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Caso 138: metamorphosis sexualis paranoica

Metamorphosis sexualis paranoica. N., 23 años, soltero, pianista, fue ingresado a finales de octubre de 1865 en el sanatorio de Illenau. Procede de familia al parecer sin taras pero tuberculosa (el padre y el hemano fallecieron de phthisis pulmonum). El paciente era de niño debilucho, poco dotado, con talento únicamente para la música. Siempre tuvo un carácter anormal, cerrado, callado, insociable, intratable.

A partir de los 15 años, masturbación. Al cabo de unos años empezaron a presentarse afecciones neurasténicas (palpitaciones, abatimiento, a veces presión en la cabeza, etc.) acompañadas de arrebatos hipocondriacos. El paciente había estado trabajando durante el último año de manera muy intensa. En el último medio año se había agravado su neurastenia. Se quejaba ahora de palpitaciones, presión en la cabeza, insomnio, se encontraba muy excitable, se le notaba una gran excitación sexual, afirmaba que tenía que casarse lo antes posible por motivos de salud. Se enamoró de una artista, pero enfermó casi al mismo tiempo (septiembre de 1865) de paranoia persecutoria (sensaciones de hostilidad, expresiones insultantes por la calle, veneno en la comida, le ponen una cuerda en un puente para que no pueda pasar para encontrarse con su amada). Ingresado en el manicomio por su creciente excitación, así como por conflictos con un entorno que percibe como hostil, al principio presentaba todavía el cuadro de una típica paranoia persecutoria, junto con síntomas de una neurastenia sexual que posteriormente devino generalizada; la manía persecutoria, no obstante, no se fraguó sobre esa base neurótica. Solo ocasionalmente oía el paciente a su entorno decir: “Ahora es cuando le vamos a quitar el semen, cuando le vamos a cortar la vejiga”.

En el transcurso de los años 1866-68 la manía persecutoria fue pasando progresivamente a un segundo plano, siendo sustituida en gran medida por ideas eróticas. La base somático-psíquica era una continua y poderosa excitación de la esfera sexual. El paciente se enamoraba de toda dama que se le ponía delante, oía voces que le decían que se acercara a ella, exigía la autorización para casarse y afirmaba que si no le proporcionaban una mujer enfermaría de consunción. Continúa masturbándose y ya en 1869 empiezan a presentarse señales de una futura eviratio. Si encuentra una mujer, “solo la amará platónicamente”. El paciente se va volviendo cada vez más extravagante, vive en un círculo de ideas neurótico, ve practicar la prostitución por todas partes en la institución, oye voces de vez en cuando que le acusan a él mismo de comportamiento inmoral con damas. Evita por ello la compañía de damas y solo accede a tocar para ellas si hay dos testigos delante.

Durante el año 1872 se acentúa significativamente el estado de neurastenia. A partir de entonces vuelve a pasar al primer plano la paranoia persecutoria y va tomando tintes clínicos por el estado neurótico de base. Aparecen alucinaciones olfativas, el paciente se ve influido por el magnetismo. Siente el efecto de lo que denomina “ondas magnéticas del trabajo en el yunque” (interpretación errónea de afecciones derivadas de la astenia espinal). El proceso de eviratio va avanzando cada vez más, acompañado de una poderosa excitación sexual y excesos masturbatorios. Ya solamente es hombre de manera esporádica y se consume en deseos por una mujer, se queja amargamente de que la desvergonzada prostitución de los hombres en esta casa imposibilita que una mujer pueda llegar a él. Dice estar mortalmente enfermo por el aire, que está envenenado de magnetismo, y por su amor insatisfecho, sin amor no puede vivir; está intoxicado de un veneno de lujuria que afecta al impulso sexual. La dama de la que está enamorado ha caído aquí en los últimos grados del comportamiento deshonesto. Las prostitutas de esta casa tienen cadenas de felicidad, es decir, unas cadenas que hacen que un hombre, estando inmóvil, se encuentre en estado de lujuria. Ya está dispuesto también a contentarse con una prostituta. Dice poseer una fantástica “radiación de pensamientos oculares” que vale 20 millones. Sus composiciones valen 500.000 francos. Junto a estos indicios de megalomanía se presentan los de manía persecutoria: dice que la comida está envenenada con excrementos venéreos, nota el sabor y el olor del veneno, oye acusaciones infames y exige una máquina de cerrar orejas.

A partir de agosto de 1872 las señales que apuntan a una eviratio se van multiplicando. Se comporta de manera muy afectada, explica que no puede seguir viviendo con hombres que fuman y beben. Dice pensar y sentir de manera totalmente femenina. Pide que se le trate como mujer y que le trasladen a una sección para mujeres. Pide confituras y repostería. Ocasionalmente, tenesmo y cistoespasmo; pide que le lleven al paritorio y que le traten como a una embarazada enferma de gravedad. Dice que el magnetismo morboso de los cuidados masculinos le afecta negativamente.

Transitoriamente se siente todavía como hombre; pero aboga de manera característica de su sentimiento sexual morbosamente alterado por una satisfacción exclusiva mediante la masturbación, por un matrimonio sin coito. Afirma que el matrimonio es un instituto de lujuria. La muchacha que le gustaría tomar como mujer tendría que ser onanista.

A partir de diciembre de 1872 la conciencia de su personalidad se vuelve definitivamente femenina.

Afirma haber sido siempre mujer, pero que entre el primer y el quinto años de edad un artista francés cuáquero le puso genitales masculinos e impidió a base frotarle y golpearle el tórax que le pudieran salir luego los pechos.

Exige ahora enérgicamente que se le traslade a la sección de mujeres, que le protejan de hombres que le quieren prostituir y que se le proporcione ropa de mujer. Estaría dispuesto, llegado el caso, a trabajar en una juguetería cosiendo y cortando piezas o en una mercería haciendo trabajos femeninos. A partir del momento de la transformatio sexus, el tiempo comienza a contar de nuevo para el paciente. Su antigua personalidad la recuerda ahora como un primo suyo.

Durante un tiempo habla de sí mismo en tercera persona, dice ser la condesa V., la amiga predilecta de la emperatriz Eugenia, pide perfumes, corsés, etc. Toma a los otros hombres de la sección por mujeres, intenta hacerse una coleta, pide un producto de depilación oriental para que no sigan dudando de su naturaleza femenina. Se complace en alabar el onanismo, pues “ha sido onanista desde los 15 años y nunca ha buscado otro tipo de satisfacción sexual”. Ocasionalmente se siguen constatando afecciones neurasténicas, alucinaciones olfativas y delirios persecutorios. Todas las vivencias anteriores a diciembre de 1872 pertenecen a la personalidad del primo.

No hay forma de quitarle al paciente de la cabeza el delirio de ser la condesa V. Se escuda en que la comadrona la exploró y vio que era una dama. La condesa no se va a casar porque desprecia el mundo de los hombres. Como no se le da al paciente ropa de señora ni zapatos de tacón, se pasa la mayor parte del día en la cama, se comporta como una distinguida dama que está padeciendo, se pone melindrosa y pudibunda, pide caramelos, etc. Procura hacerse trenzas como puede, se arranca los pelos de la barba. Se pone pechos con los panecillos.

En 1874 aparece caries en la rodilla izquierda, a lo que pronto se le añade una phthisis pulmonum. Fallecimiento el 2 de diciembre de 1874. Cráneo normal. Lóbulo frontal atrófico, cerebro anémico. Microscopía (Dr. Schule): en la capa superior del lóbulo frontal, células gangliares ligeramente contraídas; en adventitia de los vasos sanguíneos numerosos gránulos de grasa; glía sin alteraciones, partículas aisladas de pigmentos y granos de coloides. Capas inferiores de la corteza cerebral normales. Genitales muy grandes, testículos pequeños, flácidos, no aparecen macroscópicamente alterados en la disección.

[Psychopathia sexualis, Caso 138: metamorphosis sexualis paranoica]

Caso 95: fetichismo de pies con heterosexualidad constante

Fetichismo de pies con heterosexualidad constante. Señor Y., 50 años, soltero, de clase elevada, consultó al médico por dolencias “nerviosas”. Se encuentra bastante afectado, es nervioso desde la niñez, muy sensible al frío y al calor. Sufre desde hace años ideas obsesivas que presentan el carácter de un delirio persecutorio corregido y transitorio. Si, por ejemplo, está sentado en la mesa de un bar, le parece como si todos los ojos se fijaran en él y todos los presentes murmuraran y se burlaran de él.

En cuanto se levanta, desaparece esta sensación y deja de creer en estas percepciones supuestas.

En cuanto pasa un tiempo, en ningún sitio se encuentra a gusto, por lo que va pasando de un lugar a otro. Alguna vez le ha ocurrido reservar una habitación en un hotel y no poder ir porque se lo impedían las correspondientes ideas obsesivas.

La libido de este hombre nunca fue grande. Nunca tuvo sentimientos que no fueran heterosexuales. Al parecer, su única satisfacción consistía en el coito normal (con escasa frecuencia).

Y. reconoció ante el médico haber sido muy peculiar en su vida sexual desde la juventud. No se excita sexualmente ni con mujeres ni con hombres sino tan solo con la visión de pies desnudos de individuos femeninos, siendo indiferente que se trate de niños o adultos. El resto de las partes del cuerpo de la mujer le dejan perfectamente frío.

Si tiene ocasión de contemplar los pies de personas que andan “por el campo”, puede quedarse horas observándolos y siente al hacerlo el “terrible” impulso de terere genitalia propria ad pedes illarum. Hasta ahora ha logrado no dejarse arrastrar a la satisfacción de tal impulso.

Lo que más le molesta es la suciedad de la que suelen estar cubiertos los pies desnudos de la gente que anda por ahí. Le gustaría que estuvieran bien limpios. No fue capaz de explicar cómo había llegado a este fetichismo. (De una comunicación del profesor Forel).

Epicrisis: caso de fetichismo de parte del cuerpo. No se constatan relaciones masoquistas. Probabilidad de que este caso de fetichismo haya surgido por coincidencia casual de una excitación sexual con la contemplación de pies desnudos durante la primera juventud.

[Psychopathia sexualis, caso 95: fetichismo de pies con heterosexualidad constante]

Caso 18: Vacher el destripador

Caso 18. Vacher el destripador. El 31 de agosto de 1895 se encontró muerto en el campo al pastor de 15 años Portalier casi desnudo, con el vientre abierto y otras heridas. Según se constató, las heridas habían ido precedidas del estrangulamiento.

El 4 de agosto de 1897 se detuvo como presunto asesino a un tal Vacher, un vagabundo que no solo confesó este delito sino toda una serie de otros parecidos que se venían sucediendo en Francia desde 1894. Afirmó haber actuado en un estado de perturbación transitoria de manera inconsciente e impulsiva en pleno arrebato de cólera. Sin embargo, el examen reveló que el asesino había cometido sus crímenes con plena conciencia y que posteriormente había procurado escapar a las consecuencias. También mantenía el recuerdo de lo sucedido.

V., nacido en 1869, de padres honrados, de familia mentalmente sana, sin haber padecido nunca enfermedad grave, desde la infancia malicioso, perezoso, imposible de mantener en ocupación alguna, con 20 años había tratado de abusar de una criatura, durante el servicio militar se había ganado fama de mala persona y había sido expulsado en 1893 por “trastornos psíquicos” (discursos confusos, delirio persecutorio transitorio, amenazas, irritabilidad extrema). En 1893 hirió a una joven que no se quiso casar con él, cometió a continuación intento de suicidio (tiro en la cabeza por la oreja derecha con secuela de sordera del lado derecho y parálisis facial). Ingresó en el manicomio, donde se le diagnosticó delirio persecutorio. El 1 de abril de 1894 se le dio el alta una vez restablecido. A partir de entonces se dedicó a vagabundear y cometió crímenes espantosos: el 20 de marzo de 1894 estranguló a la joven Delhomme, de 21 años, a continuación la degolló, pisoteó el cuerpo, arrancó parte del busto derecho y consumó seguidamente el coito con el cadáver. Esto mismo, excepto la violación, fue lo que hizo el 20 de noviembre de 1894 con la niña de 13 años Marcel, y también el 12 de mayo de 1895 con la joven de 17 años Mortureux. El 24 de agosto de 1895 estranguló y posteriormente abusó de la señora Morand, de 58 años, el 22 le cortó el cuello a la joven Alaise, de 16 años, y trató de abrirle el vientre. El 29 de septiembre cometió con el pastorcillo de 14 años Pelet el mismo crimen que posteriormente cometería con Portalier, produciéndole heridas en los genitales y cometiendo una agresión inmoral con el cadáver.

El 1 de marzo de 1896 trató de violar a la niña de 11 años Derouet, pero fue ahuyentado por un guarda de campo. El 10 de septiembre cometió su crimen habitual con la señora Mounier, una joven recién casada de 19 años, el 1 de octubre de 1896 con la pastora Rodier, de 14 años, a la que le cortó los genitales externos, que se llevó consigo. A finales de mayo de 1897 asesinó a un vagabundo de 14 años llamado Beaupied degollándolo y arrojando posteriormente el cadáver a un pozo. El 18 de junio asesinó a un pastor de 13 años llamado Laurent y violó el cadáver. Poco después trató de atentar contra la señora Plantier, pero esta recibió auxilio. Lamentablemente, escapó.

Lacassagne, Prof. de medicina forense en Lyón, Pierrel, Prof. de psiquiatría, y Rebatel, alienista, actuaron como expertos de este monstruoso caso en los tribunales. Constataron la ausencia de taras hereditarias, no hallaron enfermedades cerebrales y tampoco epilepsia en la historia médica de V. No era especialmente inteligente, desde la infancia, irritable, malicioso, irascible, gustaba de matar animales. Nadie quería mantenerle a su servicio. Ingresó en un convento como postulante, pero tuvo que abandonarlo al poco tiempo porque se dedicaba a masturbar a los compañeros. Debido a su inmoralidad e irritabilidad, nadie quería tenerle como empleado. No era bebedor. En el servicio militar se le temía y evitaba. Un día, por no ascenderle a sargento, montó en cólera, trató de agredir a su superior y empezó a delirar, por lo que acabó en el hospital militar y después en el manicomio. Los compañeros no le consideraban normal. Durante sus ataques de cólera resultaba imprevisible y extremadamente peligroso. Amenazaba directamente con rebanar el cuello y todo el mundo le tomaba en serio. Dormía mal, soñaba solo con matar, deliraba a menudo por las noches, por lo que nadie quería dormir cerca de él.

En el manicomio se le diagnosticó delirio persecutorio y se le consideró peligroso. Volvió a intentar el suicidio. Finalmente se le dio de alta ya curado.

Cometió 11 asesinatos posteriormente. Son actos de sadismo, asesinatos lujuriosos. Consisten en estrangular o cortar el cuello, destripar o mutilar el cadáver, sobre todo en los genitales, en ocasiones satisfaciendo con el cadáver apetitos sexuales aún insaciados.

Quedó demostrado sin lugar a dudas que V. había cometido sus crímenes a sangre fría, con plena conciencia, sin encontrarse en ningún tipo de estado psíquico de excepción.

Todo esto ocurrió en los rincones más diversos de Francia, que V. había recorrido de cabo a rabo.

V. no presenta signos de degeneración anatómica, los genitales tienen un desarrollo normal. Durante la reclusión se muestra jactancioso, susceptible, de trato difícil. En cierta ocasión se negó a ingerir alimento durante 7 días por despecho y probablemente por sentirse humillado. En otra ocasión tuvo un acceso de cólera al no permitírsele ir a la iglesia. Habla de sus crímenes con cinismo, no muestra arrepentimiento, los justifica constantemente achacándoselos a ataques de cólera y simula locura con la esperanza de que le trasladen al manicomio, de donde es más fácil escapar. En realidad no presenta síntoma alguno de perturbación mental a ojos de los expertos.

Las conclusiones de los expertos son: V. no es ni epiléptico ni enfermo impulsivo. Es un ser inmoral y apasionado que sufrió un episodio transitorio de delirio persecutorio depresivo con tendencias suicidas. Una vez repuesto, era dueño de sus actos. Sus crímenes son los de un ser antisocial, sádico, sanguinario que su anterior locura y el no haber recibido castigo le daban carta blanca para sus infames delitos. Es un delincuente común y su responsabilidad apenas queda atenuada por el trastorno mental precedente. — V. fue condenado a muerte. (Archives d’Anthropologie criminelle XIII. N.º 78).

[Psychopathia sexualis, caso 18]

Caso 9: anestesia sexual (falta de impulso sexual)

Caso 9. F. J., 19 años, estudiante, hijo de una madre nerviosa cuya hermana era epiléptica. Con 4 años, afección cerebral aguda durante 14 días. De niño insensible, frío para con sus padres; como escolar, raro, cerrado, se aislaba y se dedicaba a cavilar y a leer. Con talento. Desde los 15 años onanismo. Desde la pubertad, excentricidad, constantes alternativas entre el fervor religioso y el materialismo, estudios de teología y ciencias naturales. En la universidad los compañeros le tomaban por un chiflado. Solamente leía a Jean Paul, desperdiciaba el tiempo. Total ausencia de sentimientos sexuales hacia el otro sexo. Una vez se dignó a realizar el coito, pero no experimentó sensación sexual alguna, le pareció una estupidez y no trató de repetirlo. Sin base emocional alguna, le rondaba la idea del suicidio; escogió este como tema de una disertación filosófica en la que lo presentaba, junto con la masturbación, como un acto totalmente aconsejable. Tras repetidos intentos con diversos venenos, probó con 57 granos de opio, pero le salvaron y le trasladaron a un manicomio.
El paciente carece de todo sentido moral y social. Sus escritos revelan una increíble frivolidad y banalidad. Posee amplios conocimientos, pero su lógica es caprichosa y extravagante. No hay rastro de manifestaciones afectivas. Trata todos los temas con indiferencia e ironía sin igual, incluso los más elevados. Con sofisterías y falacias defiende el suicidio, que pretende llevar a cabo como lo haría una persona cualquiera con el más nimio asunto. Lamenta que le hayan quitado la navaja. Si no, se hubiera podido cortar las venas en la bañera como Séneca. Un amigo le había dado hacía poco un laxante en lugar del veneno que quería. En lugar de acabar en el otro mundo, acabó en el retrete. Dice que su “vieja, extravagante y absurda idea” solo se la puede extirpar el gran cirujano de la guadaña, etc.
El paciente posee un gran cráneo romboidal, la parte izquierda de la frente está más aplanada que la derecha. La parte trasera de la cabeza presenta una fuerte inclinación. Orejas en posición muy atrasada y muy abiertas, el conducto auditivo externo forma una estrecha rendija. Genitales muy fofos, testículos inusitadamente blandos y pequeños.
De vez en cuando el paciente se queja de que “le da muchas vueltas a la cabeza”. No puede evitar preocuparse de los problemas más nimios, pasa horas y horas cavilando sin poder evitarlo, lo que le resulta penoso y agotador. Acaba tan cansado que no es capaz de pensamiento sensato alguno.
Al cabo de un año, el paciente fue dado de alta sin mejoría, seguía dedicando su tiempo a leer, pasear, pensaba en fundar un nuevo cristianismo porque Cristo había sido un megalómano y había engañado al mundo con milagros (!). Tras un año de estancia en casa fue ingresado nuevamente por un súbito episodio de excitación psíquica. Presentaba una mezcla de delirio persecutorio primordial (demonio, Anticristo, dice que le persiguen, temor al envenenamiento, voces que le persiguen) y de grandeza (se cree Cristo, redención del mundo), todo esto concurre con acciones impulsivas en medio de una gran confusión. Tras cinco meses remitió esta enfermedad mental intercurrente y el paciente volvió a su extravagancia intelectual originaria y a sus defectos morales.

[Psychopathia sexualis, caso 9]