Caso 94: fetichismo de pies, sentimiento sexual contrario adquirido

Fetichismo de pies. Sentimiento sexual contrario adquirido. Señor X., funcionario, 29 años, desciende de madre neuropática y padre diabético.

Buena disposición espiritual, de temperamento nervioso, no ha padecido enfermedades nerviosas, no presenta signos de degeneración. El paciente recuerda perfectamente que, ya con seis años, al ver a mujeres con los pies desnudos experimentaba excitación sexual y sentía dentro de sí el impulso de salir corriendo detrás de ellas o de mirarlas mientras trabajaban.

Con 14 años se coló una noche en la habitación de su hermana mientras esta dormía, le cogió el pie y se lo besó. Ya con 8 años llegó espontáneamente a la masturbación. Mientras la practicaba, se presentaban en su fantasía pies de mujer desnudos.

Con 16 años solía llevarse a la cama zapatos y medias de las criadas, se excitaba sensualmente manipulándolos y se masturbaba.

Con 18 años inició el libidinoso X. el contacto sexual con personas del otro sexo. Era plenamente potente, quedaba satisfecho con el coito y su fetiche no desempeñaba papel alguno en estos contactos sexuales. No sentía la más mínima inclinación sexual por personas masculinas, tampoco le interesaban en modo alguno los pies de los hombres.

A partir de los 24 años de edad se produjo una modificación en sus sentimientos y estado sexuales.

El paciente se volvió neurasténico y empezó a sentir inclinación sexual por el hombre. El factor que dio pie a la aparición de la neurosis y del sentimiento sexual contrario fue claramente una masturbación excesiva, a la que se veía empujado en parte por una libido nimia que no siempre se dejaba satisfacer mediante el coito, y en parte por la visión casual o intencionada de pies femeninos.

De manera concomitante con el aumento de la neurastenia (en un primer momento, de tipo sexual) se produjo un rápido retroceso de su libido, potencia y satisfacción respecto a los individuos femeninos. Al mismo tiempo se desarrolló una inclinación por el propio sexo y también su fetichismo se trasladó a este.

A partir de los 25 años ya solo practicó el coito cum muliere raramente y sin verdadera satisfacción, y tampoco le interesaba prácticamente el pie de la mujer. Su impulso de mantener relaciones sexuales con hombres se iba volviendo cada vez más poderoso. Al trasladarse con 25 años a una gran ciudad, encontró la oportunidad deseada y se dio con verdadera pasión al amor entre hombres. Viros masturbare, penem eorum in os recipere et pedes sociorum osculari solebat.

Eyaculaba con tales prácticas al tiempo que experimentaba el máximo placer. Poco a poco, le fue bastando con la visión de un hombre simpático, sobre todo si llevaba los pies descalzos.

Sus poluciones nocturnas, asimismo, tenían únicamente las relaciones entre hombres como objeto y además estas eran de tipo fetichista (pies).

No le interesaba el calzado. Solo el pie descalzo le excitaba. A menudo sentía el impulso de seguir a hombres por la calle con la esperanza de encontrar ocasión de quitarles el zapato. Un sucedáneo consistía en andar él mismo descalzo. Temporalmente se apoderó de él, bajo estremecimientos libidinosos, una verdadera necesidad de bajar a la calle descalzo. Si acaso intentaba resistirse, le acometían terror, palpitaciones y temblores. Una y otra vez se vio obligado, ignorando el peligro y las indeseables consecuencias, a entregarse a este impulso por las noches durante horas.

Mientras lo hacía, llevaba los zapatos en la mano, experimentaba una enorme excitación sexual y obtenía satisfacción en la eyaculación espontánea o provocada. Envidiaba a los jornaleros y otra gente que podía andar descalza sin llamar la atención.

Su momento más feliz lo tuvo durante una estancia en un balneario de método Kneipp, donde tanto él como los otros caballeros podían andar descalzos como parte del tratamiento.

A raíz de un desagradable episodio de chantaje al que se vio expuesto X. por sus relaciones con hombres, volvió a sus cabales, buscó la forma de escapar a una tortuosa existencia sexual y dio con un médico que le remitió a mí.

El paciente hizo cuanto pudo por abstenerse de la masturbación y de las relaciones con hombres, siguió un tratamiento contra la neurastenia en un balneario, recuperó un cierto interés por el genus femininum, para lo cual sirvió de puente su fetichismo de pies, consumó el coito en una ocasión con cierto placer con una belleza pueblerina descalza que resultaba conforme a sus gustos; posteriormente, unas cuantas veces más con puellis sin obtener satisfacción; volvió a orientarse hacia personas de su propio sexo; recayó por completo, sintiendo una irresistible atracción por vagabundos y braceros descalzos, a los que obsequiaba con tal de que le dejaran besarles los pies. Un intento de encaminar a este desdichado en una dirección natural mediante un tratamiento sugestivo fracasó ante la imposibilidad de ir más allá de un ligero embotamiento carente de todo valor terapéutico.

Epicrisis: originariamente fetichismo de pies. Sentimiento sexual contrario adquirido con transferencia del círculo de ideas fetichistas a la homosexualidad.

[Psychopathia sexualis, caso 94: fetichismo de pies, sentimiento sexual contrario adquirido]