Caso 23. El sargento Bertrand es un hombre de constitución delicada, carácter extraño, desde la niñez reservado y amante de la soledad.
Los antecedentes sanitarios de la familia no se conocen suficientemente, aunque consta que ha habido casos de enfermedad mental entre sus ascendientes. Parece ser que ya desde niño estaba poseído por un inexplicable impulso destructivo. Rompía todo lo que se le ponía por delante.
Ya en la infancia descubrió el onanismo sin necesidad de incitación alguna. Con 9 años empezó a sentir inclinación por personas del sexo opuesto. Con 13 años se despertó en él un poderoso deseo de obtener satisfacción sexual con mujeres; se masturbaba con frecuencia. Mientras lo hacía se representaba siempre en su fantasía una habitación llena de mujeres. Imaginaba que realizaba el acto sexual con ellas y que mancillaba sus cadáveres. Ocasionalmente surgía en tales situaciones también la idea de hacer algo con cadáveres masculinos, pero acompañada de una marcada repugnancia.
Con el tiempo sintió la necesidad de llevar a la práctica tales situaciones con cadáveres reales.
A falta de cadáveres humanos, se hacía con cadáveres de animales, les abría el cuerpo, extraía las entrañas y se masturbaba al mismo tiempo. Afirma haber obtenido así un placer indescriptible. En 1846 ya no le bastaban los cadáveres. Empezó a matar perros y a proceder con ellos de la manera descrita. A finales de 1846 sintió por primera vez deseos de utilizar cadáveres humanos. Al principio no se atrevía. En 1847, al percatarse por casualidad de que había en el cementerio una tumba con un cadáver recién enterrado, sintió esta necesidad (acompañada de dolor de cabeza y palpitaciones) con tal fuerza que desenterró el cadáver aunque había gente en los alrededores y corría el peligro de ser descubierto. A falta de un instrumento adecuado para descuartizarlo, se conformó con golpearlo furiosamente con la pala del enterrador.
En 1847 y 1848 al parecer en intervalos de unos 14 días y acompañado de un violento dolor de cabeza, se vio empujado a cometer actos brutales con cadáveres. Corriendo un peligro extremo y con las mayores dificultades, satisfizo unas 15 veces este impulso. Desenterraba los cadáveres con las manos y de pura excitación ni siquiera sentía las heridas que se hacía. Una vez dueño del cadáver, lo abría con sable o navaja, le sacaba las entrañas y se masturbaba en esta situación. Al parecer, el sexo de los cadáveres le era totalmente indiferente, aunque se constató que este vampiro moderno desenterró más cadáveres femeninos que masculinos.
En el transcurso de estos actos se hallaba en un estado de indescriptible excitación sexual. Tras despedazarlos, volvía a enterrar los cadáveres.
En julio de 1848 dio por casualidad con el cadáver de una joven de unos 16 años.
Se despertó entonces en él por primera vez el deseo de realizar el coito con el cadáver. “Lo cubrí de besos por todas partes, lo apreté como enloquecido contra mi corazón. Todo lo que pueda uno disfrutar con una mujer viva no era nada en comparación con el placer que sentí. Después de disfrutar del cadáver durante un cuarto de hora aproximadamente, lo despedacé como de costumbre y lo destripé. Luego lo enterré de nuevo”.
B. afirma que a partir de este atentado empezó a sentir por primera vez la necesidad de servirse sexualmente de los cadáveres antes de despedazarlos y que posteriormente lo llevó a la práctica con los cuerpos sin vida de unas tres mujeres. Pero el verdadero motivo de la exhumación seguía siendo el descuartizamiento, y el placer obtenido con esta práctica seguía siendo mayor que usando sexualmente los cadáveres.
Esto último no representaba sino un simple episodio del acto principal y nunca llegó a calmar su apetito, por lo que siempre despedazaba a continuación ese mismo cadáver u otro.
Los médicos forenses diagnosticaron “monomanía”. El Consejo de Guerra condenó a B. a 1 año de calabozo.
(Michea, Union méd. 1849. – Lunier, Annal. méd. psychol. 1849, p. 153. – Tardieu, Attentats aux moeurs, 1878, p. 114. – Legrand, La folie devant les tribun. p. 524.).
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Caso 17. Jack el destripador. El 1-12-1887, 7-8, 8-9, 30-9, en octubre, el 9-11-1888, el 1-6, 17-7, 10-9-1889 se encontraron en diversos barrios de Londres cadáveres de mujeres matadas y mutiladas de manera extraña, sin que se pudiera dar con el asesino. Probablemente, degolló primero a sus víctimas movido por una lujuria animal, después les abrió el vientre y hurgó en las entrañas. En numerosos casos, cortó los genitales externos e internos y se los llevó, seguramente para volver a excitarse después con su contemplación. Otras veces se conformaba con descuartizarlos sobre el terreno. Es de suponer que no atentara sexualmente contra las 11 víctimas de su perverso impulso sexual, sino que en su caso el asesinato y mutilación hiciera las veces del acto sexual (Mac-Donald, le criminel-type, 2. edit. Lyon 1884… Spitzka, The Journal of nervous and mental disease, diciembre de 1888; Kiernan, The medical Standart, nov., dic. 1888).