Caso 219: exhibicionismo

En la primavera de 1891, una noche, a las 9, una dama acudió muy alterada al policía del parque municipal de X. y denunció que de entre los matorrales había salido un hombre completamente desnudo por la parte de delante, por lo que ella había echado a correr espantada. El policía se dirigió inmediatamente al lugar indicado y encontró a un hombre que estaba enseñando ventrem et genitalia nuda. Este intentó escapar, pero fue atrapado y detenido. Declaró que se encontraba sexualmente excitado por el consumo de alcohol y que andaba buscando una prostituta, pero mientras atravesaba el parque se acordó de que la exhibición le proporcionaba un placer mucho mayor que el coito, que solo practicaba de vez en cuando y “faute de mieux”. Tras despojarse de su camisa y arrancar la parte superior del pantalón, se apostó entre los matorrales et quum quae feminae advenissent nudatis genitalibus iis occurrisse. Dice que cuando se exhibe de esa forma siente un calor agradable y la sangre se le sube a la cabeza.

El detenido es empleado de una fábrica y su jefe asegura que se trata de una persona cumplidora, ahorrativa, sobria e inteligente.

Ya en 1886 B. fue condenado por exhibirse en dos ocasiones en lugar público, una de ellas a plena luz del día y la otra de noche, sentado bajo una farola.

B., de 37 años, soltero, produce una impresión chocante por su atuendo atildado y por lo afectado de su lenguaje y movimientos. Sus ojos tienen una expresión neuropática y exaltada; en su boca se dibuja una sonrisa de autocomplacencia. Desciende, al parecer, de padres sanos. Una hermana del padre y una de la madre fueron dementes. A otros hermanos de esta se los tenía por excéntricos en lo religioso.

B. no ha sufrido nunca enfermedades de consideración. Es excéntrico y fantasioso desde la infancia y le gustaban las novelas de caballerías y de otros tipos. Estas le absorbían por completo y él se identificaba en su fantasía con protagonistas de novelas. Siempre se consideró mejor que los demás, le daba un gran valor a la ropa elegante y las alhajas, y cuando salía a pavonearse los domingos imaginaba en su fantasía que era un alto funcionario.

B. nunca ha presentado síntomas epilépticos. En su juventud, masturbación moderada; posteriormente, coito moderado. Nunca antes, sentimientos o impulsos sexuales de índole perversa. Vida retirada, en el tiempo libre, lectura (popular, también historias caballerescas, Dumas, entre otros). B. no era bebedor. Solo excepcionalmente se preparaba una especie de ponche con cuyo consumo siempre se sentía sexualmente excitado.

Desde hace unos años, teniendo una libido considerablemente disminuida, se le venían presentando, asociados a estos consumos de alcohol, la “maldita idea” y el deseo de genitalia adspectui feminarum publice exhibere.

Cuando se encuentra en esta situación, le entra calor, el corazón le late con violencia, se le sube la sangre a la cabeza y no puede resistirse a ese impulso. Ya no ve ni oye otra cosa y queda completamente absorto en su deseo. Asegura que después, muchas veces, se ha pegado puñetazos en su enloquecida cabeza y se ha propuesto con determinación no volver a hacerlo; pero esas absurdas ideas siempre vuelven.

Mientras se exhibe, su pene solo alcanza una semierección; nunca llega a la eyaculación, que, por otra parte, también tarda en aparecer durante el coito. Cuando se exhibe, le basta genitalia sua adspicere y al hacerlo tiene la fantasía libidinosa de que este adspectus debe resultarles extraordinariamente agradable a las mujeres, dado que a él también le encanta contemplar genitalia feminarum. Solo es capaz de practicar el coito si la puella se muestra muy complaciente con él. De lo contrario, prefiere pagar y marcharse como vino. En sus sueños eróticos se exhibe ante mujeres jóvenes y exuberantes.

El informe médico forense constató la personalidad hereditario-psicopática del acusado y el impulso perverso y compulsivo que le llevaba a cometer los delitos de los que se le acusaba; demostró, asimismo, como hecho destacable, que también los impulsos de consumir alcohol que presentaba el por lo demás sobrio y ahorrativo B. tenían una base compulsiva y recurrente. La species facti revela claramente que B. se encontraba durante sus ataques en un estado psíquico de excepción, en una especie de confusión de los sentidos, sumido por completo en sus perversas fantasías sexuales. Esto mismo explica que no se percatara de que se aproximaba el policía hasta que ya era demasiado tarde para escapar. Resulta interesante en este exhibicionismo hereditario de tipo degenerativo-compulsivo el que el impulso sexual perverso despierte de su estado latente bajo el influjo del alcohol.

Otros cinco casos se refieren en Ruland, Psychiatr. Bladen, vol. XI, fascículo 4 (se trata de imbéciles degenerativos, pero el exhibicionismo no es compulsivo).