Caso 172: ginandria

(Ginandria). Señorita X., 38 años, se presentó a finales de 1881 en mi consulta por una irritación espinal aguda y un pertinaz insomnio, en cuyo combate se había convertido en morfinómana y cloralómana.

La madre y la hermana estaban enfermas de los nervios; el resto de la familia, al parecer, sana. La afección se remontaba, al parecer, a una caída de espaldas sobrevenida en 1872, que le produjo un tremendo susto a la paciente, aunque ya de muchacha padeció convulsiones y síntomas de histeria. A raíz de la caída se desarrolló una neurosis neurasténico-histérica, con irritación espinal e insomnio persistentes. Episódicamente se presentaron paraplejia histérica de hasta ocho meses de duración y estados de delirio alucinatorio histérico con convulsiones. A esto se le unieron síntomas de morfinismo. Una estancia de varios meses en una clínica eliminó este y trajo una mejoría considerable de la neurosis neurasténica, a lo que contribuyó destacablemente la faradización general.

Ya en el primer encuentro, la paciente produjo una impresión llamativa por su ropa, rasgos y comportamiento. Llevaba un sombrero de caballero, pelo corto, quevedos, corbata de caballero, una especie de chaqueta más larga de lo normal para una prenda de señora y con corte masculino, botas con tacones; tenía rasgos bastos, tirando a masculinos, voz áspera y más bien grave, y producía la impresión antes de un hombre con vestido de mujer que de una dama, pasando por alto los senos y la constitución definitivamente femenina de la pelvis.

Durante el dilatado periodo de observación, la paciente nunca dio muestras de erotismo. Interpelada a propósito de su ropa, dijo simplemente que había elegido ese traje porque así iba mejor vestida. Poco a poco se fue obteniendo de ella la información de que ya desde pequeña había tenido predilección por los caballos y por las ocupaciones masculinas y que nunca se había interesado por los trabajos femeninos. Más tarde tuvo sobre todo afición por la lectura y quiso ser maestra. Nunca le había gustado bailar, siempre le había parecido una cosa absurda. Tampoco el ballet le había interesado nunca. Su máximo placer era el circo. Desde su enfermedad en 1872 no había sentido inclinación por personas del sexo opuesto ni del propio. Desde entonces empezó a despertarse en ella una amistad por personas femeninas, sobre todo damas jóvenes, que a ella misma le llamaba la atención y había empezado a sentir la necesidad (que satisfacía) de llevar sombrero y paletó de hechuras masculinas. Ya desde 1869 llevaba el pelo corto y se lo peinaba con raya, como hacen los hombres. Asegura no haberse sentido nunca sensualmente excitada al relacionarse con las damas que le resultaban simpáticas, pero su amistad y capacidad de sacrificio para con ellas eran infinitas, desarrollando a partir de entonces disgusto hacia las reuniones de caballeros y damas.

Sus parientes informan de que la paciente recibió una propuesta de matrimonio antes de 1872, pero que la rechazó, que volvió sexualmente cambiada de un viaje a un balneario que hizo en 1874 y que había dado a entender en alguna ocasión que no se consideraba un ser femenino.

Desde entonces solo quiere relacionarse con damas, tiene siempre alguna especie de amorío con esta o aquella, deja caer de vez en cuando comentarios en el sentido de que se siente hombre. Este afecto por las damas supera claramente los límites de la amistad, con lágrimas, celos, etc. Durante una estancia en un balneario en 1874, una joven dama se enamoró de la paciente tomándola por un hombre disfrazado. Al casarse más tarde esa dama, la paciente estuvo un tiempo melancólica y habló de infidelidad. También a los parientes les había sorprendido la afición por la ropa y el comportamiento masculinos, así como el rechazo por los trabajos femeninos a partir de su enfermedad, cuando la paciente nunca había llamado la atención con anterioridad, al menos en lo sexual. Posteriores indagaciones dieron como resultado que la paciente mantiene una relación amorosa y no estrictamente platónica con la dama descrita en el caso 166 y que le escribe tiernas cartas como las de un amante a su amada. En 1887 volví a ver a la paciente en un sanatorio, donde se la había ingresado a causa de ataques histero-epilépticos, irritación espinal y morfinismo. El sentimiento sexual contrario se mantenía inalterado y solo era posible evitar sus asaltos indecentes a otras pacientes mediante una estrecha vigilancia.

Su estado se mantuvo sin cambios significativos hasta 1889. La paciente cayó enferma ese año y murió en agosto de 1889 en estado de “agotamiento”.

La disección dio los siguientes resultados en los órganos vegetativos: degeneratio amyloidea renum, fibroma uteri, cystis ovarii sinistri. El hueso frontal presentaba un fuerte engrosamiento, desigual en la cara interna, con numerosas exostosis, la duramadre soldada al cráneo.

Diámetro longitudinal del cráneo 175, diámetro del hueso frontal 148 mm. Peso total del cerebro (edematoso pero no atrofiado) 1175 g. Meninges tiernas que se desprenden con facilidad. Corteza cerebral pálida. Circunvoluciones cerebrales amplias, escasas, ordenadas con regularidad. En el cerebelo y las grandes vías, nada anormal.