Z., 28 años, funcionario, procedente de madre neuropática. No es posible averiguar las circunstancias de salud y familiares del padre, prematuramente muerto. Z. era desde la infancia nervioso, impresionable, llegó enseguida sin necesidad de incitación a la masturbación, a partir de la pubertad se volvió neurasténico, abandonó por un tiempo el onanismo, tuvo innumerables poluciones, se recuperó algo en un sanatorio con curas de agua fría, sentía una intensa libido hacia las mujeres, pero hasta ahora no ha llegado al coito, en parte por falta de confianza en su potencia, en parte por miedo a contagios, lo cual le afecta mucho, sobre todo porque, faute de mieux, ha recaído en su vicio secreto.
Z. se revela como fetichista y masoquista al mismo tiempo cuando discutimos su vita sexualis con detenimiento y presenta interesantes relaciones entre ambas anomalías de la vita sexualis.
Asegura haber sentido debilidad por los zapatos de mujer desde los 9 años de edad.
Atribuye este fetichismo a haber visto en aquel entonces a una dama subiendo a un caballo mientras un criado le sujetaba el estribo. Esta visión le excitó poderosamente, se ha reproducido siempre en su fantasía y cada vez ha ido acompañada de sentimientos libidinosos. Las sentimientos de sus poluciones giraban después alrededor de mujeres con zapatos. Le encantaban los zapatos de cordón con tacones altos. A esto se le unió enseguida la fantasía libidinosa de dejar que una mujer le pisara con sus tacones y besar arrodillado el zapato de esta. De la mujer solo le interesa el zapato. Las fantasías olfativas no desempeñan aquí papel alguno. El zapato por sí solo no le basta. Tiene que estar puesto. Cuando Z. ve a una dama con semejante calzado se excita tanto que se tiene que masturbar. Cree que sólo sería potente con una mujer que estuviera calzada así.
Faute de mieux se ha dibujado un zapato de ese tipo y se complace en contemplar el dibujo mientras se masturba.
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