Caso 51. Masoquismo ideal. El señor X., técnico, de 26 años, hijo de madre nerviosa, afectada de migrañas. Entre los ascendientes paternos se han dado un caso de enfermedad de médula espinal y otro de psicosis.
Un hermano es “nervioso”.
El señor X. superó enfermedades infantiles carentes de importancia, estudió sin problemas, se desarrolló normalmente. Su aspecto es perfectamente masculino, aunque algo enfermizo y con talla por debajo de la media. El descenso del testículo derecho quedó incompleto, y se puede palpar en el canal inguinal. El pene es de constitución normal, aunque algo pequeño.
Con 5 años X. descubrió sensaciones libidinosos mientras se balanceaba agarrado a unas pequeñas barras paralelas con las piernas extendidas y cruzadas. Repitió el proceso unas cuantas veces, olvidó después el efecto, y cuando lo recordó siendo ya un muchacho más maduro y lo repitió, no obtuvo el éxito esperado.
Con 7 años presenció una pelea de chicos en el patio del colegio en la que los ganadores acabaron sentados encima de los vencidos, que se quedaron tumbados de espaldas.
Esto le impresionó.
La posición del sometido se le antojaba agradable, se ponía en su lugar con la imaginación y se pintaba a sí mismo cómo lograr, haciendo como que se levantaba, que el rival que tenía encima se le fuera acercando cada vez más a la cara hasta quedar sentado encima de ella y hacerle sentir los efluvios de sus genitales. Desde entonces empezó a imaginarse estas escenas con frecuencia. Iban acompañadas de sensaciones libidinosas, pero nunca experimentó con ellas verdadera voluptuosidad, tenía esos pensamientos por perniciosos y pecaminosos y procuraba reprimirlos. Dice no haber tenido por aquel entonces ni idea de cuestiones sexuales. Cabe destacar que hasta los 20 años el paciente sufría enuresis nocturna ocasional.
Hasta la pubertad, las fantasías masoquistas recurrentes de estar bajo los muslos de otra persona tenían por objeto tanto chicos como chicas. A partir de entonces, prevalecen los individuos femeninos, y al término de la pubertad ya solamente aparecen estos. Paulatinamente, estas situaciones fueron cambiando de contenido. Culminaban con la conciencia de encontrarse totalmente sometido a la voluntad y caprichos de una joven, con las correspondientes acciones y situaciones humillantes.
X. cita estas como ejemplo:
“Estoy de espaldas en el suelo. A la altura de mi cabeza está el ama, que me ha puesto un pie en el pecho, o me sujeta la cabeza entre los pies, de modo que tengo la cara justo debajo de su pubes. O la tengo sentada en el pecho, o en la cara, y come utilizando mi cuerpo de mesa. Si no cumplo una orden a su entera satisfacción o simplemente si así se le antoja a mi ama, me encierra en un cuarto oscuro y se marcha en busca de placeres. Me enseña a sus amigas como esclavo, me presta a ellas como tal.
“Me emplea en servicios ínfimos, tengo que servirla al levantarse, al bañarse, durante la mictio. Para esto último utiliza también mi cara de vez en cuando, obligándome a beber su lotium”.
X. asegura no haber puesto nunca en práctica esta idea, pues al mismo tiempo tenía de alguna forma la sensación de que su realización no le proporcionaría el placer esperado.
Tan sólo una vez se coló en el cuarto de una hermosa criada, movido por tales fantasías, ut urinam puellae bibat. Pero se abstuvo por repugnancia.
X. afirma haber luchado en vano contra este círculo de fantasías masoquistas, que despiertan en él vergüenza y repugnancia. Pero siguen siendo igual de poderosas a pesar de todo. Hace constar que la humillación es lo que desempeña el papel principal y que el placer nunca se mezcla con la causación de dolor.
Le gusta imaginarse al “ama” de unos 20 años, virgen, de exquisita figura, rostro delicado y hermoso, y, a ser posible, con ropa corta de color claro.
X. afirma no haber experimentado hasta ahora gusto alguno por la forma normal de acercarse a las jóvenes, en bailes y actos sociales. Desde la pubertad, las fantasías masoquistas iban acompañadas ocasionalmente de poluciones con cierto sentimiento libidinoso.
El paciente realizó en cierta ocasión fricciones del glans, pero no logró erección ni eyaculación, y en lugar de un sentimiento placentero, experimentó uno desagradable, parálgico. Esto evitó que se diera a la masturbación. Sin embargo, a partir de los 20 años de edad, era frecuente que al hacer gimnasia en barra fija, al trepar por cuerdas y barras, tuviera una eyaculación a la que se asociaba un intenso sentimiento de placer. Nunca ha sentido deseos de mantener relaciones sexuales con mujeres (sentimientos sexuales contrarios no ha tenido nunca). Con 26 años, un amigo se empeñó en que tenía que practicar el coito, pero ya camino del lupanar experimentó “una intranquilidad mezclada con miedo y acusada repugnancia”, y con la excitación, el temblor generalizado de sus miembros y el arrebato de sudor no logró la erección. Volvió a intentarlo varias veces y cosechó siempre el mismo fracaso, aunque las manifestaciones de excitación física y psíquica no llegaron a ser tan fuertes como la primera vez.
Nunca ha tenido libido. No ha sido capaz de servirse de sus fantasías masoquistas para consumar el acto porque sus facultades espirituales “están como paralizadas” en tal situación y no consigue formar imágenes suficientemente intensas como para lograr una erección. En consecuencia, renunció a ulteriores tentativas de coito, en parte por falta de libido, en parte por falta de confianza en el éxito. Desde entonces tan solo satisfacía de vez en cuando su débil libido con ejercicios gimnásticos. A veces sufría una erección provocada por fantasías masoquistas espontáneas o intencionadas (en estado de vigilia), pero no volvió a llegar a la eyaculación.
Tenía poluciones cada seis semanas.
El paciente es una persona que destaca intelectualmente, es sensible y algo neurasténico. Se lamenta de que cuando está en sociedad suele asaltarle la sensación de que llama la atención, de ser observado, por lo que llega a sentirse atemorizado, aunque es consciente de que todo son imaginaciones suyas. Por eso ama la soledad, y sobre todo porque teme que se descubra su anomalía sexual.
Se avergüenza de su impotencia, pues su libido es prácticamente nula, no obstante, considera que llegar a una vita sexualis sana sería lo mejor que le podría pasar, teniendo en cuenta cuántas cosas dependen de esto en la vida social. Cree que así podría desenvolverse en sociedad con más seguridad y masculinidad.
Su actual existencia le resulta un tormento; una vida así, una carga.
Epicirisis: tara (hereditaria). Vida sexual que se despierta en una etapa anormalmente temprana. Ya con 7 años contemplación libidinosa y decididamente masoquista de muchachos sentados sobre otros (énfasis sexual y perverso de una situación que en sí no resulta sexualmente excitante para una persona normal), acompañada de fantasías olfativas.
Posteriormente, estas situaciones se convierten en objeto de fantasías, al principio no diferenciadas sexualmente, a partir de la pubertad, heterosexuales.
Desembocan en un claro masoquismo ideal (ideas de humillación, de sometimiento), en el que la única relación con los genitales femeninos es la fantasía de ser utilizado para la mictio, incluso bibere urinam.
Carece de atracción sexual normal hacia la mujer, lo que se debe fundamentalmente a su masoquismo.