Caso 206: actos deshonestos con niños, paranoia

Actos deshonestos con niños. Paranoia. El 26 de mayo, X., funcionario ferroviario jubilado, de 46 años, fue sorprendido chupando el pene de un niño de ocho años en una concurrida calle. Camino de la cárcel cometió el mismo delito con un joven detenido al que se transportaba con él y a continuación con otro, tras lo cual se le envió directamente a la clínica psiquiátrica, donde intentó cometer las mismas agresiones con pacientes hasta que se le aisló.

La exploración reveló una paranoia persecutoria que, a lo largo de los años, se había desarrollado en esta persona con fuertes taras hereditarias a partir de una neurastenia constitucional. Se sentía especialmente perseguido por su antiguo departamento, que querría cogerle para obligarle a volver al trabajo. Hace dos años se había dado cuenta de que había gente que al parecer le quería bien (entre ellos, altos funcionarios) y que procuraban mostrarle el camino para librarse de la presión de la persecución que le asediaba y que tan penosa le resultaba. Lo hacían metiéndose ostensiblemente un dedo en la boca y chupándoselo. Más claras incluso resultaban ciertas órdenes de sus hermanos, que iban dirigidas al perro, pero que en realidad se referían a él y que hablaban de lamer. Así fue como se dio cuenta de que si lamía a alguien en público ad genitalia se pondría en una situación tan comprometedora que su antiguo departamento ya no podría reintegrarlo al servicio activo y recuperaría la libertad.

Al principio no se decidía a realizar tan repugnante acción, pero la presión persecutoria que le agobiaba se impuso de tal manera que ya no pudo evitarlo y empezó a buscar la forma de comprometerse practicando el cunnilingus a prostitutas que le incitaban a ello con miradas y gestos. Cuando se dio cuenta de que estas no le denunciaban, empezó con niños y niñas (el sexo le era indiferente) que le invitaban con gestos. No entiende que un acto insinuado por un señor de elevada posición pueda crearle un conflicto con la policía y tampoco que después de haberse comprometido hasta tal punto persista la persecución por parte de la antigua dirección.

El hecho de que el paciente tratara de lograr su objetivo demencial precisamente a través de un delito sexual y de naturaleza tan repugnante en lugar de, por ejemplo, mediante el robo, se explica por una perversión más profunda de su vita sexualis desarrollada progresivamente en el curso de su neurastenia y acompañada de impotencia adquirida.

El paciente, desde siempre hipersexual y con predisposición heterosexual, sufría desde hacía años de neurasthenia sexualis, no obtenía ya satisfacción con el coito, presentaba una progresiva debilidad de la erección, había consultado por este motivo a médicos que le había aconsejado la abstinencia. Dada su potente libido, había sido incapaz de seguir tal indicación, pero su impotencia le impedía practicar el coito. Fue a dar por ello en el cunnilingus, con el que experimentaba un sentimiento libidinoso cada vez más acentuado y había llegado incluso a eyacular. Se compensó así su repugnancia ante tales “lamidos” y cuando se presentaron las numerosas señales paranoicas dirigidas hacia niños, ya estaba allanado el camino que conducía a este desdichado a cometer delitos con ellos.

Reconoce haber sentido progresivamente satisfacción sexual con ello y haber cometido también actos deshonestos con niños por este motivo. Sin embargo, el motivo principal habría sido la situación desesperada en que se encontraba debido a la supuesta persecución de su antiguo departamento. En la clínica el paciente se volvió tranquilo y ordenado, de manera que tras algún tiempo pudo pasar a cuidados domiciliarios.