elevando el amor de Z. “desde el alma del pie de ella hasta los pies de su alma”. En esto cifra su salvación. Se siente enormemente desdichado en su situación actual.

[Psychopathia sexualis, caso 98: fetichismo de cojera]

Caso 97: fetichismo de mujeres cojas

X., 28 años, procedente de familia con importantes taras. Es neurasténico, se queja de falta de confianza en sí mismo y frecuente malhumor con impulsos suicidas, a los que muchas veces le resulta difícil resistirse. Con la más mínima tribulación cae en un desconcierto y desesperación totales. El paciente es ingeniero en una fábrica de la Polonia rusa, de constitución fuerte, sin signos de degeneración. Se queja de una extraña “manía” que a menudo le hace dudar de si es una persona psíquicamente sana. Desde los 17 años tan solo se excita sexualmente con la contemplación de mujeres con algún defecto físico, sobre todo, de mujeres que cojean y tienen los pies torcidos. El paciente no es en modo alguno consciente de la conexión asociativa originaria entre su libido y tales defectos femeninos.

Desde la pubertad se encuentra bajo el efecto de este fetichismo, del que él mismo se avergüenza. La mujer normal no tiene para él atractivo alguno, tan solo la que está torcida, cojea, tiene defectos en los pies. Si una mujer tiene un achaque de este tipo, induce en él una poderosa excitación sensual, siendo indiferente el que tal mujer pueda ser hermosa o fea.

En sus sueños con polución únicamente se le presentan tales figuras femeninas cojeantes. De vez en cuando no puede evitar el impulso de imitar a una de estas cojas. En tal situación experimenta un violento orgasmo y una eyaculación acompañada de intensa libidinosidad. El paciente asegura ser muy libidinoso y sufrir mucho a causa de la insatisfacción de sus impulsos. No obstante, consuma el coito con 22 años y únicamente unas cinco veces desde entonces. Al hacerlo, aun siendo potente, no obtuvo la más mínima satisfacción. Si algún día tuviera la suerte de practicar el coito con una mujer coja, no le cabe duda de que la cosa sería diferente. En cualquier caso, solo podría plantearse casarse con una coja.

Desde los veinte años de edad, el paciente presenta también fetichismo de ropa. A menudo le basta con vestirse medias y zapatos de mujer, bragas. De vez en cuando se compra tales prendas, se las pone en secreto, se excita con ello libidinosamente y tiene una eyaculación. Las prendas que ya ha llevado una mujer carecen para él del más mínimo atractivo. Le gustaría llevar ropa de mujer durante las ocasiones de excitación sensual, pero de momento no se ha atrevido por miedo a ser descubierto.

Su vita sexualis se limita a las prácticas mencionadas. El paciente afirma con plena seguridad y total convencimiento que nunca se ha dado a la masturbación. Últimamente, con el aumento de sus problemas de neurastenia, se encuentra bastante aquejado de poluciones.

[Psychopathia sexualis, caso 97: fetichismo de mujeres cojas]

Caso 41: sadismo

Caso 41. K., 25 años, comerciante, acudió a mí en busca de consejo en el otoño de 1889 a causa de una anomalía de su vita sexualis, que le hacía temer una enfermedad y el fracaso en su futura felicidad conyugal.
El paciente procede de familia nerviosa, de niño fue delicado, débil, nervioso, sano excepto sarampión, después creció fuerte.
Con 8 años, en el colegio, fue testigo de cómo el maestro azotaba a los niños sujetándoles la cabeza entre los muslos y dándoles con una vara en el trasero.
Este espectáculo provocó en el paciente excitación libidinosa. “Sin tener ni idea de la peligrosidad y monstruosidad del onanismo” se satisfacía por este medio y se masturbaba desde entonces con frecuencia representándose el recuerdo de chicos a los que estaban azotando.
Así llegó a los 20 años. Tuvo conocimiento entonces de la importancia del onanismo, se asustó enormemente, procuró reprimir su tendencia a la masturbación, pero incurrió en onanismo psíquico, que en su opinión era inocuo y moralmente justificable, sirviéndose para ello de los mencionados recuerdos de muchachos azotados.
El paciente se volvió entonces neurasténico, padecía poluciones, intentó curarse frecuentando casas públicas, pero no alcanzaba la erección.
Se esforzaba en lograr sentimientos sexuales normales relacionándose socialmente con mujeres decentes, pero se dio cuenta de que era totalmente insensible a los encantos del sexo bello.
El paciente es un hombre inteligente, desarrollado normalmente, con inclinaciones artísticas. No se siente atraído por las personas de su mismo sexo.
Mis indicaciones como médico consistieron en medidas para combatir la neurastenia y las poluciones, prohibición del onanismo psíquico y manual, alejamiento de todo estímulo sexual, considerar la perspectiva de un tratamiento hipnótico tendente a una sucesiva reeducación a la normalidad de la vita sexualis.

[Psychopathia sexualis, caso 41]