Caso 178: sadismo y masoquismo en un homosexual

Sadismo y masoquismo en un homosexual. Señor A., electrotécnico, 27 años, procedente de una boda entre parientes carnales, diversos familiares de los padres sufrían de fuertes neurosis y psicosis. El padre era una natura frigida.

A. es delicado, endeble desde la infancia. Su primera excitación sexual tuvo lugar con seis años, con motivo de la contemplación de una estatua masculina. Poco después empezó a sentirse poderosamente atraído por algunos compañeros de clase. Le excitaba libidinosamente que un chico o el maestro le azotaran o tocaran ad podicem. Sabía ingeniárselas para obtener este placer frecuentemente. Este era mayor aún cuando un compañero se le sentaba en el regazo.

Con 18 años tuvo durante una temporada una inflamación de la primera mamma y notó que le salía un líquido lechoso.

Con nueve años tuvo episódicamente el impulso de vestirse con ropa de chica y disfrutaba con el punto de cruz. Esto desapareció totalmente a partir de los 11 años. A partir de los 13 practicó el onanismo psíquico. Imaginaba durante esta práctica figuras masculinas simpáticas. Pronto aparecieron las poluciones. Estas iban acompañadas de sueños en los que era flagelado ad podicem por hombres. También en estado de vigilia tenían tales imágenes tintes libidinosos. Con el tiempo se despertaron también deseos de flagelación activa. A partir de los 17 años A. se volvió neurasténico. Empezó a notar que su vita sexualis era anormal y trató de combatir sus deseos sensuales anormales poniendo gran empeño en los estudios. Lo logró durante algún tiempo, también consiguió abstenerse de la masturbación.

Desde los 20 años en adelante se obligó a relacionarse sexualmente con personas femeninas. Le resultaban perfectamente indiferentes, pero el podex nudus feminae le hacía potente. Experimentaba sentimiento libidinoso, pero el acto le dejaba totalmente insatisfecho en lo espiritual. También le proporcionaba un cierto placer puellam ad podicem verberare. La puella nuda le excitaba para golpearla, pero no lograba decidirse a llevar a la práctica este impulso. La flagellatio pasiva por manus feminae nunca tuvo atractivo para él porque tenía la sensación de que no le podía proporcionar placer.

En cambio, la idea de la flagelación masculina activa o pasiva le excitaba siempre poderosamente, y lo mismo adspectus podicis viri, incluso el suyo propio en el espejo.

Si acaso leía en el periódico sobre castigos corporales, se excitaba enormemente. Lo mismo le ocurría con anuncios en los que se buscaban criados jóvenes y acompañantes para viajes. Su debilidad eran y siguieron siendo los hombres guapos, fuertes, no demasiado jóvenes. Sus fantasías oníricas y eróticas giraban exclusivamente en torno a la flagelación ad nates por hombres. Episódicamente se complacía también en ideas de flagelación activa. Hasta el momento ha conseguido evitar tanto lo uno como lo otro.

El paciente ha sufrido durante los últimos diez años de numerosos trastornos neurasténicos, probablemente ex abstinentia, pues se masturbaba cada vez menos. Si llevaba mucho tiempo sin eyacular, sus impulsos sexuales anormales se volvían intensísimos. Solo por ello frecuentaba el lupanar. Un día A. acudió a mí y me explicó que su perversión sexual le resultaba insoportable. Se repugnaba a sí mismo, no podía seguir viviendo así. Solo pedía que le libraran de sus abominables deseos. No quería casarse porque era incapaz de obligarse a engendrar a hijos tan desdichados como él.

A. está normalmente desarrollado, tiene abundante barba; quitando una neurastenia cerebroespinal moderada, no presenta nada de patológico. Es fácil hacerle caer en un estado de sopor, es muy sugestionable, recibe sugestiones contra el sentimiento sexual contrario, contra los impulsos sádicos y masoquistas, se libra pronto de todo ello y se marcha satisfecho a casa. Esta mejoría es poco duradera. A las pocas semanas, en unos baños, en parte por la visión de tanto hombre desnudo, sucumbió nuevamente al sentimiento sexual contrario. A. se dejó llevar por el arrebato de besar a un hombre y poco después, al presentársele la ocasión de un “petit jeux” en la capital, se produjo por primera vez el concubitus cum viro, durante el cual, con la mera appositio corporum, A. llegó a la eyaculación. Inconsolable tras este tropiezo, acudió nuevamente a mí. El único éxito del anterior tratamiento fue la desaparición duradera de los impulsos sádicos y masoquistas. Con unas cuantas nuevas sesiones se consiguió el éxito (probablemente solo temporal) de neutralizar sexualmente al paciente.