Caso 10. E., 30 años, oficial pintor (desempleado), fue ingresado tras intentar amputar el escroto a un muchacho al que se había llevado al bosque. Motivó su propósito diciendo que quería cortarlo para que la tierra no se reproduzca; al parecer se había causado ya frecuentemente cortes en sus propios genitales durante su juventud con este mismo propósito.
No se puede averiguar el árbol genealógico de E. Desde la niñez es mentalmente anormal, apático, nunca fue divertido, muy irritable, iracundo, ensimismado, imbécil. Detestaba a las mujeres, le gustaba la soledad, leía mucho. De vez en cuando se reía solo, hacía tonterías. En los últimos años se había acentuado su misoginia, concretamente hacia las embarazadas, que, decía, solamente traían miseria al mundo. También destestaba a los niños, maldecía a sus progenitores, albergaba ideas comunistas, despotricaba de los ricos y el clero, de Dios, que le había traído tan pobre al mundo. Aseguraba que era preferible castrar a los niños que ya existían antes que traer más al mundo y condenarlos a la miseria y la pobreza. Siempre había pensado así, había intentado castrarse ya con 15 años para no contribuir a la desdicha y procreación de los humanos. Desprecia al sexo femenino porque contribuye a tentar a la gente. En toda su vida solamente se ha dejado masturbar dos veces por mujeres; es lo único que ha tenido que ver con ellas. Parece ser que experimenta impulsos sexuales de vez en cuando pero sin intentar satisfacerlos de forma natural. Si la naturaleza no se encarga de ello, lo soluciona él de vez en cuando mediante el onanismo.
E. es un hombre fuerte y musculoso. La constitución de los genitales no presenta anomalía alguna. En escroto y pene se encuentran numerosas cicatrices como consecuencia de anteriores intentos de autoemasculación no consumada (según afirma, debido al dolor). En la rodilla derecha, genu valgum. No se encuentra rastro de onanismo. Es de natural hosco, terco, irritable. Los sentimientos sociales le son totalmente ajenos. Aparte de sueño muy deficiente y frecuentes dolores de cabeza, no se dan alteraciones funcionales.
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Caso 9. F. J., 19 años, estudiante, hijo de una madre nerviosa cuya hermana era epiléptica. Con 4 años, afección cerebral aguda durante 14 días. De niño insensible, frío para con sus padres; como escolar, raro, cerrado, se aislaba y se dedicaba a cavilar y a leer. Con talento. Desde los 15 años onanismo. Desde la pubertad, excentricidad, constantes alternativas entre el fervor religioso y el materialismo, estudios de teología y ciencias naturales. En la universidad los compañeros le tomaban por un chiflado. Solamente leía a Jean Paul, desperdiciaba el tiempo. Total ausencia de sentimientos sexuales hacia el otro sexo. Una vez se dignó a realizar el coito, pero no experimentó sensación sexual alguna, le pareció una estupidez y no trató de repetirlo. Sin base emocional alguna, le rondaba la idea del suicidio; escogió este como tema de una disertación filosófica en la que lo presentaba, junto con la masturbación, como un acto totalmente aconsejable. Tras repetidos intentos con diversos venenos, probó con 57 granos de opio, pero le salvaron y le trasladaron a un manicomio.
El paciente carece de todo sentido moral y social. Sus escritos revelan una increíble frivolidad y banalidad. Posee amplios conocimientos, pero su lógica es caprichosa y extravagante. No hay rastro de manifestaciones afectivas. Trata todos los temas con indiferencia e ironía sin igual, incluso los más elevados. Con sofisterías y falacias defiende el suicidio, que pretende llevar a cabo como lo haría una persona cualquiera con el más nimio asunto. Lamenta que le hayan quitado la navaja. Si no, se hubiera podido cortar las venas en la bañera como Séneca. Un amigo le había dado hacía poco un laxante en lugar del veneno que quería. En lugar de acabar en el otro mundo, acabó en el retrete. Dice que su “vieja, extravagante y absurda idea” solo se la puede extirpar el gran cirujano de la guadaña, etc.
El paciente posee un gran cráneo romboidal, la parte izquierda de la frente está más aplanada que la derecha. La parte trasera de la cabeza presenta una fuerte inclinación. Orejas en posición muy atrasada y muy abiertas, el conducto auditivo externo forma una estrecha rendija. Genitales muy fofos, testículos inusitadamente blandos y pequeños.
De vez en cuando el paciente se queja de que “le da muchas vueltas a la cabeza”. No puede evitar preocuparse de los problemas más nimios, pasa horas y horas cavilando sin poder evitarlo, lo que le resulta penoso y agotador. Acaba tan cansado que no es capaz de pensamiento sensato alguno.
Al cabo de un año, el paciente fue dado de alta sin mejoría, seguía dedicando su tiempo a leer, pasear, pensaba en fundar un nuevo cristianismo porque Cristo había sido un megalómano y había engañado al mundo con milagros (!). Tras un año de estancia en casa fue ingresado nuevamente por un súbito episodio de excitación psíquica. Presentaba una mezcla de delirio persecutorio primordial (demonio, Anticristo, dice que le persiguen, temor al envenenamiento, voces que le persiguen) y de grandeza (se cree Cristo, redención del mundo), todo esto concurre con acciones impulsivas en medio de una gran confusión. Tras cinco meses remitió esta enfermedad mental intercurrente y el paciente volvió a su extravagancia intelectual originaria y a sus defectos morales.
Caso 8. Señora O., de constitución normal, sana, menstruación regular, 35 años, casada desde hace 15, nunca ha experimentado libido, nunca ha sentido excitación erótica durante el contacto sexual con su cónyuge. No sentía aversión hacia el coito, a veces incluso parecía encontrarlo agradable, pero nunca sintió el deseo de repetir el acto de la cohabitación.
Caso 7. X., 27 años, genitales normales, nunca ha experimentado libido. Lograba la erección fácilmente con estímulos mecánicos o térmicos; pero, en lugar de causar libido, esto le empujaba regularmente a excesos con el alcohol. A su vez, estos también daban lugar a erecciones espontáneas, con lo que se masturbaba ocasionalmente. Sentía aversión hacia las mujeres y asco ante el coito.
Si intentaba consumarlo durante una erección, esta desaparecía inmediatamente. Muerte en coma en un ataque de hiperemia cerebral.
Caso 6. Señor W., 33 años, fuerte, sano, con genitales normales, nunca ha experimentado libido, ha intentado sin éxito despertar su ausente impulso sexual mediante lecturas obscenas y relaciones con meretrices. En estos intentos sólo sintió un asco que le llevó hasta el vómito, agotamiento nervioso y físico, y, tan solo una vez que forzó la situación, una erección momentánea. W. nunca se ha masturbado, desde los 17 años ha tenido una polución cada par de meses. Intereses importantes le movieron a casarse. No tenía miedo a las mujeres, deseaba tener hogar y esposa, pero se sentía incapaz de consumar el acto sexual, y murió soltero en la guerra civil americana.
Caso 5. F., 36 años, jornalero, fue ingresado en mi clínica a principios de noviembre por parálisis espinal espástica. Asegura proceder de familia sana. Desde su juventud, tartamudo. Microcefalia. Paciente afectado de cierta imbecilidad. Nunca fue sociable, nunca había experimentado excitación sexual. La visión de una mujer nunca tuvo para él atractivo alguno. Nunca experimentó impulsos masturbatorios. Erecciones frecuentes, pero solamente por las mañanas, al despertar, con la vejiga llena y sin rastro de excitación sexual. Raramente poluciones, aproximadamente una vez al año durante el sueño, por lo general acompañadas de sueños en los que tiene algo que ver con un individuo de sexo femenino. Pero estos sueños tampoco tienen un contenido erótico explícito, como no lo tienen sus sueños en general. Al parecer, el acto de la polución no va acompañado de verdadero placer. El paciente no tiene conciencia de su falta de sensaciones sexuales. Asegura que su hermano, de 34 años, es idéntico a él en lo sexual; en cuanto a su hermana, de 21, le parece también probable. Según él, un hermano más joven tiene una disposición sexual normal. La exploración de los genitales del paciente no revela anomalía alguna, excepto fimosis.
Caso 4. W., 25 años, vendedor, supuestamente sin taras, nunca ha estado enfermo de gravedad, nunca se ha masturbado, desde los 19 años de edad poluciones ocasionales, por lo general acompañadas de sueños libidinosos. A partir de los 21 años, muy raramente, coitos, actos casi masturbatorios en el cuerpo de la mujer, sine ulla voluptate. W. asegura que realizó tales intentos únicamente por curiosidad y que pronto los abandonó por ausencia de necesidad, satisfacción e incluso erección. Tampoco se ha visto nunca atraído por el propio sexo. Su defecto no le resulta penoso. Ética y estéticamente no presenta síntomas carenciales.
Caso 3. K., 29 años, funcionario, acude a mi consulta preocupado por lo anómalo de su estado sexual; le gustaría casarse, ya que está solo en el mundo, pero únicamente por sensatez. Nunca ha experimentado excitación sensual alguna. Solo conoce la vita sexualis por referencias de otras personas y lecturas eróticas, aunque estas no producen en él el más mínimo efecto. No siente aversión alguna por el sexo femenino ni tampoco ha experimentado nunca inclinación por el propio, nunca se ha masturbado. Desde la edad de 17 años, poluciones ocasionales, pero sin ir acompañadas de sueños lascivos. Erecciones solamente por la mañana, al despertarse, y desaparecen al vaciar la vejiga. Excepto por su carencia de sentimientos sexuales, K. se considera completamente normal. No se constata defecto psíquico alguno, pero le gusta la soledad, es persona de seca racionalidad, sin interés por las bellas artes, profesionalmente robusto y apreciado.