Caso 153: effeminatio

Señor E., 31 años, hijo de un potator strenuus. No se encuentran por lo demás taras en la familia. E. creció solitario en un pueblo. Ya con seis años se sentía feliz estando junto a hombres barbudos. A partir de los 11 años se ruborizaba cuando coincidía con hombres hermosos y no se atrevía a mirarlos. En compañía femenina se hallaba desinhibido. Hasta los siete años llevó ropa de chica. Se sintió muy desdichado cuando tuvo que desprenderse de ella. Lo que más le gustaba era ayudar en la cocina y en la casa.

Los años de colegio transcurrieron tranquilos. De vez en cuando, E. sentía un interés profundo pero no duradero por algún compañero.

Por la noche soñaba cada vez más con hombres con trajes azules y bigote.

Ya de mayor entró en una asociación deportiva para relacionarse con hombres, motivo por el que también iba a los bailes: no por las muchachas, que le eran perfectamente indiferentes, sino por los bailarines, imaginándose a sí mismo cogido del brazo de alguno de ellos. Pero siempre se sentía solitario, insatisfecho y poco a poco se fue dando cuenta de que no estaba hecho como los otros chicos. Todo su afán consistía en encontrar a un hombre que pudiera quererle.

Con 17 años, un hombre le indujo a la masturbación mutua. La reacción en su conciencia fue un placer estremecedor, miedo y vergüenza. Se dio cuenta entonces de la anormalidad de su sentimiento sexual, se deprimió al principio, llegó a estar una vez incluso cerca del suicidio, pero luego se adaptó a su nueva situación, deseaba a los hombres, pero con su timidez de muchacha fue incapaz durante años de entablar relaciones con ellos, se masturbaba “faute de mieux”, pero no con frecuencia porque no era especialmente libidinoso. Le resultaba extremadamente penoso cuando las muchachas trataban de lograr su favor, cosa que sucedía con frecuencia.

Con 26 años E. llegó a una gran ciudad y a partir de entonces se presentaron sobradas oportunidades para las relaciones homosexuales. Vive desde hace algún tiempo con un hombre de su misma edad compartiendo hogar como marido y mujer. Se siente feliz así y se ve en un papel femenino. Su satisfacción sexual consiste en masturbación mutua y coitus inter femora.

E. es un trabajador muy apreciado y valorado, es perfectamente viril en su comportamiento y carácter, tiene genitales normales, sin signos de degeneración.

Me proporcionó pruebas de que su hermano pequeño, que huye de las mujeres y se queja de que externamente es un hombre pero en realidad no lo es, también es de sensibilidad homosexual.

Llama la atención también que dos hermanas de E. que murieron jóvenes, evitaban a los hombres jóvenes, no entraban en la cocina y andaban siempre, en cambio, en la cuadra y cada vez que podían hacían trabajos de hombre, para los que demostraron una especial habilidad.