Caso 232: actos violentos por sadismo

Actos violentos por sadismo. M., 60 años, multimillonario, felizmente casado, padre de dos hijas de 18 y 16 años respectivamente, se pudo probar que sedujo a menores para cometer abusos deshonestos con ellas y que ha ejecutado acciones violentas dirigidas contra mujeres. Solía esperar a sus víctimas —puellas tres nudas— en casa de una celestina (donde se le conocía como “l’homme qui pique”) sentado en un sofá y envuelto en una bata de raso rosa adornada con numerosas blondas. Ellas tenían que aproximarse de una en una, en silencio y sonriendo. Le acercaban agujas, pañuelos de batista y un látigo. Le clavaba entonces a una de las muchachas, mientras permanecía arrodillada ante él, unas cien agujas por todo el cuerpo, a continuación le fijaba un pañuelo en el pecho con unas veinte agujas, se lo arrancaba, azotaba a su víctima, le arrancaba el vello del mons veneris, le estrujaba las mammae, etc. Mientras, las otras dos le secaban a él el sudor de la frente y tenían que adoptar posturas lascivas. Por último, excitado al máximo, practicaba el coito con su víctima. Más tarde, para ahorrar, empezó a conformarse con practicar tales brutalidades a solas con su víctima. La puella enfermó como consecuencia y le pidió que la socorriera en su necesidad, lo que llevó a M. a denunciar estos “chantajes” a la policía. Las indagaciones de esta llevaron a la inculpación de M., que al principio lo negó todo y, cuando se demostraron los hechos, manifestó su extrañeza de que por semejante minucia se organizara tal número. M., al que se describe como un hombre de aspecto espantoso, de frente retraída, fue condenado a seis meses de prisión, 200 francos de multa y 1000 francos de indemnización a su víctima por daños y perjuicios. (Journal Gil Blas del 14 y 16 de agosto de 1891…; Eulenburg, Klin. Handb. der Harn- und Sexualorgane IV, p. 59).