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Caso 83: masoquismo, fetichismo, coprolagnia

B., 31 años, funcionario, procede de familia con antecedentes neuropáticos, desde niño era nervioso, endeble, padecía temores nocturnos. Con 16 años tuvo la primera polución. Con 17 años se enamoró de una francesa de 28 no muy agraciada. Tenían especial interés para él sus zapatos. En cuanto tenía ocasión de hacerlo sin que nadie se diera cuenta, los cubría de besos y se estremecía de placer con ello. No llegaba a la eyaculación durante estas escenas con zapatos. B. asegura que por aquel entonces aún no tenía ni idea de la diferencia de sexos. Su admiración por los zapatos resultaba un enigma para él mismo. A partir de los 22 años practicaba el coito aproximadamente una vez al mes. B., aunque era libidinoso, se sentía siempre totalmente insatisfecho espiritualmente al hacerlo. Un día encontró a una hetera que le causó una extraña impresión por su orgullosa actitud, sus fascinantes ojos, su ser desafiante. Era como si tuviera que arrojarse al suelo ante esta soberbia criatura, besarle los pies y seguirla como un perro o esclavo. Especialmente le impresionó el “majestuoso” pie con su zapato de charol. La idea de servir como esclavo a una mujer así le hizo estremecerse de placer. Esa noche no pudo domir pensando en ello, y mientras yacía boca abajo besando en su fantasía los pies de esta mujer, tuvo una eyaculación. Como B. era tímido por naturaleza, no confiaba demasiado en su potencia y además sentía repulsión hacia las meretrices, se sirvió en adelante de su descubrimiento de la masturbación psíquica para satisfacerse y renunció por completo a tener verdaderas relaciones con las mujeres. Durante esta satisfacción solitaria pensaba en el magnífico pie de la soberbia mujer, a cuyo recuerdo óptico se asoció con el tiempo la fantasía olfativa de un pie o zapato de dama. En sus éxtasis eróticos nocturnos cubría el imaginario pie de mujer con innumerables besos. En sueños eróticos seguía a autoritarias mujeres. Llovía. La dómina se levantaba mucho el vestido, él “veía el dulce pie, sentía casi su forma elástica, blanda y, sin embargo, firme y cálida, veía un trozo de pantorrilla cubierto por una media de seda roja”; llegaba entonces por lo general a la polución. Era todo un placer para B. salir a dar vueltas por la calle mientras llovía para ver así sus sueños hechos realidad; si lo conseguía, la persona en cuestión se convertía en objeto de sus sueños y fetiche de sus actos de masturbación psíquica. Para potenciar la ilusión de estos últimos, se le ocurrió ponerse en la nariz su propio calcetín impregnado de la secreción de sus pies. Con este auxilio, su fantasía casi adquiría realidad en la culminación del éxtasis: estaba embriagado por el olor del imaginario pie de dama, que con intenso deseo besaba, chupaba y mordía hasta que por fin se producía la eyaculación. Pero concurrían también en el sueño o en el éxtasis libidinoso imágenes genuinamente masoquistas, por ejemplo, “la soberbia mujer, apenas cubierta y con un látigo en la mano, estaba en pie ante él, mientras que él, como esclavo, se arrodillaba en tierra ante ella. Ella empezaba a asestarle latigazos, le plantaba el pie en el cuello, en la cara, en la boca, hasta que accedía a secretum inter digitos nudos pedis ejus bene olens exsugere”. Para completar la ilusión utilizaba propria secreta pedum llevándoselas a la nariz. Durante este éxtasis experimentaba un delicioso aroma, mientras que fuera del paroxismo encontraba sudorem proprium non bene olentem. Durante largo tiempo, estos fetichismos se vieron desplazados por fetichismo de podex, para lo que B. recurría en ayuda de su ilusión a unas bragas y stercus proprium naribus appositum. A esto le siguió una época en que su fetiche era cunnus feminae y en que practicaba cunnilingus ideal. Se ayudaba para ello con trozos de la zona axilar de un corpiño de punto de señora, medias, zapatos de la misma proveniencia. Tras 6 años, al aumentar la neurastenia y paralizarse la fantasía (?), B. perdió la capacidad para este tipo de onanismo ejecutado psíquicamente y se convirtió en masturbador normal. Así siguió durante varios años. El progreso de su neurastenia precisó un tratatamiento en un balneario. Durante su convalecencia, B. conoció a una joven que respondía a sus sentimientos masoquistas, consumó finalmente el coito con auxilio de situaciones masoquistas y se sintió satisfecho. Pero a partir de entonces se reavivaron sus viejas fascinaciones fetichistas y deseos masoquistas y en la satisfacción de estas apetencias B. halló, con diferencia, más placer que en el coito, al que se había prestado únicamente honoris causa y como episodio de las mencionadas abominaciones. El fin de esta cínica existencia sexual fue… el matrimonio, por el que se decidió B. tras abandonarle su amante. B., que ya es padre de familia, asegura que procede con su esposa como con aquella y que tanto él como ella están satisfechos (!) con esta forma de relaciones conyugales (Zentralblatt für Krankheiten der Harn – und Sexualorgane, VI, 7).

Se han de incluir aquí también varios casos de Cantarano I. c. (mictio, en otro caso incluso defaecatio puellae ad linguam viri ante actum), degustación de dulce con olor a heces para ser potente; así como el siguiente caso, que me fue comunicado por un médico:

Un príncipe ruso completamente decrépito hacía que su amante se le sentara encima dándole la espalda y defecara sobre su pecho, siendo esta la única manera en que todavía se excitaban los restos de su libido.

Otro mantiene a una amante de forma insólitamente espléndida con la obligación de comer únicamente mazapán. Ut libidinosus fiat et eiaculare possit excrementa feminae ore excipit. — Un médico brasileño me contó varios casos de defaecatio feminae in os viri de los que había tenido conocimiento.

Casos de este tipo se dan por todas partes y no son precisamente escasos. Todas las secreciones posibles, saliva, mocos, incluso el cerumen se utilizan a este propósito, se ingieren con ansia, se dan oscula ad nates e incluso ad anum. (El Dr. Moll op. cit. p. 135 informa de esto mismo a propósito de personas de sexualidad contraria). El perverso deseo de realizar activamente el cunnilingus, que está muy extendido, podría también tener a menudo su origen en tales impulsos.

Se ha de incluir aquí probablemente el horrendo caso de Cantarano (“La Psichiatria”, año. V, p. 207), en el que el coito va precedido de morsus et succio de los dedos de los pies de la puella, que debían llevar sin lavar el mayor tiempo posible, también un caso análogo del que yo mismo daba cuenta en la 8.ª edición de este libro (caso 68).

Stefanowski (Archives de l’Anthropologie criminelle, 1892, vol. VII) conoce a un anciano comerciante ruso qui valde delectatus fuit bibendo ea quae puellae lupanarii jusso suo in vas spuerunt.

Neri, Archiv. delle psicopatie sessuali, p. 108: trabajador de 27 años, con importantes taras, con tic en la cara, fobias (sobre todo, agorafobia) y aquejado de alcoholismo. Summa ei fit voluptas, si meretrices in os eius faeces et urinas deponunt. Vinum supra corpus scortorum effusum defluenz ore ad meretricis cunnum adposito excipit. Valde delectatur, si sanguinem menstrualem ex vagina effluentem sugere potest. Fetichista de guantes de señora y botines, osculatur calceos sororis, pedes cuius sudore madent. Libido eius tum demum maxime satiatur, si a puellis insultatur, immo vero verberatur, ut sanguis exeat. Dum verberatur, genibus nixus veniam et clementiam puellae expetit, deinde masturbare incipit.

[Psychopathia sexualis, caso 83]

Caso 82: masoquismo, coprolagnia y fetichismo de botas

Masoquismo, coprolagnia y fetichismo de botas (proceso en el tribunal de distrito de Z.).

X., 30 años, se apasiona por los pies pequeños y delicados de las damas. Un día visita a dos puellae publ. en un domicilio privado para divertirse. Comenta que le gusta el olor de los zapatos recién cepillados, tras lo cual una de las muchachas se pone un par, que él huele. A continuación él le pide a ella que le escupa en la cara y que se escupa también en los zapatos, tras lo cual él chupa la saliva. Después de esto le pide a ella que se saque los mocos de la nariz y se los meta a él en la boca. También hizo que le embetunaran los órganos sexuales, se desnudó, hizo que le atasen el cordón de un zapato en el pene y que le llevaran así a cuatro patas por la habitación, durante lo cual las muchachas tenían que frotarle con un manojo de ramas hasta hacerle sangre; quería que le “domaran”. Las mujeres tenían además que lanzarle todos los insultos posibles. Mientras él estaba así tirado en el suelo, tenían que subirse encima de él, darle patadas y atormentarle de todas las formas imaginables. Por último les pidió que hicieran sus necesidades en su boca, a lo que ellas se negaron. Durante estos actos se produjo effusio seminis. Cuando le preguntaron cómo es que hacía esas cosas, explicó que llevaba un año sin tocar a una mujer y ahora le apetecía de nuevo divertirse un poco. Dijo que el gusto por los pies bonitos lo tenía desde la escuela y que las anomalías en las relaciones sexuales le venían de la lectura de libros franceses.

[Psychopathia sexualis, caso 82]

Caso 81: masoquismo, coprolagnia

Señor Z., 24 años, funcionario procedente de Rusia, desciende de madre neuropática y padre psicopático. Z. es persona inteligente, sensible, de constitución normal, de aspecto agradable y buenas maneras; no ha sufrido enfermedades de gravedad. Afirma haber sido nervioso desde la infancia, al igual que su madre; tiene un ojo neuropático y sufre últimamente afecciones cerebral-asténicas. Lamenta con amargura una perversión de la vita sexualis que a menudo le desespera, le arrebata toda la estima de sí mismo y puede bastar para empujarle al suicidio.

La pesadilla que le oprime es un deseo antinatural por mictio mulieris in os suum, que se presenta con bastante regularidad cada 4 semanas. Preguntado por el origen de esta perversión, relata los siguientes hechos, que resultan interesantes por su importancia para la génesis. Cuando tenía 6 años, ocurrió por casualidad que, en una escuela mixta de chicos y chicas, tocó a una niña que estaba sentada a su lado cum manu sub podicem. Experimentó con ello una sensación de gran placidez y repitió esta acción alguna otra vez con idéntico éxito. El recuerdo de tales situaciones agradables desempeñó a partir de entonces un cierto papel en su fantasía.

Puerem decem annorum serva educatrix libidine mota ad corpus suum appresit et digitum ejus in vaginam introduxit. Quum postea fortuitu digito nasum tetigit, odore ejus valde delectatus fuit.

A partir del delito deshonesto cometido con él por la mujer, se desarrolló en él la fantasía, acompañada de cierto sentimiento libidinoso, estando atado, inter femora mulieris cumbere, coactus ut dormiat sub ejus podice et ut bibat ejus urnam.

A partir de los 13 años de edad, estas fantasías desaparecen por completo. Con 15 años primer coito, con 16 años el segundo, perfectamente normal y sin fantasías de este tipo.

Deficiente pecunia et magna libidine perturbatus masturbatione eam satiabat.

Con 17 años se presentaron nuevamente las fantasías perversas. Cada vez iban siendo más intensas y a partir de este momento el combate contra ellas era en vano.

Con 19 años sucumbió a tales impulsos. Quum mulier quaedam in os ei minxit, maxima voluptate effectus est. A continuación practicaba el coito con la mujer venal. Desde entonces empezó a presentarse regularmente cada 4 semanas el deseo de repetir esta situación.

Una vez satisfecho su perverso deseo, se avergonzaba de sí mismo y experimentaba una gran repugnancia. Solo excepcionalmente llegaba a la eyaculación con ello, pero experimentaba una potente erección y orgasmo y si no había llegado a la eyaculación se satisfacía seguidamente mediante el coito.

En los intervalos que mediaban entre estos impulsos, que se presentaban de forma impulsiva y desproporcionada, se sentía libre por completo de tales pensamientos perversos, pero también de masoquismo ideal. Tampoco se daban relaciones fetichistas. La libido, moderada, se presenta a intervalos y es satisfecha de manera normal, sin que aparezca el conjunto de fantasías perversas. Le sucedió en repetidas ocasiones que se le presentara el impulso de repetir el acto perverso y tuviera que hacer un desplazamiento de varias horas desde el campo a la capital para gozar de él.

El enfermo, persona sensible a la que su deseo morboso causaba repugnancia, intentó en repetidas ocasiones resistirse a este impulso, pero todo fue en vano porque le acometía un penoso desasosiego, miedo, temblores e insomnio que acababan por hacerse insoportables y tenía que librarse de esta tensión psíquica a cualquier precio mediante la satisfacción liberadora de su impulso. Esto se lograba inmediatamente llevándolo a la práctica, pero acto seguido se presentaban de nuevo los reproches y el desprecio de sí mismo hasta llegar a un preocupante taedium vitae. Como consecuencia de estas luchas espirituales, el desdichado padece últimamente una importante neurastenia y se queja de pérdidas de memoria, distracción, incapacidad espiritual, presión en la cabeza. Su última esperanza es que la ciencia médica logre liberarle de su espantoso deseo y rehabilitarle moralmente ante sí mismo.

Epicrisis: con 6 años, sentimiento libidinoso asociado a un acto indiferente en sí para un individuo de su edad.

Con 10 años, percepción de olores acompañada de placer y, en cualquier caso, perversa.

Desarrollo de fantasías masoquistas hasta entonces latentes con un especial impulso directivo derivado de impresiones perversas recibidas con 6 y 10 años. Intermisión mediante coito normal.

Nuevo despertar de la perversión sexual por abstinencia y masturbación, quizás también por influjo de la pubertad.

Esta sigue presente a partir de entonces como coprolagnia impulsiva que se manifiesta periódicamente, acompañada de placer (cuando el centro eyaculatorio es suficientemente excitable) y que resulta equivalente al coito.

Vita sexualis normal a intervalos.

Perdí al paciente de vista. A finales de 1893 reapareció un día muy alterado y se lamentó de que una vida así era insoportable. Dice soportar los tormentos de una lenta effeminatio, haber perdido todo control sobre sí mismo, ser esclavo de un deseo repugnante que le acomete frecuentemente, le obliga a satisfacerlo y después le deja arrepentimiento, vergüenza y desdicha. Asegura que lleva siempre un revólver consigo (y así es), pero que es demasiado cobarde para pegarse un tiro y que les ha pedido en vano a prostitutas que le hagan ese favor. Me dice que soy su última esperanza. Tengo que liberarle de su repulsivo impulso mediante la hipnosis o, si esto no tiene éxito, dormirle con gas de la risa y no dejar ya que se despierte nunca más. Un intento de hipnosis realizado con este desdichado tiene éxito. Al cabo de 3 semanas viene a verme de nuevo porque ha recaído. Durante 20 días se ha sentido completamente libre, como si hubiera entrado en él “un segundo yo, mejor”, que combatiera con éxito al primero. Como consecuencia de la abstinencia sexual y de un sueño masoquista recayó anteayer y desde entonces, es decir, en dos periodos de 24 horas, ha hecho que le depositen 25 veces mictio aut defaectio in os, con extremado placer, pero sintiendo acto seguido repugnancia. El acto de coprolagnia le satisface, cuando llega a la eyaculación, exactamente igual que el coito. Solamente 4 veces, defic. ejaculatione, se ha visto obligado a practicar el coito al final.

Una nueva sesión de hipnotismo le proporciona al paciente siete meses de calma.

Tras un nuevo paroxismo volvió lleno de pesar.

Tras una tercera sesión no he vuelto a verle y me temo que finalmente ha reunido el valor para poner fin a su triste existencia. No es posible saber si la continuación del tratamiento sugestivo hubiera podido salvarle.

[Psychopathia sexualis, caso 81]

Caso 76: fetichismo de pies y zapatos

(Dr. Pascal, Igiene dell’amore.) X., comerciante, de cuando en cuando, sobre todo cuando hacía mal tiempo, le acometía el siguiente deseo: se ponía al habla con una prostituta cualquiera y le pedía que le acompañara a una zapatería, donde le compraba el par de botines de charol más hermoso que hubiera, con la condición de que se los calzara inmediatamente. Tras esto, la mencionada tenía que pisar cuantos excrementos y charcos encontrara por la calle para ensuciar las botas lo más posible. Una vez hecho esto, X. llevaba a esa persona a un hotel. Apenas entraban a la habitación, se arrojaba a sus pies y experimentaba un placer extraordinario restregando los labios por ellos. Una vez limpias las botas por tal procedimiento, entregaba un dinero y seguía su camino.

[Psychopathia sexualis, caso 76]

Caso 33: excrementos

Caso 33. Tuve una vez un paciente que le pidió a una mujer con un traje de baile escotado que se tumbara en un sofá en una habitación bien iluminada. Ipse apud janum alius cubiculi obscurati constitit adspiciendo aliquantulum feminam, excitatus in eam insiluit et excrementa in sinus eius deposuit. Haec faciens ejaculationem quandam se sentire confessus est.

[Psychopathia sexualis, caso 33]