Caso 74: fetichismo de pies y zapatos

Hombre joven, fuerte, 26 años. No encuentra en el bello sexo atractivo sensual alguno que sea comparable con una elegante bota en el pie de una hermosa dama, sobre todo si es de cuero negro y está provista de tacones altos. Le basta con la bota sin la dueña. Le produce el máximo placer mirarla, tocarla, besarla. El pie de una dama desnudo o simplemente con una media le deja perfectamente frío. Desde la niñez siente debilidad por las botas de señora elegantes.

X. es potente; durante el acto sexual, la persona tiene que estar vestida elegantemente y, sobre todo, llevar botas elegantes. En la cumbre del abandono sexual se unen pensamientos crueles a la admiración de las botas. No puede evitar pensar con placer en la agonía del animal del que ha salido el cuero para las botas. A veces no le queda más remedio que llevarle a su Friné gallinas y otros animales vivos para que esta los pise con sus elegantes botas, a fin de intensificar el placer. A esto lo llama “sacrificio a los pies de Venus”. Otra veces, la mujer tiene que pisotearle a él con sus botas, cuanto más, mejor.

Hasta hace un año, dado que no encontraba atractivo alguno en la mujer, se conformaba con acariciar botas de señora que fueran de su gusto, con lo que llegaba a la eyaculación y la plena satisfaccion (Lombroso, Arch. di psichiatria IX, fascic. III).

[Psychopathia sexualis, caso 74]

Caso 70: fetichismo de pies y zapatos

Señor X., 25 años, de padres sanos, anteriormente nunca enfermo de consideración, puso a mi disposición la siguiente autobiografía: “Empecé a masturbarme con 10 años sin que esto fuera nunca acompañado de pensamientos libidinosos. Ya por aquella época —esto lo sé con certeza—, la visión y el tacto de unas botas elegantes de mujer ejercían sobre mí un embrujo sin igual; mi mayor deseo era poder llevar también unas botas así, deseo que pude realizar también de vez en cuando en bailes de disfraces. Después fue un pensamiento completamente diferente el que comenzó a atormentarme: mi ideal consistía en verme en una situación humillante, me hubiera gustado ser esclavo, deseaba ser castigado, en definitiva, recibir el trato que se describe en las numerosas historias de esclavos. No sabría decir si este deseo surgió en mí por la lectura de estos libros o de forma espontánea.

“Con 13 años llegó la pubertad; con la aparición de las eyaculaciones aumentó el placer y me masturbaba con más frecuencia, a menudo 2 ó 3 veces al día. Durante el periodo de los 12 a los 16 años tenía siempre la fantasía durante el acto onanista de que me obligaban a llevar botas de chica. La visión de una bota elegante en el pie de una chica medianamente guapa me enloquecía, yo buscaba con ansia llevar el olor a cuero a mi nariz. Para oler el cuero también durante el onanismo me compraba manguitos de cuero, que olfateaba mientras me masturbaba. Mi pasión por las botas de cuero de mujer sigue siendo hoy la misma, solo que desde que cumplí los 17 años se le ha unido el deseo de convertirme en criado, limpiarles las botas a damas distinguidas, tener que ayudarlas a vestirse y desnudarse, y similares.

“Mis sueños nocturnos consisten siempre en escenas con zapatos: estoy ante el escaparate de una zapatería, a veces miro el elegante calzado de señora, sobre todo los zapatos con botones, o ad pedes feminae jaceo et olfacio et lambo calceoles eius. Hace más o menos un año que he dejado el onanismo y acudo ad puellas; el coito se consuma concentrando mi pensamiento en botas de señora con botones, a veces me llevo el zapato de la puella conmigo a la cama. Nunca he sufrido trastornos debidos a mi anterior onanismo. Se me da bien estudiar, tengo buena memoria, no he tenido en mi vida dolor de cabeza. Esto es lo que tenía que contar sobre mí.

“Un par de palabras aún a propósito de mi hermano: estoy convencido de que él también es fetichista de zapatos; entre muchos otros hechos que me lo demuestran, destacaré solamente uno: para él es todo un placer que le aseste patadas una de nuestras primas (increíblemente guapa). Por lo demás, me comprometo a decir de cualquier hombre que se para ante una zapatería y se queda mirando los zapatos si es ‘amigo de los zapatos’ o no. Esta anomalía es enormemente frecuente; si hablando con conocidos saco el tema de qué es lo que los atrae en una mujer, se oye con gran frecuencia que resulta más atractiva la mujer vestida que la desnuda; aunque todo el mundo tiene mucho cuidado de no nombrar su fetiche especial. Tengo un tío que también creo que es fetichista de zapatos”.

[Psychopathia sexualis, caso 70]

Caso 69: fetichismo de pies y zapatos

Z., 28 años, hereditaria y constitucionalmente neuropático, afirma haber tenido una polución ya con 11 años. En aquella época sufrió un castigo de su madre ad podicem que en aquel momento sintió únicamente como doloroso, pero que en su memoria quedó asociado con sentimientos placenteros. Esto le llevó a reproducir su recuerdo cada vez más frecuentemente y a asestarse así él mismo verbera ad podicem. Con unos 13 años empezó a sentir debilidad por las botas de señora elegantes de tacón alto. Alcanzaba la eyaculación presionando con ellas inter femora. Poco a poco le iba bastando para ello tan solo con pensarlo. A estas fantasías con botas se les unió pronto un conjunto de ideas masoquistas más placenteras todavía. Se recreaba en la idea de yacer a los pies de una dama joven y hermosa y que esta le pisara con sus hermosas botas. Esto iba acompañado de eyaculación. Así llegó a los 21 años sin haber deseado nunca el coito o haber sentido interés por los genitales femeninos. Entre los 21 y los 25 años, durante una grave tuberculosis, vuelta a las inclinaciones masoquistas. Ya curado, Z. mantuvo un encuentro en una única ocasión con una puella. Este fue desafortunado, pues cuando la vio denudata, desapareció toda libido y no hubo forma de alcanzar la erección. Volvió a partir de entonces a su mundo masoquista-fetichista. Su esperanza sigue siendo encontrar algún día el ideal de sus fantasías masoquistas —una mujer sádica— y llegar con su ayuda a mantener relaciones sexuales normales.

[Psychopathia sexualis, caso 69]

Etiquetas:         

Caso 50: masoquismo

Caso 50. El señor Z., de 29 años, técnico, acude a consulta por presunta tabes. El padre era nervioso y padecía una fuerte tabes, la hermana del padre era demente. Varios parientes son extremadamente nerviosos y gente peculiar.
Un examen más detenido revela que el paciente sufre astenia sexual, espinal y cerebral. No presenta síntomas que hagan pensar en tabes dorsalis amnésica o presente. La obvia cuestión del posible abuso de los órganos genitales queda aclarada con la masturbación practicada desde la juventud. En el transcurso de la exploración se constataron algunas anomalías psicosexuales interesantes.
Con 5 años despertó la vita sexualis en forma de un afán percibido como libidinoso de azotarse a sí mismo, acompañado del deseo de ser azotado por otros. El paciente no pensaba a tal efecto en individuos de un determinado sexo. A falta de otra cosa, practicaba la autoflagelación y con el paso de los años llegó a alcanzar la eyaculación.
Ya había empezado mucho antes a satisfacerse mediante la masturbación, durante la cual pensaba en escenas de flagelación.
Ya adulto, acudió a un lupanar para ser azotado allí por meretrices. Escogió para ello a la muchacha más hermosa, pero quedó decepcionado, sin lograr la erección, por no hablar de la eyaculación.
Se dio cuenta de que el ser azotado era algo secundario, que lo principal era la idea de hallarse sometido a la voluntad de una mujer. No se había dado cuenta la primera vez, pero la segunda sí. Como tenía la “idea de la sumisión”, tuvo un rotundo éxito.
Con el tiempo logró, a base de forzar sus fantasías en el ámbito de las representaciones masoquistas, incluso el coito sin flagelación, pero obtenía poca satisfacción, por lo que prefería mantener relaciones sexuales de índole masoquista. En consonancia con sus deseos flagelatorios originarios, tan solo encontraba placer en las escenas masoquistas si se le flagelaba ad podicem o por lo menos se representaba una situación de este tipo en su fantasía. En momentos de gran excitación le bastaba incluso con poder relatarle tales escenas a una muchacha hermosa. Alcanzaba así el orgasmo y solía llegar a la eyaculación.
Enseguida se sumó a esto una representación fetischista sumamente efectiva. Se dio cuenta de que solo le atraían y satisfacían las mujeres con botas altas y falda corta (“a la húngara”). No es capaz de explicar cómo llegó a tal representación fetichista. También le excitan unas piernas de chico enfundadas en unas botas altas, pero esta excitación es puramente estética, desprovista de todo tono sensual, al igual que afirma no haber percibido nunca en sí mismo ningún tipo de inclinación homosexual. El paciente dio como explicación para su fetichismo su gusto por las pantorrillas. Pero solo le excita una pantorrilla de mujer envuelta en una bota elegante. Las pantorrillas desnudas y en general las desnudeces femeninas no provocan en él la más mínima excitación sexual. La oreja humana constituye para el paciente una representación fetichista subordinada. Le produce una sensación libidinosa acariciar las orejas de personas hermosas, es decir, personas que tienen orejas hermosas. Esto le produce un placer más bien escaso si son hombres, pero muy elevado cuando se trata de mujeres.
También tiene debilidad por los gatos. Los encuentra sencillamente hermosos, todos y cada uno de sus movimientos le resultan simpáticos. La visión de un gato es capaz incluso de sacarle de la más honda depresión. Los gatos son para él sagrados, ve en ellos seres divinos. No es consciente del motivo de tal idiosincrasia.
Últimamente tiene también con frecuencia ideas sádicas que tienen que ver con azotar a muchachos. En estas fantasías flagelatorias intervienen tanto hombres como mujeres, pero sobre todo las segundas y entonces su placer es mucho mayor.
El paciente opina que además de lo que él conoce y percibe como masoquismo hay algo más a lo que él llama “pajismo”.
Mientras que sus actos de desenfreno masoquista poseen una naturaleza y un tono de torpe sensualidad, su “pajismo” consiste en la idea de servir como paje a una hermosa joven. Se lo imagina como algo completamente casto, aunque picante, su posición respecto a ella es la de un esclavo, pero manteniendo una relación de total castidad, de entrega puramente “platónica”. El deleitarse en la idea de ser paje de una “bella criatura” está para él cargado de un sentimiento placentero pero en modo alguno sexual. Experimenta con él una exquisita satisfacción moral en contraste con el tono sensual del masoquismo y por eso considera su “pajismo” como algo diferente.
El paciente no presenta en su apariencia externa nada llamativo a primera vista, pero su pelvis es anormalmente amplia, la pala del hueso ilíaco es plana, está ladeado de forma anormal y resulta decididamente femenino. Ojo neuropático. Explica también que siente frecuentemente cosquilleos y excitación libidinosa en el ano y que por ello puede obtener satisfacción ope digiti (zona erógena).
El paciente tiene dudas en cuanto a su futuro. Cree que solamente se le podría ayudar si lograra interesarse verdaderamente por las mujeres, pero que su voluntad y fantasía son demasiado débiles para ello.

[Psychopathia sexualis, caso 50]