Caso 97: fetichismo de mujeres cojas

X., 28 años, procedente de familia con importantes taras. Es neurasténico, se queja de falta de confianza en sí mismo y frecuente malhumor con impulsos suicidas, a los que muchas veces le resulta difícil resistirse. Con la más mínima tribulación cae en un desconcierto y desesperación totales. El paciente es ingeniero en una fábrica de la Polonia rusa, de constitución fuerte, sin signos de degeneración. Se queja de una extraña “manía” que a menudo le hace dudar de si es una persona psíquicamente sana. Desde los 17 años tan solo se excita sexualmente con la contemplación de mujeres con algún defecto físico, sobre todo, de mujeres que cojean y tienen los pies torcidos. El paciente no es en modo alguno consciente de la conexión asociativa originaria entre su libido y tales defectos femeninos.

Desde la pubertad se encuentra bajo el efecto de este fetichismo, del que él mismo se avergüenza. La mujer normal no tiene para él atractivo alguno, tan solo la que está torcida, cojea, tiene defectos en los pies. Si una mujer tiene un achaque de este tipo, induce en él una poderosa excitación sensual, siendo indiferente el que tal mujer pueda ser hermosa o fea.

En sus sueños con polución únicamente se le presentan tales figuras femeninas cojeantes. De vez en cuando no puede evitar el impulso de imitar a una de estas cojas. En tal situación experimenta un violento orgasmo y una eyaculación acompañada de intensa libidinosidad. El paciente asegura ser muy libidinoso y sufrir mucho a causa de la insatisfacción de sus impulsos. No obstante, consuma el coito con 22 años y únicamente unas cinco veces desde entonces. Al hacerlo, aun siendo potente, no obtuvo la más mínima satisfacción. Si algún día tuviera la suerte de practicar el coito con una mujer coja, no le cabe duda de que la cosa sería diferente. En cualquier caso, solo podría plantearse casarse con una coja.

Desde los veinte años de edad, el paciente presenta también fetichismo de ropa. A menudo le basta con vestirse medias y zapatos de mujer, bragas. De vez en cuando se compra tales prendas, se las pone en secreto, se excita con ello libidinosamente y tiene una eyaculación. Las prendas que ya ha llevado una mujer carecen para él del más mínimo atractivo. Le gustaría llevar ropa de mujer durante las ocasiones de excitación sensual, pero de momento no se ha atrevido por miedo a ser descubierto.

Su vita sexualis se limita a las prácticas mencionadas. El paciente afirma con plena seguridad y total convencimiento que nunca se ha dado a la masturbación. Últimamente, con el aumento de sus problemas de neurastenia, se encuentra bastante aquejado de poluciones.

[Psychopathia sexualis, caso 97: fetichismo de mujeres cojas]