Caso 56: masoquismo

Un señor de 28 años, de elevada posición, se presenta cada 3-4 semanas en un lupanar, anunciándose primero con una tarjeta con el siguiente contenido: “Querida Gretchen: Llegaré mañana por la tarde entre las 8 y las 9. Fusta y látigo. Un cordial saludo…”.

X. se presenta a la hora fijada, con correas de cuero, fusta y látigo. Se desnuda, le atan pies y manos con las correas que ha traído y a continuación la puella le azota con los correspondiente instrumentos en plantas de los pies, pantorrillas y podex hasta que se produce la eyaculación. Nunca manifestó otro deseo.

Para este hombre la flagelación no es sino un medio que sirve al objetivo de satisfacer deseos masoquistas. No se trata de un truco para proporcionarle potencia, como deja patente el que se haga atar y, simplemente, desprecie el coito.

En su círculo de ideas masoquistas, la situación de sometimiento que ha preparado es bastante, como equivalente de un acto sexual normal, para alcanzar el necesario orgasmo por medio de la fantasía. Evidentemente, la flagelación desempeña aquí el papel principal en tanto que máxima expresión de la situación de sometimiento a la voluntad de otra persona. No obstante, todo parece indicar que la flagelación contribuye en alguna medida, mediante la estimulación refleja del centro eyaculatorio espinal, a la consumación del acto sustitutivo del coito.

[Psychopathia sexualis, caso 56]