Caso análogo. Señor V., 30 años, funcionario, desciende de padres fuertemente neuropáticos. A partir de los 7 años de edad, su compañera de juegos fue durante años una niña coja de su edad.
A partir de los 12 años, el muchacho, con predisposición nerviosa e hipersexual, llegó a la masturbación sin ser incitado a ello. Por la misma época llegó el desarrollo de la pubertad y no cabe duda de que los primeros movimientos sexuales de V. hacia el sexo opuesto coincidieron con la visión de la muchacha coja.
Desde entonces únicamente excitaron su sensualidad las mujeres cojas. Su fetiche era una bella dama que (al igual que su compañera de juegos) cojeara del pie izquierdo.
V., que es exclusivamente heterosexual aunque con necesidades anormales, intentó pronto mantener relaciones con el otro sexo, pero era absolutamente impotente con mujeres que no fueran cojas. Su potencia y satisfacción llegaban al máximo si la puella cojeaba del pie izquierdo, aunque también mantenía relaciones con éxito con las que cojeaban del derecho. Dado que consumar el coito de manera acorde con su fetichismo solo le era posible excepcionalmente, se aliviaba con la masturbación, que, no obstante, se presentaba como triste sucedáneo y le resultaba repulsiva. A menudo, su situación sexual le hacía sentirse extremadamente desdichado y le llevaba al borde del suicidio, que, si no consumó, fue únicamente por consideración hacia sus padres.
Su sufrimiento moral culminó cuando concibió como objetivo de sus deseos el matrimonio con una dama coja con la que hubiera simpatía, aunque sentía que lo único que podía amar en una esposa así era la cojera y no el alma, lo cual le parecía una profanación del matrimonio y una existencia insoportable e indigna. Eso le había hecho pensar a menudo en la resignación y la castración.
La exploración de V., cuando acudió a mí en busca de ayuda, dio un resultado completamente negativo en cuanto a signos de degeneración, enfermedades nerviosas, etc.
Le expliqué al paciente que al arte médico le resultaría difícil, cuando no imposible, erradicar un fetichismo asentado en asociaciones tan sólidas y le manifesté mi esperanza de que, haciendo feliz a una muchacha coja con el matrimonio, pudiera él mismo encontrar la felicidad.
Otro ejemplo es Descartes (Traité des passions, CXXXVI), quien presenta sus propias observaciones sobre la aparición de extrañas inclinaciones a partir de asociaciones de ideas. Siempre se complació en las mujeres bizcas porque el objeto de su primer amor tenía este defecto (Binet op. cit.).
Lydston (A Lecture on sexual perversion, Chicago, 1890) refiere el caso de un hombre que mantuvo una relación amorosa con una mujer a la que le habían amputado una pierna. Tras separarse de esa persona buscó con anhelo a otras mujeres con el mismo defecto. Un fetiche negativo.