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Caso 159: hermafroditismo psíquico en una mujer

Hermafroditismo psíquico. Señora X., 26 años, padece de neurastenia. Presenta taras hereditarias, sufre episodios obsesivos. Lleva siete años casada, tiene dos hijos sanos: un niño y una niña de 6 y 4 años respectivamente. Se logra la confianza de la paciente. Esta reconoce haber sentido desde siempre una mayor atracción por las personas de su propio sexo. Respeta y quiere a su marido, pero las relaciones conyugales con él la repugnan. Ha logrado desde el nacimiento de la hija pequeña que deje de cohabitar maritalmente con ella. Ya en el internado para señoritas se interesaba por otras damas jóvenes de un modo al que solo puede referirse como amor. No obstante, también se ha sentido ocasionalmente atraída por algún caballero concreto y últimamente ha resultado especialmente peligroso para su virtud cierto compañero de balneario. A menudo tiene miedo de poder llegar a olvidarse de sí misma con él y evita por ello quedarse a solas con dicho caballero. Pero solo se trata de episodios pasajeros en comparación con su apasionada inclinación por las personas de su mismo sexo. Los besos y abrazos de estas, el trato íntimo con ellas constituyen su verdadero anhelo. La no satisfacción de estos impulsos la atormenta y tiene gran parte en su acentuado nerviosismo. La paciente no se siente en un papel sexual determinado respecto de las personas de su propio sexo, tampoco sabría hacer con ellas otra cosa que besarlas, abrazarlas, acariciarlas. La paciente se tiene a sí misma por una naturaleza sensual. Es probable que se masturbe. Su perversión sexual le parece “innatural, enfermiza”. Nada en la apariencia y comportamiento de esta dama delata semejante anomalía.

Caso 158: androginia

Androginia. Señor von H., 30 años, soltero, descendiente de madre neuropática. Al parecer, no ha habido en la familia del enfermo enfermedades nerviosas ni psíquicas y su único hermano es completamente normal tanto física como psíquicamente. El paciente, según manifiesta, tuvo un desarrollo físico tardío, por lo que realizó diversas estancias en balnearios marinos y sanatorios climáticos. Desde su infancia tuvo una constitución neuropática y, según testimonio de sus parientes, no era como los otros chicos. Enseguida empezó a llamar la atención su rechazo de las ocupaciones masculinas y su afición a los juegos femeninos. Huía de todos los juegos de chico, así como de la gimnasia, mientras que le atraían especialmente los juegos con muñecas y los trabajos femeninos. El paciente se desarrolló bien posteriormente, no sufrió enfermedades de consideración, pero espiritualmente su carácter siguió siendo anormal, siendo incapaz de tomarse la vida con seriedad y dando muestras de una orientación marcadamente femenina en sus gustos e ideas.

Con 17 años aparecieron las poluciones, que se multiplicaron hasta llegar a producirse también de día, lo que debilitó al enfermo y le acarreó numerosos trastornos nerviosos. Desarrolló síntomas de neurasthenia spinalis, que se mantuvieron hasta hace pocos años, pero se fueron suavizando al volverse las poluciones menos frecuentes. Niega haber practicado el onanismo, aunque este parece bastante probable. Sus pensamientos flojos, blandos, soñadores se fueron volviendo cada vez más llamativos a partir de la pubertad. Los intentos de encaminar al enfermo hacia una vida profesional resultaron inútiles. Sus funciones intelectuales, aunque no presentaban perturbaciones formales, no ganaban suficiente altura para encontrar motivos conductores efectivos en el establecimiento de un carácter independiente y de una visión elevada de la vida. Seguía siendo dependiente, un niño grande, y nada delataba con mayor claridad su constitución originariamente anormal que su absoluta incapacidad para administrar el dinero, junto con su propia confesión de que es incapaz de manejar el dinero de manera ordenada y sensata y que en cuanto tiene un poco se lo gasta en antigüedades, adornos personales y tonterías por el estilo.

Igual de poco apto que para una administración sensata del dinero resultó el paciente para el establecimiento de una existencia social o incluso para la mera comprensión de su importancia y valor.

No aprendía nada que mereciera la pena, dedicaba el tiempo a su arreglo personal y a veleidades artísticas, más concretamente a la pintura, para la cual mostró ciertas dotes, pero sin dar de sí tampoco lo más mínimo por falta de constancia. No era posible encaminarle hacia el trabajo intelectual, tan solo tenía cabeza para lo superficial, siempre andaba distraído y las cosas serias le aburrían al instante. Durante el resto de su vida se irían sucediendo indefectiblemente las trastadas con consecuencias indeseables, los viajes absurdos, el derroche de dinero, las deudas… y ni siquiera era capaz de ver estos errores notorios de su forma de vivir. En cuanto alguien intentaba que se valiera por sí mismo y que se diera cuenta de lo que le convenía, se volvía tozudo, intratable y no hacía nada a derechas.

Estos síntomas de una constitución psíquica originariamente anormal y deficiente van acompañados de notables signos de una sensibilidad sexual perversa de la que también se detectan indicios en el ámbito somático del paciente. El paciente se siente a sí mismo como mujer frente a los hombres y experimenta inclinación hacia las personas del mismo sexo, además de indiferencia, cuando no marcada aversión, hacia las del sexo femenino. Asegura haber mantenido relaciones sexuales con mujeres a los 22 años y haber consumado el coito con normalidad, pero en parte por la agudización de los trastornos neurasténicos que se producía siempre después del coito, en parte por miedo a contagios, pero sobre todo por falta de satisfacción, asegura haberse apartado pronto del sexo femenino. Tiene perfectamente clara la anormalidad de su situación sexual; es consciente de su inclinación hacia el sexo masculino, pero solamente reconoce avergonzado experimentar un delicioso sentimiento de amistad hacia ciertas personas masculinas, sin que esto vaya acompañado de un sentimiento sensual. No es que abomine del sexo femenino, podría incluso decidirse a casarse con una mujer que le atrajera por compartir sus sentimientos artísticos… siempre y cuando se le eximiera del débito conyugal, que le resultaría desagradable y cuyo cumplimiento le dejaría débil y agotado. El paciente niega haber mantenido relaciones sexuales con hombres, pero su rubor y su azoramiento y, sobre todo, un incidente en N., donde intentó hace poco mantener relaciones sexuales con jóvenes en un hotel con el consiguiente escándalo, delatan su mentira.

También la apariencia externa, la actitud, la constitución física, los gestos, las maneras y la forma de vestir resultan llamativos y recuerdan decididamente los modos y comportamientos femeninos. Si bien el paciente posee una estatura por encima de la media, el tórax y la pelvis presentan una constitución claramente femenina. Tiene abundante grasa corporal, la piel está cuidada, es suave, blanda. La impresión de mujer vestida de hombre se ve reforzada por el escaso vello facial, que además lleva afeitado, con la excepción de un pequeño bigote; a esto se le unen el contoneo en los andares, la timidez y amaneramiento de su persona, el afeminamiento de sus rasgos, la expresión neuropática de los ojos, como si flotaran, los restos de polvos y pintura por la cara, el dandismo de su ropa, con un sobretodo que se abulta en la parte superior como si tuviera pechos, el afeminado pañuelo con flecos que se pone al cuello y el pelo apartado de la frente, cepillado y alisado para que caiga sobre las sienes.

La exploración física pone de manifiesto la consitución claramente femenina del cuerpo. Si bien los genitales externos están bien desarrollados, el testículo derecho se halla retenido en el canal inguinal, la vellosidad del mons veneris es escasa y este presenta una inusitada acumulación de grasa, además de resultar prominente. La voz es aguda, carente de timbre masculino.

También las ocupaciones e ideas de von H. son decididamente femeninas. Tiene su boudoir, su tocador bien surtido, donde donde se pasa horas y horas perdiendo el tiempo con todos los artificios de belleza habidos y por haber; huye de la caza, de los ejercicios con armas y de otras ocupaciones masculinas por el estilo, dice de sí mismo ser un hombre de ingenio, goza hablando de sus pinturas y de sus experimentos poéticos; se interesa por trabajos femeninos como el bordado y los practica además, y afirma que su máxima felicidad consistiría en poder pasar la vida rodeado de un círculo de hombres y mujeres entendidos en arte y de delicado sentido estético cultivando la conversación, la música, la estética, etc. Su conversación gira preferentemente en torno a asuntos femeninos: modas, labores femeninas, cocina, cuestiones domésticas.

El paciente se encuentra bien nutrido aunque algo anémico. Es de constitución neuropática y presenta síntomas de neurastenia, que se ven reforzados por un estilo de vida inadecuado, exceso de tiempo en la cama, en el dormitorio, enervación…

Se queja de dolores y presión de cabeza pasajeros, así como de frecuentes estreñimientos; es asustadizo, se ve aquejado de cuando en cuando de fatiga, cansancio, dolores en las extremidades que se propagan siguiendo los nervios lumboabdominales, se siente cansado, agotado después de las poluciones y, regularmente, después de comer, tiene sensibilidad a la presión en proc. spinosi de la vértebra dorsal, así como al tacto de los nervios accesibles. Siente simpatías y antipatías caprichosas por determinadas personas, cuando se encuentra a gente que le resulta antipática, cae en un peculiar estado en el que se mezclan el miedo y la confusión. Sus poluciones, aunque ahora solo se presentan de tarde en tarde, son patológicas, en cuanto que se aparecen también por el día y en ausencia de toda excitación libidinosa.

 

Informe

 

1. El señor von H. posee, según todo lo observado y referido una personalidad defectuosa y psíquicamente anormal, y esto es así desde su origen. Uno de los síntomas de esta constitución anormal psíquico-física es su sentimiento sexual contrario.

2. Para este estado, en tanto que congénito, no hay curación posible.

Presenta una organización defectuosa de los centros psíquicos superiores que le incapacita para llevar una vida independiente y lograr una colocación con la que asegurar su existencia. Su sentimiento sexual perverso le impide un funcionamiento sexual normal, con todas las consecuencias sociales de una anomalía de este tipo y con el peligro de una satisfacción de deseos perversos resultantes de su organización anormal, lo que, a su vez, hace temer conflictos sociales y jurídicos. La inquietud, no obstante, no ha de ser excesiva, dado que el (perverso) impulso sexual del enfermo es escaso.

3. El señor von H. no es irresponsable de sus acciones en el sentido legal del término y no resulta apto para el internamiento en un manicomio (ni lo necesita).

Puede —aunque es un niño grande e incapaz de manejarse por sí mismo— vivir en sociedad bajo la vigilancia y dirección de personas psíquicamente normales. Puede también hasta cierto punto respetar las leyes y normas de la sociedad civil y orientar su conducta de acuerdo con ellas, pero conviene destacar por lo que respecta a posibles aberraciones y conflictos sexuales con implicaciones penales que su sentimiento sexual tiene un carácter anormal como consecuencia de condiciones morbosas de índole orgánica y que, llegado el caso, esta circunstancia se habría de tomar también en consideración.

Dada su notoria incapacidad para llevar una vida independiente, no puede emanciparse de la autoridad paterna o de un tutor, pues de lo contrario causaría su propia ruina financiera.

4. El señor von H. también presenta afecciones físicas. Tiene síntomas de una ligera anemia y de neurasthenia spinalis.

Se presenta como imprescindible una reglamentación sensata de su vida, un tratamiento médico tonificante, a ser posible de tipo hidroterapéutico. La sospecha de un origen de sus males en la masturbación precoz es insoslayable y resulta plausible la presencia de una espermatorrea etiológica y terapéuticamente significativa. (Observación propia. Zeitschrift für Psychiatrie).

Caso 157: effeminatio

Un caso curioso de sentimiento sexual contrario lo representa un funcionario de mediana edad que desde hace varios años es un dichoso padre de familia y está casado con una buena mujer.

Debido a la indiscreción de una prostituta, un buen día se produjo el siguiente escándalo. X. se presentaba cada ocho días más o menos en el lupanar, se disfrazaba allí de mujer sin que faltara el detalle de una peluca femenina. Una vez arreglado, se echaba en la cama y se hacía masturbar por la prostituta, aunque lo prefería con mucho si podía convencer a tal efecto a una persona masculina (el criado del lupanar). El padre de este hombre presentaba taras hereditarias, había enloquecido varias veces y padecía hiperestesia y parestesia.

Caso 155: effeminatio

B., camarero, 42 años, soltero, me fue remitido por su médico de cabecera, del que estaba enamorado, como afectado por sentimiento sexual contrario. B. proporcionó de buen grado y de manera decente información sobre su vita anteacta y, sobre todo, sexualis, con satisfacción por recibir al fin una información autorizada sobre su situación sexual, que desde siempre le había parecido morbosa.

B. carece de datos sobre sus abuelos. El padre fue un hombre colérico y excitable, potator, y siempre tuvo un gran apetito sexual. Después de engendrar 24 hijos con la misma mujer, se divorció y todavía dejó embarazada tres veces a su ama de llaves. La madre era sana.

De los 24 hermanos solo quedan seis con vida, varios de ellos enfermos de los nervios, pero no sexualmente anormales, con excepción de una hermana que siempre ha tenido obsesión por los hombres.

B. asegura haber sido enfermizo desde la infancia. Su vida sexual se despertó ya con ocho años. Se masturbaba y tuvo la idea de penem aliorum puerorum in os arrigere, cosa que le producía un gran placer. Con 12 años empezó a enamorarse de hombres, sobre todo de los que se encontraban en la treintena y llevaban bigote. Ya entonces se encontraba muy desarrollado su apetito sexual y tenía erecciones y poluciones. Empezó a partir de entonces a masturbarse a diario pensando en algún hombre amado. Pero su mayor afán consistía en penem viri in os arrigere. Al hacer esto tenía eyaculaciones acompañadas del máximo placer. Hasta el momento, solo habrá experimentado este placer en una docena de ocasiones. Nunca ha sentido repugnancia ante el pene de los demás cuando se trataba de hombres que le resultaban simpáticos, al contrario. Nunca ha aceptado las proposiciones de sexo anal, que le resulta extremadamente repulsivo tanto en forma activa como pasiva. Durante los actos sexuales perversos siempre se ha visto a sí mismo en un papel femenino. Sus enamoramientos de hombres que le resultaban simpáticos eran desmedidos. Hubiera hecho cualquier cosa por sus amados. Temblaba de excitación y deseo solo con verlos.

Con 19 años los compañeros le inducían a menudo a acompañarlos al lupanar. Nunca disfrutó con el coito y solo experimentaba satisfacción en el momento de la eyaculación. Para lograr una erección con una mujer siempre tenía que imaginarse durante el acto a un hombre amado. Hubiera preferido que la mujer consintiera en immissio penis in os, pero esto nunca se le permitió. Practicaba el coito “faute de mieux”, llegando incluso a tener dos hijos. La segunda criatura, una niña de ocho años, empieza ya a practicar la masturbación y el onanismo mutuo, cosa que le aflige enormemente como padre. ¿No habría alguna manera de evitarlo?

El paciente asegura haberse sentido siempre en un papel femenino respecto de los hombres (lo que incluye las relaciones sexuales). Siempre ha pensado que su perversión sexual surgió porque su padre, cuando le estaba engendrando, quería engendrar una niña. Sus hermanos siempre se metían con él por sus maneras femeninas. Barrer y fregar siempre han sido ocupaciones que le han resultado agradables. Siempre le han alabado mucho su habilidad para ello y le han dicho que lo hacía mejor que muchas chicas. Siempre que podía se disfrazaba de chica. En carnaval se presentaba en los bailes disfrazado de mujer. El coqueteo en esas ocasiones se le daba de maravilla porque su naturaleza es femenina.

Nunca le ha apetecido demasiado fumar, beber y las ocupaciones y aficiones masculinas; en cambio, le encanta coser y de niño se ganó muchas reprimendas porque andaba siempre jugando con muñecas. En el circo o el teatro eran los hombres su objeto exclusivo de interés. A menudo era incapaz de resistir el impulso de andar merodeando por los urinarios para ver genitales masculinos.

Nunca ha encontrado gusto en los encantos femeninos. Solo lograba consumar el coito si pensaba en un hombre amado. Las poluciones nocturnas se desencadenaban siempre con situaciones oníricas lascivas que implicaban a hombres.

A pesar de sus amplios excesos sexuales, B. nunca ha sufrido neurasthenia sexualis y no presenta en absoluto síntomas de neurastenia.

En la exploración se revela delicado, con barba y bigote ralos que no le brotaron hasta los 28 años. Su exterior no presenta nada que dé muestras de una naturaleza femenina, con excepción de un cierto balanceo al andar. Afirma haber sufrido frecuentes burlas por sus andares femeninos. Su comportamiento es extremadamente decente. Los genitales son grandes, bien desarrollados, perfectamente normales, muy velludos, la pelvis es masculina. El cráneo es raquítico, ligeramente hidrocefálico, con parietales abombados. La región craneofacial es llamativamente pequeña. El sujeto afirma ser fácilmente irritable, de tendencia irascible.

Caso 154: effeminatio

Señor C., 28 años, persona privada, desciende de un padre neuropático y una madre muy nerviosa. Un hermano de la madre padeció paranoia, otro de ellos presenta degeneración psíquica. Los tres hermanos pequeños de C. son perfectamente normales.

C. está afectado de neuropatía, tiene un ligero tic convulsivo. Se ha sentido atraído por individuos masculinos desde que es capaz de recordar. Al principio era solamente entusiasmo por compañeros de clase. Al llegar a la pubertad, empezó a enamorarse de profesores y huéspedes de la casa de sus padres; practicaba además masturbatio mutua con compañeros de colegio. Se sentía en un papel femenino. Sus sueños con poluciones giraban en torno a personas masculinas. C. tenía talento para la música, la poesía, empezó pronto a interesarse por el teatro. No estaba en modo alguno dotado para los campos científicos, en especial para las matemáticas, y le costó terminar el instituto.

Considera que en su alma es mujer, afirma haber jugado de niño exclusivamente con muñecas y haberse interesado después tan solo por historias femeninas, así como haber sentido aversión por los trabajos masculinos. Prefería la compañía de muchachas porque le resultaban simpáticas y compartían sus sentimientos, mientras que en compañía de hombres era tímido, retraído como una doncella. El tabaco y los licores le repugnaban. Hubiera preferido cocinar, hacer punto y bordar. Nunca fue libidinoso. Ya de adulto, raramente ha mantenido relaciones sexuales con hombres. Su ideal sería mantener tales relaciones situándose en un papel femenino. Siente horror ante el coitus cum muliere. Desde que leyó la Psychopathia sexualis, empezó a sentir terror de sí mismo, así como de alguna posible condena judicial, y logró abstenerse de las relaciones sexuales con hombres. Esta abstinencia le provocó poluciones masivas y neurastenia. Buscó por ello ayuda médica.

C. tiene barba poblada, no hay en él nada que se aparte del tipo viril quitando unos rasgos delicados y una piel llamativamente fina. Los genitales son normales excepto por la falta de descensus de un testículo. Su comportamiento en la calle, su manera de andar y su actitud no presentan nada de llamativo, a pesar de lo cual sufre la fobia de que la gente percibe su constitución sexual anormal. Es por ello retraído. Cuando se habla de indelicadezas se ruboriza como una muchacha. En cierta ocasión en que alguien habló del sentimiento sexual contrario, cayó desmayado. Cuando oye música le entran sudores. Cuando se le trata más de cerca, presenta un alma femenina, una timidez de muchacha y se muestra dependiente. El nerviosismo, el tic convulsivo y las múltiples afecciones neurasténicas delatan a una persona con una probable propensión constitucional a la neuropatía.

Caso 153: effeminatio

Señor E., 31 años, hijo de un potator strenuus. No se encuentran por lo demás taras en la familia. E. creció solitario en un pueblo. Ya con seis años se sentía feliz estando junto a hombres barbudos. A partir de los 11 años se ruborizaba cuando coincidía con hombres hermosos y no se atrevía a mirarlos. En compañía femenina se hallaba desinhibido. Hasta los siete años llevó ropa de chica. Se sintió muy desdichado cuando tuvo que desprenderse de ella. Lo que más le gustaba era ayudar en la cocina y en la casa.

Los años de colegio transcurrieron tranquilos. De vez en cuando, E. sentía un interés profundo pero no duradero por algún compañero.

Por la noche soñaba cada vez más con hombres con trajes azules y bigote.

Ya de mayor entró en una asociación deportiva para relacionarse con hombres, motivo por el que también iba a los bailes: no por las muchachas, que le eran perfectamente indiferentes, sino por los bailarines, imaginándose a sí mismo cogido del brazo de alguno de ellos. Pero siempre se sentía solitario, insatisfecho y poco a poco se fue dando cuenta de que no estaba hecho como los otros chicos. Todo su afán consistía en encontrar a un hombre que pudiera quererle.

Con 17 años, un hombre le indujo a la masturbación mutua. La reacción en su conciencia fue un placer estremecedor, miedo y vergüenza. Se dio cuenta entonces de la anormalidad de su sentimiento sexual, se deprimió al principio, llegó a estar una vez incluso cerca del suicidio, pero luego se adaptó a su nueva situación, deseaba a los hombres, pero con su timidez de muchacha fue incapaz durante años de entablar relaciones con ellos, se masturbaba “faute de mieux”, pero no con frecuencia porque no era especialmente libidinoso. Le resultaba extremadamente penoso cuando las muchachas trataban de lograr su favor, cosa que sucedía con frecuencia.

Con 26 años E. llegó a una gran ciudad y a partir de entonces se presentaron sobradas oportunidades para las relaciones homosexuales. Vive desde hace algún tiempo con un hombre de su misma edad compartiendo hogar como marido y mujer. Se siente feliz así y se ve en un papel femenino. Su satisfacción sexual consiste en masturbación mutua y coitus inter femora.

E. es un trabajador muy apreciado y valorado, es perfectamente viril en su comportamiento y carácter, tiene genitales normales, sin signos de degeneración.

Me proporcionó pruebas de que su hermano pequeño, que huye de las mujeres y se queja de que externamente es un hombre pero en realidad no lo es, también es de sensibilidad homosexual.

Llama la atención también que dos hermanas de E. que murieron jóvenes, evitaban a los hombres jóvenes, no entraban en la cocina y andaban siempre, en cambio, en la cuadra y cada vez que podían hacían trabajos de hombre, para los que demostraron una especial habilidad.

Caso 152: homosexualidad o uranismo

Una tarde de verano, ya al anochecer, X. Y., Dr. med., fue sorprendido por un vigilante en una ciudad del norte de Alemania mientras practicaba actos deshonestos en un camino rural con un vagabundo al que masturbó y a continuación mentulam ejus in os suum immisit. X. evitó una persecución judicial dándose a la fuga. La fiscalía se desentendió de la denuncia porque no se había producido escándalo público y tampoco immissio membri in anum. Se halló en posesión de X. una amplia correspondencia uranista que permitió demostrar que se venían manteniendo desde hacía años intensas relaciones uranistas que abarcaban todas las capas sociales.

X. procede de una familia con taras. El padre de su padre puso fin a su vida al suicidarse en estado de locura. El padre fue un hombre débil y raro. Un hermano del paciente se masturbaba ya con dos años. Un primo fue de sexualidad contraria, cometió ya de joven los mismos actos indecentes que X., se vio aquejado de debilidad psíquica y murió como consecuencia de una enfermedad de la médula espinal. Un tío abuelo por parte de padre era hermafrodita. La hermana de la madre estaba loca. A la madre se la tenía por sana. El hermano de X. es nervioso e irascible.

X. mismo fue también un niño nervioso. El maullido de un gato le atemorizaba y bastaba con que alguien imitara el sonido de un gato para que se echara a llorar desconsoladamente y se abrazara muerto de miedo a lo primero que encontrara.

Enfermedades menores le producían fiebres intensas. Era un niño callado y soñador, con una viva fantasía, pero escasas dotes psíquicas. No practicaba los juegos de chicos. Le encantaban las ocupaciones femeninas. Encontraba un especial placer en peinar a la criada o incluso al hermano.

Con 13 años ingresó en un instituto. Allí practicaba la masturbación mutua, seducía a los compañeros y se hizo insoportable con su comportamiento cínico, por lo que hubo que mandarle a casa. Ya por aquel entonces cayeron en manos de sus padres cartas de amor de sexualidad contraria y contenido extremadamente lascivo. A partir de los 17 años estudió bajo la estricta disciplina de un profesor de instituto. Su progreso en los estudios fue pobre. Solo estaba dotado para la música. Tras terminar el instituto, con 19 años, el paciente entró en la universidad. Allí destacó por su naturaleza cínica y por codearse con gente joven sobre la que circulaba todo tipo de rumores respectivos al amor entre hombres. Empezó a arreglarse, le gustaban las corbatas llamativas, llevaba camisas escotadas, calzaba a duras penas sus pies con botas ajustadas y se peinaba de forma llamativa. Esta tendencia desapareció cuando terminó la universidad y regresó a casa.

Con 24 años pasó una temporada de fuerte neurastenia. Desde entonces hasta los 29 años parecía una persona seria y se mostraba diligente en el trabajo, pero evitaba la compañía del bello sexo y andaba siempre con hombres de dudosa reputación.

El paciente no consintió en una exploración personal. La rechazó por escrito con la excusa de que la consideraba inútil porque el deseo por el propio sexo estaba presente en él desde la niñez y era congénito. Siempre había sentido horror feminae, nunca había logrado forzarse a sí mismo a disfrutar los encantos de una mujer. Respecto del hombre se siente en un papel masculino. Reconoce que su deseo por el propio sexo es anormal, disculpa sus desmanes sexuales con su morbosa constitución natural.

Desde que huyó de Alemania, X. vive en el sur de Italia y, según se desprende de una de sus cartas, se mantiene fiel al amor uranista. X. es un hombre serio y apuesto, de rasgos perfectamente masculinos, barba poblada, genitales desarrollados normalmente. X. puso recientemente a mi disposición su autobiografía, de la cual merece recogerse aquí lo siguiente: cuando entré con 7 años en una escuela privada me sentí muy a disgusto y encontré poca aceptación por parte de mis compañeros. Solo me sentía atraído por uno de ellos, que era un niño muy guapo al que amaba casi apasionadamente. En nuestros juegos de niños siempre me las apañaba para poder presentarme vestido de chica y mi mayor placer consistía en hacerles peinados muy complicados a nuestras criadas. A menudo lamentaba no ser una chica.

Mi impulso sexual se despertó con 13 años y se orientó desde el mismo instante de su aparición hacia los hombres jóvenes y fuertes. Al principio no tenía ni idea de que esto era anormal; tuve conciencia de ello por primera vez cuando vi y oí cómo eran los chicos de mi edad en cuestiones sexuales. Empecé a masturbarme con 13 años. Con 17 salí de casa de mis padres para ir al instituto en la capital, donde estuve alojado como pensionista en casa de un profesor de instituto casado, con cuyo hijo mantuve relaciones sexuales a partir de entonces. Fue la primera vez que experimenté satisfacción sexual. Después conocí allí a un joven artista que enseguida se dio cuenta de mi constitución anormal y que me confesó que lo mismo le ocurría a él. Supe por él que esta anomalía era muy frecuente y esta noticia disipó la idea de que yo era el único anormal, que era algo que a menudo me apesadumbraba. Este joven tenía un amplio círculo de conocidos que eran como él y en el que me introdujo. Allí me convertí en objeto de atención generalizada porque, según afirmaban todos, yo era físicamente muy prometedor. Pronto empezó a idolatrarme un señor mayor, pero yo no le encontraba de mi gusto y solo le hice caso durante un corto tiempo, hasta que un oficial joven y hermoso cayó rendido a mis pies y yo empecé a corresponderle. Este fue mi primer amor verdadero.

Tras pasar con 19 años el examen de madurez, y una vez liberado de las obligaciones del instituto, conocí a mucha gente que era como yo o parecida, entre ellos a Karl Ulrichs (Numa Numantius).

Más tarde, cuando empecé a estudiar medicina y a relacionarme con muchos jóvenes normales, me encontré a menudo en la situación de tener que aceptar propuestas de ir de prostitutas. Tras quedar en evidencia con diversas mujeres, algunas de ellas muy hermosas, empezó a extenderse entre mis amigos la opinión de que era impotente y yo di pábulo a ese rumor con historias inventadas de anteriores y exageradas proezas con mujeres. Yo me relacionaba por aquel entonces con mucha gente de otros sitios que alababan de tal forma en sus círculos la disposición de mi cuerpo que me gané fama de gran belleza en lugares muy lejanos. La consecuencia fue que cada dos por tres se presentaba alguien aquí y recibía tal cantidad de cartas de amor que a menudo me veía en apuros. La situación culminó cuando más tarde, llevando un año de médico, estuve viviendo en un hospital militar. Aquello era como si hubiera llegado una celebridad y las escenas de celos que se desarrollaron por mi causa a punto estuvieron de hacer que se descubriera todo. Poco después sufrí una inflamación de la articulación del húmero de la que tardé tres meses en recuperarme. En el transcurso de esta, me tuvieron que poner todos los días varias inyecciones subcutáneas de morfina que después me retiraron de pronto, pero que yo continué a escondidas una vez curado. Antes de abrir mi propia consulta pasé varios meses en Viena para hacer unos estudios de especialización. Allí conseguí entrar gracias a algunas recomendaciones en diferentes círculos de personas como yo. Constaté entonces que la anomalía en cuestión se halla extendida por igual y en toda la amplitud de su gama lo mismo entre las clases inferiores que entre las superiores, y que aquellos que lo tienen por oficio y a los que se puede acceder por dinero, no escasean tampoco entre las clases altas.

Cuando me establecí como médico en el campo, tenía la esperanza de librarme de la morfina mediante la cocaína y me volví cocainómano, de lo que por fin conseguí librarme (hace un año y 3/4) después de recaer en tres ocasiones. En mi posición me resultaba imposible conseguir satisfacción sexual y me alegré al descubrir que una de las consecuencias del consumo de cocaína es la desaparición del deseo. Cuando conseguí por primera vez dejar la cocaína bajo los enérgicos cuidados de mi tía, me fui varias semanas de viaje para recuperarme. Los perversos deseos habían vuelto a despertar con toda su intensidad, y unos días después de haberme estado divirtiendo una tarde con un hombre en las afueras de la ciudad, el fiscal me comunicó que me habían visto y que tenía una denuncia, pero que la acción que se me imputaba no estaba penada según una decisión del tribunal superior del Imperio Alemán. Me advertía, eso sí, que tuviera cuidado, porque la noticia del caso ya se había propagado en amplios círculos. Después de este acontecimiento me vi obligado a marcharme de Alemania y buscar una nueva patria donde ni la ley ni la opinión pública se opusiesen a lo que, como probablemente ocurre con todos los impulsos anormales, la voluntad era incapaz de reprimir. Como siempre tuve claro que mis inclinaciones entraban en conflicto con los puntos de vista sociales, intenté repetidamente dominarlas, pero solo conseguí que se intensificaran y personas conocidas me han contado que ellos han tenido la misma experiencia. Como solo me sentía atraído por individuos fuertes, jóvenes y completamente masculinos, pero estos raramente se mostraban predispuestos a complacer mis deseos, no me quedaba más remedio que recurrir al dinero. Dado que mis deseos se limitan a personas de clase baja, siempre encontraba a alguien que se dejara comprar. Espero que las revelaciones siguientes no despierten su indignación, al principio pensé en omitirlas, pero tengo que incluirlas aquí para que el relato esté completo, pues podrían servir para enriquecer la casuística. Yo siento la necesidad de consumar el acto sexual como sigue:

Pene iuvenis in os recepto, ita ut commovendo ore meo effecerim, ut is quem cupio, semen eiaculaverit, sperma in perinaeum exspuo, femora comprimi jubeo et penem meum adversus et intra femora compressa immitto. Dum haec fiunt, necesse est, ut iuvenis me, quantum potest, amplectatur. Quae prius me fecisse narravi, eandem mihi afferunt voluptatem, acsi ipse ejaculo. Ejaculationem pene in anum immittendo vel manu terendo assequi, mihi nequaqum amoenum est.

Sed inveni, qui penem meum receperint atque ea facientes quae supra exposui, effecerint, ut libidines meae plane sint saturatae.

Por lo que respecta a mi persona, debo mencionar lo siguiente: mido 186 cm, tengo un aspecto completamente masculino y, quitando una anormal sensibilidad de la piel, estoy sano. Tengo un cabello poblado y rubio, y lo mismo se puede decir de la barba. Mis órganos sexuales son de tamaño medio y de constitución normal. Soy capaz de consumar el acto sexual descrito entre cuatro y seis veces en un periodo de 24 horas sin sentir cansancio. Llevo una vida bastante ordenada. El alcohol y el tabaco los consumo con mucha moderación. Toco bastante bien el piano y algunas composiciones menores que he hecho han tenido bastante éxito. Hace poco he terminado una novela, que ha tenido buena acogida en mis círculos para tratarse de una primera obra. Esta tiene por tema diversos problemas de la vida de las personas de sexualidad contraria.

Dada la gran cantidad de compañeros de desdicha que me son personalmente conocidos, he tenido, naturalmente, oportunidad de observar los diferentes tipos de anormalidades. Quizás le sirvan a usted de algo las informaciones siguientes.

La mayor anormalidad que he conocido es la costumbre de un caballero de los alrededores de Berlín. Is iuvenes sordidos pedes habentes aliis praefert, pedes eorum quasi furibundus lambit. De forma muy parecida se comporta un señor de Leipzig qui linguam in anum coeno iniquatum, quod ei gratissimum est, immittere narratur. En París hay un señor que obligó a un amigo mío ut in os ei mingat. Según me cuentan, parece ser que hay algunos que al ver botas de montar y uniformes militares entran en un estado de éxtasis tal que sufren emisiones espontáneas de semen.

Hay dos personajes en Viena que constituyen un ejemplo de hasta qué punto algunos se sienten mujeres, cosa que a mí no me sucede. Se han puesto nombre de mujer; una es un peluquero que se llama a sí mismo “Laura la francesa”, la otra es un antiguo carnicero que se llama “Fanny la ahumadora”. Estos no dejan pasar oportunidad en los carnavales de ponerse unos disfraces femeninos de lo más exagerados. En Hamburgo existe un personaje que algunos creeen que es una mujer, porque siempre anda por casa vestida de mujer y solo sale de casa de vez en cuando y vestida de esta misma forma. Este señor quiso incluso hacer de madrina en un bautizo y provocó con ello un gran escándalo.

Estos individuos suelen presentar todos los defectos femeninos, les encanta cotorrear, son informales y débiles de carácter.

Sé de varios casos de orientación sexual perversa que presentan epilepsia y psicosis; llama la atención lo frecuentes que son las hernias. A mi consulta han acudido, por recomendación de amigos, varias personas con enfermedades del ano. He visto dos chancros sifilíticos y uno local, así como varias fisuras y en estos momentos estoy tratando a un caballero con unos condilomas puntiagudos junto al ano que forman un tumor como una especie de coliflor y casi del tamaño de un puño. En Viena vi un caso de afección primaria del paladar blando en un joven que acudía a bailes de disfraces vestido de mujer y se llevaba a un aparte a hombres jóvenes. Decía luego que tenía la regla y conseguía así que los otros se sirvieran de su boca. Parece ser que de esta forma llegó a conseguir atraer a 14 hombres en una sola noche. Como en ninguna de las publicaciones sobre sexualidad contraria que han caído en mis manos he encontrado nada sobre la forma en que se relacionan estas personas entre sí, me gustaría contarle algo al respecto.

En cuanto las personas de sexualidad contraria traban conocimiento, tiene lugar una pormenorizada discusión de sus anteriores experiencias, amores y conquistas, siempre que las diferencias sociales no impidan tal conversación. Es raro que deje de producirse esta conversación entre quienes acaban de conocerse. Las personas de sexualidad contraria se llaman entre sí “tías”; en Viena, “hermanas”, y dos prostitutas vienesas de aspecto muy masculino a las que conocí por casualidad y que mantenían una relación sexual contraria entre ellas me contaron que la denominación equivalente entre mujeres es “tío”. Desde que tengo conciencia de mi deseo anormal, he entrado en contacto con más de mil personas como yo. Casi todas las ciudades grandes tienen algún lugar de reunión, así como una “carrera”. En las ciudades pequeñas se encuentran relativamente pocas “tías”, aunque una vez encontré ocho en un pueblo de 2300 habitantes y 18 en uno de 7000 (estos, de los que tuviera certeza, y sin contar aquellos de los que sospechaba). En mi ciudad natal, que tiene unos 30 000 habitantes, conozco personalmente a unas 120 “tías”. La mayoría tienen la capacidad de discernir inmediatamente si un tercero es como ellos (capacidad que yo, sobre todo, poseo en grado extremo) o, como se dice en el “lenguaje de las tías”, si es “sensato” o “insensato”. Quienes me conocen se quedan muchas veces sorprendidos del buen ojo que tengo. He reconocido como “tías” nada más verlos a individuos que parecían de organización totalmente masculina. Por otra parte, poseo la capacidad de comportarme de manera tan masculina que en círculos en los que se me admitió a través de conocidos llegaron a dudar de mi “autenticidad”. Cuando quiero, me puede comportar totalmente como una mujer.

La mayoría de las “tías” (incluyéndome a mí) no ven en absoluto su anomalía como una desgracia, sino que lamentarían que se alterase su estado. Como además, en mi opinión y en la de todos los demás, no hay forma de cambiar este estado innato, tenemos puesta toda nuestra esperanza en una reforma de los artículos correpondientes del código penal, de modo que solo se consideren punibles la violación o el escándalo público, siempre que estos se puedan constatar.

Caso 151: homosexualidad o uranismo

Señor N., 41 años, soltero, desciende de un matrimonio entre parientes. Al parecer los padres eran psíquicamente normales, un hermano del padre estuvo en el manicomio. Según parece, los hermanos de N. son hipersexuales pero heterosexuales. Ya con 9 años N. se sentía sensualmente atraído por compañeros. Con 15 años empezó a practicar la masturbación mutua, más tarde también coitus inter femora.

Con 16 años empezó una relación amorosa con un joven. Su amor se desarrolló hacia su propio sexo de la misma manera en que lo encontraba retratado entre un hombre y una mujer en las novelas.

Solo le atraían los hombres jóvenes y bellos de entre 20 y 24 años aproximadamente. Sus sueños eróticos eran exclusivamente homosexuales. Se sentía en ellos en un papel femenino, y lo mismo en las relaciones con hombres.

Asegura haber tenido un alma más bien femenina desde la infancia. No se interesaba por los juegos de chicos, sino por la cocina y los trabajos femeninos. Más tarde tampoco le atraían los deportes masculinos, no le gustaba fumar ni beber. En su ajetreada vida ha tenido un episodio como cocinero en un país de ultramar en el que su desempeño fue totalmente satisfactorio. Perdió el puesto al iniciar una relación amorosa con el hijo del jefe.

Con 22 años se dio cuenta de que se movía por terrenos sexualmente anormales. Esto le intranquilizó, intentó modificar sus sentimientos obligándose a frecuentar los prostíbulos, pero solo sintió repungnacia con ello y no consiguió ni una sola erección. Un buen día cometió un intento de suicidio, desesperado ante su situación y por el descubrimiento de su vergüenza por parte de su familia. Una vez curado de sus heridas, se marchó a tierras extranjeras, se siguió sintiendo muy desdichado, enemigo de sí mismo y rechazado por su familia. Solo le quedaba la esperanza de que con los años su inclinación por los hombres le abandonara.

Solicitó ayuda contra su sentimiento sexual contrario por su “honor y tranquilidad”. Los caracteres sexuales secundarios físicos de este desdichado son perfectamente viriles. Genitales normales.

N. anda dándole vueltas a la idea de ingresar en un convento o hacerse castrar. Se le aconseja un tratamiento sugestivo.

Caso 150: homosexualidad o uranismo

Señor P., 37 años, desciende de una madre muy nerviosa y aquejada de migraña constitucional. Él mismo ha sufrido de niño de hysteria gravis, desde siempre se ha sentido atraído exclusivamente por jóvenes hermosos y se ha excitado mucho con la contemplación de sus genitales. Poco después de la llegada de la pubertad comenzó a practicar la masturbación mutua con hombres. Solo le atraen los de 25 a 30 años aproximadamente. Se siente en un papel femenino en el acto homosexual, asegura que ama de manera femenina, con toda la pasión de su alma, que solo mantiene la pose de hombre como un actor. Ya de niño sufrió burlas por sus gestos y actitudes femeninos. Las muchachas nunca le impresionaron. Se casó sin inclinación hace unos años creyendo poder sanear su vita sexualis. Se obligó al coito cum uxore, fue incluso potente imaginándose a un joven en lugar de su mujer y engendró un hijo. Sin embargo, poco a poco se fue volviendo neurasténico, su fantasía fue perdiendo fuerza y, con ella, su potencia. Desde hace dos años evita el coitus maritalis, ha retomado las relaciones homosexuales y se le descubrió recientemente en un lugar público inter masturbationem mutuam con un joven.

Él se disculpa diciendo que la larga abstinencia le había vuelto altamente libidinoso, que la visión de los genitales de un hombre le había puesto en un estado de ánimo “como borracho” y que sufría en aquel momento una especie de ofuscación de los sentidos.

No presentaba amnesia para este periodo.

Pena menor de privación de libertad.

Personalidad perfectamente viril y decente. Genitales normales.

Caso 148: homosexualidad o uranismo

T., 34 años, vendedor, desciende de madre neuropática y enfermiza y de padre sano.

Con 9 años un compañero de clase le indujo a la masturbación. A partir de entonces la practicó mutuamente con su hermano, con el que dormía en la misma cama, llegando incluso a receptio membri in os. Siendo todavía un niño llegó a ocurrirle en una ocasión quod lambit locum quo prius miles urinaverat (!). Con 14 años primer amor por un compañero de colegio de 10 años.

A partir de los 17 años ya no era la belleza juvenil lo que le impresionaba sino, extrañamente, los viejos decrépitos.

T. atribuye esto al hecho de que en cierta ocasión, siendo de noche oyó en la habitación de al lado a su padre, ya de edad avanzada, jadear con lujuria. Sintió con esto una enorme excitación sensual, pues se imaginó a su padre practicando el coito. A partir de entonces desempeñaron un papel destacado en sus sueños con poluciones y al masturbarse viejos que practicaban actos homosexuales. Pero también durante el día le excitaba hasta tal punto la visión de un viejo, sobre todo si este era verdaderamente decrépito y sucio, que a veces llegaba incluso a la eyaculación.

Con 23 años intentó repetidamente corregir su vita sexualis en el lupanar. A pesar de poner en ello una determinada voluntad, no logró llegar a la erección y se abstuvo de seguir intentándolo porque se dio cuenta de que las mujeres, hasta la más bella, le eran indiferentes. Lo mismo valía para sus sentimientos respecto a los hombres jóvenes y a los muchachos.

A partir de los 29 años tuvo un profundo amor por un viejo, al que acompañó a diario durante años en sus paseos. Un acercamiento íntimo no era posible. T. eyaculaba a menudo durante estos paseos. Para escapar a esta deshonrosa situación, volvió a visitar el lupanar con el mismo éxito de antes. Se le ocurrió entonces la idea de pagar a un viejo decrépito para que le acompañara. Este tenía que practicar el coito en su cercanía. Entonces fue potente también él. El coito no le proporcionaba ningún placer, pero sí una gran satisfacción moral, sobre todo cuando dejó de necesitar al viejo. La alegría no duró mucho. T. sufrió una fuerte neurastenia sexual y general, se deprimió, rehuía a la gente, se volvió impotente y se dio al onanismo psíquico imaginándose a viejos en situaciones homosexuales.

Físicamente, T. no presentaba nada destacable, aparte de una acusada neurasthenia sexualis, y su presencia era perfectamente viril.