Caso 85: masoquismo femenino

Señorita X., 21 años, desciende de madre morfinómana fallecida hace unos años de una enfermedad nerviosa. El hermano de esta mujer es también morfinómano. Uno de los hermanos de la joven es neurasténico; otro, masoquista (desea que damas distinguidas y orgullosas le asesten bastonazos). La señorita X. nunca ha estado enferma de gravedad, sufre tan solo dolores de cabeza ordinarios. Se considera físicamente sana, aunque se tiene a veces por loca, a saber, cuando se le presentan las fantasías que se describen a continuación.

Desde su más temprana juventud se imagina que la castigan y la azotan. Se regodea literalmente en semejantes ideas. Su deseo más anhelado consiste entonces en ser golpeada reciamente con un bastón.

Dice que este deseo surgió a raíz de que un amigo de su padre, cuando ella tenía 5 años, se la puso encima de las rodillas y la azotó en broma. Desde entonces deseaba que se presentara la ocasión de ser azotada, aunque, muy a su pesar, no se cumplía este deseo. En sus fantasías se representa a sí misma desvalida, atada. Las palabras “bastón” y “azotar” producen en ella una poderosa excitación. Únicamente ha comenzado a poner sus ideas en relación con el sexo masculino desde hace un año aproximadamente. Antes de eso se imaginaba una maestra severa o simplemente una mano que la castigaba.

Ahora desea ser la esclava de un hombre al que ame; desea besarle los pies mientras la azota.

La dama no sabe que estos sentimientos son de índole sexual.

Algunos fragmentos de sus cartas resultan característicos en el sentido de una interpretación masoquista del caso:

“Antes pensaba seriamente en meterme en el manicomio si no conseguía librarme de estas fantasías. Esto se me ocurrió al leer la historia del director de una institución mental que había azotado a una dama con bastón y fusta después de sacarla de la cama tirándole de los pelos. Esperaba que me trataran a mí así también en una institución de ese tipo, así que inconscientemente me representaba mis fantasías con hombres. Pero sobre todo me gustaba imaginarme que me azotaban despiadadamente enfermeras groseras e incultas”.

“Pienso que estoy tumbada ante él y me pone un pie en la nuca mientras que yo beso el otro. Me deleito en tal idea, en la que no me golpea, pero varía mucho, y me imagino escenas completamente diferentes en las que me golpea. A veces pienso que los golpes son muestras de amor: él es muy bueno y cariñoso conmigo y a continuación me golpea por un exceso amoroso. Me imagino que su máximo deseo es golpearme por puro amor. Muchas veces he soñado también que soy un esclavo —es extraño, pero nunca una esclava—. Así, por ejemplo, me he imaginado que él es Robinsón y yo el salvaje que le sirve. Contemplo a menudo el dibujo en el que Robinsón le pone el pie en la nuca al salvaje. Ya tengo una explicación para la fantasía mencionada arriba: me imagino a la mujer en general como baja, inferior al hombre; aunque por lo demás tengo mucho orgullo y no me dejo dominar a ningún precio, por eso me veo como hombre (que por naturaleza es orgulloso y está por encima), la humillación ante el hombre amado es así mayor. También me he imaginado que soy su esclava; pero no me bastaba, al fin y al cabo, cualquier mujer vale para servir a su hombre como esclava”.

[Psychopathia sexualis, caso 85]