Caso 227: asesinato sádico

Violación de una niña pequeña por un idiota. Muerte de la víctima.

El 3 de septiembre de 1889 por la tarde, Anna, de diez años, hija de un trabajador, se fue a la iglesia del pueblo, que estaba a tres cuartos de hora, y ya no volvió. Al día siguiente se encontró su cadáver a unos cincuenta pasos de la carretera, en un bosquecillo, boca abajo, la boca llena de musgo, en el ano las huellas de una violación.

Las sospechas de la autoría apuntaban hacia K., jornalero de 19 años, pues el 1 de septiembre ya había intentado atraer a la niña hacia el bosque cuando esta volvía a casa de la iglesia.

Al ser detenido, K. al principio negaba, pero luego lo reconoció todo. Había matado a la niña asfixiándola y, cuando esta dejó de agitarse, actum sodomiticum in ano infantis perpetravit.

Durante el sumario, nadie se planteó la cuestión del estado psíquico de este monstruoso criminal; no se llamó a un abogado hasta poco antes del juicio oral y su petición de que se examinara el estado psíquico fue rechazada “porque no había nada en las actas que permitiese suponer una perturbación psíquica”.

Casualmente, el honrado abogado pudo constatar que el bisabuelo del acusado y la hermana del padre del acusado eran dementes, que el padre era bebedor desde la juventud y que había estado lisiado de medio cuerpo. El abogado solicitó en el juicio oral que se verificasen estos hechos.

Tampoco esto hizo efecto. Finalmente, la defensa consiguió que el médico forense solicitase que se enviase a K. durante seis semanas al manicomio para su observación.

El informe de los médicos de esta institución constató que K. era idiota y que no era responsable de sus actos.

Aparecía falto de interés, embotado, apático, había olvidado en su mayor parte los conocimientos adquiridos en la escuela, nunca mostraba ni en su voz ni en sus gestos sentimiento alguno de compasión, de arrepentimiento, de vergüenza, esperanza, temor ante el futuro. Su rostro era como una máscara.

Cráneo muy anormal, esferoidal; prueba de que el cerebro había enfermado ya durante el periodo fetal o en los primeros años de desarrollo.

Sobre la base de este informe, K. fue ingresado permanentemente en el manicomio.

La justicia le debe en este caso a la infatigable conciencia del deber de un honrado abogado la evitacion de un asesinato legal y la sociedad, una rehabilitación.