Caso 66: masoquismo simbólico

X., 38 años, ingeniero, casado, padre de 3 hijos, aunque está felizmente casado, no es capaz de resistirse al impulso de acudir de vez en cuando a una prostituta instruida por él y representar la siguiente comedia masoquista como preliminar de un coito. En cuanto se halla en presencia de la puella, esta tiene que agarrarle por las orejas, arrastrarle por la habitación a base de tirones de oreja y regañarle: “¿Qué haces aquí? ¿No sabes que tienes que estar en el colegio? ¿Por qué no vas al colegio?”. Al mismo tiempo le abofetea y le golpea, hasta que él se pone de rodillas y pide perdón. A continuación ella le da una canastita con pan y fruta como se hace con los niños cuando se los manda al colegio, le levanta por las orejas y le vuelve a ordenar que vaya al colegio. X. vuelve a hacerse el rebelde hasta que, bajo el estímulo de los tirones de oreja, golpes y regañinas de la puella, llega al orgasmo. En ese momento grita: “Ya voy, ya voy” y consuma el coito. Es probable, aunque no está demostrado, que esta comedia masoquista tenga que ver con el hecho de que las primeras manifestaciones de excitación sexual se dieran en su época de escolar con motivo de estos castigos y que la libido se haya vinculado a ellos por asociación. Por lo demás se desconoce la vita sexualis de X. (Dr. Carrara, en Archivio di Psichiatria XIX. 4.).

[Psychopathia sexualis, caso 66]

Caso 60: masoquismo

Caballero de elevada posición, 66 años, de padre hipersexual. Dos hermanos presuntamente afectados de masoquismo. El paciente asegura convencido que su masoquismo se remonta a la infancia. Con cinco años les pedía a niñas que le desnudaran y le flagelaran ad podicem. Algo después se las arreglaba para que chicos o chicas jugaran a hacer de maestros con él y le azotaran. Con unos 15 años se imaginaba que las chicas le tendían una emboscada y le golpeaban. No tenía por aquel entonces idea alguna del significado sexual de tales fantasías y no sabía absolutamente nada de la vita sexualis. Su deseo de ser azotado por mujeres era cada vez mayor. Con 18 años consiguió satisfacerlo y logró así la primera polución. Con 19 años tuvo su primer coito con plena satisfacción y potencia sin que intervinieran fantasías masoquistas. A partir de entonces mantuvo relaciones sexuales normales hasta los 21 años, momento en el que una puella le propuso una escena masoquista. Él aceptó, quedó enormemente satisfecho y a partir de entonces no dejó de hacer que una aventura masoquista precediera al coito. Pronto se dio cuenta de que la excitación no estaba en los golpes sino en la idea de hallarse en poder de una mujer. El paciente se ha casado. Ha logrado llevar un buen matrimonio y mantener las ideas masoquistas apartadas de sus relaciones conyugales, pero reconoce con dolor que de cuando en cuando no ha podido resistirse a buscar una compensación de tipo masoquista con una puella. Esto sigue ocurriendo a veces, aunque ya es abuelo. La escena masoquista es siempre un juego que precede al coito. El paciente está libre de psicopatías y de perversiones de otro tipo. Él hace hincapié en lo frecuente que es el masoquismo y el hábil papel que desempeñan aquí muchas masajistas. Según su experiencia el masoquismo está especialmente extendido en Inglaterra y es frecuente que las mujeres inglesas se presten a él.

[Psychopathia sexualis, caso 60]

Caso 30: apuñalamiento de muchachas

Caso 30. En junio de 1896 numerosas jóvenes fueron acuchilladas ad nates en la calle a plena luz del día. El 2 de julio se sorprendió al agresor in flagranti.
Era un tal V., de 20 años, con graves taras hereditarias, que con 15 años había experimentado un buen día una gran excitación sexual al contemplar las posteriora de una mujer. Desde entonces, solo se sentía atraído sensualmente por esa parte del cuerpo femenino, la cual se convirtió en objeto de fantasías eróticas y de sueños acompañados de polución. Enseguida se añadió a esto el deseo libidinoso de golpear, pellizcar y pinchar nates femeninas. En cuanto sucedía esto en el sueño llegaba la polución. Poco a poco sintió el deseo de poner esto en práctica. A veces lograba resistirse a costa de un miedo descontrolado acompañado de sudores. Pero si el orgasmo y la erección eran intensos, se adueñaban de tal temor y zozobra que no le quedaba más remedio que asestar una puñalada. Entonces llegaba la eyaculación, sentía alivio en el pecho y se le volvía a despejar la cabeza. (Magnan, citado por Thoinot, op. cit. p. 451, descrito con mayor detalle por Garnier en Annales d’hygiène publique, 1900, febr. p. 112).

[Psychopathia sexualis, caso 30]