Caso 41: sadismo

Caso 41. K., 25 años, comerciante, acudió a mí en busca de consejo en el otoño de 1889 a causa de una anomalía de su vita sexualis, que le hacía temer una enfermedad y el fracaso en su futura felicidad conyugal.
El paciente procede de familia nerviosa, de niño fue delicado, débil, nervioso, sano excepto sarampión, después creció fuerte.
Con 8 años, en el colegio, fue testigo de cómo el maestro azotaba a los niños sujetándoles la cabeza entre los muslos y dándoles con una vara en el trasero.
Este espectáculo provocó en el paciente excitación libidinosa. “Sin tener ni idea de la peligrosidad y monstruosidad del onanismo” se satisfacía por este medio y se masturbaba desde entonces con frecuencia representándose el recuerdo de chicos a los que estaban azotando.
Así llegó a los 20 años. Tuvo conocimiento entonces de la importancia del onanismo, se asustó enormemente, procuró reprimir su tendencia a la masturbación, pero incurrió en onanismo psíquico, que en su opinión era inocuo y moralmente justificable, sirviéndose para ello de los mencionados recuerdos de muchachos azotados.
El paciente se volvió entonces neurasténico, padecía poluciones, intentó curarse frecuentando casas públicas, pero no alcanzaba la erección.
Se esforzaba en lograr sentimientos sexuales normales relacionándose socialmente con mujeres decentes, pero se dio cuenta de que era totalmente insensible a los encantos del sexo bello.
El paciente es un hombre inteligente, desarrollado normalmente, con inclinaciones artísticas. No se siente atraído por las personas de su mismo sexo.
Mis indicaciones como médico consistieron en medidas para combatir la neurastenia y las poluciones, prohibición del onanismo psíquico y manual, alejamiento de todo estímulo sexual, considerar la perspectiva de un tratamiento hipnótico tendente a una sucesiva reeducación a la normalidad de la vita sexualis.

[Psychopathia sexualis, caso 41]