Caso 245: bestialismo

T., 35 años, de padre dado a la bebida y madre psicopática, nunca estuvo enfermo de gravedad y nunca había ofrecido en su comportamiento nada que llamara la atención. Ya con nueve años cometió actos deshonestos con una gallina, más tarde con otros animales domésticos. Cuando empezó a cohabitar con mujeres, desaparecieron sus deseos bestiales. Se casó con veinte años, se encontraba sexualmente satisfecho.

Con 27 años empezó a beber. Se despertaron entonces sus antiguas inclinaciones perversas. Un día que llevó una cabra a montar en un pueblo cercano, se despertó en él el deseo de penetrarla. Este se fue volviendo cada vez más intenso, pero todavía conseguía combatirlo, aunque fuera a costa de grandes esfuerzos. Palpitaciones, un espantoso dolor en el pecho y un intenso orgasmo le hicieron sucumbir a sus impulsos. T. asegura haber obtenido un placer mucho mayor con estos actos bestiales que en el “coitus cum femina”.

Sus actos de bestialismo pasaron inadvertidos. Finalmente ingresó en un manicomio por delirio alcóholico y en el registro de la anamnesis hizo las revelaciones arriba indicadas (Boissier y Lauchaux, Annal. médico-psychol., julio-agosto de 1893, p. 381).