Tag: neurastenia sexual

Caso 148: homosexualidad o uranismo

T., 34 años, vendedor, desciende de madre neuropática y enfermiza y de padre sano.

Con 9 años un compañero de clase le indujo a la masturbación. A partir de entonces la practicó mutuamente con su hermano, con el que dormía en la misma cama, llegando incluso a receptio membri in os. Siendo todavía un niño llegó a ocurrirle en una ocasión quod lambit locum quo prius miles urinaverat (!). Con 14 años primer amor por un compañero de colegio de 10 años.

A partir de los 17 años ya no era la belleza juvenil lo que le impresionaba sino, extrañamente, los viejos decrépitos.

T. atribuye esto al hecho de que en cierta ocasión, siendo de noche oyó en la habitación de al lado a su padre, ya de edad avanzada, jadear con lujuria. Sintió con esto una enorme excitación sensual, pues se imaginó a su padre practicando el coito. A partir de entonces desempeñaron un papel destacado en sus sueños con poluciones y al masturbarse viejos que practicaban actos homosexuales. Pero también durante el día le excitaba hasta tal punto la visión de un viejo, sobre todo si este era verdaderamente decrépito y sucio, que a veces llegaba incluso a la eyaculación.

Con 23 años intentó repetidamente corregir su vita sexualis en el lupanar. A pesar de poner en ello una determinada voluntad, no logró llegar a la erección y se abstuvo de seguir intentándolo porque se dio cuenta de que las mujeres, hasta la más bella, le eran indiferentes. Lo mismo valía para sus sentimientos respecto a los hombres jóvenes y a los muchachos.

A partir de los 29 años tuvo un profundo amor por un viejo, al que acompañó a diario durante años en sus paseos. Un acercamiento íntimo no era posible. T. eyaculaba a menudo durante estos paseos. Para escapar a esta deshonrosa situación, volvió a visitar el lupanar con el mismo éxito de antes. Se le ocurrió entonces la idea de pagar a un viejo decrépito para que le acompañara. Este tenía que practicar el coito en su cercanía. Entonces fue potente también él. El coito no le proporcionaba ningún placer, pero sí una gran satisfacción moral, sobre todo cuando dejó de necesitar al viejo. La alegría no duró mucho. T. sufrió una fuerte neurastenia sexual y general, se deprimió, rehuía a la gente, se volvió impotente y se dio al onanismo psíquico imaginándose a viejos en situaciones homosexuales.

Físicamente, T. no presentaba nada destacable, aparte de una acusada neurasthenia sexualis, y su presencia era perfectamente viril.

Caso 142: hermafroditismo psíquico

Hermafroditismo psíquico. La sensibilidad heterosexual pronto queda atrofiada por la masturbación, aunque esporádicamente resulta intensa. Sensibilidad homosexual perversa ab origine (excitación sensual con botas de caballero).

El señor X., de 28 años, acude a mí en septiembre de 1887 en un estado de ánimo desesperado con el fin de consultarme acerca de cierta perversión de su vita sexualis que le hace la vida prácticamente insoportable y que en repetidas ocasiones le ha llevado al borde del suicidio.

El paciente procede de una familia en la que son frecuentes las neurosis y psicosis. En la familia paterna se llevaban practicando matrimonios entre primos desde hacía tres generaciones. Al parecer el padre es una persona sana y ha tenido un matrimonio armonioso. No obstante, al hijo le llama la atención la predilección de su padre por las criadas guapas. La rama materna es presentada como una familia de gente rara. El abuelo y el bisabuelo maternos murieron melancólicos, la hermana de la madre estaba loca. Una hija del hermano del abuelo era histérica y ninfómana. De los 12 hermanos de la madre, solo tres se casaron. De estos, un hermano era de sexualidad contraria y padecía constantes enfermedades nerviosas a consecuencia de excesos en la masturbación. Al parecer, la madre del paciente era mojigata, psíquicamente limitada, nerviosa, irritable, con tendencia a la melancolía. Murió cuando el paciente tenía 14 años.

El paciente tiene dos hermanos: un hermano neuropático, que sufre frecuentemente de abatimiento melancólico y que aunque es adulto nunca ha dado muestras de movimientos sexuales y una hermana, belleza reconocida, que es literalmente objeto de veneración en el mundo masculino.

Esta dama está casada pero sin hijos, según parece por impotencia del marido. Siempre se mostró fría frente a los homenajes que le rendían los hombres, pero es una apasionada de la belleza femenina y se enamora locamente de algunas de sus amigas.

El paciente comunica a propósito de su propia personalidad que ya con cuatro años soñaba con palafreneros jóvenes y hermosos con botas relucientes. Asegura que tampoco al hacerse mayor empezó a soñar con mujeres. Sus poluciones nocturnas venían provocadas indefectiblemente por “sueños de botas”.

Ya a partir del cuarto año de edad empezó a sentir una singular inclinación hacia los hombres o, mejor dicho, los lacayos con botas relucientes. Al principio le resultaban simplemente simpáticos, pero según se iba desarrollando su vida sexual, su visión le iba provocando fuertes erecciones y una excitación libidinosa. Unas botas brillantes y relucientes solo le excitaban cuando las llevaba un sirviente. Ese mismo objeto pero en una persona de su misma posición social le dejaba indiferente.

No se asociaba a estas situaciones un impulso sexual del tipo del amor entre hombres. La mera idea de tal posibilidad le resultaba ya de por sí repugnante. Pero sí que se daban fantasías de tono libidinoso consistentes en ser criado de su criado, poder quitarle las botas en su condición de tal, pero sobre todo que le dieran patadas con ellas o que le dejaran limpiarlas. El orgullo del aristócrata se rebelaba contra semejantes pensamientos. Estas ideas de botas le resultaban extremadamente repugnantes y penosas.

El sentimiento sexual se desarrolló pronto y con fuerza. Al principio se manifestó en forma de delectación en pensamientos libidinosos relacionados con botas y, a partir de la pubertad, en poluciones acompañadas de sueños análogos.

Por lo demás, el desarrollo físico y espiritual se fue completando sin perturbaciones. El paciente tenía grandes dotes, aprendía con facilidad, terminó con éxito sus estudios, se hizo oficial, y se convirtió gracias a su presencia distinguida y perfectamente viril, así como a su elevada posición, en una personalidad popular en sociedad.

Él se describe a sí mismo como una persona bondadosa, tranquila, con fuerza de voluntad pero superficial. Asegura ser un apasionado cazador y jinete y no haber tenido nunca afición por las ocupaciones femeninas. En compañía de damas siempre se ha sentido cohibido; en los bailes siempre se ha aburrido. Nunca ha sentido interés por una dama de la alta sociedad. De las mujeres solo le han interesado las campesinas rollizas como las que hacen de modelo para los pintores en Roma. Pero tampoco ha sentido nunca una verdadera excitación sensual por estas representantes del sexo femenino. En el teatro o en el circo solo ha sentido interés por los actores masculinos. Pero tampoco estos han despertado en él una sensibilidad sensual. Lo único que le excita de un hombre son las botas, y solamente si el portador pertenece a la servidumbre y es guapo. Los hombres de su misma posición le resultan perfectamente indiferentes por muy bonitas que sean las botas que calcen.

Por lo que respecta a sus inclinaciones sexuales, el paciente sigue sin tener claro si siente más simpatía por el sexo opuesto o por el propio.

En su opinión, al principio tenía más bien sensibilidad para las mujeres, pero en cualquier caso esta simpatía era más bien débil. Asegura decididamente que no le resulta simpático en modo alguno adspectus viri nudi y que el de los genitales masculinos sencillamente le repele. No era este precisamente el caso con las mujeres, pero ni siquiera el más bello corpus femininum es capaz de excitarle. Siendo un oficial joven a veces se veía obligado a ir con sus compañeros a los prostíbulos. No era demasiado difícil convencerle porque esperaba con ello desembarazarse de sus incómodas fantasías de botas. Era impotente hasta que recurría a sus fantasías de botas. El acto de la cohabitación transcurría entonces con total normalidad, aunque sin sentimiento libidinoso. El paciente nunca ha experimentado el impulso de mantener relaciones con mujeres, siempre ha sido necesaria una ocasión o inducción externa. Cuando quedaba abandonado a sí mismo, su vita sexualis consistía en fantasías de botas y en los correspondientes sueños y poluciones. Como esto iba acompañado de manera cada vez más intensa del impulso de besarles las botas a sus criados, calzarlos, etc., el paciente decidió poner todos los medios para librarse de este repugnante impulso que tanto lastimaba su amor propio. Tenía por aquel entonces 20 años y se encontraba en París; se acordó entonces de una bellísima campesina de su lejana patria. Concibió la esperanza de librarse con ayuda de ella de su perversa orientación sexual, se puso inmediatamente en camino hacia casa y solicitó los favores de la muchacha. Asegura que en aquel momento se enamoró profundamente de aquella persona, que ya la visión, el tacto de su ropa le excitaban y que en cierta ocasión en que ella le dio un beso sufrió una fuerte erección. El paciente tardó un año y medio en alcanzar el objetivo de sus deseos con esta persona.

Era muy potente, pero tardaba en eyacular (entre 10 y 20 minutos) y nunca experimentó un sentimiento libidinoso durante el acto.

Tras aproximadamente un año y medio de trato sexual con esta joven, su amor por ella se enfrió, pues no lo encontró tan “hermoso y puro” como deseaba. A partir de ese momento tuvo que volver a echar mano de sus fantasías de botas, que habían pasado a un estado latente, para seguir siendo potente en sus relaciones con esta muchacha. Estas se presentaron de manera espontánea en la misma medida en que su potencia iba disminuyendo. Posteriormente, el paciente practicó el coito también con otras mujeres. De vez en cuando, dependiendo de si la mujer le resultaba simpática, este se desarrollaba sin intromisión de las fantasías de botas.

En cierta ocasión le aconteció incluso al paciente el cometer un estupro. Curiosamente esta fue la única vez en que tuvo durante el acto (forzado) un sentimiento libidinoso. Inmediatamente después del hecho sintió repugnancia. Cuando una hora después del estupro volvió a practicar el coito con la misma mujer, esta vez con su consentimiento, ya no tenía sentimiento libidinoso. Según iba disminuyendo su potencia, es decir, a medida que esta solo se lograba mantener mediante las fantasías de botas, también iba decayendo la libido hacia el otro sexo. Resulta revelador de la escasa libido y débil predisposición del paciente hacia la mujer el hecho de que fuera a dar en la masturbación mientras todavía mantenía relaciones sexuales con la campesina. Tuvo conocimiento de esta práctica por medio de las “Confesiones” de Rousseau, obra que fue a parar en sus manos por casualidad. Las fantasías de botas comenzaron a asociarse inmediatamente con los impulsos correspondientes. Experimentaba entonces potentes erecciones, se masturbaba, tenía un vivo sentimiento libidinoso al eyacular que no se presentaba en el coito y al principio se sentía con la masturbación más despejado y animado espiritualmente.

Con el tiempo, no obstante, se presentaron los síntomas de una neurastenia primero sexual y después general con irritación espinal. Se abstuvo entonces transitoriamente de la masturbación y acudió a su antigua amada. Pero esta le resultaba ya perfectamente indiferente y como ya al final ni siquiera con ayuda de escenas de botas lograba triunfar, se apartó de esta mujer y cayó nuevamente en la masturbación, con la que se sentía protegido del impulso de besarles, limpiarles, etc. las botas a los criados. Su posición sexual le resultaba, no obstante, penosa. Ocasionalmente volvió a intentar el coito e incluso tenía éxito en cuanto se imaginaba unas botas relucientes. Tras abstenerse de la masturbación durante un prolongado periodo, logró también consumar el coito de vez en cuando sin ayudas artificiales.

El paciente se describe a sí mismo como dotado de un gran apetito sexual. Cuando lleva tiempo sin eyacular, se congestiona, experimenta una intensa excitación psíquica y le asaltan las repugnantes imágenes de botas, de manera que no le queda más remedio que practicar el coito o, mejor todavía, masturbarse.

Desde hace un año, su situación moral se ha complicado de manera penosa porque, siendo el último de una rica y distinguida estirpe y por deseos imperiosos de su padre, tiene que casarse de una vez por todas. La novia que se le tiene destinada es de extraordinaria belleza y le resulta extremadamente simpática espiritualmente. Pero como mujer le resulta indiferente como cualquier otra mujer. Le satisface estéticamente como una “obra de arte” cualquiera. Ella aparece a sus ojos como un ser ideal. Adorarla platónicamente constituiría para él un tipo de dicha que merecería la pena perseguir, pero poseerla como mujer le resulta una idea penosa. Sabe de antemano que solo podría ser potente con ella recurriendo a fantasías de botas. Sin embargo, echar mano de tales medios entra en oposición con la elevada estima en que tiene a esta dama, sus sentimientos morales y estéticos hacia ella. Si la mancillara pensando en botas, ella perdería ante los ojos de él su valor estético y entonces él se volvería impotente y ella le resultaría repugnante. El paciente considera su situación desesperada y confiesa haber andado últimamente al borde del suicidio.

Es un hombre muy inteligente con un aspecto perfectamente masculino, barba poblada, voz grave, genitales normales. El ojo tiene una expresión neuropática. No hay signos de degeneración. Síntomas de neurastenia espinal. Se logra tranquilizar al paciente e inspirarle confianza en el futuro.

Los consejos médicos consistieron en remedios para combatir la neurastenia, la prohibición de seguir masturbándose, así como de seguir entregándose a las fantasías de botas; perspectiva de que al eliminar la neurastenia la cohabitación sin ideas de botas será posible y el paciente con el tiempo estará en condiciones morales y físicas de casarse.

A finales de octubre de 1888 el paciente me escribió para contarme que venía resistiéndose desde entonces a la masturbación y a las fantasías de botas con todas sus fuerzas. Ya solo había vuelto a tener un único sueño de botas y prácticamente no había tenido poluciones. Se encontraba libre de impulsos homosexuales, pero, a pesar de una excitación sexual que a menudo era importante, seguía sin experimentar libido alguna hacia las mujeres. En esta fatal situación, las circunstancias le obligaban ahora a casarse dentro de tres meses.

Caso 138: metamorphosis sexualis paranoica

Metamorphosis sexualis paranoica. N., 23 años, soltero, pianista, fue ingresado a finales de octubre de 1865 en el sanatorio de Illenau. Procede de familia al parecer sin taras pero tuberculosa (el padre y el hemano fallecieron de phthisis pulmonum). El paciente era de niño debilucho, poco dotado, con talento únicamente para la música. Siempre tuvo un carácter anormal, cerrado, callado, insociable, intratable.

A partir de los 15 años, masturbación. Al cabo de unos años empezaron a presentarse afecciones neurasténicas (palpitaciones, abatimiento, a veces presión en la cabeza, etc.) acompañadas de arrebatos hipocondriacos. El paciente había estado trabajando durante el último año de manera muy intensa. En el último medio año se había agravado su neurastenia. Se quejaba ahora de palpitaciones, presión en la cabeza, insomnio, se encontraba muy excitable, se le notaba una gran excitación sexual, afirmaba que tenía que casarse lo antes posible por motivos de salud. Se enamoró de una artista, pero enfermó casi al mismo tiempo (septiembre de 1865) de paranoia persecutoria (sensaciones de hostilidad, expresiones insultantes por la calle, veneno en la comida, le ponen una cuerda en un puente para que no pueda pasar para encontrarse con su amada). Ingresado en el manicomio por su creciente excitación, así como por conflictos con un entorno que percibe como hostil, al principio presentaba todavía el cuadro de una típica paranoia persecutoria, junto con síntomas de una neurastenia sexual que posteriormente devino generalizada; la manía persecutoria, no obstante, no se fraguó sobre esa base neurótica. Solo ocasionalmente oía el paciente a su entorno decir: “Ahora es cuando le vamos a quitar el semen, cuando le vamos a cortar la vejiga”.

En el transcurso de los años 1866-68 la manía persecutoria fue pasando progresivamente a un segundo plano, siendo sustituida en gran medida por ideas eróticas. La base somático-psíquica era una continua y poderosa excitación de la esfera sexual. El paciente se enamoraba de toda dama que se le ponía delante, oía voces que le decían que se acercara a ella, exigía la autorización para casarse y afirmaba que si no le proporcionaban una mujer enfermaría de consunción. Continúa masturbándose y ya en 1869 empiezan a presentarse señales de una futura eviratio. Si encuentra una mujer, “solo la amará platónicamente”. El paciente se va volviendo cada vez más extravagante, vive en un círculo de ideas neurótico, ve practicar la prostitución por todas partes en la institución, oye voces de vez en cuando que le acusan a él mismo de comportamiento inmoral con damas. Evita por ello la compañía de damas y solo accede a tocar para ellas si hay dos testigos delante.

Durante el año 1872 se acentúa significativamente el estado de neurastenia. A partir de entonces vuelve a pasar al primer plano la paranoia persecutoria y va tomando tintes clínicos por el estado neurótico de base. Aparecen alucinaciones olfativas, el paciente se ve influido por el magnetismo. Siente el efecto de lo que denomina “ondas magnéticas del trabajo en el yunque” (interpretación errónea de afecciones derivadas de la astenia espinal). El proceso de eviratio va avanzando cada vez más, acompañado de una poderosa excitación sexual y excesos masturbatorios. Ya solamente es hombre de manera esporádica y se consume en deseos por una mujer, se queja amargamente de que la desvergonzada prostitución de los hombres en esta casa imposibilita que una mujer pueda llegar a él. Dice estar mortalmente enfermo por el aire, que está envenenado de magnetismo, y por su amor insatisfecho, sin amor no puede vivir; está intoxicado de un veneno de lujuria que afecta al impulso sexual. La dama de la que está enamorado ha caído aquí en los últimos grados del comportamiento deshonesto. Las prostitutas de esta casa tienen cadenas de felicidad, es decir, unas cadenas que hacen que un hombre, estando inmóvil, se encuentre en estado de lujuria. Ya está dispuesto también a contentarse con una prostituta. Dice poseer una fantástica “radiación de pensamientos oculares” que vale 20 millones. Sus composiciones valen 500.000 francos. Junto a estos indicios de megalomanía se presentan los de manía persecutoria: dice que la comida está envenenada con excrementos venéreos, nota el sabor y el olor del veneno, oye acusaciones infames y exige una máquina de cerrar orejas.

A partir de agosto de 1872 las señales que apuntan a una eviratio se van multiplicando. Se comporta de manera muy afectada, explica que no puede seguir viviendo con hombres que fuman y beben. Dice pensar y sentir de manera totalmente femenina. Pide que se le trate como mujer y que le trasladen a una sección para mujeres. Pide confituras y repostería. Ocasionalmente, tenesmo y cistoespasmo; pide que le lleven al paritorio y que le traten como a una embarazada enferma de gravedad. Dice que el magnetismo morboso de los cuidados masculinos le afecta negativamente.

Transitoriamente se siente todavía como hombre; pero aboga de manera característica de su sentimiento sexual morbosamente alterado por una satisfacción exclusiva mediante la masturbación, por un matrimonio sin coito. Afirma que el matrimonio es un instituto de lujuria. La muchacha que le gustaría tomar como mujer tendría que ser onanista.

A partir de diciembre de 1872 la conciencia de su personalidad se vuelve definitivamente femenina.

Afirma haber sido siempre mujer, pero que entre el primer y el quinto años de edad un artista francés cuáquero le puso genitales masculinos e impidió a base frotarle y golpearle el tórax que le pudieran salir luego los pechos.

Exige ahora enérgicamente que se le traslade a la sección de mujeres, que le protejan de hombres que le quieren prostituir y que se le proporcione ropa de mujer. Estaría dispuesto, llegado el caso, a trabajar en una juguetería cosiendo y cortando piezas o en una mercería haciendo trabajos femeninos. A partir del momento de la transformatio sexus, el tiempo comienza a contar de nuevo para el paciente. Su antigua personalidad la recuerda ahora como un primo suyo.

Durante un tiempo habla de sí mismo en tercera persona, dice ser la condesa V., la amiga predilecta de la emperatriz Eugenia, pide perfumes, corsés, etc. Toma a los otros hombres de la sección por mujeres, intenta hacerse una coleta, pide un producto de depilación oriental para que no sigan dudando de su naturaleza femenina. Se complace en alabar el onanismo, pues “ha sido onanista desde los 15 años y nunca ha buscado otro tipo de satisfacción sexual”. Ocasionalmente se siguen constatando afecciones neurasténicas, alucinaciones olfativas y delirios persecutorios. Todas las vivencias anteriores a diciembre de 1872 pertenecen a la personalidad del primo.

No hay forma de quitarle al paciente de la cabeza el delirio de ser la condesa V. Se escuda en que la comadrona la exploró y vio que era una dama. La condesa no se va a casar porque desprecia el mundo de los hombres. Como no se le da al paciente ropa de señora ni zapatos de tacón, se pasa la mayor parte del día en la cama, se comporta como una distinguida dama que está padeciendo, se pone melindrosa y pudibunda, pide caramelos, etc. Procura hacerse trenzas como puede, se arranca los pelos de la barba. Se pone pechos con los panecillos.

En 1874 aparece caries en la rodilla izquierda, a lo que pronto se le añade una phthisis pulmonum. Fallecimiento el 2 de diciembre de 1874. Cráneo normal. Lóbulo frontal atrófico, cerebro anémico. Microscopía (Dr. Schule): en la capa superior del lóbulo frontal, células gangliares ligeramente contraídas; en adventitia de los vasos sanguíneos numerosos gránulos de grasa; glía sin alteraciones, partículas aisladas de pigmentos y granos de coloides. Capas inferiores de la corteza cerebral normales. Genitales muy grandes, testículos pequeños, flácidos, no aparecen macroscópicamente alterados en la disección.

[Psychopathia sexualis, Caso 138: metamorphosis sexualis paranoica]

Caso 137: eviratio y transformatio sexus paranoica

Franz St., 33 años, maestro de escuela, soltero, probablemente de familia con taras, desde siempre neuropático, emocional, asustadizo, con intolerancia al alcohol, empezó a masturbarse con 18 años, con 30 se presentaron síntomas de neurasthenia sexualis (poluciones seguidas de abatimiento que con el tiempo empezaron a presentarse también durante el día, dolores en la zona del plexus sacralis, etc.). A eso se le fueron sumando progresivamente irritación espinal, presión en la cabeza, cerebrastenia. Desde principios de 1885 el paciente venía absteniéndose del coito, con el que ya no experimentaba sentimiento libidinoso. Se masturbaba con frecuencia.

En 1888 empezó a tener delirio de observación. Notaba que la gente le evitaba, que tenía una transpiración dañina, que apestaba (alucinaciones olfativas) y con esto se explicaba el cambio en el comportamiento de la gente, incluidos sus estornudos, toses, etc.

Empezó a percibir olor a muerto, a orina vieja. Interpretaba que la causa de su mal olor eran poluciones que se producían hacia dentro. Las identificaba en una sensación que tenía como si le corriera un líquido desde la sínfisis hacia el pecho.

El paciente pronto abandonó la clínica.

En 1889 fue ingresado nuevamente en avanzado estadio de paranoia masturbatoria persecutoria (manía persecutoria física).

A principios de mayo de 1889 el paciente empieza a llamar la atención porque reacciona de manera airada cuando le llaman “señor”.

Protesta porque dice ser una mujer. Se lo dicen unas voces. Nota que le salen pechos. La semana pasada le estuvieron toqueteando de manera lasciva. Oía decir que era una puta. Últimamente, sueños de coito. Soñaba que practicaban el coito con él como si fuera una mujer. Siente la immissio penis y tiene durante el acto onírico sensación de eyaculación.

Cráneo escarpado, huesos de la cara alargados y finos, prominentes tubera parietalia. Genitales normalmente desarrollados.

[Psychopathia sexualis, Caso 137: eviratio y transformatio sexus paranoica]

Caso 136: metamorphosis sexualis paranoica

K., 36 años, soltero, sirviente, ingresa en la clínica el 26 de febrero de 1889, es un caso típico de paranoia persecutoria con alucinaciones olfativas, sensaciones, etc. sobrevenida como consecuencia de una neurastenia sexualis.

Procede de familia con taras. Varios hermanos fueron psicopáticos. El paciente tiene cráneo hidrocefálico, montado en la zona de la fontanela derecha, ojo neuropático. Desde siempre con un gran apetito sexual, con 19 años se dio a la masturbación, practicó el coito con 23 años, concibió tres hijos fuera del matrimonio, se abstuvo de seguir manteniendo relaciones sexuales por miedo a engendrar más y por la falta de medios para mantenerlos. Llevaba muy mal la abstinencia, renunció también a la masturbación, tuvo poluciones masivas, empezó a sufrir neurastenia sexual hace un año y medio, tenía también pollutiones diurnae, lo que le dejó en un estado de agotamiento y malestar, el proceso desembocó en una neurastenia general, enfermando de paranoia.

Hace un año empezó a sufrir sensaciones parestésicas, como si en lugar de los genitales tuviese un gran ovillo, después empezó a sentir que desaparecían escroto y pene y que sus genitales se volvían femeninos.

Sentía que le brotaban pechos, una coleta, que llevaba ropa femenina. Se veía a sí mismo como mujer. La gente por la calle se expresaba también en este sentido: “Mira la tía esa”. En estado de duermevela tuvo una sensación como si un hombre practicara con él el coito como se hace con una mujer. Le vino entonces la “naturaleza” con un intenso sentimiento libidinoso. Durante la estancia en la clínica se produjo una remisión de la paranoia y una mejora significativa de la neurastenia. Con ello desaparecieron temporalmente los sentimientos e ideas relativos a la metamorphosis sexualis.

[Psychopathia sexualis, Caso 136: metamorphosis sexualis paranoica]

Caso 132: sentimiento sexual contrario adquirido

Señor X., 35 años, soltero, funcionario, desciende de madre melancólica. Hermano hipocondriaco.

El paciente era sano y fuerte, con un temperamento vivo y sensual, tenía un impulso sexual que se manifestó de manera anormal por lo precoz y potente, se masturbaba ya siendo un niño pequeño, practicó el coito por primera vez con solo 14 años, al parecer con placer y plena potencia. Con 15 años, un hombre intentó seducirle y le masturbó. X. experimentó repulsión, se liberó de esta situación “asquerosa”. Como adolescente cometió excesos por libido irrefrenable con coito, en 1880 se volvió neurasténico, padeció problemas de erección y eyaculación precoz, se iba volviendo así cada vez menos potente y dejó de experimentar placer con el acto sexual. En aquella época de decadencia sexual tuvo durante algún tiempo una inclinación que previamente le había resultado ajena (y que todavía hoy no se explica) por las relaciones sexuales cum puellis non pubibus XII ad XIII annorum. Su libido fue aumentando según recuperaba la potencia.

Poco a poco empezó a sentirse inclinado hacia los muchachos de 13 a 14 años. Sentía deseos de importunarlos.

Quodsi ei occasio data est, ut tangere posset pueros, qui ei placuere, penis vehementer se erexit tum maxime quum crura puerorum tangere potuisset. Abhinc feminas non cupivit. Nonnunquam feminas ad coitum coëgit sed erectio debilis, eiaculatio praematura erat sine ulla voluptate.

A partir de entonces solo se interesó por los muchachos jóvenes. Soñaba con ellos y tenía poluciones mientras esto ocurría. A partir de 1882 tuvo ocasión de vez en cuando de concumbere cum juvenibus. Experimentaba entonces una potente excitación sexual y se aliviaba mediante la masturbación.

Solo de manera excepcional se atrevió a socios concumbentes tangere et masturbationem mutuam adsequi. Sentía aversión por el sexo anal. Por lo general no le quedaba otro remedio que satisfacer sus necesidades sexuales mediante la masturbación solitaria. Recordaba para ello la imagen de muchachos que le resultaran simpáticos. Tras mantener relaciones sexuales con estos se sentía siempre fresco y con fuerzas, pero moralmente deprimido por la conciencia de haber realizado una acción perversa, inmoral y punible. Le resultaba terriblemente penoso que su repulsivo deseo fuera más fuerte que su voluntad.

X. supone que su amor por el propio sexo se originó por excesos desmedidos en el disfrute del sexo natural, lamenta profundamente su situación, pregunta con ocasión de una consulta en diciembre de 1888 si no hay algún medio para devolverle a la sexualidad normal, dado que en realidad no tiene horror feminae y le gustaría casarse.

Dejando de lado manifestaciones de neurastenia sexual y espinal en grado moderado, el paciente (inteligente y libre de signos degenerativos) no presenta síntomas de ninguna enfermedad.

[Psychopathia sexualis, caso 132: sentimiento sexual contrario adquirido]

Caso 98: fetichismo de cojera

Z., rentista, de familia con tara, afirma haber sentido ya de niño una particular compasión por las personas con parálisis y cojera. Durante un tiempo resultaba para él un placer sin tintes sexuales andar por la cocina con dos escobas como muletas o andar cojeando por calles desiertas. Progresivamente se le fue sumando a esto la idea de conocer a una hermosa joven como “cojito” y recibir la compasión de esta. La compasión de los hombres le hubiera resultado repulsiva. Z., que se educó en privado en una distinguida casa, asegura no haber sabido nada del sexo ni de las relaciones sexuales hasta los 20 años. Su sentimiento, en el que al principio no veía nada sospechoso, consistía en fantasías en las que compadecía a una muchacha tullida o en las que era él quien estaba cojo y recibía la compasión de una joven hermosa y sana. A estas fantasías se fueron uniendo de forma cada vez más evidente sentimientos eróticos; y, con 20 años, Z. incurrió en un acto masturbatorio al que siguieron otros muchos. Se fue desarrollando una progresiva neurastenia sexual y la debilidad excitable alcanzó tales proporciones que le bastaba la visión de una muchacha cojeando por la calle para eyacular. Ni que decir tiene que los actos masturbatorios y las poluciones en sueños iban también acompañados de tales fantasías. Al mismo Z. le llamaba la atención que le resultara indiferente la personalidad de la persona que cojeaba y que su interés se limitara al pie que cojeante. Z. no ha llegado nunca a intentar el coito con una mujer portadora de su fetiche. No se encuentra en disposición espiritual de hacerlo y alberga, asimismo, dudas sobre su potencia. Sus sucias fantasías giran en torno a la masturbación junto al pie de una mujer coja. A veces se anima con la idea de lograr el amor de una mujer casta y coja y que esta, conmovida porque él ame lo que en ella es un defecto, le libere de su fetichismo elevando el amor de Z. “desde el alma del pie de ella hasta los pies de su alma”. En esto cifra su salvación. Se siente enormemente desdichado en su situación actual.

[Psychopathia sexualis, caso 98: fetichismo de cojera]

Caso 13: hiperestesia sexual (impulso sexual de intensidad morbosa)

Caso 13. El 11 de julio de 1884 se ingresó a R., de 33 años, empleado, con paranoia persecutoria y neurastenia sexual. Su madre era neurópata. El padre murió de una enfermedad de la médula espinal. Desde niño, con un fuerte impulso sexual que se vuelve consciente a partir del sexto año. Desde entonces, masturbación, a partir de los 15 años, a falta de otra cosa, pederastia, ocasionalmente con impulsos sodomíticos. Más tarde abuso del coito en el matrimonio cum uxore. De vez en cuando incluso impulsos perversos: practicar cunnilingus, traerle cantáridas a su mujer porque la libido de esta no estaba a la altura de la suya. Tras un breve matrimonio murió su mujer. El paciente se encontró en una situación difícil, carecía de medios para practicar el coito. Nuevamente masturbación, uso de la lengua del perro para alcanzar la eyaculación. De vez en cuando estados cercanos al priapismo y la satiriasis. Se veía obligado entonces a masturbarse para evitar el estupro. Según se fueron apoderando de él la neurastenia sexual y los arrebatos hipocondriacos, fue disminuyendo la libido nimia, algo que recibió con alivio.

[Psychopathia sexualis, caso 13]