Caso 13. El 11 de julio de 1884 se ingresó a R., de 33 años, empleado, con paranoia persecutoria y neurastenia sexual. Su madre era neurópata. El padre murió de una enfermedad de la médula espinal. Desde niño, con un fuerte impulso sexual que se vuelve consciente a partir del sexto año. Desde entonces, masturbación, a partir de los 15 años, a falta de otra cosa, pederastia, ocasionalmente con impulsos sodomíticos. Más tarde abuso del coito en el matrimonio cum uxore. De vez en cuando incluso impulsos perversos: practicar cunnilingus, traerle cantáridas a su mujer porque la libido de esta no estaba a la altura de la suya. Tras un breve matrimonio murió su mujer. El paciente se encontró en una situación difícil, carecía de medios para practicar el coito. Nuevamente masturbación, uso de la lengua del perro para alcanzar la eyaculación. De vez en cuando estados cercanos al priapismo y la satiriasis. Se veía obligado entonces a masturbarse para evitar el estupro. Según se fueron apoderando de él la neurastenia sexual y los arrebatos hipocondriacos, fue disminuyendo la libido nimia, algo que recibió con alivio.
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Caso 12. Hiperestesia sexual. Masturbatio coram discipulis in schola.
Z., 36 años, casado desde hace 12, padre de 7 hijos, director de escuela, confiesa haber realizado un acto masturbatorio durante la clase en una mesa cerrada de cara a las alumnas, pero de modo que estas se dieron cuenta. La noche anterior había bebido más de lo habitual, poco antes de empezar la clase había recibido un disgusto, dice haberse hallado en estado de excitación sexual con ardor del pene erecto como consecuencia de la visión de una alumna de 15 años cuya figura ya le atraía desde hacía tiempo y que, habiendo perdido el control de sí mismo, se agarró los genitales, tras lo cual sobrevino inmediatamente la eyaculación. Entonces se da cuenta por fin de la situación y de la vergüenza, dice haberse sentido consternado y solamente recuperó la tranquilidad al pensar que las muchachas no habrían notado nada. Z. no pudo aducir como excusa perturbación mental, amnesia durante el transcurso de su excitación sexual.
Como su historial hasta entonces era intachable, las autoridades entendieron que había actuado bajo condiciones morbosas y decidieron consultar a un experto.
De mi exploración cabe destacar lo siguiente: Z. procede de padres sanos. 2 parientes consanguíneos fueron epilépticos. Con 13 años, fuerte conmoción cerebral seguida de demencia aguda durante tres semanas. Desde entonces gran irritabilidad e intolerancia al alcohol.
A partir de los 16 años de edad, despertar de la vita sexualis con anormal intensidad y gran excitabilidad sexual, de modo que bastaba con una lectura osbcena, la contemplación de una imagen femenina, para provocar una eyaculación y el consiguiente alivio. Ocasionalmente, también masturbación. A partir de los 18 años coito ocasional. Sin embargo, normalmente le bastaba con tocar el brazo de una mujer para llegar al orgasmo y la eyaculación. Matrimonio con 24 años. Coito hasta 3 y 4 veces diarias, pero además masturbación y satisfacción con coito ideal.
Tras el nacimiento del cuarto hijo (hace 3 años) tuvo que moderarse en la práctica del sexo por motivos económicos. Sentía rechazo por los medios anticonceptivos. Se aliviaba mediante la automasturbación, tactus feminarum y polución diurna así provocada, pero todo esto no bastaba. Se hallaba en un estado de continua excitación sexual, cada seis semanas aproximadamente entraba en un estado de tal ardor sexual que se sentía privado de voluntad y razón y solo conseguía refrenar el impulso sexual de agressio feminarum mediante masturbación forzada. Desde esa época de relativa abstinencia Z. se había vuelto extremadamente irascible, irritable, hasta el punto de golpear, gritar sin motivo a mujer e hijos.
Repetidamente le aconteció el quedar inconsciente en el clímax de tales estados de ánimo, caer al suelo, emitir un extraño estertor. Pasados algunos minutos volvía en sí con amnesia de su afección y ataque. Ciertamente, el delito no se vio precedido de uno de estos ataques, pero sí que se presentó uno de ellos a los 3 días.
Encontré en Z. a una persona inteligente, decente, llena de arrepentimiento y vergüenza.
Tenía claro que no podía continuar como maestro en una escuela femenina, responsabilizaba de lo ocurrido a su sensualidad innatural e irrefrenable.
No intentó quitarle importancia a su acción, pero indicó que últimamente tenía los nervios destrozados por su libido insatisfecha y la sobrecarga de trabajo (hasta 12 horas diarias de clase).
Ningún hallazgo vegetativo, cráneo convexo en el parietal. Genitales grandes, fláccidos, por lo demás normales.
Reflejo rotular muy elevado.
En mi informe hice constar que Z. presentaba una vita sexual de intensidad morbosa, probablemente padecía epilepsia y había cometido el delito en un estado de alteración sexual en el que su autocontrol quedó reducido al mínimo. Se renunció a llevar el caso a los tribunales y se le jubiló.
Caso 11. P., cabeza de familia, 53 años, casado, según parece sin taras hereditarias, sin antecedentes epilépticos, bebedor moderado, sin signos de senilidad precoz, según información de su mujer se comportó durante todo el periodo de su matrimonio, contraído con 28 años, de manera hipersexual, extremadamente libidinosa, enormemente potente, resultaba insaciable en la relación sexual conyugal. Durante el coito resultaba “animal, salvaje, le temblaba todo el cuerpo, resoplaba”, por lo que su esposa, algo frígida, experimentaba cierta repulsión y sentía el cumplimiento del débito conyugal como un tormento.
Él, que la atormentaba con sus celos, había seducido al poco de casarse a la hermana de su mujer, una muchacha inocente con la que engendró un hijo. En 1873 se trajo a casa a madre e hijo. Tenía ya dos mujeres, prefería a la cuñada, cosa que su mujer toleraba como mal menor. Con los años la libido iba más bien en aumento, aunque la potencia iba decayendo. A menudo recurría a la masturbación, incluso inmediatamente después del coito, sin que al cínico le incomodase la presencia de las mujeres. Desde 1892 abusaba de su pupila de 16 años, puellam coagere solebat, ut eum masturbaret. Llegó a intentar a punta de pistola obligar a la muchacha a practicar el coito. Lo mismo intentó con su hija extramarital, de modo que hubo que poner a las dos a salvo de él en repetidas ocasiones. En la clínica P. se comportaba con tranquilidad y decencia. Utilizaba su hipersexualidad como disculpa. Decía que lo que había hecho no estaba bien, pero no había podido evitarlo. La frigidez de su esposa le había empujado al adulterio. No hay trastorno de la inteligencia, pero sí ausencia de todo sentimiento ético. Durante los 25 años de matrimonio, varios ataque epilépticos. Sin signos degenerativos.