Caso 18: Vacher el destripador

Caso 18. Vacher el destripador. El 31 de agosto de 1895 se encontró muerto en el campo al pastor de 15 años Portalier casi desnudo, con el vientre abierto y otras heridas. Según se constató, las heridas habían ido precedidas del estrangulamiento.

El 4 de agosto de 1897 se detuvo como presunto asesino a un tal Vacher, un vagabundo que no solo confesó este delito sino toda una serie de otros parecidos que se venían sucediendo en Francia desde 1894. Afirmó haber actuado en un estado de perturbación transitoria de manera inconsciente e impulsiva en pleno arrebato de cólera. Sin embargo, el examen reveló que el asesino había cometido sus crímenes con plena conciencia y que posteriormente había procurado escapar a las consecuencias. También mantenía el recuerdo de lo sucedido.

V., nacido en 1869, de padres honrados, de familia mentalmente sana, sin haber padecido nunca enfermedad grave, desde la infancia malicioso, perezoso, imposible de mantener en ocupación alguna, con 20 años había tratado de abusar de una criatura, durante el servicio militar se había ganado fama de mala persona y había sido expulsado en 1893 por “trastornos psíquicos” (discursos confusos, delirio persecutorio transitorio, amenazas, irritabilidad extrema). En 1893 hirió a una joven que no se quiso casar con él, cometió a continuación intento de suicidio (tiro en la cabeza por la oreja derecha con secuela de sordera del lado derecho y parálisis facial). Ingresó en el manicomio, donde se le diagnosticó delirio persecutorio. El 1 de abril de 1894 se le dio el alta una vez restablecido. A partir de entonces se dedicó a vagabundear y cometió crímenes espantosos: el 20 de marzo de 1894 estranguló a la joven Delhomme, de 21 años, a continuación la degolló, pisoteó el cuerpo, arrancó parte del busto derecho y consumó seguidamente el coito con el cadáver. Esto mismo, excepto la violación, fue lo que hizo el 20 de noviembre de 1894 con la niña de 13 años Marcel, y también el 12 de mayo de 1895 con la joven de 17 años Mortureux. El 24 de agosto de 1895 estranguló y posteriormente abusó de la señora Morand, de 58 años, el 22 le cortó el cuello a la joven Alaise, de 16 años, y trató de abrirle el vientre. El 29 de septiembre cometió con el pastorcillo de 14 años Pelet el mismo crimen que posteriormente cometería con Portalier, produciéndole heridas en los genitales y cometiendo una agresión inmoral con el cadáver.

El 1 de marzo de 1896 trató de violar a la niña de 11 años Derouet, pero fue ahuyentado por un guarda de campo. El 10 de septiembre cometió su crimen habitual con la señora Mounier, una joven recién casada de 19 años, el 1 de octubre de 1896 con la pastora Rodier, de 14 años, a la que le cortó los genitales externos, que se llevó consigo. A finales de mayo de 1897 asesinó a un vagabundo de 14 años llamado Beaupied degollándolo y arrojando posteriormente el cadáver a un pozo. El 18 de junio asesinó a un pastor de 13 años llamado Laurent y violó el cadáver. Poco después trató de atentar contra la señora Plantier, pero esta recibió auxilio. Lamentablemente, escapó.

Lacassagne, Prof. de medicina forense en Lyón, Pierrel, Prof. de psiquiatría, y Rebatel, alienista, actuaron como expertos de este monstruoso caso en los tribunales. Constataron la ausencia de taras hereditarias, no hallaron enfermedades cerebrales y tampoco epilepsia en la historia médica de V. No era especialmente inteligente, desde la infancia, irritable, malicioso, irascible, gustaba de matar animales. Nadie quería mantenerle a su servicio. Ingresó en un convento como postulante, pero tuvo que abandonarlo al poco tiempo porque se dedicaba a masturbar a los compañeros. Debido a su inmoralidad e irritabilidad, nadie quería tenerle como empleado. No era bebedor. En el servicio militar se le temía y evitaba. Un día, por no ascenderle a sargento, montó en cólera, trató de agredir a su superior y empezó a delirar, por lo que acabó en el hospital militar y después en el manicomio. Los compañeros no le consideraban normal. Durante sus ataques de cólera resultaba imprevisible y extremadamente peligroso. Amenazaba directamente con rebanar el cuello y todo el mundo le tomaba en serio. Dormía mal, soñaba solo con matar, deliraba a menudo por las noches, por lo que nadie quería dormir cerca de él.

En el manicomio se le diagnosticó delirio persecutorio y se le consideró peligroso. Volvió a intentar el suicidio. Finalmente se le dio de alta ya curado.

Cometió 11 asesinatos posteriormente. Son actos de sadismo, asesinatos lujuriosos. Consisten en estrangular o cortar el cuello, destripar o mutilar el cadáver, sobre todo en los genitales, en ocasiones satisfaciendo con el cadáver apetitos sexuales aún insaciados.

Quedó demostrado sin lugar a dudas que V. había cometido sus crímenes a sangre fría, con plena conciencia, sin encontrarse en ningún tipo de estado psíquico de excepción.

Todo esto ocurrió en los rincones más diversos de Francia, que V. había recorrido de cabo a rabo.

V. no presenta signos de degeneración anatómica, los genitales tienen un desarrollo normal. Durante la reclusión se muestra jactancioso, susceptible, de trato difícil. En cierta ocasión se negó a ingerir alimento durante 7 días por despecho y probablemente por sentirse humillado. En otra ocasión tuvo un acceso de cólera al no permitírsele ir a la iglesia. Habla de sus crímenes con cinismo, no muestra arrepentimiento, los justifica constantemente achacándoselos a ataques de cólera y simula locura con la esperanza de que le trasladen al manicomio, de donde es más fácil escapar. En realidad no presenta síntoma alguno de perturbación mental a ojos de los expertos.

Las conclusiones de los expertos son: V. no es ni epiléptico ni enfermo impulsivo. Es un ser inmoral y apasionado que sufrió un episodio transitorio de delirio persecutorio depresivo con tendencias suicidas. Una vez repuesto, era dueño de sus actos. Sus crímenes son los de un ser antisocial, sádico, sanguinario que su anterior locura y el no haber recibido castigo le daban carta blanca para sus infames delitos. Es un delincuente común y su responsabilidad apenas queda atenuada por el trastorno mental precedente. — V. fue condenado a muerte. (Archives d’Anthropologie criminelle XIII. N.º 78).

[Psychopathia sexualis, caso 18]