Caso 15. El 15 de abril de 1880 desapareció una niña de cuatro años de casa de sus padres. El 16 se detuvo a Menesclou, uno de los inquilinos del inmueble. En sus bolsillos se encontraron los antebrazos de la criatura, de la estufa se recuperaron la cabeza y vísceras medio carbonizadas. También en el retrete se encontraron partes del cadáver. Los genitales no aparecieron. La turbación se apoderó de M. al ser preguntado sobre su paradero. Las circunstancias, así como un poema deshonesto que llevaba consigo, no dejaban lugar a dudas: había abusado de la niña y después la había asesinado. M. no expresó remordimiento alguno, consideraba su acción una simple desgracia. Su inteligencia es limitada. No presenta signos de degeneración anatómica, es duro de oído, escrofuloso.
M. tiene ahora 20 años, cuando tenía 9 meses sufrió convulsiones; después, sueño intranquilo, enuresis nocturna, era nervioso, tuvo un desarrollo tardío y deficiente. A partir de la pubertad se volvió irascible, mostraba malas inclinaciones, era perezoso, desobediente; no valía para ninguna ocupación. Ni siquiera mejoró en el correccional. Se le alistó en la marina, tampoco allí respondió. De vuelta en casa, robaba a sus padres, andaba en malas compañías. No iba detrás de mujeres, se daba al onanismo afanosamente, de vez en cuando penetraba perras. Su madre padecía manía menstrual periódica, un tío había perdido el juicio, otro se daba a la bebida.
El examen de su cerebro reveló alteraciones morbosas en ambos lóbulos frontales, la primera y segunda circunvoluciones temporales, así como en parte de las circunvoluciones occipitales.