Caso 205: paranoia persecutoria

Una mujer de 30 años había atraído hacia sí a un niño de cinco años que jugaba en los alrededores prometiéndole dinero y carne asada, pene lusit, supra puerum flexa coitum conavit. La implicada era maestra. Había sido seducida por un hombre y después rechazada por él. Aunque anteriormente había sido de moralidad estricta, a partir de entonces se dio por un tiempo a la prostitución. La clave para aclarar la transformación amoral de su vida se desveló porque presentaba un delirio persecutorio con amplias ramificaciones y estaba convencida de hallarse bajo el misterioso influjo de su seductor, que la obligaba supuestamente a realizar actos sexuales. Así, creía también que el niño había sido puesto en su camino por su seductor. Resultaba poco verosímil que el motivo del delito hubiera que buscarlo en una grosera sensualidad, dado que a esta persona le hubiera resultado fácil satisfacer su impulso sexual de manera natural. (Küssner, Berl. klin. Wochenschrift).