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	<title>PSYCHOPATHIA SEXUALIS &#187; onanismo</title>
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	<description>RICHARD VON KRAFFT-EBING</description>
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		<title>Caso 158: androginia</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Oct 2011 16:03:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Androginia. Señor von H., 30 años, soltero, descendiente de madre neuropática. Al parecer, no ha habido en la familia del enfermo enfermedades nerviosas ni psíquicas y su único hermano es completamente normal tanto física como psíquicamente. El paciente, según manifiesta, tuvo un desarrollo físico tardío, por lo que realizó diversas estancias en balnearios marinos y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Androginia. Señor von H., 30 años, soltero, descendiente de madre neuropática. Al parecer, no ha habido en la familia del enfermo enfermedades nerviosas ni psíquicas y su único hermano es completamente normal tanto física como psíquicamente. El paciente, según manifiesta, tuvo un desarrollo físico tardío, por lo que realizó diversas estancias en balnearios marinos y sanatorios climáticos. Desde su infancia tuvo una constitución neuropática y, según testimonio de sus parientes, no era como los otros chicos. Enseguida empezó a llamar la atención su rechazo de las ocupaciones masculinas y su afición a los juegos femeninos. Huía de todos los juegos de chico, así como de la gimnasia, mientras que le atraían especialmente los juegos con muñecas y los trabajos femeninos. El paciente se desarrolló bien posteriormente, no sufrió enfermedades de consideración, pero espiritualmente su carácter siguió siendo anormal, siendo incapaz de tomarse la vida con seriedad y dando muestras de una orientación marcadamente femenina en sus gustos e ideas.</p>
<p>Con 17 años aparecieron las poluciones, que se multiplicaron hasta llegar a producirse también de día, lo que debilitó al enfermo y le acarreó numerosos trastornos nerviosos. Desarrolló síntomas de neurasthenia spinalis, que se mantuvieron hasta hace pocos años, pero se fueron suavizando al volverse las poluciones menos frecuentes. Niega haber practicado el onanismo, aunque este parece bastante probable. Sus pensamientos flojos, blandos, soñadores se fueron volviendo cada vez más llamativos a partir de la pubertad. Los intentos de encaminar al enfermo hacia una vida profesional resultaron inútiles. Sus funciones intelectuales, aunque no presentaban perturbaciones formales, no ganaban suficiente altura para encontrar motivos conductores efectivos en el establecimiento de un carácter independiente y de una visión elevada de la vida. Seguía siendo dependiente, un niño grande, y nada delataba con mayor claridad su constitución originariamente anormal que su absoluta incapacidad para administrar el dinero, junto con su propia confesión de que es incapaz de manejar el dinero de manera ordenada y sensata y que en cuanto tiene un poco se lo gasta en antigüedades, adornos personales y tonterías por el estilo.</p>
<p>Igual de poco apto que para una administración sensata del dinero resultó el paciente para el establecimiento de una existencia social o incluso para la mera comprensión de su importancia y valor.</p>
<p>No aprendía nada que mereciera la pena, dedicaba el tiempo a su arreglo personal y a veleidades artísticas, más concretamente a la pintura, para la cual mostró ciertas dotes, pero sin dar de sí tampoco lo más mínimo por falta de constancia. No era posible encaminarle hacia el trabajo intelectual, tan solo tenía cabeza para lo superficial, siempre andaba distraído y las cosas serias le aburrían al instante. Durante el resto de su vida se irían sucediendo indefectiblemente las trastadas con consecuencias indeseables, los viajes absurdos, el derroche de dinero, las deudas&#8230; y ni siquiera era capaz de ver estos errores notorios de su forma de vivir. En cuanto alguien intentaba que se valiera por sí mismo y que se diera cuenta de lo que le convenía, se volvía tozudo, intratable y no hacía nada a derechas.</p>
<p>Estos síntomas de una constitución psíquica originariamente anormal y deficiente van acompañados de notables signos de una sensibilidad sexual perversa de la que también se detectan indicios en el ámbito somático del paciente. El paciente se siente a sí mismo como mujer frente a los hombres y experimenta inclinación hacia las personas del mismo sexo, además de indiferencia, cuando no marcada aversión, hacia las del sexo femenino. Asegura haber mantenido relaciones sexuales con mujeres a los 22 años y haber consumado el coito con normalidad, pero en parte por la agudización de los trastornos neurasténicos que se producía siempre después del coito, en parte por miedo a contagios, pero sobre todo por falta de satisfacción, asegura haberse apartado pronto del sexo femenino. Tiene perfectamente clara la anormalidad de su situación sexual; es consciente de su inclinación hacia el sexo masculino, pero solamente reconoce avergonzado experimentar un delicioso sentimiento de amistad hacia ciertas personas masculinas, sin que esto vaya acompañado de un sentimiento sensual. No es que abomine del sexo femenino, podría incluso decidirse a casarse con una mujer que le atrajera por compartir sus sentimientos artísticos&#8230; siempre y cuando se le eximiera del débito conyugal, que le resultaría desagradable y cuyo cumplimiento le dejaría débil y agotado. El paciente niega haber mantenido relaciones sexuales con hombres, pero su rubor y su azoramiento y, sobre todo, un incidente en N., donde intentó hace poco mantener relaciones sexuales con jóvenes en un hotel con el consiguiente escándalo, delatan su mentira.</p>
<p>También la apariencia externa, la actitud, la constitución física, los gestos, las maneras y la forma de vestir resultan llamativos y recuerdan decididamente los modos y comportamientos femeninos. Si bien el paciente posee una estatura por encima de la media, el tórax y la pelvis presentan una constitución claramente femenina. Tiene abundante grasa corporal, la piel está cuidada, es suave, blanda. La impresión de mujer vestida de hombre se ve reforzada por el escaso vello facial, que además lleva afeitado, con la excepción de un pequeño bigote; a esto se le unen el contoneo en los andares, la timidez y amaneramiento de su persona, el afeminamiento de sus rasgos, la expresión neuropática de los ojos, como si flotaran, los restos de polvos y pintura por la cara, el dandismo de su ropa, con un sobretodo que se abulta en la parte superior como si tuviera pechos, el afeminado pañuelo con flecos que se pone al cuello y el pelo apartado de la frente, cepillado y alisado para que caiga sobre las sienes.</p>
<p>La exploración física pone de manifiesto la consitución claramente femenina del cuerpo. Si bien los genitales externos están bien desarrollados, el testículo derecho se halla retenido en el canal inguinal, la vellosidad del mons veneris es escasa y este presenta una inusitada acumulación de grasa, además de resultar prominente. La voz es aguda, carente de timbre masculino.</p>
<p>También las ocupaciones e ideas de von H. son decididamente femeninas. Tiene su boudoir, su tocador bien surtido, donde donde se pasa horas y horas perdiendo el tiempo con todos los artificios de belleza habidos y por haber; huye de la caza, de los ejercicios con armas y de otras ocupaciones masculinas por el estilo, dice de sí mismo ser un hombre de ingenio, goza hablando de sus pinturas y de sus experimentos poéticos; se interesa por trabajos femeninos como el bordado y los practica además, y afirma que su máxima felicidad consistiría en poder pasar la vida rodeado de un círculo de hombres y mujeres entendidos en arte y de delicado sentido estético cultivando la conversación, la música, la estética, etc. Su conversación gira preferentemente en torno a asuntos femeninos: modas, labores femeninas, cocina, cuestiones domésticas.</p>
<p>El paciente se encuentra bien nutrido aunque algo anémico. Es de constitución neuropática y presenta síntomas de neurastenia, que se ven reforzados por un estilo de vida inadecuado, exceso de tiempo en la cama, en el dormitorio, enervación&#8230;</p>
<p>Se queja de dolores y presión de cabeza pasajeros, así como de frecuentes estreñimientos; es asustadizo, se ve aquejado de cuando en cuando de fatiga, cansancio, dolores en las extremidades que se propagan siguiendo los nervios lumboabdominales, se siente cansado, agotado después de las poluciones y, regularmente, después de comer, tiene sensibilidad a la presión en proc. spinosi de la vértebra dorsal, así como al tacto de los nervios accesibles. Siente simpatías y antipatías caprichosas por determinadas personas, cuando se encuentra a gente que le resulta antipática, cae en un peculiar estado en el que se mezclan el miedo y la confusión. Sus poluciones, aunque ahora solo se presentan de tarde en tarde, son patológicas, en cuanto que se aparecen también por el día y en ausencia de toda excitación libidinosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Informe</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1. El señor von H. posee, según todo lo observado y referido una personalidad defectuosa y psíquicamente anormal, y esto es así desde su origen. Uno de los síntomas de esta constitución anormal psíquico-física es su sentimiento sexual contrario.</p>
<p>2. Para este estado, en tanto que congénito, no hay curación posible.</p>
<p>Presenta una organización defectuosa de los centros psíquicos superiores que le incapacita para llevar una vida independiente y lograr una colocación con la que asegurar su existencia. Su sentimiento sexual perverso le impide un funcionamiento sexual normal, con todas las consecuencias sociales de una anomalía de este tipo y con el peligro de una satisfacción de deseos perversos resultantes de su organización anormal, lo que, a su vez, hace temer conflictos sociales y jurídicos. La inquietud, no obstante, no ha de ser excesiva, dado que el (perverso) impulso sexual del enfermo es escaso.</p>
<p>3. El señor von H. no es irresponsable de sus acciones en el sentido legal del término y no resulta apto para el internamiento en un manicomio (ni lo necesita).</p>
<p>Puede —aunque es un niño grande e incapaz de manejarse por sí mismo— vivir en sociedad bajo la vigilancia y dirección de personas psíquicamente normales. Puede también hasta cierto punto respetar las leyes y normas de la sociedad civil y orientar su conducta de acuerdo con ellas, pero conviene destacar por lo que respecta a posibles aberraciones y conflictos sexuales con implicaciones penales que su sentimiento sexual tiene un carácter anormal como consecuencia de condiciones morbosas de índole orgánica y que, llegado el caso, esta circunstancia se habría de tomar también en consideración.</p>
<p>Dada su notoria incapacidad para llevar una vida independiente, no puede emanciparse de la autoridad paterna o de un tutor, pues de lo contrario causaría su propia ruina financiera.</p>
<p>4. El señor von H. también presenta afecciones físicas. Tiene síntomas de una ligera anemia y de neurasthenia spinalis.</p>
<p>Se presenta como imprescindible una reglamentación sensata de su vida, un tratamiento médico tonificante, a ser posible de tipo hidroterapéutico. La sospecha de un origen de sus males en la masturbación precoz es insoslayable y resulta plausible la presencia de una espermatorrea etiológica y terapéuticamente significativa. (Observación propia. Zeitschrift für Psychiatrie).</p>
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		<title>Caso 149: homosexualidad o uranismo</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Sep 2011 08:53:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Z., 28 años, vendedor, desciende de un padre enormemente nervioso y excitable y de una madre histeropática. Es de constitución nerviosa, sufrió enuresis hasta los 18 años, era débil y no tuvo un desarrollo físico satisfactorio hasta los 20 años. Afirma haber sentido los primeros movimientos sexuales con ocho años al contemplar cómo castigaban en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Z., 28 años, vendedor, desciende de un padre enormemente nervioso y excitable y de una madre histeropática. Es de constitución nerviosa, sufrió enuresis hasta los 18 años, era débil y no tuvo un desarrollo físico satisfactorio hasta los 20 años. Afirma haber sentido los primeros movimientos sexuales con ocho años al contemplar cómo castigaban en la escuela a compañeros de clase ad podicem. A pesar de su compasión, afirma haber sentido un sentimiento libidinoso hasta entonces desconocido que hizo estremecerse todo su cuerpo. Algún tiempo después, yendo al colegio y dándose cuenta de que se le hacía tarde acudió a él repentinamente el pensamiento, acompañado de un intenso sentimiento libidinoso, de que el maestro le castigara azotándole ad podicem por llegar tarde. De pura excitación estuvo un rato sin poder moverse y sintió al parecer la primera erección.</p>
<p>Con 11 años se enamoró de un chico guapo y rubio con unos ojos hermosísimos, inteligentes, vivos.</p>
<p>Era feliz si podía acompañarle a casa de vez en cuando y le hubiera gustado besarle y abrazarle. Z. afirma haber sentido ya entonces lo inapropiado de semejante inclinación y haber procurado que no se le notase nada.</p>
<p>Por aquella misma época hubo una chica dos años más joven que él que le gustaba tanto que la besó de pronto. Esto quedó como un impulso aislado.</p>
<p>Con 13 años un compañero de clase indujo a Z. al onanismo. Pero no disfrutó demasiado con esto porque sus “nobles sentimientos” por los jóvenes le protegían de actos groseros y él no quería “arrastrar por el fango su amor puro y elevado”.</p>
<p>Con 17 años, Z. se enamoró locamente de un compañero de clase con “unos ojos castaños preciosos, nobles rasgos y tez oscura”. Sufrió indeciblemente a causa de este amor desdichado durante dos años y medio, es decir, hasta que se separó de este compañero y asegura que si hoy le volviera a ver, la vieja llama volvería a encenderse. Volvió a enamorarse de compañeros en otras dos ocasiones, pero ya no tan intensamente. Con 20 años primer coito en el lupanar con escasa potencia y poco placer. Prolonga estas relaciones cum femina por “motivos de salud”, para protegerse del onanismo y para aparecer potente, así como para enmascarar su vita homosexualis.</p>
<p>Z. no siente horror feminae, pero las mujeres le dejan frío, las ve más bien “como una obra de arte, como una estatua”. Z., que tiene gran fuerza de voluntad y no es excesivamente libidinoso, ha conseguido hasta el momento controlar por completo su inclinación por el propio sexo. Sin embargo, su posición sexual le resulta insatisfactoria sobre todo porque en los últimos años la excitación meramente sensual del coito parece que va debilitándose cada vez más y la erección va dejando bastante que desear. Este es el motivo por el que Z. acudió al médico.</p>
<p>No presenta nada anormal en su apariencia y comportamiento, tiene un aspecto perfectamente viril y espiritualmente sano.</p>
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		<title>Caso 144: homosexualidad o uranismo</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Aug 2011 15:38:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Señor X.: “Tengo actualmente 31 años, soy delgado, aunque fuerte, dado al amor entre hombres y por ello soltero. Todos mis parientes han sido sanos, espiritualmente normales, por parte de madre hubo dos suicidios. El impulso sexual se despertó en mí en el séptimo año de vida, sobre todo al ver vientres desnudos. Satisfacía mis [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Señor X.: “Tengo actualmente 31 años, soy delgado, aunque fuerte, dado al amor entre hombres y por ello soltero. Todos mis parientes han sido sanos, espiritualmente normales, por parte de madre hubo dos suicidios. El impulso sexual se despertó en mí en el séptimo año de vida, sobre todo al ver vientres desnudos. Satisfacía mis impulsos dejando correr mi saliva por la tripa. Teniendo yo ocho años, tuvimos una criadita de 13. Me producía gran placer poner mis genitales en contacto con los suyos, aunque yo aún era incapaz de practicar el coito. Con nueve años me fui a vivir con desconocidos y empecé el instituto. Un compañero de clase me enseñó sus genitales, algo que tan solo me produjo asco. Pero en la familia con la que me habían mandado mis padres había una muchacha hermosísima que me sedujo para que nos acostáramos juntos —yo tendría algo más de nueve años—. Esto me hizo sentir gran placer. Mi pene, aunque aún era pequeño, se ponía tieso y yo consumaba el concúbito casi a diario. Esto duró varios meses. Después mis padres me mandaron a otro instituto; echaba mucho de menos a aquella chica y empecé a masturbarme con 10 años. A todo esto, el onanismo me llenaba de repugnancia, únicamente lo practicaba con moderación, sentía siempre profundos remordimientos, aunque no percibía consecuencias indeseables.</p>
<p>Con 14 años se encendió en mí el amor por un compañero de clase, un año después, por otro. Nos enamoramos el uno del otro y disfrutábamos intercambiando besos apasionados. En ninguno de los dos casos tuve pensamientos libidinosos. En el último caso me he mantenido como fiel amigo hasta el día de hoy, aunque dejamos de besarnos con veinte años y quedamos simplemente como buenos amigos, sin que nunca me haya asaltado un pensamiento perverso respecto de este amigo. Con 15 años le vi los genitales a un cochero. Me fui corriendo hacia él y puso mis genitales con los suyos lleno de deseo. Desde entonces me gustaba andar por los establos, me hice amigo de los cocheros, jugaba con sus genitales, los hacía eyacular y todavía hoy mi máximo placer consiste en que el esperma de un ser querido se deslice por mi pene. Esto es lo que me causa el mayor placer, sobre todo cuando se une el esperma de los dos. Si me viera manchado por el esperma de un ser que me resultara repugnante, me moriría de asco. Solo amo a muchachos que ya han dejado atrás la niñez, aunque también siento simpatía por hombres bellos y fuertes de hasta 35 años. Si son mayores de esa edad, solo me entrego a disgusto y llego como máximo al onanismo simultáneo sin llegar a tocar sus genitales. Me repugna sobre todo el sudor y no puedo soportar a mi alrededor a un hombre con las manos sudadas o que siempre esté sudando, por muy bello que sea. Por mi parte, amo la limpieza en grado extremo, uso los perfumes más finos y unos genitales que huelan solo un poco me resultan ya repugnantes; por lo que los encuentros en casas de baños me resultan muy agradables. Siempre me lavo los genitales meticulosamente después de cada mezcla de esperma y, quitando una gonorrea, nunca he tenido enfermedades venéreas. Mi amigo de 15 años, al que conozco desde hace medio año, es el único con el que no me lavo los genitales después de mezclar el esperma; es para mí todo un gozo el saber que todavía llevo una gota de su semen en mis genitales. Podría escribir libros enteros sobre mis conocidos, que pasan de 500. Tras terminar el instituto, consumé mi primer coito en un prostíbulo y además disfruté mucho con él. Repetía esto tres o cuatro veces al año, pero por lo general pensando en amigos amados. Varias veces pagué a soldados bien plantados para que me dejaran practicar el coito inmediatamente después de ellos. Puellae publicae me excitaban siempre porque pensaba en todos los genitales masculinos con los que entraban en contacto. Sin embargo, no soy capaz de besar a una mujer sin que me dé asco; a mis parientes solo los beso en la mejilla. Los besos de los amigos a los que amo, en cambio, son para mí el paraíso.</p>
<p>Hasta los 22 años prácticamente solo me enamoré de compañeros de clase hermosos y que me resultaban simpáticos y tuve algunas penas de amor por amores imposibles. A partir de entonces tuve predilección por el ejército. Mis conocidos militares me costaron una fortuna y aun así tenía miedo al chantaje. Si veía en cualquier parte a un joven que me gustaba, tenía toda la facilidad del mundo para conquistarlo. Hasta el presente he amado mucho y muy deprisa, pero nunca a muchachas o mujeres, solo chicos y hombres jóvenes. Es raro que una relación dure más allá de un año. Nunca había me imaginado un amor como el que ahora tengo. Mi bellísimo quinceañero me ama sin medida; no hay poema donde se encuentre un amor así. Él está completamente desarrollado, tanto física como espiritualmente, aparenta 18 años, aunque no es muy alto. Después de conocerle en una ocasión propicia, le llené de besos y poco después me declaré a él. Él al principio se sorprendió un poco, pero correspondió a mis besos y me dijo que aunque solo me quería platónicamente, se entregaba a mí por el afecto que me tenía. No fumo ni bebo, pongo cuidado en mi ropa, pero sin caer en lo ridículo y tengo un aspecto y una presencia perfectamente masculinos. Me desagradan los uranistas conocidos; procuro relacionarme solamente con los que nunca han hecho algo así. Nunca he sentido amor por hombres casados, por muy simpáticos que me resultaran, la idea de mezclar mi esperma con el suyo me hubiera repugnado. Semel solum mentulam amici in os recepi, neque oscula dedi ad genitalia amicorum. Lo he hecho una o dos veces con mi actual amigo porque él lo hizo conmigo, pero lo hice sin sentir un especial deseo, solamente como prueba de amor. Por lo que respecta a las visitas a los prostíbulos, es algo que normalmente he hecho cuando he estado buscando durante horas sin éxito una oportunidad de conocer a alguien de manera momentánea, porque con individuos de los que no estuviera enamorado las relaciones que he mantenido se han limitado siempre a una única vez. Tras buscar en vano, el impulso se volvía tan fuerte que me iba a un burdel en busca de satisfacción. Raramente he repetido las eyaculaciones con amigos en el mismo día, solo cuando un amigo muy querido lo deseaba y aun en ese caso sin disfrutar con ello. De niño me encantaba jugar con muñecas, hacía trabajos manuales y bordaba y me encantaba peinar a mi hermana. Me encantaba vestirme de chica y a menudo deseaba ser de sexo femenino. Todavía hoy, durante la unión con mis amigos me siento muchas veces como mujer. Me repugna el sexo anal; nunca he consentido en él; y además, la única vez que lo intenté me dolió. Varias veces he intentado suicidarme por desengaños amorosos. Por diversos motivos tendré que casarme; si mi actual amigo me dejara, me casaría en venganza. En cualquier caso, soy capaz de consumar el coito con una mujer y creo que no tendré un matrimonio demasiado desgraciado; además quiero tener hijos. No busco remedio a este rasgo morboso de mi ser porque le debo demasiadas horas inolvidablemente dulces.</p>
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		<title>Caso 143: homosexualidad o uranismo</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 16:24:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Señor Z., 36 años, vendedor mayorista, procede, al parecer, de padres y abuelos sanos, se desarrolló normalmente tanto física como espiritualmente, tuvo algunas enfermedades infantiles carentes de importancia, llegó con 14 años al onanismo sin ser inducido a ello, empezó con 15 a sentirse atraído por individuos masculinos de su misma edad. Absoluta insensibilidad hacia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Señor Z., 36 años, vendedor mayorista, procede, al parecer, de padres y abuelos sanos, se desarrolló normalmente tanto física como espiritualmente, tuvo algunas enfermedades infantiles carentes de importancia, llegó con 14 años al onanismo sin ser inducido a ello, empezó con 15 a sentirse atraído por individuos masculinos de su misma edad. Absoluta insensibilidad hacia el sexo femenino.</p>
<p>Con 24 años, primera visita al lupanar. Huida del mismo por horror feminae nudae.</p>
<p>De los 25 años en adelante, relaciones sexuales esporádicas con hombres de su misma condición (apasionado abrazo con eyaculación, a veces también masturbatio mutua).</p>
<p>Por motivos de negocios y en la creencia de poder curar su pasión anormal, el paciente se casó con 28 años con una dama que sobresalía por sus dotes físicas y espirituales. A base de forzar la fantasía (imaginando el contacto con un bello joven) Z. lograba aunque fuera a duras penas ser potente con su mujer, a la que amaba espiritualmente con todo su corazón. Sin embargo, estas relaciones conyugales forzadas, contrarias a su sexualidad, le produjeron al paciente una grave neurastenia. Con el nacimiento de su hijo, Z. se distanció de su ya de por sí frígida esposa, pues temía además engendrar hijos que pudieran ser tan desdichados como él.</p>
<p>Pero poco a poco se fueron apoderando de él nuevamente los sentimientos y las ideas homosexuales. Les opuso resistencia con éxito ayudándose de la masturbación.</p>
<p>Recientemente, su autocontrol se vio sometido a una dura prueba, pues se enamoró de un hermoso joven. Se sobrepuso a ello tras una dura lucha, pero el precio que tuvo que pagar fue un grave daño a su salud en forma de una neurasthenia cerebralis. Fue por ello por lo que Z. acudió a mí en busca de consejo y auxilio, teniendo en cuenta además que últimamente se hallaba en un estado tal de excitabilidad sexual que apenas era capaz de ocultar sus inclinaciones homosexuales y que teme que si se revelara su secreto no solamente se convertiría en objeto de burlas, sino que también se volvería insostenible su situación en la sociedad, donde ocupa una posición destacada. Al igual que otros muchos compañeros de desdicha, Z. se había refugiado últimamente en el alcohol contra neurastheniam. Esto, por un lado, le aliviaba de sus afecciones nerviosas (debilidad física, rendimiento psíquico y depresión), pero al mismo tiempo aumentaba su excitación sexual.</p>
<p>Encontré en Z. a una persona con grandes dotes espirituales, sensible, de apariencia perfectamente viril, con una constitución normal, que lamentaba profundamente su estado y recordaba con aversión su masturbación solitaria faute de mieux y ocasionalmente mutua, contra las que se subleva su sentido ético y en las que únicamente ha incurrido ante las exigencias de su amado.</p>
<p>Él se hubiera dado por satisfecho con besos y abrazos recíprocos y sus recuerdos más hermosos tenían que ver con aquellos casos en que no pasaron de aquello. Se sentía ahora tan moralmente depravado que daba gracias de tener el sucedáneo del onanismo solitario como válvula de escape, al mismo tiempo que siente en lo más profundo lo degradante de esta aberración. Además, se encuentra tan hundido que, en esta espantosa lucha contra sus impulsos homosexuales, ya se hubiera abandonado sin mayores consideraciones a la corriente de su fatal inclinación si no fuera porque la consideración de su mujer y su hijo le frenan hasta cierto punto.</p>
<p>Mi consejo estuvo orientado en el sentido de combatir a cualquier precio sus impulsos homosexuales, mantener relaciones conyugales siempre que fuera posible, abstenerse por completo del alcohol y la masturbación (puesto que fortalecen la homosexualidad y alejan de la mujer) y emprender una cura antineurasténica. En caso de que la situación se torne incurable e insoportable, resignación y limitarse al beso y el abrazo del hombre.</p>
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		<title>Caso 130: sentimiento sexual contrario adquirido</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Mar 2011 14:02:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<category><![CDATA[sentimiento sexual]]></category>
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		<description><![CDATA[Sentimiento sexual contrario adquirido. Soy funcionario y procedo de una familia, hasta donde yo sé, sin taras; mi padre murió de una enfermedad aguda, mi madre vive y es bastante “nerviosa”. Una de mis hermanas se ha vuelto en los últimos años profundamente religiosa. Soy alto, produzco una impresión masculina por mi forma de hablar, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sentimiento sexual contrario adquirido. Soy funcionario y procedo de una familia, hasta donde yo sé, sin taras; mi padre murió de una enfermedad aguda, mi madre vive y es bastante “nerviosa”. Una de mis hermanas se ha vuelto en los últimos años profundamente religiosa.</p>
<p>Soy alto, produzco una impresión masculina por mi forma de hablar, de moverme y por mi aspecto. La única enfermedad que he padecido es el sarampión, aunque desde los 13 años sufro lo que llaman dolores de cabeza nerviosos.</p>
<p>Mi vida sexual comenzó con 13 años, cuando conocí a un chico algo mayor que yo, quocum alter alterius genitalia tangendo delectabar. Tuve la primera eyaculación con 14 años. Dos compañeros de colegio mayores que yo me indujeron al onanismo, al que empecé a entregarme unas veces acompañado y otras solo, aunque, en este último caso, pensando siempre en personas de sexo femenino. Mi libido sexualis era muy grande y así sigue siendo hoy día. Más tarde intenté iniciar una relación con una criada guapa y robusta, con potentes mammae; id solum assecutus sum, ut me praesente superiorem corporis sui partem enudaret mihique concederet os mammasque osculari, dum ipsa penem meum valde erectum in manum suam recepit cumque tirvit.</p>
<p>Quamquam violentissime coitum rogavi hoc solum concessit, ut genitalia eius tangerem.</p>
<p>Ya en la universidad, visité un lupanar y tuve éxito sin mayores dificultades.</p>
<p>Pero entonces se produjo un acontecimiento que provocó en mí una profunda transformación. Una noche, acompañando a casa a un amigo, le eché mano, algo achispado como iba, ad genitalia. Él no se defendió demasiado; subí entonces con él a su habitación, nos masturbamos mutuamente y, a partir de entonces, practicamos con bastante frecuencia esta masturbación mutua, llegando incluso a immissio penis in os con subsiguiente eyaculación. Lo único extraño es que no estaba en absoluto enamorado de él, sino que, antes bien, lo estaba apasionadamente de otro de mis amigos en cuya cercanía, no obstante, nunca experimentaba la más mínima excitación sexual y al que nunca relacioné en mis pensamientos con actos sexuales. Mis visitas al lupanar, donde era un huésped bien recibido, se fueron espaciando. Yo encontraba un sustituto en mi amigo y no sentía deseos de mantener relaciones sexuales con mujeres.</p>
<p>Nunca practicamos la sodomía, la palabra ni siquiera se pronunció entre nosotros. Desde que empezó esta relación con mi amigo, volví a masturbarme con más frecuencia; naturalmente, los pensamientos relativos a personas femeninas fueron quedando progresivamente en un segundo plano. Pensaba en hombres fuertes, guapos y jóvenes, con extremidades lo más desarrolladas posibles. Los chicos de 16 a 25 años y sin barba eran mis preferidos, pero tenían que ser guapos y limpios. Me excitaban especialmente los trabajadores jóvenes con pantalones hechos de la tela que llaman pana inglesa o de cuero inglés; sobre todo, los albañiles.</p>
<p>Mis iguales prácticamente no me atraen; en cambio, siento una clara excitación sexual cuando veo a uno de estos mozos robustos del pueblo. El tocar esos pantalones, abrirlos y agarrar el pene, así como besar al muchacho me parecen altamente excitantes. Mi sensibilidad para los encantos femeninos se halla un tanto embotada, aunque siempre soy potente en la relación sexual con una mujer sin necesidad de recurrir a imágenes de mi fantasía, sobre todo si tiene mammae bien desarrolladas. Nunca he intentado abusar de un joven trabajador o similar para mis indecorosos apetitos y tampoco lo intentaré, por más que sienta deseos de ello muy a menudo. A veces retengo la imagen de uno de estos muchachos y me masturbo luego en casa.</p>
<p>Carezco de toda inclinación por las ocupaciones femeninas. Me gusta hasta cierto punto relacionarme con damas, bailar me desagrada. Tengo un gran interés por las bellas artes. El que tenga en parte sentimientos sexuales contrarios creo que se debe también en algo a mi comodidad, que me impide entablar una relación con una muchacha porque me resulta muy complicado. Frecuentar los lupanares es algo que me repugna por motivos estéticos, así que acabo cayendo en el lamentable onanismo, que tan difícil me resulta dejar.</p>
<p>Me he dicho cientos de veces que para poder tener unos sentimientos sexuales completamente normales tengo que reprimir ante todo mi irrefrenable pasión por el funesto onanismo, aberración que repugna a mi sentido estético. Me he propuesto una y otra vez combatir esta pasión con toda la fuerza de mi voluntad; a día de hoy sigo sin lograrlo. Cuando el impulso sexual se despertaba en mí con especial intensidad, en lugar de procurar satisfacerlo por vías naturales, prefería masturbarme porque tenía la impresión de que eso me proporcionaría más placer.</p>
<p>Y, sin embargo, la experiencia me ha demostrado que siempre soy potente con las muchachas sin ningún esfuerzo y sin la ayuda de imágenes de genitales masculinos, con la excepción de un único caso, en que no llegué a la eyaculación porque la mujer en cuestión —fue en un lupanar— carecía de todo atractivo. No logro apartar de mí la idea y el rotundo reproche de que el sentimiento sexual contrario que hasta un cierto grado está presente en mí es consecuencia del excesivo onanismo, y si eso me resulta tan deprimente es porque tengo que reconocerme a mí mismo que prácticamente no me siento con fuerzas para renunciar a este vicio por propia voluntad.</p>
<p>El deseo de satisfacer mi libido de manera antinatural se vio reforzado considerablemente como consecuencia de la relación sexual mencionada en mi escrito con un compañero de estudios y viejo amigo del colegio (la cual, no obstante, no surgió hasta la época de la universidad, tras siete años de simple amistad).</p>
<p>Le ruego que me permita aún relatar un episodio que me ha atribulado durante meses.</p>
<p>En el verano de 1882 conocí a un compañero de estudios seis años más joven que yo, que, junto con otros, nos había sido recomendado a mí y a mis amigos. No tardé mucho en desarrollar un hondo interés por esta persona de extraordinaria belleza, asombrosas proporciones y apariencia esbelta y sana. Al cabo de unas semanas de relación este interés se fue transformando en un vivísimo sentimiento de amistad, más tarde en un apasionado amor y en un tormento de celos. Enseguida me di cuenta de que entraba en juego una intensa excitación sensual, y por más que me determiné a contenerme ante esta persona a la que, independientemente de todo lo demás, tanto estimaba por lo excelente de su carácter, acabé doblegándome ante el irrefrenable deseo de abrazarle, etc. en una noche en que, tras consumir una cantidad considerable de cerveza, nos encontrábamos en mi casa con una botella de vino bebiendo por una buena, verdadera y larga amistad.</p>
<p>Cuando le vi al día siguiente, me avergoncé hasta tal punto que no fui capaz de mirarle a los ojos. Sentí el más profundo arrepentimiento por mi comportamiento y me hice los reproches más severos posibles por haber mancillado esta amistad, que debía ser pura y noble y mantenerse como tal. Para demostrarle que solo me había dejado arrebatar momentáneamente, me empeñé al final del semestre en que hiciéramos un viaje juntos; él aceptó tras una cierta resistencia, cuyos motivos no podían estar más claros para mí. Dormimos varias noches en la misma habitación sin que yo hiciera el más mínimo intento de repetir aquella acción. Yo quería hablar con él de lo sucedido aquella noche, pero no fui capaz; tras separarnos al siguiente semestre, tampoco conseguí escribirle a propósito de aquel asunto y lo mismo me ocurrió cuando en marzo le visité en X. Y, sin embargo, yo sentía la acuciante necesidad de aclarar ese punto hablando abiertamente de él. En octubre de este año estuve nuevamente en X. y esta vez encontré el valor para hablar sin tapujos. Le pedí perdón y él me lo concedió de buen grado; incluso le pregunté por qué no se negó rotundamente en aquel momento, a lo que me contestó que en parte me dejó hacer por darme gusto y en parte porque estaba bastante bebido y se hallaba por ello un tanto apático. Le expliqué con todo detalle cuál era mi estado y le expresé que tenía la firme esperanza de llegar a doblegar por mis propias fuerzas mis impulsos antinaturales de manera completa y definitiva. A partir de esta conversación, la relación entre mi amigo y yo es lo más satisfactoria y dichosa que pueda uno imaginar; los sentimientos de amistad son por ambas partes profundos, genuinos y —espero— duraderos.</p>
<p>Si acaso no apreciara mejoría en mi anormal estado, me determinaría probablemente a someterme plenamente a un tratamiento por su parte; tanto más cuanto que, tras un minucioso estudio de su obra, no me creo situado en la categoría de los denominados uranistas, sino que, antes bien, estoy firmemente convencido o, al menos, tengo la esperanza de que una voluntad resuelta, junto con el apoyo y la guía de un tratamiento experto, podría hacer de mí una persona de sentimientos normales.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 130: sentimiento sexual contrario adquirido" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-130-sentimiento-sexual-contrario-adquirido/">caso 130: sentimiento sexual contrario adquirido</a>] </p>
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		<title>Caso 129: zoofilia erótica, fetichismo</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Mar 2011 14:16:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Zoofilia erótica, fetichismo. Señor N. N., 21 años, procede de familia con antecedentes neuropáticos y es él mismo de constitución neuropática. Ya de niño sentía la necesidad de realizar esta o aquella acción por miedo a que, de no hacerlo, le sucediera alguna desgracia. Era buen estudiante, nunca estuvo enfermo de consideración, sentía ya de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Zoofilia erótica, fetichismo. Señor N. N., 21 años, procede de familia con antecedentes neuropáticos y es él mismo de constitución neuropática. Ya de niño sentía la necesidad de realizar esta o aquella acción por miedo a que, de no hacerlo, le sucediera alguna desgracia. Era buen estudiante, nunca estuvo enfermo de consideración, sentía ya de niño predilección por los animales domésticos, sobre todo por los perros y los gatos, porque cuando los acariciaba experimentaba una sensación de excitación libidinosa. Durante años se dio con perfecta inocencia a este juego con los animales que le proporcionaba tan agradable excitación. Al llegar a la pubertad se dio cuenta de que aquello era inmoral y se obligó a sí mismo a dejarlo. Lo logró, pero a partir de entonces esas situaciones se le presentaban en sueños y no tardaron en ir acompañadas de poluciones. Esto empujó al muchacho, sexualmente excitable, al onanismo. Asegura haberse aliviado al principio manualmente y que al hacerlo se presentaba con regularidad el pensamiento de acariciar animales y hacerles cariños. Al cabo de un tiempo llegó al onanismo psíquico al representarse situaciones de este tipo y lograr así el orgasmo y la eyaculación. Esto le provocó una neurastenia.</p>
<p>Asegura no haber tenido nunca pensamientos de bestialismo, que el sexus bestiarum le resultaba perfectamente indiferente tanto en la fantasía como en la realidad y que nunca había pensado en ello.</p>
<p>Afirma no haber tenido tampoco nunca sentimientos homosexuales sino heterosexuales, pero que por falta de libido (¡ex masturbatione et neurasthenia!) y por miedo a contagios, a fecha de hoy, nunca ha consumado el coito. De entre las mujeres solo se siente atraído por las de apariencia esbelta y movimientos nobles.</p>
<p>El paciente presenta los típicos síntomas de neurastenia cerebroespinal. Es de constitución delicada y anémico. Tiene gran interés en averiguar si es potente y, en su caso, en llegar a serlo, lo que elevaría considerablemente su sentimiento de dignidad, que anda por los suelos.</p>
<p>Se le dan consejos relativos a los daños derivados del onanismo psíquico, la superación de la neurastenia y el fortalecimiento de los centros sexuales, así como a la satisfacción de la vita sexualis por medios normales tan pronto como se tengan perspectivas de éxito y resulte posible.</p>
<p>Epicrisis. No se trata de bestialismo sino de fetichismo. Probablemente, las caricias a animales domésticos (con un despertar anormalmente temprano de la vita sexualis) se vieron acompañadas de una primera excitación sexual, que pudo ser provocada por sensaciones táctiles, con lo que se establecería entre ambos hechos una asociación que se asentaría como resultado de la repetición. (Zeitschrift für Psychiatrie, vol. 50).</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="Caso 129: zoofilia erótica, fetichismo" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-129-zoofilia-erotica-fetichismo/">caso 129: zoofilia erótica, fetichismo</a>] </p>
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		<title>Caso 128: fetichismo de rosas</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Mar 2011 19:17:39 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[B., 30 años, al parecer sin taras, con una personalidad delicada y sensible, amante de las flores de toda la vida, hasta el punto de llegar a besarlas, pero sin que hubiera en ello relación o excitación sexual alguna, más bien natura frigida, sin haberse dado anteriormente al onanismo, y posteriormente tan solo de forma [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B., 30 años, al parecer sin taras, con una personalidad delicada y sensible, amante de las flores de toda la vida, hasta el punto de llegar a besarlas, pero sin que hubiera en ello relación o excitación sexual alguna, más bien natura frigida, sin haberse dado anteriormente al onanismo, y posteriormente tan solo de forma muy episódica, conoció con 21 años a una joven dama que se había prendido unas cuantas rosas de gran tamaño a la chaqueta. Desde entonces, la rosa desempeña un importante papel en sus sentimientos sexuales. Siempre que podía se compraba rosas y las besaba. Haciendo esto llegaba incluso a la erección. Se las llevaba también a la cama, aunque sin ponerlas en contacto con sus genitales. Sus poluciones iban acompañadas desde entonces de sueños en los que aparecían rosas. Mientras soñaba con el aroma de una rosa y se le presentaba una de estas en todo su esplendor, se producía la eyaculación.</p>
<p>B. se prometió en secreto con la dama de las rosas, pero la relación, que no pasó nunca de lo platónico, se fue enfriando. Tras romper su compromiso desapareció el fetichismo de rosas repentina y definitivamente, incluso cuando B., que pasó una temporada enfermo de melancolía, se volvió a prometer. (A. Moll, Zentralblatt f. d. Krankheiten der Harn- und Sexualorgane, V. 3).</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 128: fetichismo de rosas" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-128-fetichismo-de-rosas/" target="_blank">caso 128: fetichismo de rosas</a>] </p>
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		<title>Caso 127: fetichismo de guantes de cuero</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Feb 2011 18:52:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Señor Z., 33 años, industrial, de Estados Unidos, desde hace 8 años vive en un matrimonio feliz, bendecido con hijos, me consultó debido a un extraordinario fetichismo de guantes que dice atormentarle, que le hace despreciarse a sí mismo y que podría terminar por arrastrarle a la desesperación y la locura. Z. es, al parecer, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Señor Z., 33 años, industrial, de Estados Unidos, desde hace 8 años vive en un matrimonio feliz, bendecido con hijos, me consultó debido a un extraordinario fetichismo de guantes que dice atormentarle, que le hace despreciarse a sí mismo y que podría terminar por arrastrarle a la desesperación y la locura.</p>
<p>Z. es, al parecer, un hombre procedente de una familia perfectamente sana, pero desde su niñez es neuropático e irritable. Se describe a sí mismo como persona de natural sensual, mientras que afirma que su mujer es más bien una “natura frigida”.</p>
<p>Z. cayó con unos 9 años en la masturbación inducido por sus camaradas. Encontró en ella gran placer y se dio a ella apasionadamente.</p>
<p>Un día, hallándose en un estado de excitación libidinosa, encontró un saquito de gamuza. Se lo puso en el miembro y sintió al hacerlo una sensación enormemente agradable. Empezó a utilizarlo a partir de entonces para sus manipulaciones onanistas, se lo ponía también en el escroto y lo llevaba consigo día y noche.</p>
<p>A partir de entonces se despertó en él un gran interés por el cuero en general, pero sobre todo por los guantes de cabritilla.</p>
<p>Desde la pubertad eran ya solamente guantes de cuero de señora, pero estos le producían una sensación fascinante, le provocaban la erección y cuando podía tocar su pene con ellos, sobrevenía incluso la eyaculación.</p>
<p>Los guantes de caballero carecían de todo atractivo para él, aunque le gustaba llevarlos él mismo.</p>
<p>Lo único que le interesaba de la mujer a partir de entonces eran los guantes. Estos se convirtieron en su fetiche; tenían que ser de cabritilla y lo más largos posible, con muchos botones, pero sobre todo le interesaban cuando estaban sucios, brillantes de grasa, con manchas de sudor en la punta de los dedos. Las mujeres provistas de ellos, aunque fueran feas y viejas, no carecían para él de un cierto atractivo. Las damas con guantes de tela o de seda le dejaban perfectamente indiferente. Desde la pubertad estaba acostumbrado a mirarles a las mujeres lo primero las manos. Por lo demás, las mujeres le eran perfectamente indiferentes.</p>
<p>Si se le presentaba la ocasión de darle la mano a una mujer con guantes de cabritilla, la sensación del cuero “cálido y blando” le hacía llegar a la erección y al orgasmo.</p>
<p>Si lograba hacerse con un guante de señora de este tipo, se metía con él en el retrete, se introducía en él los genitales, se lo quitaba después y se masturbaba.</p>
<p>Más tarde, en el lupanar, llevaba unos guantes consigo, le pedía a la puella que se los pusiera y se excitaba tanto con esto que muchas veces llegaba ya con ello a la eyaculación.</p>
<p>Z. se convirtió en coleccionista de guantes de cabritilla de señora. Siempre tenía cientos de pares escondidos aquí y alla. En sus ratos de ocio los contaba y los admiraba “como un avaro con sus monedas de oro”, se los echaba sobre los genitales, enterraba su rostro en montones de guantes, se ponía a continuación uno en la mano y se masturbaba, con lo que sentía más placer que con el coito.</p>
<p>Se hacía fundas para el pene, suspensorios, sobre todo de cuero negro y blando, y los llevaba durante días. Además colgaba guantes de señora de un braguero de tal modo que cubrían sus genitales como una especie de delantal.</p>
<p>Tras casarse, su fetichismo de guantes se agravó si cabe. Por lo general, solo era potente si durante el acto conyugal yacían junto a su cabeza dos guantes de su mujer de tal forma que pudiera besarlos.</p>
<p>Su mujer le dio una gran alegría cuando se dejó convencer para ponerse guantes durante el coito y tocar previamente los genitales de su marido con ellos.</p>
<p>No obstante, Z. se sentía tremendamente desdichado con su fetichismo y hacía frecuentes (aunque siempre vanos) esfuerzos para sacudirse el “hechizo de los guantes”.</p>
<p>Si se encontraba la palabra “guante” o la imagen de uno de estos en novelas, revistas de moda, periódicos, etc., esto le producía siempre una impresión fascinante. En el teatro, su mirada se quedaba clavada en las manos de las actrices. No había forma de apartarle de los escaparates de las guanterías.</p>
<p>A menudo se veía empujado a decorar guantes largos con lana o semejantes, de modo que pareciesen brazos vestidos. Practicaba entonces tritus membri inter brachia talia artificialia hasta alcanzar su objetivo.</p>
<p>Entre sus hábitos se cuenta el llevar consigo guantes de cabritilla de señora, ponérselos por las noches en los genitales hasta sentir su pene como un gran Príapo de cuero entre las piernas.</p>
<p>En grandes ciudades compra en las lavanderías de guantes pares de señora que se quedan sin recoger, guantes que se han quedado sin dueño, sobre todo si están bien sucios y gastados. El por lo demás intachable Z. reconoce haber sucumbido en dos ocasiones al deseo de robarlos. Entre las apreturas de la gente, es incapaz de resistirse a rozar las manos de las damas; en su despacho aprovecha cualquier oportunidad de darles la mano a las damas para sentir por un momento el cuero “cálido y blando”. A su mujer le pide que siempre que sea posible lleve guantes de cabritilla o gamuza. También la provee en abundancia de tales géneros.</p>
<p>Z. tiene siempre en su despacho guantes de señora. No pasa hora sin que los toque y acaricie. Cuando está especialmente excitado sensualmente, se mete uno en la boca y lo mastica.</p>
<p>Otras prendas de vestir femeninas y otras partes del cuerpo de la mujer que no sean la mano carecen de todo atractivo para él. Z. está a menudo muy deprimido a causa de su anomalía. Se avergüenza ante los ojos inocentes de sus hijos y ruega a Dios que nunca sean como su padre.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="Caso 127: fetichismo de guantes de cuero" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-127-fetichismo-de-guantes-de-cuero/">caso 127: fetichismo de guantes de cuero</a>] </p>
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		<title>Caso 118: fetichismo de zapatos</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Dec 2010 09:09:18 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[X., 24 años, de familia con taras (hermano de la madre y abuelo dementes, hermana epiléptica, otra hermana padece migrañas, padres de temperamento irritable), durante la época de la dentición tuvo algunos ataques convulsivos, con siete años fue inducido al onanismo por una criada. X. Encontró placer por primera vez en tales manipulaciones cum illa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>X., 24 años, de familia con taras (hermano de la madre y abuelo dementes, hermana epiléptica, otra hermana padece migrañas, padres de temperamento irritable), durante la época de la dentición tuvo algunos ataques convulsivos, con siete años fue inducido al onanismo por una criada. X. Encontró placer por primera vez en tales manipulaciones cum illa puella fortuito pede calceolo tecto penem tetigit. De está forma quedó establecida en el muchacho la correspondiente asociación, en virtud de la cual a partir de aquel momento bastaba con la mera visión de un zapato de mujer o incluso con la mera representación de este en su fantasía para producir excitación sexual y erección. Se masturbaba desde entonces mirando zapatos de señora o imaginándoselos. En la escuela le excitaban enormemente los zapatos de la maestra, sobre todo cuando quedaban parcialmente cubiertos por ropas largas de mujer. Un buen día no pudo contenerse y se agarró a los zapatos de la maestra, lo que le produjo una gran excitación sexual. A pesar de los azotes, no pudo evitar realizar esta acción repetidas veces. Al final se vio claramente que tenía que entrar aquí en juego algún motivo de índole morbosa y le pusieron con un maestro. Se deleitaba a partir de entonces recordando la escena de zapatos con la maestra. Experimentaba así erección, orgasmo y, a partir de los 14 años de edad, eyaculación. Se masturbaba además pensando en zapatos de señora. Un buen día se le ocurrió la idea de aumentar su placer sirviéndose de uno de estos zapatos para sus propósitos masturbatorios. A partir de entonces se llevaba zapatos a casa a escondidas y los empleaba a tal efecto.</p>
<p>Por lo demás no había nada en la mujer que pudiera excitarle sexualmente; la idea del coito le llenaba de repugnancia. Tampoco los hombres le interesaban lo más mínimo.</p>
<p>Con 18 años abrió una tienda y comerciaba, entre otras mercancías, con zapatos de señora. Se excitaba sexualmente cuando tenía que ayudar a las clientas a probarse los zapatos o cuando tenía ocasión de manipular los que ellas calzaban. Un día sufrió un ataque epiléptico mientras lo hacía y, poco después, un segundo mientras se masturbaba de la manera que le era habitual. Fue entonces cuando por fin se dio cuenta del carácter nocivo para la salud de sus prácticas sexuales. Empezó a combatir su onanismo, dejó de vender zapatos y procuró librarse de la asociación morbosa entre los zapatos de señora y la función sexual. Pero a partir de entonces empezaron a aparecer numerosas poluciones en el transcurso de sueños eróticos que giraban alrededor de zapatos de señora, y los ataques epilépticos persistieron. Aun hallándose desprovisto del más mínimo sentimiento hacia el sexo femenino, decidió casarse por ver en ello la única cura posible.</p>
<p>Se casó con una hermosa joven. A pesar de una intensa erección cuando pensaba en los zapatos de su esposa, era completamente impotente durante los intentos de cohabitación, pues la aversión hacia el coito y, en general, hacia las relaciones íntimas superaba con creces el influjo de las fantasías de zapatos con las que se excitaba sexualmente. El paciente acudió a causa de su impotencia al Dr. Hammond, quien trató su epilepsia con bromo y le aconsejó que colgara un zapato sobre el lecho conyugal y se fijara en él durante el coito, además de imaginarse que su mujer era un zapato. El paciente quedó libre de sus ataques epilépticos y comenzó a ser potente, de modo que podía practicar el coito cada ocho días aproximadamente. Además, la excitación sensual que le producían los zapatos de señora fue cediendo progresivamente (Hammond, Sexuelle Impotenz, traducción al alemán de Salinger, 1889, p. 23).</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 118: fetichismo de zapatos" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-118-fetichismo-de-zapatos/">caso 118: fetichismo de zapatos</a>] </p>
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		<title>Caso 113: fetichismo de pañuelos</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Nov 2010 19:17:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PsS</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Dr. Fritsch]]></category>
		<category><![CDATA[fetichismo]]></category>
		<category><![CDATA[fetichismo de pañuelos]]></category>
		<category><![CDATA[neurastenia]]></category>
		<category><![CDATA[onanismo]]></category>
		<category><![CDATA[pañuelos]]></category>
		<category><![CDATA[pañuelos de señora]]></category>
		<category><![CDATA[Zippe]]></category>

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		<description><![CDATA[Un ayudante de panadería de 32 años, soltero, hasta ese momento de conducta irreprochable, fue sorprendido robándole un pañuelo a una dama. Reconoció, con sincero arrepentimiento, haber sustraído entre 80 y 90 pañuelos de mano. Era lo único que buscaba y, además, solamente los de mujeres jóvenes y que le resultaran atractivas. El inculpado no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un ayudante de panadería de 32 años, soltero, hasta ese momento de conducta irreprochable, fue sorprendido robándole un pañuelo a una dama. Reconoció, con sincero arrepentimiento, haber sustraído entre 80 y 90 pañuelos de mano. Era lo único que buscaba y, además, solamente los de mujeres jóvenes y que le resultaran atractivas.</p>
<p>El inculpado no presenta nada de destacable en su aspecto exterior. Se viste con esmero, presenta una forma de ser y un comportamiento raros; hasta cierto punto, pusilánime y depresivo, en parte con una sumisión impropia de un hombre, llegando a veces a expresarse en un tono quejicoso que acaba en lágrimas. Se reconocen en él, asimismo, un inequívoco desvalimiento, dificultad para la comprensión, lentitud de orientación y reflejos. Una hermana es epiléptica. Lleva una vida acomodada, nunca ha estado enfermo de gravedad, se desarrolló correctamente. En la relación de su historia vital da muestras de falta de memoria y claridad; también tiene problemas de cálculo, aunque había sido buen estudiante y tenía una buena comprensión. Su carácter miedoso e inseguro no podía dejar de despertar sospechas de onanismo. El acusado reconoció haberse dado de forma exagerada a este vicio desde los 19 años.</p>
<p>Desde hacía años padecía, como consecuencia de su vicio, de agotamiento, decaimiento, temblores en las piernas, dolores de espalda, y falta de deseo de trabajar. A menudo se apoderaba de él un estado de ánimo en el que se mezclaban tristeza y miedo y que le llevaba a evitar a la gente. En cuanto a las consecuencias de las relaciones sexuales con mujeres, tenía ideas exageradas y peregrinas sobre el particular y no había podido decidirse a llevarlas a la práctica. No obstante, andaba pensando últimamente en el matrimonio.</p>
<p>Con profundo arrepentimiento y con una cierta simpleza reconoció X. a continuación que medio año antes había sentido una enorme excitación sexual al ver a una hermosa joven entre la multitud, que no le quedó más remedio que arrimarse a ella y que sintió la necesidad de compensar con el robo del pañuelo el no llegar a una satisfacción más profunda de su excitación sexual.</p>
<p>A partir de entonces, en cuanto veía a una mujer que le resultaba atractiva, sentía una imperiosa necesidad, acompañada de fuerte excitación sexual, palpitaciones, erección e impetus coeundi, de aproximarse a la persona en cuestion y —a falta de otra cosa mejor— robarle el pañuelo. Aunque en ningún momento perdió la conciencia del carácter delictivo de su acción, era incapaz de resistirse a tal impulso. Mientras lo llevaba a la práctica sentía un miedo en el que se mezclaban el carácter compulsivo de su impulso sexual y el temor a ser descubierto.</p>
<p>El informe que se emitió tiene en cuenta acertadamente tanto la imbecilidad congénita como el influjo destructivo del onanismo y sitúa la causa del anormal deseo en un impulso sexual perverso en el que se aprecia una interesante y fisiológicamente conocida conexión entre el sentido del olfato y el sexual. Se reconoció el carácter compulsivo de este impulso morboso. X. no fue condenado (Zippe, Wiener med. Wochenschr., 1879, N.º 23).</p>
<p>A la gentileza del Prof. Dr. Fritsch, médico de la Audiencia Provincial de Viena, le debo noticias adicionales sobre este fetichista de pañuelos, que volvió a ser detenido en agosto de 1890 cuando estaba a punto de arrebatarle a una dama el pañuelo de un bolsillo de la chaqueta.</p>
<p>En el registro de su casa se hallaron 446 pañuelos de señora. Además, asegura haber quemado dos paquetes de tales corpora delicti. Asimismo, en el curso de la investigación, se constató que X. ya había sido condenado en 1883 a 24 días de arresto por el robo de 27 pañuelos y, por ese mismo delito, a otras tres semanas de arresto en 1886.</p>
<p>Sobre su parentela se descubre además que su padre estuvo muy aquejado de congestiones y que una hija de su hermano es imbécil y de constitución neuropática.</p>
<p>X. se había casado en 1879 y había abierto su propio negocio. En 1881 se declaró en quiebra. Poco después le pidió el divorcio su mujer, que no se entendía con él y con quien, al parecer, X. no cumplía el débito conyugal (cosa que él niega). X. vivió en adelante como ayudante de panadero en el negocio de su hermano.</p>
<p>Se lamenta profundamente del desdichado impulso que despiertan en él los pañuelos de señora, pero si se viera nuevamente en tal situación, no sabría resistirse. Experimenta con ello una sensación placentera y dichosa, y es como si se viera empujado por alguien. A veces logra resistirse, pero si la dama le resulta simpática, sucumbe al primer impulso. Se encuentra en ese momento bañado en sudor, en parte por miedo a ser descubierto y en parte como consecuencia del deseo que siente de consumar el hecho. Afirma haber sentido ya desde la pubertad excitación sensual ante la visión de pañuelos pertenecientes a mujeres. Asegura no acordarse de las circunstancias concretas en que pudiera haber surgido esta asociación fetichista. La excitación sensual ante la visión de damas con el pañuelo asomando por el bolsillo ha ido cada vez a más. Se producen repetidamente erecciones con ello, sin llegar nunca, no obstante, a la eyaculación.</p>
<p>Dice haber sentido deseos en diversas ocasiones a partir de los 21 años de obtener una satisfacción sexual normal, así como haber consumado el coito sin mayor dificultad sin tener que recurrir a fantasías de pañuelos. Según se iba imponiendo en él el fetichismo, el apoderarse de pañuelos se iba convirtiendo para él en una fuente de satisfacción mucho mayor que el coito. El apropiarse del pañuelo de una dama que le resultara simpática tenía para él el mismo valor que si hubiera mantenido relaciones sexuales con la señora en cuestión. Experimentaba con ello un verdadero orgasmo.</p>
<p>Si no lograba hacerse con un pañuelo que deseara, le acometía excitación, temblores, sudores por todo el cuerpo.</p>
<p>Los pañuelos de mujeres que le resultaban especialmente simpáticas los guardaba aparte, gozaba con su contemplación y sentía con ello un inmenso bienestar. También el olor de estos le procuraba sensaciones placenteras, si bien asegura que era el propio olor de la tela y no el de algún posible perfume el que le excitaba sensualmente. Según afirma, tan solo se masturbaba muy raramente.</p>
<p>Dejando de lado ocasionales dolores de cabeza y mareos, X. está libre de afecciones físicas. Lamenta profundamente su desdicha, su impulso morboso, el demonio maléfico que le empuja a tales actos delictivos. Su único deseo es que alguien pueda ayudarle. Como hallazgos objetivos se constatan leves manifestaciones neurasténicas, anomalías en la circulación sanguínea y pupilas desiguales.</p>
<p>Se certifica que X. ha cometido sus delitos bajo un impulso de índole morbosa y compulsiva. Queda absuelto.</p>
<p>[<a title="Psychopathia sexualis" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/" target="_blank">Psychopathia sexualis</a>, <a title="caso 113: fetichismo de pañuelos" href="http://psychopathiasexualis.enelfilo.com/caso-113-fetichismo-de-panuelos/">caso 113: fetichismo de pañuelos</a>] </p>
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