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Caso 129: zoofilia erótica, fetichismo

Zoofilia erótica, fetichismo. Señor N. N., 21 años, procede de familia con antecedentes neuropáticos y es él mismo de constitución neuropática. Ya de niño sentía la necesidad de realizar esta o aquella acción por miedo a que, de no hacerlo, le sucediera alguna desgracia. Era buen estudiante, nunca estuvo enfermo de consideración, sentía ya de niño predilección por los animales domésticos, sobre todo por los perros y los gatos, porque cuando los acariciaba experimentaba una sensación de excitación libidinosa. Durante años se dio con perfecta inocencia a este juego con los animales que le proporcionaba tan agradable excitación. Al llegar a la pubertad se dio cuenta de que aquello era inmoral y se obligó a sí mismo a dejarlo. Lo logró, pero a partir de entonces esas situaciones se le presentaban en sueños y no tardaron en ir acompañadas de poluciones. Esto empujó al muchacho, sexualmente excitable, al onanismo. Asegura haberse aliviado al principio manualmente y que al hacerlo se presentaba con regularidad el pensamiento de acariciar animales y hacerles cariños. Al cabo de un tiempo llegó al onanismo psíquico al representarse situaciones de este tipo y lograr así el orgasmo y la eyaculación. Esto le provocó una neurastenia.

Asegura no haber tenido nunca pensamientos de bestialismo, que el sexus bestiarum le resultaba perfectamente indiferente tanto en la fantasía como en la realidad y que nunca había pensado en ello.

Afirma no haber tenido tampoco nunca sentimientos homosexuales sino heterosexuales, pero que por falta de libido (¡ex masturbatione et neurasthenia!) y por miedo a contagios, a fecha de hoy, nunca ha consumado el coito. De entre las mujeres solo se siente atraído por las de apariencia esbelta y movimientos nobles.

El paciente presenta los típicos síntomas de neurastenia cerebroespinal. Es de constitución delicada y anémico. Tiene gran interés en averiguar si es potente y, en su caso, en llegar a serlo, lo que elevaría considerablemente su sentimiento de dignidad, que anda por los suelos.

Se le dan consejos relativos a los daños derivados del onanismo psíquico, la superación de la neurastenia y el fortalecimiento de los centros sexuales, así como a la satisfacción de la vita sexualis por medios normales tan pronto como se tengan perspectivas de éxito y resulte posible.

Epicrisis. No se trata de bestialismo sino de fetichismo. Probablemente, las caricias a animales domésticos (con un despertar anormalmente temprano de la vita sexualis) se vieron acompañadas de una primera excitación sexual, que pudo ser provocada por sensaciones táctiles, con lo que se establecería entre ambos hechos una asociación que se asentaría como resultado de la repetición. (Zeitschrift für Psychiatrie, vol. 50).

[Psychopathia sexualis, caso 129: zoofilia erótica, fetichismo]

Caso 27: el apuñalador de muchachas de Bolzano

Caso 27. El apuñalador de muchachas de Bolzano (comunicado por Demme, Buch der Verbrechen, Vol. II, p. 341).
En 1829 se llevó ante los tribunales a H., soldado de 30 años. En diferentes momentos y lugares había herido a muchachas clavándoles un cuchillo de cocina o una navaja en el abdomen, sobre todo en las partes pudendas. El motivo que aducía para tales agresiones era un impulso sexual desenfrenado y furioso que solamente se saciaba con la idea y el acto de clavar un cuchillo a personas del sexo femenino.
Al parecer, era frecuente que este impulso le persiguiera durante días. Se caía entonces en un estado de ánimo de total confusión que no desaparecía hasta que daba salida a ese impulso con hechos. Según afirmaba, al clavar el cuchillo obtenía la satisfacción del acto sexual pleno y esta aumentaba cuando veía correr la sangre por el cuchillo.
Ya con 10 años de edad había exprimentado un poderoso impulso sexual. Primero se dio a la masturbación, pero tenía la sensación de que esta le debilitaba cuerpo y alma. Antes de convertirse en el “apuñalador de muchachas”, satisfacía sus apetitos sexuales abusando de muchachas inmaduras, masturbándolas y también practicando el bestialismo. Poco a poco se le había ido ocurriendo la idea del placer debía de ser clavarle un cuchillo a una hermosa joven en los genitales y deleitarse viendo correr la sangre por el cuchillo.
Entre sus efectos personales se hallaron imitaciones de objetos del culto, cuadros obscenos de la concepción de María pintados por él mismo, de la “idea de Dios coagulada” en el seno de la Virgen. Se le tenía por hombre extraño, muy irritable, misántropo, mujeriego, hosco, amargado. No se advertían en él vergüenza o arrepentimiento. Al parecer, había quedado impotente como consecuencia de antiguos excesos sexuales. Tendía a la perversión de la vida sexual por su intensa y prolongada libido y por la presencia de una tara.

[Psychopathia sexualis, caso 27]

Caso 15: asesinato sádico

Caso 15. El 15 de abril de 1880 desapareció una niña de cuatro años de casa de sus padres. El 16 se detuvo a Menesclou, uno de los inquilinos del inmueble. En sus bolsillos se encontraron los antebrazos de la criatura, de la estufa se recuperaron la cabeza y vísceras medio carbonizadas. También en el retrete se encontraron partes del cadáver. Los genitales no aparecieron. La turbación se apoderó de M. al ser preguntado sobre su paradero. Las circunstancias, así como un poema deshonesto que llevaba consigo, no dejaban lugar a dudas: había abusado de la niña y después la había asesinado. M. no expresó remordimiento alguno, consideraba su acción una simple desgracia. Su inteligencia es limitada. No presenta signos de degeneración anatómica, es duro de oído, escrofuloso.

M. tiene ahora 20 años, cuando tenía 9 meses sufrió convulsiones; después, sueño intranquilo, enuresis nocturna, era nervioso, tuvo un desarrollo tardío y deficiente. A partir de la pubertad se volvió irascible, mostraba malas inclinaciones, era perezoso, desobediente; no valía para ninguna ocupación. Ni siquiera mejoró en el correccional. Se le alistó en la marina, tampoco allí respondió. De vuelta en casa, robaba a sus padres, andaba en malas compañías. No iba detrás de mujeres, se daba al onanismo afanosamente, de vez en cuando penetraba perras. Su madre padecía manía menstrual periódica, un tío había perdido el juicio, otro se daba a la bebida.

El examen de su cerebro reveló alteraciones morbosas en ambos lóbulos frontales, la primera y segunda circunvoluciones temporales, así como en parte de las circunvoluciones occipitales.

[Psychopathia sexualis, caso 15]