Caso 22. Un tal Grujo, de 41 años, hasta entonces de conducta irreprochable, casado 3 veces, estranguló a 6 mujeres en un periodo de 10 años. Casi todas eran mujeres públicas y ya bastante mayores. Suffocatis per vaginam intestina et renes extraxit. Nonullas miseras ante mortem stupravit, alias (si forse impotens erat) non stupravit. Cometió sus atrocidades con tal precaución que pasaron 10 años hasta que se le descubrió.
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Caso 21. Vinzenz Verzeni, nacido en 1849, desde el 11 de enero de 1872 en prisión, acusado de: 1. intento de estrangulamiento de su tía Marianne hace cuatro años mientras esta yacía enferma en la cama; 2. del mismo delito contra Arsuffi, mujer casada de 27 años; 3. de intento de estrangulamiento de Gala, mujer casada, apretándole el cuello mientras estaba de rodillas sobre su cuerpo; además, sospechoso de los siguientes asesinatos:
En diciembre, Johanna Motta, de 14 años, se encaminó una mañana entre las 7 y las 8 hacia un pueblo vecino. Como no regresaba, su jefe salió en su busca y halló el cadáver en los alrededores del pueblo, junto a un camino, atrozmente mutilado, con innumerables heridas. Los intestinos y genitales habían sido extraídos del cuerpo abierto y se hallaron en las inmediaciones. La desnudez del cadáver y las erosiones en los muslos apuntaban a una agresión deshonesta, la boca llena de tierra indicaba asfixia. Cerca del cadáver, bajo un montón de paja, se encontró un trozo arrancado de la pantorrilla derecha y jirones de ropa. No se pudo dar con el culpable.
El 28 de agosto de 1871, Frigeni, mujer casada de 28 años, salió temprano al campo. Como eran las 8 y no volvía, el marido salió a buscarla. Encontró el cadáver desnudo en el campo, con marcas de una cuerda en el cuello que indicaban que había sido estrangulada, cubierta de heridas, desventrada y con los intestinos fuera.
El 29 de agosto a mediodía, cuando Maria Previtali, de 19 años, salió al campo, fue seguida por su primo Verzeni, que la arrastró a un campo de cereales, la arrojó al suelo y le oprimió el cuello. En un momento en que la soltó para cerciorarse de si andaba alguien por allí, la muchacha se levantó y consiguió con sus súplicas que V. la dejara irse después de tenerla todavía un rato haciéndole presión con las manos.
V. fue llevado a juicio. Tiene 22 años, el cráneo es de tamaño superior a la media, asimétrico. El hueso frontal derecho es más estrecho y bajo que el izquierdo, la protuberancia frontal derecha está poco desarrollada, la oreja derecha es más pequeña que la izquierda (alrededor de 1 cm en vertical y 3 en anchura); en ambas orejas falta la mitad inferior de la hélice, la arteria temporal derecha presenta una cierta ateromatosis. Cerviguillo, enorme desarrollo del hueso cigomático y de la mandíbula inferior, pene muy desarrollado, sin frenillo; ligero estrabismo alternante divergente (insuficiencia de los mm. recti interni y miopía). Lombroso infiere a partir de estos signos degenerativos una atrofia congénita del lóbulo frontal derecho. Al parecer, Verzeni presenta degeneración hereditaria: dos de sus tíos son cretinos, un tercero es microcefálico, imberbe, le falta un testículo y tiene el otro atrofiado. El padre presenta vestigios de degeneración pelagrosa y sufrió un ataque de hipocondria pelagrosa. Un primo padeció hiperemia cerebral, otro es ladrón habitual.
La familia de Verzeni es mojigata, de una avaricia repulsiva. Él presenta una inteligencia común, sabe defenderse bien, procura demostrar su coartada, arrojar sospechas sobre otros. En su pasado no hay indicios de enfermedad psíquica; por lo demás es raro de carácter; es una persona callada, amante de la soledad. En prisión, cínico, se masturba; procura ver mujeres por todos los medios.
V. confesó finalmente sus crímenes y los motivos de estos. Al cometerlos experimentó una sensación indescriptiblemente agradable (libidinosa), acompañada de erección y eyaculación. Le bastaba con rozar apenas el cuello de sus víctimas para que le asaltaran sensaciones sexuales. Le daba igual, por lo que respecta a estas sensaciones, que las mujeres fueran viejas, jóvenes, feas o guapas. Por lo general, le bastaba con oprimirles el cuello para obtener placer y después las dejaba con vida -en los dos casos mencionados, la satisfacción sexual se hizo esperar y él siguió apretando hasta que sus víctimas murieron-. Su placer en estos estrangulamientos superaba al de la masturbación. Las excoriaciones en los muslos de Motta fueron producidas por sus dientes mientras chupaba la sangre con delectación. Succionó un trozo de pantorrilla y después se lo llevó a casa para asarlo, pero por el camino lo ocultó bajo un montón de paja por miedo a que le descubriera su madre. También transportó consigo la ropa y las entrañas durante un trecho porque disfrutaba olfateándolas y manoseándolas. La fuerza que tenía en estos momentos de máxima libidinosidad era enorme. Nunca ha sido un loco; mientras cometía sus crímenes no veía nada más (probablemente, suspensión de la percepción y actuación instintiva provocadas por excitación sexual extrema). Después tenía siempre una sensación muy placentera, un sentimiento de gran satisfacción; nunca sintió remordimientos de conciencia. En ningún momento se le ocurrió tocar los órganos sexuales de las mujeres agredidas o violar a sus víctimas, le bastaba con estrangularlas y chuparles la sangre. Parece que la información proporcionada por este vampiro moderno se basa en hechos reales. Al parecer, los impulsos sexuales normales le eran ajenos -tuvo dos queridas a las que se conformaba con mirar- él mismo se sorprende de no haber sentido ganas de estrangularlas o de oprimirlas con sus manos, pero tampoco obtuvo de ellas el mismo placer que con sus víctimas. No se halló en él rastro de sentido moral, arrepentimiento ni nada parecido.
Verzeni mismo dice que convendría mantenerle encerrado porque en libertad es incapaz de resistirse a sus deseos.
V. fue condenado a cadena perpetua. (Lombroso: Verzeni e Agnoletti, Roma, 1873).
Son interesantes las confesiones de V. tras la condena.
“Incredibilem voluptatem habui feminas suffocans, erectiones tum sensi atque vera libidine affectus sum. Vel vestimenta mulierum olfacere voluptatem mihi adtulit. In suffocando feminas maiorem voluptatem inveni quam in masturbando. Al beber la sangre de Motta sentí un gran bienestar. También me producía gran placer quitarles a las asesinadas las horquillas del pelo.
“La ropa y las entrañas me las llevé por deseo de olerlas y tocarlas. Mi madre me pilló al final porque después de cada asesinato o intento de asesinato me encontraba manchas de semen en la camisa. No estoy loco, pero en el instante del estrangulamiento ya no veía otra cosa. Después de cometer los asesinatos me quedaba satisfecho, a gusto. Nunca se me ocurrió tocar los órganos sexuales y demás o contemplarlos. Me bastaba con oprimirles el cuello a las mujeres y chuparles la sangre. A día de hoy sigo sin saber cómo está hecha una mujer.
“Durante el estrangulamiento y después de este, me tocaba por todo el cuerpo sin prestar más atención a una parte que a otra”.
V. llegó a sus actos perversos por sí solo tras percatarse con 12 años de que le acometía una extraña sensación libidinosa al retorcerles el pescuezo a las gallinas. Por eso a veces las mataba en masa y contaba luego que se había colado una comadreja en el corral. (Lombroso, Goltdammers Archiv, vol. 30, p. 13).
Caso 20. Tirsch, asilado en un hospital de incurables de Praga, 55 años, de siempre cerrado, raro, grosero, enormemente irritable, malhumorado, rencoroso, condenado a 20 años por intento de violación a una niña de 10 años, llamaba la atención últimamente por sus ataques de cólera poco fundados y por su hastío vital.
En 1864, tras ser rechazada la propuesta de matrimonio que le hizo a una viuda, engendró odio hacia las mujeres y el 8 de julio deambulaba con el propósito de asesinar a un miembro de ese odiado sexo.
Vetulam occurentem in silvam allexit, coitum poposcit, renitentem prostravit, jugulum feminae compressit “furore captus”. Cadaver virga betulae desecta verberare voluit nequetamen id perfecit, quia conscientia sua haec fieri vetuit, cultello mammas et genitalia desecta domi cocta proximis diebus cum globus comedit. El 12 de septiembre, al ser detenido, se encontraron todavía restos del macabro banquete. Dio como motivo de su acción un afán interior, él mismo deseaba que le ejecutaran porque, al fin y al cabo, siempre había sido un paria. Durante la reclusión enorme susceptibilidad, ocasionalmente ataques de cólera, que obligaban a aislarle durante varios días y durante los cuales se negaba a ingerir alimento. Según la documentación, la mayoría de sus anteriores excesos habían ido acompañados de excitación y ataques cólera (Maschka, Prager Vierteljahrsschrift 1886, I, p. 79; Gauster, citado por Maschka, Handb. der ger. Medizin, IV, p. 489).
Caso 19. Leger, viticultor, 24 años, desde su juventud hosco, cerrado, huraño. Se marcha en busca de trabajo. Pasa 8 días en el bosque, puellam apprehendit XII annorum; stupratae genitalia mutilat, cor eripit, come de él, bebe la sangre y entierra el cadáver. Tras ser detenido, al principio lo niega, pero acaba confesando su crimen con frío cinismo. Escucha con indiferencia la sentencia de muerte y es ejecutado. Esquirol halló en la autopsia adherencias morbosas entre las meninges y el cerebro (Georget, Darstellung der Prozesse Leger, Feldtmann usw., traducido por Amelung, Darmstadt 1827).
Caso 18. Vacher el destripador. El 31 de agosto de 1895 se encontró muerto en el campo al pastor de 15 años Portalier casi desnudo, con el vientre abierto y otras heridas. Según se constató, las heridas habían ido precedidas del estrangulamiento.
El 4 de agosto de 1897 se detuvo como presunto asesino a un tal Vacher, un vagabundo que no solo confesó este delito sino toda una serie de otros parecidos que se venían sucediendo en Francia desde 1894. Afirmó haber actuado en un estado de perturbación transitoria de manera inconsciente e impulsiva en pleno arrebato de cólera. Sin embargo, el examen reveló que el asesino había cometido sus crímenes con plena conciencia y que posteriormente había procurado escapar a las consecuencias. También mantenía el recuerdo de lo sucedido.
V., nacido en 1869, de padres honrados, de familia mentalmente sana, sin haber padecido nunca enfermedad grave, desde la infancia malicioso, perezoso, imposible de mantener en ocupación alguna, con 20 años había tratado de abusar de una criatura, durante el servicio militar se había ganado fama de mala persona y había sido expulsado en 1893 por “trastornos psíquicos” (discursos confusos, delirio persecutorio transitorio, amenazas, irritabilidad extrema). En 1893 hirió a una joven que no se quiso casar con él, cometió a continuación intento de suicidio (tiro en la cabeza por la oreja derecha con secuela de sordera del lado derecho y parálisis facial). Ingresó en el manicomio, donde se le diagnosticó delirio persecutorio. El 1 de abril de 1894 se le dio el alta una vez restablecido. A partir de entonces se dedicó a vagabundear y cometió crímenes espantosos: el 20 de marzo de 1894 estranguló a la joven Delhomme, de 21 años, a continuación la degolló, pisoteó el cuerpo, arrancó parte del busto derecho y consumó seguidamente el coito con el cadáver. Esto mismo, excepto la violación, fue lo que hizo el 20 de noviembre de 1894 con la niña de 13 años Marcel, y también el 12 de mayo de 1895 con la joven de 17 años Mortureux. El 24 de agosto de 1895 estranguló y posteriormente abusó de la señora Morand, de 58 años, el 22 le cortó el cuello a la joven Alaise, de 16 años, y trató de abrirle el vientre. El 29 de septiembre cometió con el pastorcillo de 14 años Pelet el mismo crimen que posteriormente cometería con Portalier, produciéndole heridas en los genitales y cometiendo una agresión inmoral con el cadáver.
El 1 de marzo de 1896 trató de violar a la niña de 11 años Derouet, pero fue ahuyentado por un guarda de campo. El 10 de septiembre cometió su crimen habitual con la señora Mounier, una joven recién casada de 19 años, el 1 de octubre de 1896 con la pastora Rodier, de 14 años, a la que le cortó los genitales externos, que se llevó consigo. A finales de mayo de 1897 asesinó a un vagabundo de 14 años llamado Beaupied degollándolo y arrojando posteriormente el cadáver a un pozo. El 18 de junio asesinó a un pastor de 13 años llamado Laurent y violó el cadáver. Poco después trató de atentar contra la señora Plantier, pero esta recibió auxilio. Lamentablemente, escapó.
Lacassagne, Prof. de medicina forense en Lyón, Pierrel, Prof. de psiquiatría, y Rebatel, alienista, actuaron como expertos de este monstruoso caso en los tribunales. Constataron la ausencia de taras hereditarias, no hallaron enfermedades cerebrales y tampoco epilepsia en la historia médica de V. No era especialmente inteligente, desde la infancia, irritable, malicioso, irascible, gustaba de matar animales. Nadie quería mantenerle a su servicio. Ingresó en un convento como postulante, pero tuvo que abandonarlo al poco tiempo porque se dedicaba a masturbar a los compañeros. Debido a su inmoralidad e irritabilidad, nadie quería tenerle como empleado. No era bebedor. En el servicio militar se le temía y evitaba. Un día, por no ascenderle a sargento, montó en cólera, trató de agredir a su superior y empezó a delirar, por lo que acabó en el hospital militar y después en el manicomio. Los compañeros no le consideraban normal. Durante sus ataques de cólera resultaba imprevisible y extremadamente peligroso. Amenazaba directamente con rebanar el cuello y todo el mundo le tomaba en serio. Dormía mal, soñaba solo con matar, deliraba a menudo por las noches, por lo que nadie quería dormir cerca de él.
En el manicomio se le diagnosticó delirio persecutorio y se le consideró peligroso. Volvió a intentar el suicidio. Finalmente se le dio de alta ya curado.
Cometió 11 asesinatos posteriormente. Son actos de sadismo, asesinatos lujuriosos. Consisten en estrangular o cortar el cuello, destripar o mutilar el cadáver, sobre todo en los genitales, en ocasiones satisfaciendo con el cadáver apetitos sexuales aún insaciados.
Quedó demostrado sin lugar a dudas que V. había cometido sus crímenes a sangre fría, con plena conciencia, sin encontrarse en ningún tipo de estado psíquico de excepción.
Todo esto ocurrió en los rincones más diversos de Francia, que V. había recorrido de cabo a rabo.
V. no presenta signos de degeneración anatómica, los genitales tienen un desarrollo normal. Durante la reclusión se muestra jactancioso, susceptible, de trato difícil. En cierta ocasión se negó a ingerir alimento durante 7 días por despecho y probablemente por sentirse humillado. En otra ocasión tuvo un acceso de cólera al no permitírsele ir a la iglesia. Habla de sus crímenes con cinismo, no muestra arrepentimiento, los justifica constantemente achacándoselos a ataques de cólera y simula locura con la esperanza de que le trasladen al manicomio, de donde es más fácil escapar. En realidad no presenta síntoma alguno de perturbación mental a ojos de los expertos.
Las conclusiones de los expertos son: V. no es ni epiléptico ni enfermo impulsivo. Es un ser inmoral y apasionado que sufrió un episodio transitorio de delirio persecutorio depresivo con tendencias suicidas. Una vez repuesto, era dueño de sus actos. Sus crímenes son los de un ser antisocial, sádico, sanguinario que su anterior locura y el no haber recibido castigo le daban carta blanca para sus infames delitos. Es un delincuente común y su responsabilidad apenas queda atenuada por el trastorno mental precedente. — V. fue condenado a muerte. (Archives d’Anthropologie criminelle XIII. N.º 78).
Caso 17. Jack el destripador. El 1-12-1887, 7-8, 8-9, 30-9, en octubre, el 9-11-1888, el 1-6, 17-7, 10-9-1889 se encontraron en diversos barrios de Londres cadáveres de mujeres matadas y mutiladas de manera extraña, sin que se pudiera dar con el asesino. Probablemente, degolló primero a sus víctimas movido por una lujuria animal, después les abrió el vientre y hurgó en las entrañas. En numerosos casos, cortó los genitales externos e internos y se los llevó, seguramente para volver a excitarse después con su contemplación. Otras veces se conformaba con descuartizarlos sobre el terreno. Es de suponer que no atentara sexualmente contra las 11 víctimas de su perverso impulso sexual, sino que en su caso el asesinato y mutilación hiciera las veces del acto sexual (Mac-Donald, le criminel-type, 2. edit. Lyon 1884… Spitzka, The Journal of nervous and mental disease, diciembre de 1888; Kiernan, The medical Standart, nov., dic. 1888).
Caso 16. Alton, dependiente, sale a pasear en Inglaterra por los alrededores de la ciudad. Atrae a una niña a los matorrales, regresa al cabo de un rato al trabajo y apunta en su diario: “Killed to-day a young girl it was fine and hot”.
Se echa de menos a la criatura, se la busca, la encuentran descuartizada; algunas partes, entre ellas los genitales, no aparecen. A. no mostró ni una sombra de emoción y tampoco dio pistas sobre los motivos y circunstancias de su espantoso acto.
Era persona psicopática, caía a veces en estados depresivos acompañados de tedio vital.
Su padre había sufrido un ataque de manía aguda, un pariente próximo había padecido de manía con impulsos asesinos. A. fue ejecutado.
Caso 15. El 15 de abril de 1880 desapareció una niña de cuatro años de casa de sus padres. El 16 se detuvo a Menesclou, uno de los inquilinos del inmueble. En sus bolsillos se encontraron los antebrazos de la criatura, de la estufa se recuperaron la cabeza y vísceras medio carbonizadas. También en el retrete se encontraron partes del cadáver. Los genitales no aparecieron. La turbación se apoderó de M. al ser preguntado sobre su paradero. Las circunstancias, así como un poema deshonesto que llevaba consigo, no dejaban lugar a dudas: había abusado de la niña y después la había asesinado. M. no expresó remordimiento alguno, consideraba su acción una simple desgracia. Su inteligencia es limitada. No presenta signos de degeneración anatómica, es duro de oído, escrofuloso.
M. tiene ahora 20 años, cuando tenía 9 meses sufrió convulsiones; después, sueño intranquilo, enuresis nocturna, era nervioso, tuvo un desarrollo tardío y deficiente. A partir de la pubertad se volvió irascible, mostraba malas inclinaciones, era perezoso, desobediente; no valía para ninguna ocupación. Ni siquiera mejoró en el correccional. Se le alistó en la marina, tampoco allí respondió. De vuelta en casa, robaba a sus padres, andaba en malas compañías. No iba detrás de mujeres, se daba al onanismo afanosamente, de vez en cuando penetraba perras. Su madre padecía manía menstrual periódica, un tío había perdido el juicio, otro se daba a la bebida.
El examen de su cerebro reveló alteraciones morbosas en ambos lóbulos frontales, la primera y segunda circunvoluciones temporales, así como en parte de las circunvoluciones occipitales.