Caso 160: hermafroditismo psíquico en una mujer

Hermafroditismo psíquico. La señora M., de 44 años, se presenta a sí misma como ejemplo de que en una persona, ya sea hombre o mujer, se pueden dar tanto las orientaciones contrarias de la vida sexual como las normales.

El padre de esta señora era muy musical, con un gran talento artístico en general, desenfadado, un gran admirador del sexo opuesto, de extraordinaria belleza. Falleció demente en un manicomio tras varios ataques de apoplejía. El hermano del padre era neuropsicopático, fue un niño lunático, sufrió durante toda su vida de hiperestesia sexual. Así, aunque estaba casado y era padre de hijos a su vez casados, cuando la señora M., su sobrina, llegó a los 18 años, quiso raptarla. El padre del padre fue extremadamente excéntrico, un artista de renombre, que había estudiado teología inicialmente; pero que, arrastrado por una irrefrenable devoción por la musa dramática, se hizo mimo y cantante. Se daba a los excesos in Baccho et Venere, era derrochador, amante del lujo, murió con 49 años de apoplexia cerebri. Tanto el padre de la madre como la madre misma murieron de tuberculosis pulmonar.

La señora M. tuvo once hermanos, de los que solo quedan seis con vida. Dos hermanos varones, que tenían una constitución física como la de la madre, murieron con 16 y 20 años respectivamente de tuberculosis. Otro varón padece tisis laríngea. Las cuatro hermanas que quedan con vida han heredado la constitución física del padre, al igual que la señora M. La mayor está sin casar, es muy nerviosa y tímida. Las dos hermanas pequeñas están casadas y sanas, y tienen hijos sanos. La restante es virgo y padece de los nervios.

La señora M. tiene cuatro hijos, varios de los cuales son delicados y neuropáticos.

La paciente no es capaz de referir nada de destacable a propósito de su niñez. Aprendía con facilidad, tenía dotes poéticas y estéticas, tenía fama de exaltada, amante de leer novelas e inclinada a lo sentimental, de constitución neuropática, extremadamente sensible a los cambios de temperatura, la más mínima corriente de aire le provocaba una molesta cutis anserina. Cabe destacar, asimismo, que la paciente, un buen día, teniendo diez años y pensando que su madre no la quería, echó fósforos en el café y se lo bebió para ponerse muy enferma y atraer el amor de la madre.

El desarrollo llegó a la edad de once años en ausencia de trastornos. De ahí en adelante, menses con regularidad. Ya con anterioridad a la época de la pubertad comenzó el despertar de la vida sexual, cuyos impulsos, según la propia visión de la paciente, han sido colosales durante toda su vida. Los primeros sentimientos e impulsos fueron decididamente homosexuales. La paciente experimentó una inclinación apasionada pero totalmente platónica por una joven dama, compuso para ella sonetos y gacelas y se sentía dichosa si podía contemplar los “arrebatadores encantos” de la venerada mientras se bañaba o si al vestirse podía devorar con los ojos su espalda, hombros y pecho. El violento deseo de tocar esos encantos corporales siempre fue reprimido. Siendo una muchacha joven, estuvo verdaderamente enamorada de las madonnas de Rafael y Guido Reni. No le quedaba tampoco otro remedio que andar durante horas detrás de muchachas y mujeres hermosas hiciera frío o calor, admirar su donaire mientras acechaba la ocasión de mostrarse obsequiosa con ellas, ofrecerles flores, etc. La paciente aseguró que hasta la edad de 19 años no tuvo ni idea de la diferencia entre sexos porque debido a una tía solterona y extremadamente mojigata tuvo una educación prácticamente de monja. De resultas de este absoluto desconocimiento la paciente se convirtió en víctima de un hombre que la amaba apasionadamente y que con sus tretas la arrastró al coito. Se convirtió en esposa de este hombre, dio a luz a un hijo, vivió con aquel una vida sexual “excéntrica” y se sintió perfectamente satisfecha con la relación conyugal. A los pocos años quedó viuda. A partir de entonces las mujeres volvieron a convertirse en el objeto de su inclinación, principalmente, según indica la paciente, por temor a las consecuencias de las relaciones sexuales con un hombre.

Con 27 años, segundo matrimonio, sin inclinación, con un hombre enfermizo. La paciente tuvo tres hijos, cumplió sus deberes como madre, se degradó físicamente, fue sintiendo en los últimos años de este matrimonio cada vez menos deseo de consumar el coito, en parte por su conciencia de la enfermedad del marido, aunque siempre sintió un poderoso deseo de satisfacción sexual.

A los tres años de la muerte del segundo marido, la paciente descubrió que su hija de nueve años, procedente de su primer matrimonio, se daba a la masturbación e iba languideciendo. La paciente leyó en un diccionario de conversación sobre este vicio, no pudo soportar el deseo de probarlo ella misma y se hizo onanista. No termina de decidirse a hablar detalladamente sobre este periodo de su vida. Afirma que estuvo terriblemente excitada, que un buen día tuvo que mandar a sus dos hijas fuera de casa para preservarlas de “algo espantoso”, mientras que pudo dejar allí con ella a los dos chicos.

La paciente se volvió neurasténica ex masturbatione (irritación espinal, presión en la cabeza, fatiga, inhibición psíquica, etc.), ocasasionalmente incluso distímica con atormentado taed. vitae.

Su sentimiento sexual se orientaba tan pronto hacia la mujer como hacia el hombre. Lograba contenerse, padecía fuertemente a causa de su abstinencia, a lo que se añadía que, debido a sus afecciones neurasténicas, procuraba acudir a la masturbación únicamente como último recurso. En la actualidad la paciente de 44 años, que sigue menstruando con regularidad, padece terriblemente por la pasión que siente por un joven cuya cercanía no puede evitar por motivos laborales.

La paciente es una personalidad que no destaca por su apariencia externa, de constitución grácil y débil musculatura. Pelvis perfectamente femenina; brazos y piernas, sin embargo, llamativamente grandes y de clara disposición masculina. Como no le vale el calzado de mujer, pero no quiere llamar la atención, fuerza a sus pies a entrar en zapatos de mujer, por lo que los tiene artificialmente deformados. Genitales con un desarrollo perfectamente normal. Ausencia de alteraciones, a excepción de un descensus uteri con hipertrofia de la porción vaginal. Durante la exploración la paciente se declara fundamentalmente homosexual, siendo en ella el sentimiento y el impulso hacia el otro sexo únicamente algo episódico, groseramente sensual. Así, aunque actualmente sufra de terribles impulsos sexuales hacia ese hombre de su entorno, un goce más noble y elevado consiste para ella en depositar un beso sobre una redondeada y suave mejilla de mujer. Este goce se le presenta a menudo, pues dice ser muy querida entre las “queridas criaturas” como “tía servicial”, pues siempre está dispuesta a prestarles de buen grado los más diversos “servicios caballerescos” y se siente con ello más como un hombre.