Tag: masoquismo simbólico

Caso 88: masoquismo femenino, homosexualidad

Señorita X., 26 años, con tara. Desde los 6 años de edad cunnilingus mutuus, desde entonces hasta los 17, deficiente occasione, masturbación solitaria. Desde entonces hasta ahora, cunnilingus con diversas amigas, en el cual unas veces fue activa y otras, pasiva, y siempre tuvo sensación de eyaculación. Desde hace años, también coprolagnia. Maxime delectata fuit lambendo anum feminarum amatarum, lambendo sanguinem menstrualem amicae. El mismo efecto tenían verbera amicae delectae nudae robustae ad nates. La idea de practicar coprolagnia in corpore viri le resultaba repugnante. La satisfacción mediante cunnilingus viri solo era posible si en su fantasía sustituía vir por femina. Coitus cum viro no la excitaba. Los sueños eróticos eran exclusivamente homosexuales y giraban alrededor del cunnilingus activo o pasivo. Inter osculationem mutuam maximam offert voluptatem morsus consortis, sobre todo en el lóbulo de la oreja, hasta llegar incluso al dolor y la hinchazón de esta parte del cuerpo.

X. tuvo desde siempre inclinaciones masculinas, le gustaba presentarse como hombre entre hombres. Ya con 10-15 años trabajaba en la fábrica de cerveza de un pariente y le gustaba hacerlo con pantalones y un delantal de cuero. Es inteligente, bondadosa, se siente perfectamente feliz con su perversa existencia homosexual. Fuma mucho, le gusta beber cerveza, tiene laringe femenina (Dr. Flatau), resulta llamativo el escaso desarrollo mamario. Sus manos y pies son grandes (Dr. Moll, intern. Zentralbl. f. Physiol. und Patol. der Harn- und Sexualorgane IV, 3).

[Psychopathia sexualis, caso 88]

Caso 66: masoquismo simbólico

X., 38 años, ingeniero, casado, padre de 3 hijos, aunque está felizmente casado, no es capaz de resistirse al impulso de acudir de vez en cuando a una prostituta instruida por él y representar la siguiente comedia masoquista como preliminar de un coito. En cuanto se halla en presencia de la puella, esta tiene que agarrarle por las orejas, arrastrarle por la habitación a base de tirones de oreja y regañarle: “¿Qué haces aquí? ¿No sabes que tienes que estar en el colegio? ¿Por qué no vas al colegio?”. Al mismo tiempo le abofetea y le golpea, hasta que él se pone de rodillas y pide perdón. A continuación ella le da una canastita con pan y fruta como se hace con los niños cuando se los manda al colegio, le levanta por las orejas y le vuelve a ordenar que vaya al colegio. X. vuelve a hacerse el rebelde hasta que, bajo el estímulo de los tirones de oreja, golpes y regañinas de la puella, llega al orgasmo. En ese momento grita: “Ya voy, ya voy” y consuma el coito. Es probable, aunque no está demostrado, que esta comedia masoquista tenga que ver con el hecho de que las primeras manifestaciones de excitación sexual se dieran en su época de escolar con motivo de estos castigos y que la libido se haya vinculado a ellos por asociación. Por lo demás se desconoce la vita sexualis de X. (Dr. Carrara, en Archivio di Psichiatria XIX. 4.).

[Psychopathia sexualis, caso 66]

Caso 65: masoquismo simbólico

(Dr. Pascal, ibid. [Igiene dell'amore, A.B]) En París un caballero acudía algunas tardes a una casa cuya dueña se prestaba a satisfacer su extraña inclinación. Se presentaba vestido de gala en el salón de esta dama, que tenía que recibirle vestida de baile y con expresión severa. Él la trataba de marquesa, ella tenía que recibirle diciendo “querido conde”. A continuación él hablaba del placer que le producía encontrarse a solas con ella, del amor que sentía por ella y de su idilio. A continuación la dama tenía que hacerse la ofendida. El pseudoconde se iba apasionando cada vez más y pedía a la pseudomarquesa que le permitiera depositar un beso sobre sus hombros. Viene después una escena de gran indignación, se toca el timbre, un criado contratado para la ocasión aparece y echa de allí al conde, que se va tan satisfecho y recompensa generosamente a los personajes de la comedia.

[Psychopathia sexualis, caso 65]

Caso 64: masoquismo simbólico

(Pascal, Igiene dell’amore.) Un hombre de unos 45 años acudía cada tres semanas a ver a una prostituta y le pagaba 10 francos por llevar a cabo el siguiente procedimiento. La puella tenía que desnudarle, atarle de pies y manos, vendarle los ojos y además tapar las ventanas. Luego sentaba a su huésped en un sofá y tenía que dejarle solo en su estado de indefensión. Al cabo de media hora tenía que regresar y liberarle de sus ataduras. Tras esto el hombre pagaba y se iba completamente satisfecho, para repetir visita a los tres meses más o menos.

[Psychopathia sexualis, caso 64]