Caso 240: abusos con niños

X., 36 años, periodista, con fuertes taras hereditarias, ética e intelectualmente defectivo, afectado de ataques epileptoides desde su juventud, intolerante al alcohol, cráneo asimétrico en la zona facial, nunca ha sentido nada por las mujeres, se masturba desde los 18 años, se ha mostrado frígido e impotente en los intentos de coito.

En cambio, los muchachos de entre 10 y 15 años le excitaban poderosamente. Aun siendo consciente de que sus acciones eran punibles, no podía abstenerse de practicar el sexo anal con ellos. No obstante, a menudo le bastaba con su “fascinante mirada, su dulce risa”.

Nunca le han excitado los adultos, tampoco las niñas pequeñas. Se volvió pedófilo con 22 años, cuando un chico de 12 se empeñó en mantener relaciones sexuales con él. En aquel entonces todavía rechazó a su seductor, pero pronto fue incapaz de resistirse al impulso que se había despertado en él con ocasión de aquel incidente, ni siquiera después de haber sido condenado y encerrado en varias ocasiones. Este desdichado impulso, no obstante, le hizo perder el gusto por la vida, por lo que cometió varios intentos serios de suicidio.

El perito hizo hincapié en el carácter congénito de su sensibilidad sexual contraria y, en el marco de la homosexualidad, en una especial anomalía: la atracción exclusiva por los muchachos y, más concretamente, por los de una cierta edad y formas delicadas.

El informe señalaba una degeneración psíquica degenerativa de la que se derivaban inimputabilidad y un grave riesgo para la comunidad.

X. se mostró inconsolable ante el resultado del proceso, pues se le ingresó en un manicomio, cuando él había esperado una pena de privación de libertad.