Caso 201: satiriasis

Satiriasis. El 7 de julio de 1874 por la tarde, el ingeniero Cl. se bajó en B. a. Mur del tren en el que viajaba por motivos de negocios desde Trieste hacia Viena, atravesó la ciudad y llegó hasta el pueblo cercano de St., donde cometió un intento de violación con una mujer de 70 años que se encontraba sola en casa. Fue atrapado por los vecinos del pueblo y arrestado por la policía local. En el interrogatorio declaró que andaba buscando el desolladero para satisfacer allí su intenso deseo sexual con una perra. Asegura padecer con frecuencia tal excitación sexual. No niega los hechos, se disculpa diciendo que es una enfermedad. Dice que el calor, el traqueteo del vagón y la preocupación por su familia, con la que se iba a reunir, le han perturbado y han hecho que se ponga enfermo. No se detectó en él vergüenza ni arrepentimiento. Su actitud era abierta, su expresión alegre, ojos enrojecidos, brillantes, cabeza caliente, lengua saburrosa, pulso completo pero débil, por encima de cien pulsaciones, dedos algo temblorosos.

Los datos que proporciona el delincuente son precisos, pero apresurados, la mirada insegura, con la inconfundible expresión de la lascivia. Se llama al médico forense, que saca de él una impresión patológica, como si se encontrara en el estadio inicial del delirium tremens.

Cl. tiene 45 años, está casado, tiene un hijo. Desconoce cómo era la salud de sus padres y del resto de su familia. De niño era endeble, neuropático. Con cinco años sufrió una lesión en la cabeza por un golpe con una azada. De aquella época data una cicatriz de media pulgada de ancho y una de largo situada sobre el parietal derecho y el frontal. El hueso está un poco hundido en esta zona. La piel que lo recubre está soldada con el hueso.

La presión en este punto produce un dolor que irradia hacia la rama inferior del trigémino. A menudo, la zona resulta también dolorosa espontáneamente. En su juventud, frecuentes ataques de “desvanecimiento”. Antes de la pubertad, neumonía, reumatismo y catarro intestinal.

Ya con siete años sentía una llamativa inclinación por los hombres; más concretamente, por un coronel. Notaba una punzada en el corazón cuando veía a aquel hombre, besaba el suelo que había pisado. Con diez años se enamoró de un diputado del Reichstag. Más adelante siguió entusiasmándose con los hombres, pero de manera totalmente platónica. A partir de los 14 años, onanismo. Con 17 años, primeras relaciones con mujeres. Con ello desaparecieron inmediatamente las antiguas manifestaciones de sentimiento sexual contrario. Por aquel entonces, también un extraño y agudo estado psicopático que Cl. describe como una especie de clarividencia. A partir de los 15 años, hemorroides con síntomas de plethora abdominalis. Cada vez que tenía una hemorragia hemorroidal abundante, cosa que sucedía cada tres o cuatro semanas, se sentía mejor. Si no, se encontraba en un penoso estado de constante excitación sexual, del que se aliviaba en parte con onanismo y en parte mediante el coito. Toda mujer con la que se cruzaba le excitaba. Incluso cuando se encontraba con familiares de sexo femenino sentía deseos de hacerles proposiciones deshonestas. A veces conseguía dominar sus impulsos, otras veces se veía arrastrado a cometer actos deshonestos. Si le ponían de patitas en la calle, le parecía bien porque necesitaba, según decía, de un correctivo como ese que le sirviera de refuerzo contra su deseo irrefrenable, que hasta a él le resultaba molesto. No se identificaba una periodicidad en esta agitación sexual.

Hasta el año 1861 cometió excesos in venere y cogió varias veces gonorrea y chancros.

En 1861, matrimonio. Se sentía sexualmente satisfecho, pero le resultaba molesto a su mujer con sus excesivas necesidades.

En 1864 pasó un ataque de manía en el hospital de F., volvió a enfermar ese mismo año y fue ingresado en el manicomio X., donde permaneció hasta 1867.

Padeció allí manía recidivante con fuerte excitación sexual. Él decía que la causa de que hubiera enfermado en su momento estaba en un catarro intestinal y disgustos.

Posteriormente volvió a encontrarse bien, pero sufría mucho por la tremenda intensidad de sus apetitos sexuales. Si se veía apartado de su mujer, aunque solo fuera por un breve lapso, el deseo surgía con tal fuerza que personas o animales le resultaban indiferentes con tal de saciar sus deseos sexuales. Concretamente, en verano resultaban extremados estos impulsos, que siempre iban acompañados de congestión en el abdomen. Asegura, basándose en reminiscencias de algunas lecturas médicas, que en él predomina el sistema ganglionar sobre el cerebral.

En octubre de 1873 tuvo que separarse de su mujer por motivos de trabajo. Hasta Semana Santa, quitando onanismo esporádico, estuvo sin actividad sexual. A partir de entonces recurrió a mujeres y perras. Desde mediados de junio hasta el 7 de julio no se le presentó ninguna ocasión de satisfacerse sexualmente. Sentía excitación nerviosa, se encontraba extenuado, como si se volviera loco. Llevaba varias noches durmiendo mal. El anhelo de su mujer, que vivía en Viena, le empujó a ausentarse del trabajo. Cogió vacaciones. El calor que hacía por el camino y el ruido del tren le produjeron una gran confusión, no soportaba ya la excitación sexual ni la congestión en el abdomen, todo daba vueltas ante sus ojos. Se bajó del tren en Brück; dice haber estado completamente desorientado, no saber adónde iba, que le vino en un momento la idea de tirarse al agua, era como si tuviera una niebla delante de los ojos. Mulierem tunc adspexit, penem nudavit, feminamque amplecti conatus est. Sin embargo, esta gritó pidiendo ayuda y así fue como le detuvieron.

Tras el atentado se dio cuenta de pronto de lo que había hecho. Reconoció abiertamente su delito, que recordaba con todos sus detalles, pero que le parece una cosa enfermiza. Dice que no pudo evitarlo.

Cl. sufrió todavía durante varios días de dolor de cabeza, congestiones, de vez en cuando se excitaba, estaba intranquilo, dormía mal. Sus funciones psíquicas no presentan perturbación, si bien él es ya de por sí una persona rara, de naturaleza floja y carente de energía. La expresión del rostro tiene algo extravagante y lascivo, como de fauno. Sufre de hemorroides. Los genitales no presentan nada anormal. El cráneo es, en la parte de la frente, estrecho y un poco retraído. Cuerpo grande, bien nutrido. Excepto una diarrea, no se detecta en él ninguna perturbación de las funciones vegtetativas.