Caso 31. J. H., de 26 años, acudió a consulta en 1883 por neurastenia e hipocondria agudas. El paciente reconoce haberse masturbado desde los 14 años de edad y aunque hasta los 18 no lo hizo demasiado a menudo, a partir de entonces le faltaron las fuerzas para resistirse a ese impulso. Debido a su frágil salud se le protegía con solicitud y casi nunca se le dejaba solo, por lo que nunca había podido acercarse hasta entonces a una mujer. Tampoco sentía verdaderos deseos de un placer que desconocía.
Dio con él por casualidad cuando a una criada de la madre se le rompió el cristal de una ventana limpiándolo y se hizo un buen corte en la mano. Mientras la ayudaba a detener la hemorragia, no pudo abstenerse de chupar la sangre que brotaba de la herida, lo que le puso en un estado de violenta excitación erótica que culminó en un orgasmo pleno con eyaculación.
Desde aquel momento procuró por todos los medios ver y, a ser posible, gustar sangre fresca que brotara de personas del sexo femenino. Prefería la de las jóvenes. No reparaba en gastos ni sacrificios con tal de proporcionarse ese placer. Al principio disponía de aquella joven, que le dejaba pincharla en los dedos cuando quería con una aguja o incluso con una lanceta. Pero la madre despidió a la muchacha cuando se enteró. Tuvo que sustituirla entonces por meretrices, lo que lograba con dificultades, pero, no obstante, con suficiente frecuencia. Entretanto practicaba el onanismo y la manustupración per feminam, lo que nunca le reportó satisfacción sino más bien abatimiento y autorreproches. Debido a sus trastornos nerviosos, visitó numerosos balnearios y estuvo dos veces interno en instituciones por iniciativa propia. Recibió hidroterapia, electricidad y curas de fortalecimiento sin demasiado éxito. Logró una mejoría temporal de su anormal excitabilidad sexual y de sus impulsos onanistas tomando baños fríos de asiento, bromuro de alcanfor y sales de bromuro. Sin embargo, en cuanto se le dejaba solo, el paciente recaía inmediatamente en su antigua pasión y no escatimaba ni esfuerzos ni dinero con tal de satisfacer sus anómalos deseos sexuales de la forma arriba indicada.