Caso 234: sadismo con animales

X., 24 años. Padres sanos, dos hermanos muertos de tuberculosis, una hermana padece convulsiones periódicas. X. experimentó ya con ocho años un extraño sentimiento libidinoso acompañado de erección al apoyar el abdomen contra el pupitre en el colegio.

A partir de entonces empezó a procurarse este placer con frecuencia. Más tarde, masturbación mutua con un compañero de colegio. Primera eyaculación con 13 años. En el primer intento de coito, con 18 años, impotente. Continuación de la automasturbación, fuerte neurastenia tras la lectura de un libro popular que presenta de manera cuestionable las consecuencias del onanismo. Mejoría gracias a un tratamiento hidroterápico, pero otra vez impotente en un nuevo intento de coito. Vuelta a la masturbación. Esta acaba fallándole con el tiempo. X. empieza entonces a agarrar pájaros vivos por el pico y a darles vueltas en el aire. La visión del animal torturado produce la deseada erección. En cuanto el animal, al que sigue agitando, toca el glans penis, se produce la eyaculación con intensa sensación de placer. (Dr. Wachholz, Friedreichs Blätter f. ger. Med., 1892, cuaderno 6, p. 336).