Caso 59: masoquismo

X., marido modelo, de estricta moral, padre de varios hijos, tiene momentos o más bien ataques, en que acude al burdel, escoge 2-3 de las muchachas más grandes y se encierra con ellas. Corporis superiorem partem nudavit humi iacens manus supra ventrem ponens oculos claudit et puellas trans pectus suum nudatum et collum et os vadere iubet et poscit, ut transgredientes summa vi calcibus carnem premerent. A veces pide que venga una prostituta más pesada todavía o que practiquen algunos trucos que hacen el procedimiento más cruel todavía. Tras 2—3 horas tiene bastante, paga a las muchachas con vino y dinero, se frota los cardenales, se viste, paga la cuenta y vuelve a sus negocios para, al cabo de una semana más o menos, volver en busca de este singular placer.

A veces hace que se le suba en el pecho una de estas muchachas mientras que las otras la hacen girar hasta que la piel de él queda ensangrentada por la rotación de los tacones.

A menudo, una de las chicas tiene que ponérsele encima de tal forma que un zapato queda sobre los ojos con el tacón sobre un globo ocular, mientras que el otro zapato se poya en su cuello. En esta posición aguanta la presión de una persona de unas 150 libras de peso durante 4—5 minutos. El autor [Cox, A.B.] habla de docenas de casos análogos de los que ha tenido noticia. Hammond supone con razón que este hombre se ha vuelto impotente en su relación con las mujeres y que en este insólito procedimiento busca y encuentra un equivalente del coito, y que mientras se le pisotea hasta llegar a la sangre experimenta sensaciones sexuales placenteras acompañadas de eyaculación.

[Psychopathia sexualis, caso 59]