Una dama me contó lo siguiente: “Siendo una muchacha joven e inexperta la casaron con un hombre de unos 30 años. En la primera noche de su vida conyugal él le puso en las manos una escudilla de barbero con jabón y le pidió con vehemencia, sin muestra alguna de cariño, que le enjabonara la barbilla y el cuello (como para afeitarle). La mujer, completamente inexperta, hizo lo que se le pedía y quedó no poco sorprendida al ver durante las primeras semanas de su vida conyugal que no llegaba a conocer sus secretos en ninguna otra forma; el marido le aseguraba constantemente que para él representaba suponía el máximo placer que le enjabonara la cara. Después de pedir consejo a amigas, consiguió que su marido practicara el coito y tuvo con él durante los años siguientes tres hijos, según asegura. El marido es persona trabajadora y sólida, pero taciturno, hosco, de profesión comerciante”.
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Caso 37. En Viena un hombre frecuentaba a varias prostitutas sin otro propósito que enjabonarles la cara y pasarles la navaja como si las estuviera afeitando. Nunquam puellas laedit, sed haec faciens valde excitatur libidine et sperma ejaculat.