Señor Z., 36 años, particular, me consulta por una anomalía de su sentimiento sexual que le hace cuestionarse un matrimonio previsto. El paciente desciende de un padre neuropático que sufre de sobresaltos nocturnos. El padre del padre también fue neuropático; el hermano del padre, idiota. La madre del paciente y la familia de esta eran sanos y psíquicamente normales.
De tres hermanas y un hermano, el último sufre “moral insanity”. Dos hermanas están sanas y viven felizmente casadas.
El paciente fue un niño débil, nervioso, padecía sobresaltos nocturnos como su padre, pero nunca tuvo enfermedades graves, a excepción de una coxitis de resultas de la cual cojea. Sus impulsos sexuales tuvieron un temprano despertar. Con 8 años, sin haber sido inducido a ello, empezó a masturbarse. A partir de los 14 años empezó a eyacular esperma. Estaba bien dotado psíquicamente, se interesaba también por el arte y la literatura. Siempre fue de musculatura débil y nunca aficionado a juegos de chicos y más tarde tampoco a las ocupaciones masculinas. Tenía un cierto interés por la ropa de mujer y por los adornos y ocupaciones de estas. Ya desde la pubertad el paciente empezó a notar una inclinación por las personas masculinas que le resultaba inexplicable. Le resultaban especialmente simpáticos los muchachos de las clases populares ínfimas. Le atraían especialmente los soldados de caballería. Impetu libidinoso saepe affectus est ad tales homines aversos se premere. Quodsi in turba populi, si occasio fuerit bene successit, voluptate erat perfusus; ab vigesimo secundo anno interdum talibus occasionibus semen eiaculavit. Ab hoc tempore idem factum est si quis, qui ipsi placuit, manum ad femora posuerat. Ab hinc metuit ne viris manum adferret. Maxime periculosos sibi homines plebeios fuscis et adstrictis bracis indutos esse putat. Summum gaudium ei esset si viros tales amplecti et ad se trahere sibi concessum esset; sed patriae mores hoc fieri vetant. Paederastia ei displacet: magnam voluptatem genitalium virorum adspectus ei affert. Virorum occurrentium genitalia adspici semper coactus est. En el teatro, el circo, etc. solamente le interesan los actores masculinos. El paciente afirma no haber sentido nunca inclinación hacia las damas. No las rehúye, baila incluso con ellas, pero no experimenta con ello el más mínimo movimiento sensual.
Ya con 28 años el paciente se vuelve neurasténico, probablemente a consecuencia de sus excesos masturbatorios.
A partir de aquí se suceden las poluciones nocturnas, que le debilitan considerablemente. Raramente sueña con hombres durante estas poluciones y nunca con mujeres. En una única ocasión el desencadenante fue un sueño lascivo (en el que mantenía relaciones anales). Por lo demás, soñaba en tales ocasiones con escenas de muerte, agresiones por parte de perros y similares. El paciente sufría durante todo este tiempo una extremada libido sexualis. A menudo le acometían pensamientos libidinosos como deleitarse en la muerte de animales en el matadero o hacerse azotar por muchachos. No obstante, resistió a estos deseos y al impulso de ponerse uniformes militares.
Para librarse de la masturbación y satisfacer su libido nimia, decidió acudir a un lupanar. Llevó a la práctica su primer intento de satisfacerse sexualmente con una mujer con 21 años, después de consumir una cantidad considerable de vino. La belleza del cuerpo femenino y la desnudez femenina en general le resultaban más bien indiferentes. Aun así logró consumar el coito y disfrutar con él, y a partir de entonces frecuentó el prostíbulo por “motivos de salud”.
A partir de entonces también empezó a encontrar gran placer en escuchar a hombres que le contaban sus relaciones sexuales con personas del otro sexo.
También en el lupanar acudían a él frecuentemente ideas flagelatorias, aunque no necesitaba concentrarse en tales imágenes para ser potente. Veía las relaciones sexuales en el lupanar tan solo como una escapatoria ante el impulso a la masturbación y a los hombres, como una especie de válvula de seguridad para evitar ponerse en evidencia ante un hombre simpático.
Al paciente le gustaría ahora casarse, pero teme que no podrá sentir amor por una dama decente y que, consecuentemente, tampoco será potente con ella. De ahí sus dudas y la necesidad de consultar con un médico.
El paciente es una persona muy inteligente con un aspecto totalmente masculino. Tampoco su ropa o su actitud resultan llamativas. Su forma de andar, su voz son perfectamente masculinos, como lo es su esqueleto, sobre todo la pelvis. El desarrollo de los genitales es absolutamente normal. Estos y la cara están cubiertos por gran cantidad de vello. Entre su familia y conocidos nadie imagina siquiera sus anomalías sexuales. Asegura que en sus fantasías sexuales de índole contraria nunca se ha sentido respecto al hombre en el papel de una mujer. El paciente lleva varios años prácticamente libre de trastornos neurasténicos.
No se siente capaz de responder a la pregunta de si considera congénita su sexualidad contraria. Parece que ya ab origine la inclinación hacia la mujer era débil, siendo más acentuada hacia el hombre, y que aquella se debilitó aún más, sin llegar a desaparecer del todo, como consecuencia de un inicio muy temprano de la masturbación, lo que favoreció el sentimiento sexual contrario. Al cesar la masturbación, mejoró algo la sensibilidad hacia lo femenino, aunque solo en sus aspectos más groseramente sensuales.
El paciente explica que tiene necesidad de casarse por motivos familiares y profesionales, por lo que esta delicada cuestión resultaba ineludible.
Dado que el paciente se limitó, afortunadamente, a plantear la cuestión de su potencia como marido, la respuesta que se le dio fue que él es potente de por sí y que probablemente lo será también en las relaciones conyugales con una mujer de su elección, siempre que como mínimo sienta una simpatía espiritual por ella.
Por otra parte, siempre puede aumentar su potencia ayudándose adecuadamente de su fantasía.
Lo principal es fortalecer una inclinación sexual por el otro sexo que actualmente se encuentra atrofiada, pero no ausente por completo. Esto puede lograrse manteniéndose alejado de todos los sentimientos e impulsos homosexuales y reprimiéndolos, eventualmente con ayuda de influjos inhibitorios artificiales mediante sugestión hipnótica (sugestión negativa de los sentimientos homosexuales), así como procurando estimular y reforzar los sentimientos e impulsos sexuales normales absteniéndose absolutamente de continuar con la masturbación y eliminando los restos de constitución neurasténica del sistema nervioso mediante hidroterapia y, llegado el caso, faradización general.