Caso 24. Un tal Ardisson, nacido en 1872, en el seno de una familia de criminales y locos. Problemas de aprendizaje, no era bebedor, sin antecedentes epilépticos, no había estado nunca enfermo, pero mentalmente débil. Su padre adoptivo, con el que convivía, era un ser moralmente degradado. Al llegar a la pubertad A. se dio a la masturbación, devorare solebat sperma proprium, porque “era una pena que se perdiera”. Andaba detrás de las chicas, no comprendía que le rechazaran. Loco quo mulieres urinaverunt, lotium bibere solebat. No encontraba nada de malo en ello. En el pueblo era conocido como felador por dinero. Compartía con su padre adoptivo los favores de mendigas que dormían en su casa. Practicaba con gusto fornicatio, también era fetichista de mamas y le encantaba mammas sugere. Con el tiempo fue a dar en la necrofilia. Desenterraba cadáveres femeninos (desde niñas de 3 años a mujeres de 60), practicaba con ellos succio mammae, cunnilingus, sólo excepcionalmente coito y mutilatio. En una ocasión se llevó consigo la cabeza de una mujer, otra vez, el cadáver de una niña de tres años y medio. Tras sus horrendos actos, ponía orden en la tumba cuidadosamente. Vivía aislado, para sí mismo, malhumorado de cuando en cuando, nunca mostró ni rastro de sentimientos, por lo demás tenía buen humor, incluso llegó a ganar algún dinero en la cárcel como ayudante de albañil. Vergüenza o arrepentimiento de sus fechorías le eran ajenos. En 1892 estuvo trabajando durante un tiempo como enterrador. Cuando le llamaron al servicio militar, desertó y se puso a mendigar. Le gustaba comer gatos y ratas. Le obligaron a volver al ejército y volvió a desertar. No se le castigó porque le tenían por loco. Finalmente se le dejó marchar. Volvió a trabajar como enterrador. Con motivo del entierro de una joven de 17 años con hermosos senos, se despertó en él nuevamente el impulso de desenterrar el cuerpo. Posteriormente cometió innumerables profanaciones de este tipo. Solía besar una cabeza que se había llevado a casa y decía que era su novia. Le descubrieron porque escondió en su casa, entre la paja, el cadáver de una criatura de tres años y medio. Saciaba con él por las noches sus apetitos sexuales incluso cuando ya apestaba la casa por efecto de la descomposición, lo que le traicionó. Lo confesó todo riéndose, sin rodeos. A. es pequeño, prognato, tiene un cráneo simétrico, temblor generalizado, constitución débil, genitales normales, falta de excitación sexual, inteligencia muy escasa, desprovisto de todo sentido moral. Le gustaba la cárcel. (Epaulard op. cit.).
¿QUÉ ES ESTO?
La Psychopathia sexualis del forense y psiquiatra austriaco Krafft-Ebing es un tratado sexológico que marcó la percepción de la sexualidad en el mundo occidental desde su primera edición en 1886.
Los casos constituyen un panorama de las manifestaciones sexuales consideradas anormales en aquella época, desde las relaciones homosexuales hasta la necrofilia, pasando por el masoquismo y el fetichismo. Estos -que no su interpretación- mantienen su actualidad y relevancia porque son la expresión de pulsiones universales del ser humano y no el producto de un periodo histórico concreto.
Este blog se va actualizando con la traducción de estos casos desde el original alemán (14.ª ed., Stuttgart: Enke, 1912). Se hace así accesible a los lectores hispanohablantes una obra fundamental y poco conocida conocida hasta ahora en nuestro ámbito lingüístico y cultural.
La traducción se realiza en el marco del proyecto de investigación FEM2009-07194 (Ministerio de Ciencia y Tecnología, España).
Traducción de Alberto Bustos
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