Caso 30. En junio de 1896 numerosas jóvenes fueron acuchilladas ad nates en la calle a plena luz del día. El 2 de julio se sorprendió al agresor in flagranti.
Era un tal V., de 20 años, con graves taras hereditarias, que con 15 años había experimentado un buen día una gran excitación sexual al contemplar las posteriora de una mujer. Desde entonces, solo se sentía atraído sensualmente por esa parte del cuerpo femenino, la cual se convirtió en objeto de fantasías eróticas y de sueños acompañados de polución. Enseguida se añadió a esto el deseo libidinoso de golpear, pellizcar y pinchar nates femeninas. En cuanto sucedía esto en el sueño llegaba la polución. Poco a poco sintió el deseo de poner esto en práctica. A veces lograba resistirse a costa de un miedo descontrolado acompañado de sudores. Pero si el orgasmo y la erección eran intensos, se adueñaban de tal temor y zozobra que no le quedaba más remedio que asestar una puñalada. Entonces llegaba la eyaculación, sentía alivio en el pecho y se le volvía a despejar la cabeza. (Magnan, citado por Thoinot, op. cit. p. 451, descrito con mayor detalle por Garnier en Annales d’hygiène publique, 1900, febr. p. 112).
Tag: apuñalamiento
Caso 28. En los años sesenta, la población de Leipzig se vio alarmada por un hombre que asaltaba a las muchachas por la calle y les clavaba un puñal en el brazo. Cuando por fin se le detuvo, se reconoció en él a un sádico que sufría una eyaculación en el momento del apuñalamiento y para el que, por tanto, el herir a las jóvenes era el equivalente del coito. (Wharton, A treatise on mental unsoundness. Philadelphia 1873, § 623).
Caso 27. El apuñalador de muchachas de Bolzano (comunicado por Demme, Buch der Verbrechen, Vol. II, p. 341).
En 1829 se llevó ante los tribunales a H., soldado de 30 años. En diferentes momentos y lugares había herido a muchachas clavándoles un cuchillo de cocina o una navaja en el abdomen, sobre todo en las partes pudendas. El motivo que aducía para tales agresiones era un impulso sexual desenfrenado y furioso que solamente se saciaba con la idea y el acto de clavar un cuchillo a personas del sexo femenino.
Al parecer, era frecuente que este impulso le persiguiera durante días. Se caía entonces en un estado de ánimo de total confusión que no desaparecía hasta que daba salida a ese impulso con hechos. Según afirmaba, al clavar el cuchillo obtenía la satisfacción del acto sexual pleno y esta aumentaba cuando veía correr la sangre por el cuchillo.
Ya con 10 años de edad había exprimentado un poderoso impulso sexual. Primero se dio a la masturbación, pero tenía la sensación de que esta le debilitaba cuerpo y alma. Antes de convertirse en el “apuñalador de muchachas”, satisfacía sus apetitos sexuales abusando de muchachas inmaduras, masturbándolas y también practicando el bestialismo. Poco a poco se le había ido ocurriendo la idea del placer debía de ser clavarle un cuchillo a una hermosa joven en los genitales y deleitarse viendo correr la sangre por el cuchillo.
Entre sus efectos personales se hallaron imitaciones de objetos del culto, cuadros obscenos de la concepción de María pintados por él mismo, de la “idea de Dios coagulada” en el seno de la Virgen. Se le tenía por hombre extraño, muy irritable, misántropo, mujeriego, hosco, amargado. No se advertían en él vergüenza o arrepentimiento. Al parecer, había quedado impotente como consecuencia de antiguos excesos sexuales. Tendía a la perversión de la vida sexual por su intensa y prolongada libido y por la presencia de una tara.