B., camarero, 42 años, soltero, me fue remitido por su médico de cabecera, del que estaba enamorado, como afectado por sentimiento sexual contrario. B. proporcionó de buen grado y de manera decente información sobre su vita anteacta y, sobre todo, sexualis, con satisfacción por recibir al fin una información autorizada sobre su situación sexual, que desde siempre le había parecido morbosa.
B. carece de datos sobre sus abuelos. El padre fue un hombre colérico y excitable, potator, y siempre tuvo un gran apetito sexual. Después de engendrar 24 hijos con la misma mujer, se divorció y todavía dejó embarazada tres veces a su ama de llaves. La madre era sana.
De los 24 hermanos solo quedan seis con vida, varios de ellos enfermos de los nervios, pero no sexualmente anormales, con excepción de una hermana que siempre ha tenido obsesión por los hombres.
B. asegura haber sido enfermizo desde la infancia. Su vida sexual se despertó ya con ocho años. Se masturbaba y tuvo la idea de penem aliorum puerorum in os arrigere, cosa que le producía un gran placer. Con 12 años empezó a enamorarse de hombres, sobre todo de los que se encontraban en la treintena y llevaban bigote. Ya entonces se encontraba muy desarrollado su apetito sexual y tenía erecciones y poluciones. Empezó a partir de entonces a masturbarse a diario pensando en algún hombre amado. Pero su mayor afán consistía en penem viri in os arrigere. Al hacer esto tenía eyaculaciones acompañadas del máximo placer. Hasta el momento, solo habrá experimentado este placer en una docena de ocasiones. Nunca ha sentido repugnancia ante el pene de los demás cuando se trataba de hombres que le resultaban simpáticos, al contrario. Nunca ha aceptado las proposiciones de sexo anal, que le resulta extremadamente repulsivo tanto en forma activa como pasiva. Durante los actos sexuales perversos siempre se ha visto a sí mismo en un papel femenino. Sus enamoramientos de hombres que le resultaban simpáticos eran desmedidos. Hubiera hecho cualquier cosa por sus amados. Temblaba de excitación y deseo solo con verlos.
Con 19 años los compañeros le inducían a menudo a acompañarlos al lupanar. Nunca disfrutó con el coito y solo experimentaba satisfacción en el momento de la eyaculación. Para lograr una erección con una mujer siempre tenía que imaginarse durante el acto a un hombre amado. Hubiera preferido que la mujer consintiera en immissio penis in os, pero esto nunca se le permitió. Practicaba el coito “faute de mieux”, llegando incluso a tener dos hijos. La segunda criatura, una niña de ocho años, empieza ya a practicar la masturbación y el onanismo mutuo, cosa que le aflige enormemente como padre. ¿No habría alguna manera de evitarlo?
El paciente asegura haberse sentido siempre en un papel femenino respecto de los hombres (lo que incluye las relaciones sexuales). Siempre ha pensado que su perversión sexual surgió porque su padre, cuando le estaba engendrando, quería engendrar una niña. Sus hermanos siempre se metían con él por sus maneras femeninas. Barrer y fregar siempre han sido ocupaciones que le han resultado agradables. Siempre le han alabado mucho su habilidad para ello y le han dicho que lo hacía mejor que muchas chicas. Siempre que podía se disfrazaba de chica. En carnaval se presentaba en los bailes disfrazado de mujer. El coqueteo en esas ocasiones se le daba de maravilla porque su naturaleza es femenina.
Nunca le ha apetecido demasiado fumar, beber y las ocupaciones y aficiones masculinas; en cambio, le encanta coser y de niño se ganó muchas reprimendas porque andaba siempre jugando con muñecas. En el circo o el teatro eran los hombres su objeto exclusivo de interés. A menudo era incapaz de resistir el impulso de andar merodeando por los urinarios para ver genitales masculinos.
Nunca ha encontrado gusto en los encantos femeninos. Solo lograba consumar el coito si pensaba en un hombre amado. Las poluciones nocturnas se desencadenaban siempre con situaciones oníricas lascivas que implicaban a hombres.
A pesar de sus amplios excesos sexuales, B. nunca ha sufrido neurasthenia sexualis y no presenta en absoluto síntomas de neurastenia.
En la exploración se revela delicado, con barba y bigote ralos que no le brotaron hasta los 28 años. Su exterior no presenta nada que dé muestras de una naturaleza femenina, con excepción de un cierto balanceo al andar. Afirma haber sufrido frecuentes burlas por sus andares femeninos. Su comportamiento es extremadamente decente. Los genitales son grandes, bien desarrollados, perfectamente normales, muy velludos, la pelvis es masculina. El cráneo es raquítico, ligeramente hidrocefálico, con parietales abombados. La región craneofacial es llamativamente pequeña. El sujeto afirma ser fácilmente irritable, de tendencia irascible.
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