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Caso 30: apuñalamiento de muchachas

Caso 30. En junio de 1896 numerosas jóvenes fueron acuchilladas ad nates en la calle a plena luz del día. El 2 de julio se sorprendió al agresor in flagranti.
Era un tal V., de 20 años, con graves taras hereditarias, que con 15 años había experimentado un buen día una gran excitación sexual al contemplar las posteriora de una mujer. Desde entonces, solo se sentía atraído sensualmente por esa parte del cuerpo femenino, la cual se convirtió en objeto de fantasías eróticas y de sueños acompañados de polución. Enseguida se añadió a esto el deseo libidinoso de golpear, pellizcar y pinchar nates femeninas. En cuanto sucedía esto en el sueño llegaba la polución. Poco a poco sintió el deseo de poner esto en práctica. A veces lograba resistirse a costa de un miedo descontrolado acompañado de sudores. Pero si el orgasmo y la erección eran intensos, se adueñaban de tal temor y zozobra que no le quedaba más remedio que asestar una puñalada. Entonces llegaba la eyaculación, sentía alivio en el pecho y se le volvía a despejar la cabeza. (Magnan, citado por Thoinot, op. cit. p. 451, descrito con mayor detalle por Garnier en Annales d’hygiène publique, 1900, febr. p. 112).

[Psychopathia sexualis, caso 30]

Caso 29: Bartle, el descuartizador de muchachas de Augsburgo

Caso 29 (comunicado por Demme, Buch der Verbrechen VII, p. 281). El descuartizador de muchachas de Augsburgo, Bartle, vinatero, sentía ya con 14 Jahren impulsos sexuales, pero rechazaba decididamente su satisfacción mediante el coito y llegaba a sentir repugnancia hacia el sexo femenino. Ya entonces tuvo la idea de satisfacerse sexualmente produciendo cortes a mujeres. No obstante, renunció a ella por falta de oportunidad y valor.
Desdeñaba la masturbación; de vez en cuando tenía poluciones durante sueños eróticos con muchachas geschnitten.
Con 19 años, hizo un corte por primera vez a una joven. Haec faciens sperma eiaculavit, summa libidine affectus. A partir de ese momento, el impulso se fue volviendo cada vez más poderoso. Solamente escogía mujeres jóvenes y guapas, y normalmente les preguntaba antes si todavía estaban solteras. La eyaculación y satisfacción sexual no se consumaban hasta que no se cercioraba de que las había herido de verdad. Después de la agresión sentía siempre abatimiento y repugnancia, y le asaltaban remordimientos de conciencia. Hasta los 32 años de edad agredía rajando, pero siempre procuraba no herir de gravedad a las muchachas. De ahí hasta los 36 años logró contener sus impulsos. Intentaba entonces satisfacerse solamente oprimiéndoles el cuello o el brazo a las jóvenes, pero así sólo llegaba a la erección, no a la eyaculación. Probó después clavando la navaja a las mujeres sin abrir la hoja, pero tampoco eso bastaba. Por último, asestó una cuchillada con la navaja abierta y tuvo pleno éxito, pues se imaginaba que una joven apuñalada sangraba más y sentía más dolor que haciéndole cortes. Con 37 años le descubrieron y fue detenido. En su casa se encontraron todo tipo de puñales, estoques y cuchillos. Confesó que con solo ver esas armas, y más todavía tocándolas, le asaltaba un sentimiento libidinoso acompañado de una brutal erección.
Reconoció haber herido en total a 50 chicas.
Su apariencia externa era más bien agradable. Llevaba una vida acomodada, pero era hombre raro y huraño.

[Psychopathia sexualis, caso 29]

Caso 28: apuñalamiento de muchachas

Caso 28. En los años sesenta, la población de Leipzig se vio alarmada por un hombre que asaltaba a las muchachas por la calle y les clavaba un puñal en el brazo. Cuando por fin se le detuvo, se reconoció en él a un sádico que sufría una eyaculación en el momento del apuñalamiento y para el que, por tanto, el herir a las jóvenes era el equivalente del coito. (Wharton, A treatise on mental unsoundness. Philadelphia 1873, § 623).

[Psychopathia sexualis, caso 28]

Caso 27: el apuñalador de muchachas de Bolzano

Caso 27. El apuñalador de muchachas de Bolzano (comunicado por Demme, Buch der Verbrechen, Vol. II, p. 341).
En 1829 se llevó ante los tribunales a H., soldado de 30 años. En diferentes momentos y lugares había herido a muchachas clavándoles un cuchillo de cocina o una navaja en el abdomen, sobre todo en las partes pudendas. El motivo que aducía para tales agresiones era un impulso sexual desenfrenado y furioso que solamente se saciaba con la idea y el acto de clavar un cuchillo a personas del sexo femenino.
Al parecer, era frecuente que este impulso le persiguiera durante días. Se caía entonces en un estado de ánimo de total confusión que no desaparecía hasta que daba salida a ese impulso con hechos. Según afirmaba, al clavar el cuchillo obtenía la satisfacción del acto sexual pleno y esta aumentaba cuando veía correr la sangre por el cuchillo.
Ya con 10 años de edad había exprimentado un poderoso impulso sexual. Primero se dio a la masturbación, pero tenía la sensación de que esta le debilitaba cuerpo y alma. Antes de convertirse en el “apuñalador de muchachas”, satisfacía sus apetitos sexuales abusando de muchachas inmaduras, masturbándolas y también practicando el bestialismo. Poco a poco se le había ido ocurriendo la idea del placer debía de ser clavarle un cuchillo a una hermosa joven en los genitales y deleitarse viendo correr la sangre por el cuchillo.
Entre sus efectos personales se hallaron imitaciones de objetos del culto, cuadros obscenos de la concepción de María pintados por él mismo, de la “idea de Dios coagulada” en el seno de la Virgen. Se le tenía por hombre extraño, muy irritable, misántropo, mujeriego, hosco, amargado. No se advertían en él vergüenza o arrepentimiento. Al parecer, había quedado impotente como consecuencia de antiguos excesos sexuales. Tendía a la perversión de la vida sexual por su intensa y prolongada libido y por la presencia de una tara.

[Psychopathia sexualis, caso 27]