X., 34 años, casado, de padres neuropáticos, de niño sufrió severas convulsiones, sorprendente precocidad intelectual (¡sabía leer ya con 3 años!), pero con un desarrollo desequilibrado, nervioso desde la infancia, con 7 años empieza a sentir la necesidad de manejar zapatos de mujer o los clavos de estos. La visión o, más aún, el tacto de los clavos, el contarlos, le proporcionaba un indescriptible placer.
Por las noches se imaginaba que sus primas iban a tomarse las medidas para los zapatos y que él fabricaba las herraduras para estos o cortaba el material.
Con el tiempo empezaron a acometerle las escenas de zapatos también durante el día, y sin que él lo buscara le provocaban erección y eyaculación. A menudo tomaba zapatos de mujeres de la casa y con tocarlos con el pene ya tenía una eyaculación. Durante un tiempo, en su época de estudiante, consiguió dominar estas ideas y deseos. Luego vino una etapa en que se dedicaba a escuchar los pasos de las mujeres por la calle, con lo que se estremecía de placer, igual que cuando veía poner clavos en las suelas de los zapatos de señora o contemplaba los zapatos en los escaparates.
Se casó y durante los primeros meses de matrimonio estuvo libre de estos impulsos. Poco a poco se fue volviendo histeropático y neurasténico.
En ese estadio bastaba para que le entraran ataques de histeria con que el zapatero le hablara de clavos en zapatos de señora o de clavar las suelas de los zapatos de señora. Mayor aún era la reacción cuando veía a una bella dama que llevaba zapatos con muchos clavos. Para llegar a la eyaculación le bastaba con recortar suelas de zapatos de señora en un cartón y clavetearlas. También compraba zapatos de señora y pedía que les pusieran clavos en la tienda. Arañaba el suelo con ellos en casa y tocaba finalmente con ellos la punta de su pene. Pero también se presentaban espontáneamente situaciones libidinosas con zapatos en las que se satisfacía mediante la masturbación.
X. es por lo demás inteligente, aplicado en su oficio, pero lucha en vano contra sus deseos perversos. Presenta fimosis; pene corto, de paredes convexas, sin ser plenamente capaz de erección. Un día el paciente se puso a masturbarse ante una zapatería al ver una suela de zapato de señora claveteada y fue condenado por ello (Blanche, Archives de Neurologie, 1882, Nr. 22).
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